Alteridad y ética desde el descubrimiento de América[1]

Jacob Buganza-Torio*

Alfredo Gómez-Muller realiza una laudable exposición del problema ético a partir del descubrimiento de América, mediante una pretendida descripción del ser-otro o de la alteridad, entendiendo por alteridad al hombre prehispánico o americano[2]; o, en el caso de Garcilaso de la Vega y Samper, al énfasis de exclusión al interior de la alteridad. Todo esto lo hace en su libro Alteridad y ética desde el descubrimiento de América, publicado en 1997[3]. En este breve escrito trataré sólo algunos aspectos de la exposición que, me parece, son discutibles o que, desde mi hermeneusis, merecen ser comentados de manera especial y/o más extensa.

  La exposición está dividida en dos partes. En la primera se analiza cómo, a partir del bagaje filosófico, teológico y jurídico de la época, se niega la alteridad humana, en sentido estricto, del ser-americano. En la segunda parte, el autor utiliza la distinción kantiana entre moral y ética, dando a la primera un carácter universal (pretendidamente formal), y a la segunda particular, pues se encarga más bien del sentido, es decir, de la felicidad.

          La primera parte, a su vez, está dividida en tres. En la primera (Testimonios) el autor trata el pensamiento de tres escritores que se dedicaron al tema de la alteridad explícitamente, teniendo como tesis común, según el autor, una interpretación <<puramente negativa>> de la alteridad puesto que toman como paradigma absoluto al europeo (en especial al español), y se propone que el otro no es como yo y lo violentamos, pues el Sentido (europeo) es absoluto, es decir, dogmático.

El primero de ellos es Ginés de Sepúlveda, quien escribe, aproximadamente en 1547, un pequeño Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios. Gómez-Muller sintetiza los cuatro argumentos utilizados por el comentado para aceptar la guerra: 1) Inferioridad natural del indígena; 2) Deber de extirpar los cultos satánicos y, particularmente, los sacrificios humanos; 3) Deber de salvar a las futuras víctimas de estos sacrificios; 4) Deber de propagar el evangelio. Según Gómez-Muller, el segundo argumento y el cuarto son de índole religiosa[4]. Me parece que sólo el cuarto goza de estar en dicha clasificación. Me parece que el segundo argumento no es religioso si se mira más de cerca. ¿Por qué? Porque no me parece que se esté en contra de la norma religiosa per se, sino que se apela a la norma ética, y, en el fondo, al derecho a la vida. 

 

Hay, pues diversos tipos de normas en juego, y, a mi parecer, la norma religiosa del pueblo indígena es injusta porque viola una norma ética, y no la norma de otra religión (en este caso la religión cristiana).  Parece que si nos atenemos a la forma en que lo expone Ginés de Sepúlveda, puede ser que apele a la norma cristiana, pero en el fondo el segundo argumento hace referencia a las normas éticas. Igualmente, me parece que podría haber otra interpretación en lo referente a la tesis de Gómez-Muller referida a que el primer principio del razonamiento de Sepúlveda sea la inferioridad natural de los indígenas. Podríamos interpretar, también, que ésa es la conclusión. En otras palabras, Sepúlveda podría querer decir que, los indígenas, al no ser dueños plenamente de sí mismos, es necesario que sean ayudados por otros. Y, al matarse mediante sacrificios religiosos, es necesario que alguien les haga ver que ésta es una norma religiosa y que es convencional; hay otro tipo de normas, de entre las cuales podría proponerse la norma ética, tomando en cuenta que la norma ética es una invitación al bien. Ciertamente, pienso que ética y religión no son la misma cosa; puede haber religiones con cultos no-éticos, como las orgías en ciertos ritos dionisíacos, o bien el sacrificio de doncellas en ciertos rituales prehispánicos. 

 El siguiente testimonio que comenta es el del inca Garcilaso de la Vega. Tenemos, con él, otra aproximación a la cultura americana, concretamente inca, pues él mismo desciende, por su madre, de éstos. Según la tradición inca, hay una <<primera edad>>, que es anterior a la entrada de los europeos en América. En ella, se nos habla de unos bárbaros primitivos, que no conocen regla alguna, ni moral ni política. La única ley que, al parecer, ostentaban, era la del más fuerte. Sin embargo, el Padre Sol envió a un hombre y una mujer de los suyos para que enseñasen a aquellos hombres a ser civilizados. Hay, pues, una luz procedente del Sol, que luego se conectará, de manera directa, con la luz del Evangelio. Hay, como dice Gómez-Muller, continuidad entre ambas religiones. Otra cosa que comenta Gacilaso es que, desde la perspectiva inca, <<la determinación de lo humano se halla referenciada en la mismidad del ser-inca>>, y, en concreto, con la mestización o síntesis hispanoincaica, que tomará como paradigma absoluto, ciertamente negativo, a la hora de ponderar a las otras culturas. Dice, el autor, pues, que en cuanto al fundamento infundado hay parecido entre Garcilaso y Sepúlveda.

