VENEZUELA: IZQUIERDA Y CONSTRUCCIÓN DE LA HEGEMONÍA POPULAR

Miguel Sánchez Lora

 

 

Para el pensamiento crítico latinoamericano, así como para las fuerzas democráticas y de izquierda, es importante extraer del proceso bolivariano todas las enseñanzas teórico – prácticas posibles. El  análisis presente se restringe a ciertos puntos del reciente periodo electoral, al cuál asistí para verificar los procedimientos electorales de la democracia participativa y protagonica venezolana, y es parte de un trabajo colectivo de investigación sobre la izquierda venezolana que desarrolla la agrupación universitaria Tiempos Modernos.

 

 

Una izquierda con vocación de poder

 Si alguna izquierda latinoamericana tiene una definida vocación de poder, esa es la venezolana, a lo largo del siglo xx intentó desplazar a la oligarquía por todos los medios posibles: huelgas generales, movilizaciones de masas, insurrecciones populares, lucha electoral, guerrilla urbana y rural, y hasta invasiones instrumentadas por patriotas en el exilio; algunas de estas estrategias tuvieron gran implantación entre las masas populares y otras mucho menos, pero no hay decenio en el que las direcciones revolucionarias no arrastraran o se vieran arrastradas por el “bravo pueblo”  a la confrontación de clase.

En 1989, inmediatamente después de tomar el poder, el presidente Carlos Andrés Pérez aplica medidas económicas neo liberales, cuyo resultado inmediato es un  incremento exorbitante a los precios, el acaparamiento especulador provoca la escasez de alimentos, por lo que la población sale en masa a las calles a saquear comercios en busca de comida y también apropiándose de todos aquellos artículos que el sistema les había negado siempre. Ante esta situación, el presidente suspende las garantías constitucionales y ordena abrir fuego sobre la población a fin de reestablecer el orden; organismos de derechos humanos estiman el número de muertos en cinco mil. A esta insurrección y posterior represión se le conoce con el nombre de “El Caracazo” o “El Sacudón de Caracas”.

 En ese momento, los controles ideológico- políticos se rompen y las masas comienzan a participar o a respaldar las iniciativas provenientes del ámbito de la izquierda; las dos mas relevantes son: la campaña electoral triunfante que lleva a la organización revolucionaria Causa R  (hoy Patria para Todos) a la alcaldía de Caracas en 1992 y en ese mismo año, el fallido levantamiento cívico militar encabezado por Hugo Chávez. En los lugares que comienza a gobernar la Causa R, se implementa un empoderamiento de los de abajo, se rompe – hasta donde es posible - con los principios de la democracia burguesa. Por su parte, Chávez pasa dos años en prisión, pero su figura crece hasta convertirse en lo que se llamó “un sentimiento nacional” y que no es sino la esperanza colectiva de un mundo construido sobre la ética y la valentía para conseguirlo. Cuando sale libre y recorre el país, ya es un símbolo viviente de la necesidad de un cambio profundo. Es así que la conjunción de las experiencias de inclusión de los sectores populares en la toma de decisiones de los gobiernos de izquierda locales y la profunda carga simbólica de la figura de Chávez, produce el discurso ideológico que conformará inicialmente los lineamientos ético - políticos de la revolución bolivariana, basado en esto se construye un programa y en torno a él se aglutinan diversas agrupaciones políticas democráticas y de izquierda que llevan a fines de 1998 al teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías a la presidencia de la república. Después de un siglo de luchas, un proyecto de izquierda llegaba al poder.

