Una
izquierda con vocación de poder
Si
alguna izquierda latinoamericana tiene una definida vocación de poder,
esa es la venezolana, a lo largo del siglo xx intentó desplazar a la
oligarquía por todos los medios posibles: huelgas generales,
movilizaciones de masas, insurrecciones populares, lucha electoral,
guerrilla urbana y rural, y hasta invasiones instrumentadas por patriotas
en el exilio; algunas de estas estrategias tuvieron gran implantación
entre las masas populares y otras mucho menos, pero no hay decenio en el
que las direcciones revolucionarias no arrastraran o se vieran arrastradas
por el “bravo pueblo” a la confrontación de clase.
En
1989, inmediatamente después de tomar el poder, el presidente Carlos
Andrés Pérez aplica medidas económicas neo liberales, cuyo resultado
inmediato es un incremento exorbitante a los precios, el
acaparamiento especulador provoca la escasez de alimentos, por lo que la
población sale en masa a las calles a saquear comercios en busca de
comida y también apropiándose de todos aquellos artículos que el
sistema les había negado siempre. Ante esta situación, el presidente
suspende las garantías constitucionales y ordena abrir fuego sobre la
población a fin de reestablecer el orden; organismos de derechos humanos
estiman el número de muertos en cinco mil. A esta insurrección y
posterior represión se le conoce con el nombre de “El Caracazo” o “El
Sacudón de Caracas”.
En
ese momento, los controles ideológico- políticos se rompen y las masas
comienzan a participar o a respaldar las iniciativas provenientes del
ámbito de la izquierda; las dos mas relevantes son: la campaña electoral
triunfante que lleva a la organización revolucionaria Causa R (hoy
Patria para Todos) a la alcaldía de Caracas en 1992 y en ese mismo año,
el fallido levantamiento cívico militar encabezado por Hugo Chávez. En
los lugares que comienza a gobernar la Causa R, se implementa un
empoderamiento de los de abajo, se rompe – hasta donde es posible - con
los principios de la democracia burguesa. Por su parte, Chávez pasa dos
años en prisión, pero su figura crece hasta convertirse en lo que se
llamó “un sentimiento nacional” y que no es sino la esperanza
colectiva de un mundo construido sobre la ética y la valentía para
conseguirlo. Cuando sale libre y recorre el país, ya es un símbolo
viviente de la necesidad de un cambio profundo. Es así que la conjunción
de las experiencias de inclusión de los sectores populares en la toma de
decisiones de los gobiernos de izquierda locales y la profunda carga
simbólica de la figura de Chávez, produce el discurso ideológico que
conformará inicialmente los lineamientos ético - políticos de la
revolución bolivariana, basado en esto se construye un programa y en
torno a él se aglutinan diversas agrupaciones políticas democráticas y
de izquierda que llevan a fines de 1998 al teniente coronel Hugo Rafael
Chávez Frías a la presidencia de la república. Después de un siglo de
luchas, un proyecto de izquierda llegaba al poder.
La
revolución bolivariana
Sin
impulsar un programa socialista, el proceso bolivariano toca los intereses
de la oligarquía local, recientemente se ha decretado la expropiación de
tierras ociosas, lo cual asesta un duro golpe al capital inmobiliario
especulador. Con el objetivo de industrializar el país, ha atraído
capital europeo y chino, así como norteamericano, lo cual ha generado una
polémica interna en torno a la manera de aprovechar dichos flujos sin
lesionar la autonomía nacional; sin embargo, al mismo tiempo ha
propuesto a los países de la región un plan de integración económica y
social opuesto al (ALCA), diseñado por Washington; se trata de la
Alternativa Bolivariana para América (ALBA), cuya primera fase comienza a
ejecutarse con Brasil y Argentina. Así mismo ha sosteniendo una actitud
anti imperialista en los foros internacionales, razón por la cual, el
proceso ha sido atacado mediante una intensa y permanente campaña de
desinformación orquestada por los medios de comunicación privados
locales y foráneos con el fin de justificar los diferentes intentos por
destruirlo: golpe de estado, sabotaje por parte de los mandos altos y
medios de la industria petrolera, violencia de las bandas de ultraderecha
(“Guarimbas”) todo con el objeto de producir muertos que justifiquen
una intervención extranjera “humanitaria”.
Para
defender el proceso, el gobierno bolivariano se ha atrincherado en los
cambios sociales concretados en un lapso extremadamente breve de tiempo
gracias a la amplia participación popular organizada, y siempre que es
necesario dar un paso adelante en materia de derechos sociales o
políticos de los sectores populares, cierra los flancos - conjurando
antes de que se produzcan, las posibles acusaciones de totalitarismo o
antidemocracia por parte del imperialismo - recurriendo a las urnas
siempre que es necesario; a la mitad del mandato de Chávez, el movimiento
bolivariano a enfrentado en las urnas a la oligarquía ocho veces.