Más controvertido es el siguiente testimonio, que es el de José María Samper. Este autor, hay que decirlo, se encuentra completamente en otro tiempo y espacio con respecto a los dos anteriores. Escribe en el siglo XIX, y hay que considerar que es el siglo de las independencias americanas. Digo que es más controvertido porque habla de las diferentes razas, relacionándolas con el clima en el que viven, o bien con la cercanía o lejanía al centro del país. Me parece que, aunque es controvertida su interpretación, no es completamente descabellada. Ciertamente, en los países fríos hay mayor creación artística y literaria que en los países cálidos; y, dentro de los países, parece suceder lo mismo. Pero esto no es una regla, ya que hay grandes mentes que nacen, crecen y crean en lugares cálidos. Lo que parece verdadero es que hay una cierta influencia. En los lugares fríos la gente tiene que buscar cosas que hacer encerrados en sus casas u hogares. Y ello estimula actividades sedentarias, como la lectura o la música. Aunque esto no es una ley, con toda la carga kantiana de la palabra (como absolutamente necesario). Simplemente es un ingrediente que sí logra tener una influencia. El propósito del Ensayo de Samper es, expresamente, mejorar la <<mala imagen>> que tiene Europa de las repúblicas latinoamericanas. El autor aplica la tesis de que hay mayor pureza racial en ciertas zonas de la población autóctona americana, a los que llama <<relativamente civilizados>>; por otro lado, hay otros que son, definitivamente, bárbaros. Lo importante es que, también Samper, utiliza como criterio de civilización al europeo, pues los pueblos relativamente civilizados se parecen al europeo, aunque es todavía <<embrionario>>, es decir, les hace falta madurar e independizarse. Por eso dice que <<el indígena que presenta embrionariamente ciertos aspectos de la mismidad europea es más bello, robusto e inteligente que el bárbaro de las costas y valles ardientes>>[5]. La tesis que está detrás es, me parece, que lo frío está sobre lo caliente, la razón sobre las pasiones, que son cálidas, mientras que la razón es fría y calculadora. División que me parece, de alguna manera, adecuada, pero que en la vida común es difícil de ejecutar, pues nuestros actos humanos, en muchas ocasiones, son nublados por la pasión (pasión antecedente y consecuente).

          La siguiente parte de la exposición centra su atención en las políticas de la colonia, en donde nos expone, con datos, cómo es que es preferible ser blanco y puro, a mestizo o negro. El color, definitivamente, juega un papel primordial. Estas ideas perduran hasta el siglo XIX, con los libertadores criollos, sólo que de manera un tanto más sutil. Se busca la inmigración europea, y será mejor si es inglesa.

          El siguiente punto es mucho más rico en cuestiones filosóficas, pues habla de algunas tesis del Estagirita que se refieren a la esclavitud. El autor critica seriamente a Aristóteles, y trata de mostrar que las tesis del Estagirita son, más bien, expresión de una cultura: la cultura griega. El hombre libre es aquel que tiene, ciertamente, capacidad para dirigir al que no la tiene. No me queda claro que Aristóteles mencione, de manera explícita, que los esclavos o siervos estén desprovistos de humanidad, pues el griego habla de hombres inferiores más que de hombres no-humanos. Es cierto, también, que Aristóteles desprecia a los que no son griegos, pues dice que son esclavos para el griego, aunque sean sabios o reyes en sus pueblos. Y esto, en efecto, sostendría la tesis de Gómez-Muller de la alteridad como privación o negatividad pura. Sería más este argumento que el otro, pues me parece que los nobles de todos los pueblos tienen la idea de que lo imperfecto se ordena a lo perfecto. Nosotros mismos tenemos, todavía, esta división, sólo que de manera más sofisticada, y con una remuneración económica. El texto de Gómez-Muller es, verdaderamente, muy claro e ilustrativo, aunque me parece que haría falta examinar cómo era la esclavitud en la antigua Grecia, pues se dice que no era tan violenta como lo fue en las Colonias, sean estas españolas, portuguesas o inglesas.