 

La revolución bolivariana

Sin impulsar un programa socialista, el proceso bolivariano toca los intereses de la oligarquía local, recientemente se ha decretado la expropiación de tierras ociosas, lo cual asesta un duro golpe al capital inmobiliario especulador. Con el objetivo de industrializar el país, ha atraído capital europeo y chino, así como norteamericano, lo cual ha generado una polémica interna en torno a la manera de aprovechar dichos flujos sin lesionar la autonomía nacional; sin embargo, al mismo tiempo ha  propuesto a los países de la región un plan de integración económica y social opuesto al (ALCA), diseñado por Washington; se trata de la Alternativa Bolivariana para América (ALBA), cuya primera fase comienza a ejecutarse con Brasil y Argentina. Así mismo ha sosteniendo una actitud anti imperialista en los foros internacionales, razón por la cual, el proceso ha sido atacado mediante una intensa y permanente campaña de desinformación orquestada por los medios de comunicación privados locales y foráneos con el fin de justificar los diferentes intentos por destruirlo: golpe de estado, sabotaje por parte de los mandos altos y medios de la industria petrolera, violencia de las bandas de ultraderecha (“Guarimbas”) todo con el objeto de producir muertos que justifiquen una intervención extranjera “humanitaria”.

Para defender el proceso, el gobierno bolivariano se ha atrincherado en los cambios sociales concretados en un lapso extremadamente breve de tiempo gracias a la amplia participación popular organizada, y siempre que es necesario dar un paso adelante en materia de derechos sociales o políticos de los sectores populares, cierra los flancos - conjurando antes de que se produzcan, las posibles acusaciones de totalitarismo o antidemocracia por parte del imperialismo -  recurriendo a las urnas siempre que es necesario; a la mitad del mandato de Chávez, el movimiento bolivariano a enfrentado en las urnas a la oligarquía ocho veces.

 

La coyuntura presente; entre dos elecciones

El 15 de Agosto de 2004, por octava vez el proceso bolivariano se sometió al veredicto popular y como en todas las ocasiones anteriores salió triunfante; desde meses atrás, el empresariado golpista agrupado en la Coordinadora Democrática (CD) comenzó a presionar a través de sus medios de comunicación para someter al presidente Hugo Chávez a referendo revocatorio: en Venezuela, desde que el movimiento bolivariano instauró una de las constituciones mas avanzadas del mundo, es posible revocar de su cargo a cualquier funcionario electo a la mitad de su mandato, en tanto la quinta parte de sus electores firme una solicitud. La CD, ni siquiera con el poder de los medios de comunicación privados, que constituyen casi el 90% del espectro nacional, pudo reunir legalmente las firmas necesarias, por lo que recurrieron al fraude: demostrándose que entre las firmas recabadas había miles pertenecientes a muertos; sin embargo, y a pesar de la presión de sectores del chavismo, quienes insistían en cancelar el proceso, el gobierno no lo hizo porque sabía perfectamente que estaba al medio de un cerco del imperialismo, quien buscaba un pretexto de éste tipo para colocarlo en el campo de los enemigos de la “democracia”, al lado de Hussein y Corea del Norte, razón por la cual el fraude fue ampliamente denunciado, pero el proceso continuó.

La derecha empresarial llamó como observadores internacionales al Centro Carter y a la OEA, porque su presencia le resultaba beneficiosa en el escenario electoral que según sus estimaciones sería más probable que ocurriera: Un triunfo por poco margen del chavismo, lo cuál le daría las condiciones para que los medios de comunicación nacionales y foráneos construyeran un supuesto fraude, al mismo tiempo sacarían a la oposición a las calles, produciendo muertos, poniendo a Chávez en la disyuntiva de entregar el poder o pasar a una etapa del proceso revolucionario bajo el aislamiento, la condena internacional y frente a un imperialismo – en este sentido - con las manos totalmente libres para instrumentar provocaciones desde la frontera con Colombia vía los paramilitares de ultra derecha de Alvaro Uribe. Esta inestabilidad hubiera obligado a Chávez a tomar medidas defensivas que fácilmente podrían ser presentadas por los medios de comunicación como las acciones represivas de un dictador contra un pueblo deseoso de una intervención humanitaria que restableciera la legalidad perdida; tarea que Washington realizaría en cuanto las condiciones en Irak se lo permitieran.

