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Inseguridad económica y fragmentación de la vida pública
en
América Latina
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Federico
Vázquez[1]
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Resumen
La década de los setenta emergería como escenario de múltiples cambios en
las sociedades latinoamericanas; uno de los principales se refiere a la
re-organización política de la economía, denominada por diversos autores
como la fase de transición hacia una economía descontrolada, caracterizada
por un mecanismo institucional basado en la racionalidad competitiva y en
la auto-regulación del mercado como principio y eje ordenador de la
organización societal. En este contexto, pensamos que la mirada de la
sociología política del desarrollo nos permite pensar las
transformaciones estructurales y sus implicaciones en las últimas tres
décadas. En nuestro caso exploramos la relación entre inseguridad
económica y fragmentación de la vida pública en América Latina, el primer
proceso (inseguridad económica) se vincularía de manera directa con el
nuevo patrón de “desarrollo” adoptado por la mayoría de los países de la
región, lo cual se percibe a través de diversos indicadores
socio-económicos, tales como la precarización laboral, el desempleo, el
deterioro de los salarios, etc. Mientras la fragmentación de los espacios
públicos guardaría nexos estructurales con las implicaciones derivadas de
la inseguridad económica. La debilidad de la vida pública re-produce las
lógicas inscritas en los fenómenos generadores de la inseguridad
económica, de manera que nos encontramos frente a una relación
“dialéctica” entre inseguridad y fragmentación que se refuerza mutuamente,
mermando la posibilidad de concebir la ciudadanía como el actor central y
articulador político-institucional de la estrategia de desarrollo.
Conclusión que nos lleva a afirmar la urgente necesidad de re-pensar la
dimensión política del desarrollo y sus vínculos estructurales con la
mirada económica.
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Breve introducción
La fase de transición de las economías latinoamericanas en los últimos
treinta años sugieren mirar con atención los procesos implicados en la
reorganización política de la economía. Interesa la problemática que ha
emergido en la región con gran fuerza, nos referimos a la creciente
inseguridad económica y su relación con la vida pública y de manera
concreta, con el desarrollo de los espacios públicos.
La hipótesis central sugiere que el estilo de desarrollo y el modelo de
crecimiento económico adoptado a fines de los años setenta y principios de
los ochenta incrementa la inseguridad económica con implicaciones
profundas en el desarrollo de la vida pública latinoamericana.
Desde un ámbito normativo, los espacios públicos se consideran como una
esfera vital para el desarrollo económico, su ampliación y fortalecimiento
como posibilidad de avanzar en la ciudadanía económica; por el contrario,
su debilidad y fragmentación como signo de un proceso de inequidad social.
Para responder la pregunta y explorar la proposición planteada realizamos,
en primer lugar, un recorrido descriptivo – analítico sobre el contexto
internacional en lo que se refiere a la reorganización política de la
economía mundial en la fase de globalización; posteriormente nos
adentramos en las implicaciones de la fase de transición para América
Latina. En la segunda parte del ensayo cambiamos hacía un registro
empírico – analítico sobre las características centrales de la inseguridad
económica, en un segundo momento presentamos la relación entre inseguridad
económica y fragmentación de la vida pública y; en la parte final,
presentamos un balance de las implicaciones de dicha problemática en lo
que se refiere al desarrollo de los espacios públicos de las sociedades
latinoamericanas.
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Esperando contribuir en la construcción y elaboración de “nuevas miradas”
sobre las problemáticas del desarrollo y re-tomando de forma crítica, el
punto de vista de la sociología política del desarrollo para pensar
y abordar la temática abordada, quisiera señalar la vigencia de una de las
preocupaciones centrales del pensamiento de Raúl Prebisch y de varios
pensadores preocupados por construir una latinoamericanística[2]
orientada a definir el desarrollo como transformación estructural
de la sociedad, como el eje epistemológico de nuestro ensayo.
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Contexto Internacional en
transición
Reorganización política de
la economía en el contexto de la globalización
En un sugerente ensayo, Jacques Chonchol[3]
apunta a delinear los nuevos contornos del poder en la economía mundial.
Partiendo de los distintos modos de regulación que se han dado en la
historia del capitalismo, se pregunta por la actualidad y los actores que
dirigen la economía
internacional, los ganadores y perdedores del proceso económico y las
implicaciones para Latinoamérica.