          Pasando a la segunda parte, nos encontramos con serias reflexiones filosóficas, en donde se explican, de manera clara, algunas diferencias entre la ética tradicional y la reflexión moral que se inaugura con Kant. La pregunta por el Sentido, ciertamente, la encontraremos en la ética, y en donde el autor parece querer decir que es individual, nunca universal o universalizable[6]. Esa explicación la utiliza, precisamente, para sostener la siguiente tesis: <<El dogmatismo detiene el preguntar por el sentido de la existencia y, por lo mismo, encierra las dimensiones simbólica y ética en representaciones absolutas y, por lo tanto, inamovibles>>[7]; esta caracterización doble pone de manifiesto otro ingrediente del dogmatismo, que es la violencia contra aquellos que no comparten nuestro sentido de la existencia, sino que tienen otros; por tanto, <<el dogmatismo somete la realidad a la uniformidad de un sentido inmutable, transparente, plenamente disponible, que pretende preservar toda alteración>>[8] y lo que busca, definitivamente, es extirpar al otro, pues la cultura del otro es una amenaza para la propia. Se piensa, ciertamente, que en lugar de enriquecer culturas, el contacto con los otros y su cultura es un intercambio nocivo y que hay que evitar. Esto le sirve al autor para decir, con mucha seguridad, que la guerra contra los indígenas propuesta por Ginés de Sepúlveda es causada, pues, por la alteridad de los primeros[9]. El argumento parece estar bien construido, aunque me parece que habría que definir con antelación si no se puede defender el derecho a la vida que el sacrificio humano de algunas religiones prehispánicas truncan; aunque, es verdad, los europeos violentan otra norma ética, o del derecho natural, pues todo hombre tiene derecho a la libertad (positiva, o de hacer, y negativa, o de querer). Este es un tema, en verdad, delicadísimo, y que exige mayores reflexiones, que van más allá de las pretensiones de este trabajo.

          Lo que sí hay que decir es que hay un esbozo de este problema cuando habla de Bartolomé de las Casas, quien propone el diálogo (testimonio) en lugar de la violencia para llevar a cabo la evangelización. Busca que el europeo tenga otra representación de la alteridad, considerándolo un igual y no un humano embrionario, es decir, un hombre inferior, pues habría un serio conflicto entre decir que el hombre americano es infrahumano y el reconocimiento de la dignidad de este mismo hombre. Hay una argumentación muy poderosa en este contexto, pues propone que, los europeos, legitiman la destrucción del otro en nombre del sentido (el sentido cristiano de la existencia que, en el caso de varios pensadores de la Colonia, no permite la coexistencia con otros sentidos) y, siendo el sentido territorio ético, y siendo lo ético individual, luego no puede existir violencia mediante una falsa universalización. Lo dice más claramente el autor: <<La ética se torna violencia y el sentido una simple Idea desprovista de toda pretensión universal legítima>>[10]. Desde el punto de vista del autor, me parece una tesis sostenible, aunque puede tambalearse si se discute, de antemano, si hay una manera de vivir buena que sea universal, cosa que requiere muchas justificaciones, y que nos permitiría partir de otro principio, pues se podría sugerir ese modo de vivir bueno universal para todos los hombres. Esta, me parece, siempre ha sido la aspiración de la ética. Es algo que todavía no encontramos, aunque sí se han dado algunos pincelazos a lo largo de la historia de la ética.

          Después de examinar algunos aspectos del filosofar del Inca Garcilaso de la Vega y Simone Weil, el autor se propone dar, para finalizar, algunas pinceladas acerca de sus perspectivas éticas, en donde resalta que no podemos quedarnos en la ética individualista de la modernidad habiendo tantas diferencias y desigualdades sociales. Por ejemplo, el valor de la solidaridad, tan difundida en la Doctrina Social de la Iglesia, no puede ser más que un ideal, que podríamos aceptar o no[11]. Tenemos que buscar una ética universalista, que tiene una doble perspectiva unificadora: 1) utilizar el diálogo, en donde la alteridad es reconocida como tal, y 2) asumir el sentido (ético) como apertura, es decir, abierto a la alteridad, a los otros. Debemos de articular, desde nuestra América Latina, un discurso coherente, y que considere positiva la experiencia del mestizaje entre los americanos y las otras culturas. Pero so es tema para otro breve artículo.

 

 

 

 

                                                                                                       

* ITESM-Campus Central Veracruz, Córdoba, Ver.,  email: jbuganza@itesm.mx

[1] Autor: Alfredo Gómez-Muller. 

Agradezco la lectura de este breve texto al Dr. Horacio Cerutti Guldberg

[2] Utilizo la expresión <<hombre americano>> (l´homme américain) pues nuestro autor utiliza esa expresión en un artículo anterior: Cfr. GÓMEZ-MULLER, Alfredo, <<La question de la légimité de la conquëte de l´Amérique: Las Casas et Sepulveda>>, en: Les Temps Modernes, No. 538, (1991), p. 1

[3] GÓMEZ-MULLER, Alfredo, Alteridad y ética desde el descubrimiento de América, Akal, Madrid, 1997

[4] Ibid., p. 8

[5] Ibid., p. 16

[6] Desde la perspectiva de Habermas, deudor de Kant, dice el autor que <<El preguntar ético por la vida buena se distingue del preguntar moral por una cierta “auto-referencialidad”>> (Ibid., p. 37), en donde la pregunta por el sentido es la pregunta por la felicidad, que es auto-referencial porque está referida a mí (y con problemas a mi familia o a mi comunidad).

[7] Ibid., p. 39

[8] Ibidem.

[9] Cfr. Ibid., p. 40

[10] Ibid., p. 43

[11] Ibid., p. 53