Sin embargo el escenario electoral que posibilitaría este plan – una victoria chavista por corto margen – se comenzó a evaporar; al menos dos semanas antes de los comicios la oligarquía criolla y el imperialismo ya percibían respectivamente que la victoria del chavismo sería contundente, en este sentido el ex presidente Carlos Andrés Pérez, buscando el liderazgo de la siguiente etapa del movimiento opositor, intenta hacer aparecer a los dirigentes de la CD como ingenuos, esto cuando desde su auto exilio en Miami declaró que a Chávez no se le iba a sacar del poder mediante las elecciones, que para ello, era necesario “matarlo como a un perro”. Por su parte el Departamento de Estado debió haber tenido el mismo análisis, porque durante las dos semanas previas a las votaciones, sus analistas y voceros ubicados en los grandes periódicos norteamericanos, no incrementaron significativamente los ataques contra la legitimidad del mandatario y el proceso, es decir, no prepararon a la opinión pública para que después de las elecciones fuera aceptable una política discursiva abiertamente ofensiva contra Chávez por parte de Washington.

Todo indica que el imperialismo sabía que Chávez incrementaría de manera importante su legitimidad en las urnas, lo cual a su vez, incrementaría en forma proporcional los costos políticos de iniciar en estos momentos una campaña anti chavista abiertamente hostil. Desde luego que la resolución norteamericana de no apretar en estos momentos el cerco mediático e iniciar las provocaciones que gradualmente allanaran el camino a una intervención, tiene que ver con su preocupación por asegurar el abasto petrolero, pero pensar que debido a este factor el imperialismo, estaba imposibilitado para accionar, es infra valorar la importancia política de los resultados electorales en Venezuela, es recaer en una explicación monocausal y  mecánica, la cuál sobre dimensiona los factores económicos y sub valora tanto la capacidad agresora del imperialismo, como la de un pueblo en lucha.

De la misma manera, pensar que sin importar lo que ocurriera en Venezuela, la actual contienda electoral por la Casa Blanca – en el contexto de la guerra en Irak - era un impedimento contra el inicio de hostilidades, solo podría ser valido si habláramos de una invasión encabezada por los marines en los próximos meses, situación actualmente impensable, pero el inicio de la incubación de un proceso consistente en un cerco mediático acompañado de  provocaciones, y cuya resolución militar   – probablemente a través de la careta de un ente internacional – pudiera acontecer el año próximo o aún después, no era en absoluto improbable. Recordemos que con relación a las intervenciones militares, Bush y Keary no tienen grandes discrepancias. 

El arraigo y la ampliación de la base social del proceso bolivariano, evitó el inicio de una hostilización política abierta, misma que lo hubiera precipitado a una etapa de mera sobrevivencia, sin embargo, pudo pasar a la  actual etapa de profundización de la revolución debido al enorme esfuerzo organizativo de los sectores populares que conforman la base del chavismo y a la atinada maniobra con la que la dirección del proceso sorteó los obstáculos con que la oligarquía local y el imperialismo pretendían cercarlo: supo retroceder un paso para poder después avanzar dos.

 

Como se ganó el referendo

El día del referendo revocatorio, a los votantes se les preguntó si el presidente debía abandonar el poder SI o NO. Por amplio margen se ratificó en la presidencia de la república bolivariana de Venezuela a Hugo Chávez; pero la simple apreciación cuantitativa del evento, no nos da una imagen del avance político que representó: Una vez en la arena electoral, las tareas para construir el NO fueron planificadas e instrumentadas por un operativo ideológico – organizativo a nivel nacional, llamado comando “Maisanta.