Para Chonchol existen dos modos de regulación de las economías. El primero
se basa en compromisos institucionales entre actores sociales, que
permiten encuadrar los mecanismos del mercado, sin que estos actores sean
aniquilados como en el caso de las economías centralizadas. El segundo
ubica el mecanismo de la competencia en el centro de un conjunto de
procesos de asignación de recursos y de distribución de ingresos. El
primero se denomina de regulación institucional, el segundo de regulación
competitiva.[4]
Los modos de regulación pueden resumirse mediante una periodificación
histórica del capitalismo:
· 1000 – 1450, la era de las ciudades mercantiles
· 1450 – 1800, la era de la alianza entre los príncipes y los mercaderes
· 1800 – 1914, la era de la hegemonía británica
· 1914 – 1945, la era del capitalismo en crisis
· 1945 – 1973, la era del nuevo orden económico mundial
· 1974 – 2000, la era de la economía mundial incontrolable[5]
Para fines de nuestro ensayo interesa resaltar las características
principales de la transición de los últimos treinta años, de la era del
nuevo orden económico mundial a la era de la economía mundial
incontrolable.
1945-1975 un nuevo orden económico mundial
Después de la segunda Guerra Mundial la economía internacional se
estabiliza bajo la hegemonía de los Estados Unidos. Los Acuerdos de
Bretton Woods, de julio de 1944 simbolizarían el nuevo orden en materia
monetaria y financiera, así como los del GATT (Acuerdo General sobre el
Comercio y las tarifas Aduaneras) en 1947, actualmente la OMC
(Organización Mundial de Comercio).
A
escala nacional, la regulación competitiva de la pre-guerra cederá su
lugar a una regulación institucional basada sobre compromisos tripartitos
entre los Estados, las empresas y los representantes de los trabajadores.
El establecimiento de sistemas de protección social, de salario mínimo y
los convenios colectivos, conformarían la trama institucional que
posibilita la redistribución del crecimiento económico. El Keynesianismo
se afirmaría como la nueva ideología dominante en lo que atañe a la
organización política de la economía.
1974 – 2000 una nueva economía mundial incontrolable
El fin del capitalismo fordista es la consecuencia de la revolución en los
modos de producción y de redistribución del ingreso que caracteriza el fin
de los años setenta. El desmoronamiento del Sistema Bretton Woods, los
cambios en la escena energética por el cartel de la OPEP, el surgimiento
del mercado de los eurodólares y la competencia industrial creciente de
las naciones periféricas, traducen el debilitamiento del poder hegemónico
norteamericano. Fenómenos que forman parte de
un proceso global de mundialización de la economía que escapa
crecientemente al control del Estado.[6]
A
nivel nacional, los compromisos institucionales del keynesianismo son
afectados por la interdependencia de las economías y la movilidad de los
capitales, multiplicado por la revolución tecnológica. La crítica al
Estado-Providencia vendrá acompañada de un proceso de legitimación de la
regulación competitiva como forma de organización de la economía, se
impone el llamado (neo) liberalismo.
El componente ideológico del proceso globalizador legitima la estrategia
de los actores transnacionales en la lógica de conquistar mercados,
incluso países y Estados. Dicho modo de regulación se basa en diferentes
formas de poder: el político, el administrativo, el patronal, el de los
intelectuales y el de los medios de comunicación; todos ellos coordinados
bajo la racionalidad del mercado global. Las normas de funcionamiento de
actores privados suelen imponerse a las prioridades públicas y colectivas,
como si se tratara de una forma de organización política de la economía
que se pretende total y en el fondo con rasgos totalitarios (como modelo
naturalizado e ineluctable).
Con la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la (ex) URSS, se
crean las condiciones para el desarrollo de la ideología (neo) liberal y
sus medios financieros al servicio de la idea que esos países debían
primero construir mercados eficaces y que la organización política y las
instituciones necesarias para hacerlos funcionar vendrían por sí mismas.
Así, el FMI y el BM desarrollan el denominado “Consenso” de Washington.
Persuadiendo o en su caso imponiendo las recetas y las medidas coactivas a
los países que intenten salir de la estrategia global. América Latina
estaría en el centro de sus maniobras económico-políticas con profundas
implicaciones estructurales.