La
coyuntura presente; entre dos elecciones
El
15 de Agosto de 2004, por octava vez el proceso bolivariano se sometió al
veredicto popular y como en todas las ocasiones anteriores salió
triunfante; desde meses atrás, el empresariado golpista agrupado en la
Coordinadora Democrática (CD) comenzó a presionar a través de sus
medios de comunicación para someter al presidente Hugo Chávez a
referendo revocatorio: en Venezuela, desde que el movimiento bolivariano
instauró una de las constituciones mas avanzadas del mundo, es posible
revocar de su cargo a cualquier funcionario electo a la mitad de su
mandato, en tanto la quinta parte de sus electores firme una solicitud. La
CD, ni siquiera con el poder de los medios de comunicación privados, que
constituyen casi el 90% del espectro nacional, pudo reunir legalmente las
firmas necesarias, por lo que recurrieron al fraude: demostrándose que
entre las firmas recabadas había miles pertenecientes a muertos; sin
embargo, y a pesar de la presión de sectores del chavismo, quienes
insistían en cancelar el proceso, el gobierno no lo hizo porque sabía
perfectamente que estaba al medio de un cerco del imperialismo, quien
buscaba un pretexto de éste tipo para colocarlo en el campo de los
enemigos de la “democracia”, al lado de Hussein y Corea del Norte,
razón por la cual el fraude fue ampliamente denunciado, pero el proceso
continuó.
La
derecha empresarial llamó como observadores internacionales al Centro
Carter y a la OEA, porque su presencia le resultaba beneficiosa en el
escenario electoral que según sus estimaciones sería más probable que
ocurriera: Un triunfo por poco margen del chavismo, lo cuál le daría las
condiciones para que los medios de comunicación nacionales y foráneos
construyeran un supuesto fraude, al mismo tiempo sacarían a la oposición
a las calles, produciendo muertos, poniendo a Chávez en la disyuntiva de
entregar el poder o pasar a una etapa del proceso revolucionario bajo el
aislamiento, la condena internacional y frente a un imperialismo – en
este sentido - con las manos totalmente libres para instrumentar
provocaciones desde la frontera con Colombia vía los paramilitares de
ultra derecha de Alvaro Uribe. Esta inestabilidad hubiera obligado a
Chávez a tomar medidas defensivas que fácilmente podrían ser
presentadas por los medios de comunicación como las acciones represivas
de un dictador contra un pueblo deseoso de una intervención humanitaria
que restableciera la legalidad perdida; tarea que Washington realizaría
en cuanto las condiciones en Irak se lo permitieran.
Sin
embargo el escenario electoral que posibilitaría este plan – una
victoria chavista por corto margen – se comenzó a evaporar; al menos
dos semanas antes de los comicios la oligarquía criolla y el imperialismo
ya percibían respectivamente que la victoria del chavismo sería
contundente, en este sentido el ex presidente Carlos Andrés Pérez,
buscando el liderazgo de la siguiente etapa del movimiento opositor,
intenta hacer aparecer a los dirigentes de la CD como ingenuos, esto
cuando desde su auto exilio en Miami declaró que a Chávez no se le iba a
sacar del poder mediante las elecciones, que para ello, era necesario “matarlo
como a un perro”. Por su parte el Departamento de Estado debió haber
tenido el mismo análisis, porque durante las dos semanas previas a las
votaciones, sus analistas y voceros ubicados en los grandes periódicos
norteamericanos, no incrementaron significativamente los ataques contra la
legitimidad del mandatario y el proceso, es decir, no prepararon a la
opinión pública para que después de las elecciones fuera aceptable una
política discursiva abiertamente ofensiva contra Chávez por parte de
Washington.
Todo
indica que el imperialismo sabía que Chávez incrementaría de manera
importante su legitimidad en las urnas, lo cual a su vez, incrementaría
en forma proporcional los costos políticos de iniciar en estos momentos
una campaña anti chavista abiertamente hostil. Desde luego que la
resolución norteamericana de no apretar en estos momentos el cerco
mediático e iniciar las provocaciones que gradualmente allanaran el
camino a una intervención, tiene que ver con su preocupación por
asegurar el abasto petrolero, pero pensar que debido a este factor el
imperialismo, estaba imposibilitado para accionar, es infra valorar la
importancia política de los resultados electorales en Venezuela, es
recaer en una explicación monocausal y mecánica, la cuál sobre
dimensiona los factores económicos y sub valora tanto la capacidad
agresora del imperialismo, como la de un pueblo en lucha.
De
la misma manera, pensar que sin importar lo que ocurriera en Venezuela, la
actual contienda electoral por la Casa Blanca – en el contexto de la
guerra en Irak - era un impedimento contra el inicio de hostilidades, solo
podría ser valido si habláramos de una invasión encabezada por los
marines en los próximos meses, situación actualmente impensable, pero el
inicio de la incubación de un proceso consistente en un cerco mediático
acompañado de provocaciones, y cuya resolución militar
– probablemente a través de la careta de un ente internacional –
pudiera acontecer el año próximo o aún después, no era en absoluto
improbable. Recordemos que con relación a las intervenciones militares,
Bush y Keary no tienen grandes discrepancias.