La campaña electoral se transformó en una gigantesca escuela de cuadros en la que los elementos más avanzados de cada barrio y centro de trabajo se agruparon y consolidaron ideológicamente, al tiempo que los sectores populares profundizaron en los objetivos y tareas del proceso, al ser irradiados por - y en algunos casos incluirse - las Unidades de Batalla Electoral (UBEs), integradas en grupos de 10 militantes provenientes de los diversos organismos sociales y políticos integrantes del chavismo, así como por individuos sin agrupación, cuya misión consistió en informar y organizar a 100 personas; su estructura  gradualmente se transformará en Unidades de Batalla Social, destinada a impulsar las tareas necesarias para profundizar la revolución, pero sin perder su capacidad de intervención en los diversos comicios electorales cuando estos se presenten.

 

Hacia la organización única del chavismo

Antes del proceso referendario forzado por la oposición, no se contaba con una estructura única y tan amplia, en la que participaran efectivamente los elementos más avanzados del chavismo de base; ésta conveniente situación a dado pauta a una nueva polémica entre las diversas organizaciones de izquierda que conforman el proceso revolucionario: La conveniencia o no de integrar un gran frente político, en el que todos los programas de los organismos que integran el actual chavismo se homologuen en uno sólo.

Algunos ven en éste nuevo agrupamiento político la posibilidad de incluir en él a los miles de activistas y simpatizantes bolivarianos sin organización política o social que se involucraron de alguna manera en el reciente proceso electoral, lo cual profundizaría la revolución en el ámbito de la democracia participativa y protagónica, pues le daría a las masas populares el control del instrumento político del proceso bolivariano; argumentan que para concretar esto, sería necesario que la representación en sus diferentes niveles se consiga en función del trabajo de base que se desarrolle y que existan suficientes controles de la base a la cúspide.

Desde otra óptica, algunos organismos políticos y sociales suponen que de manera formal la representación y el poder de decisión de las masas populares pudieran quedar asegurados, pero que su actual nivel de claridad y combatividad frente a las embestidas políticas de la oligarquía y el imperialismo, no sería correlativo a una actitud crítica frente a las políticas impulsadas por el carismático presidente de la república que también es el indiscutible comandante de la revolución; en efecto, suponen que dotar al “chavismo rupestre” de poder, en un partido que englobara a todas las organizaciones de izquierda, equivaldría a que estas quedaran en calidad de rehenes de Chávez.

Es importante dejar claro que la construcción de la hegemonía popular se apoya de manera fundamental en las políticas del gobierno bolivariano, intenta incidir en ellas, pero es un proceso que no se detiene en las resoluciones gubernamentales, incluso hay momentos en que hay claras contradicciones entre revolución bolivariana y gobierno bolivariano. Estas consideraciones se elaboran en el contexto de un retroceso del gobierno bolivariano en materia de libertad comunicacional; la señal de la Radio Alternativa de Caracas, uno de los medios populares integrantes de la revolución bolivariana más importantes del país, ha sido sacada del aire: el ente gubernamental de telecomunicaciones CONATEL, cedió su frecuencia a una empresa privada.

Algunas organizaciones del proceso ven con recelo la  propuesta de organización única, pero si se concreta, la presencia de las masas en el nuevo organismo político, los arrastrará necesariamente a su conformación; la propuesta se comenzará a debatir ampliamente tras las elecciones para alcaldías y gobernaturas, ya  próximas a celebrarse, en donde se podrán ver indicios de cómo va a quedar el equilibrio de fuerzas en el que el proceso se desarrollará durante la segunda mitad del mandato de Chávez. Además se constatará si el operativo ideológico organizativo instrumentado por el comando “Maisanta” para el referendo nacional, funciona con igual eficiencia en los niveles locales, es decir, se valorará si el chavismo ha dado un paso hacia su consolidación institucional o aún es fuertemente dependiente de la figura de Chávez. En términos de la construcción de la hegemonía popular, el reto actual para la revolución bolivariana es lograr que    – como dijo Fidel Castro – Chávez deje de ser el alcalde de toda Venezuela.

 

AGRUPACIÓN UNIVERSITARIA

Tiempos  Modernos

MÉXICO