El
arraigo y la ampliación de la base social del proceso bolivariano, evitó
el inicio de una hostilización política abierta, misma que lo hubiera
precipitado a una etapa de mera sobrevivencia, sin embargo, pudo pasar a
la actual etapa de profundización de la revolución debido al
enorme esfuerzo organizativo de los sectores populares que conforman la
base del chavismo y a la atinada maniobra con la que la dirección del
proceso sorteó los obstáculos con que la oligarquía local y el
imperialismo pretendían cercarlo: supo retroceder un paso para poder
después avanzar dos.
Como
se ganó el referendo
El
día del referendo revocatorio, a los votantes se les preguntó si el
presidente debía abandonar el poder SI o NO. Por amplio margen se
ratificó en la presidencia de la república bolivariana de Venezuela a
Hugo Chávez; pero la simple apreciación cuantitativa del evento, no nos
da una imagen del avance político que representó: Una vez en la arena
electoral, las tareas para construir el NO fueron planificadas e
instrumentadas por un operativo ideológico – organizativo a nivel
nacional, llamado comando “Maisanta.
La
campaña electoral se transformó en una gigantesca escuela de cuadros en
la que los elementos más avanzados de cada barrio y centro de trabajo se
agruparon y consolidaron ideológicamente, al tiempo que los sectores
populares profundizaron en los objetivos y tareas del proceso, al ser
irradiados por - y en algunos casos incluirse - las Unidades de Batalla
Electoral (UBEs), integradas en grupos de 10 militantes provenientes de
los diversos organismos sociales y políticos integrantes del chavismo,
así como por individuos sin agrupación, cuya misión consistió en
informar y organizar a 100 personas; su estructura gradualmente se
transformará en Unidades de Batalla Social, destinada a impulsar las
tareas necesarias para profundizar la revolución, pero sin perder su
capacidad de intervención en los diversos comicios electorales cuando
estos se presenten.
Hacia
la organización única del chavismo
Antes
del proceso referendario forzado por la oposición, no se contaba con una
estructura única y tan amplia, en la que participaran efectivamente los
elementos más avanzados del chavismo de base; ésta conveniente
situación a dado pauta a una nueva polémica entre las diversas
organizaciones de izquierda que conforman el proceso revolucionario: La
conveniencia o no de integrar un gran frente político, en el que todos
los programas de los organismos que integran el actual chavismo se
homologuen en uno sólo.
Algunos
ven en éste nuevo agrupamiento político la posibilidad de incluir en él
a los miles de activistas y simpatizantes bolivarianos sin organización
política o social que se involucraron de alguna manera en el reciente
proceso electoral, lo cual profundizaría la revolución en el ámbito de
la democracia participativa y protagónica, pues le daría a las masas
populares el control del instrumento político del proceso bolivariano;
argumentan que para concretar esto, sería necesario que la
representación en sus diferentes niveles se consiga en función del
trabajo de base que se desarrolle y que existan suficientes controles de
la base a la cúspide.
Desde
otra óptica, algunos organismos políticos y sociales suponen que de
manera formal la representación y el poder de decisión de las masas
populares pudieran quedar asegurados, pero que su actual nivel de claridad
y combatividad frente a las embestidas políticas de la oligarquía y el
imperialismo, no sería correlativo a una actitud crítica frente a las
políticas impulsadas por el carismático presidente de la república que
también es el indiscutible comandante de la revolución; en efecto,
suponen que dotar al “chavismo rupestre” de poder, en un partido que
englobara a todas las organizaciones de izquierda, equivaldría a que
estas quedaran en calidad de rehenes de Chávez.
Es
importante dejar claro que la construcción de la hegemonía popular se
apoya de manera fundamental en las políticas del gobierno bolivariano,
intenta incidir en ellas, pero es un proceso que no se detiene en las
resoluciones gubernamentales, incluso hay momentos en que hay claras
contradicciones entre revolución bolivariana y gobierno bolivariano.
Estas consideraciones se elaboran en el contexto de un retroceso del
gobierno bolivariano en materia de libertad comunicacional; la señal de
la Radio Alternativa de Caracas, uno de los medios populares integrantes
de la revolución bolivariana más importantes del país, ha sido sacada
del aire: el ente gubernamental de telecomunicaciones CONATEL, cedió su
frecuencia a una empresa privada.
Algunas
organizaciones del proceso ven con recelo la propuesta de
organización única, pero si se concreta, la presencia de las masas en el
nuevo organismo político, los arrastrará necesariamente a su
conformación; la propuesta se comenzará a debatir ampliamente tras las
elecciones para alcaldías y gobernaturas, ya próximas a
celebrarse, en donde se podrán ver indicios de cómo va a quedar el
equilibrio de fuerzas en el que el proceso se desarrollará durante la
segunda mitad del mandato de Chávez. Además se constatará si el
operativo ideológico organizativo instrumentado por el comando “Maisanta”
para el referendo nacional, funciona con igual eficiencia en los niveles
locales, es decir, se valorará si el chavismo ha dado un paso hacia su
consolidación institucional o aún es fuertemente dependiente de la
figura de Chávez. En términos de la construcción de la hegemonía
popular, el reto actual para la revolución bolivariana es lograr
que – como dijo Fidel Castro – Chávez deje de ser
el alcalde de toda Venezuela.