América Latina en la
reorganización política de la economía mundial
La reorganización política de la economía mundial en la fase de
transición entre el nuevo orden económico y el modo de regulación
competitivo y la economía incontrolable requiere ser contextualizada en
clave de tendencias e implicaciones para el espacio latinoamericano.
Podemos sugerir algunos procesos en curso:
· Reconcentración de control de recursos, bienes e ingresos en manos de una
minoría
· Polarización social creciente de la población mundial
· Incremento de la sobre explotación de la masa de trabajadores del mundo,
ya que junto con la reconcentración de los ingresos y de riquezas, crece
la distancia salarial entre los asalariados y se expande la proporción de
los desempleados, marginalizados de los ámbitos centrales de la estructura
de acumulación.
· Declinación del interés y la capacidad del capital de convertir la fuerza
de trabajo en mercancía.
· Expansión de formas no – salariales de control del trabajo.
· Configuración del capitalismo mundial, vale decir, la estructura de las
relaciones entre capital y cada una de las formas de control del trabajo.
· La estructura de explotación del trabajo estaría formando un proceso de
reclasificación social de la población a escala global.
· La estructura mundial de acumulación capitalista, asociada a la nueva
posición y función de predominio que dentro de ella tiene la acumulación
especulativa y financiera, en especial desde mediados de los años setenta
en adelante.
Respecto a dichos procesos en curso, la guardia crítica latinoamericana en
la voz de Aníbal Quijano[7]
se pregunta ¿qué es lo que impulsa la aceleración y la profundización de
dichas tendencias o por qué la inseguridad económica del capitalismo
contemporáneo se ha hecho más profunda y de alguna forma más sencilla?
Es posible distinguir ciertas tendencias que ayudarían a comprender el
contexto de la fase de transición y sus implicaciones para la región:
destaca la formación de un bloque imperial mundial integrado por
los Estados-nación modernos del centro del sistema mundial; la pugna por
la hegemonía regional entre los Estados-nación-dependientes asociados con
el bloque imperial en las regiones más conflictivas; la erosión continua
del espacio nacional-democrático, vale decir, la des-nacionalización de
todos los Estados nacionales-dependientes donde no se llegó a la
consolidación del Estado-nación moderno; la gradual conversión de los
Estados menos nacionales y democráticos en centros locales de
administración y control del capital financiero.[8]
Se trata de una reconcentración mundial del control de la autoridad
pública a escala global, lo que para Quijano sería una de los aspectos
centrales de la globalización en el patrón actual de la fase de transición
en la reorganización política de la economía. En otras palabras, se
trataría de una des-democratización de la representación política de las
sociedades en el Estado y de un proceso de des-nacionalización de la
sociedad y del Estado. Lo que mostraría la asociación estructural entre
las necesidades del capital financiero de los mecanismos especulativos de
acumulación y las tendencias de reconcentración del control de la
autoridad pública. Proceso que implica una re-privatización local y global
de los Estados, en tanto responden cada vez menos a la representación
política del conjunto de los sectores sociales.
Tal reconcentración del control mundial de la autoridad pública, implica
una reprivatización del control de un ámbito central de la existencia
social y de su respectiva esfera institucional. Lo “Público” como aquel
ámbito donde participaban los ciudadanos, incluso a nivel simbólico y el
universo institucional que sustentaba dicha zona está compuesto por
núcleos institucionales privados, como las corporaciones globales o la
tecnocracia administrativa de las entidades financieras y de las políticas
económicas de los Estados.
Para Quijano la fase de transición debe denominarse de globalización
capitalista y de contrarrevolución global[9],
ubicada entre mediados de la década de los setenta, cuando estalla la
crisis mundial del capitalismo. Su momento de aceleración desde fines de
la década de los ochenta, a partir de la famosa caída del Muro de Berlín
en 1989.
Define algunos procesos sobresalientes que caracterizaban la etapa del
nuevo orden económico entre 1945 y 1973 (antes de iniciar la era del capitalismo descontrolado):
1. La descolonización política del sudeste asiático.
2.El triunfo de revoluciones sociales y la extensión de movimientos
revolucionarios de orientación socialista y de liberación nacional.
3. La extensión de regímenes de Welfare State en Europa y Estados Unidos.
4. Los movimientos y regímenes en América Latina de tendencia
nacional-democrática, que producían reformas sociales y políticas
orientadas a la democratización de las relaciones sociales y políticas,
incluyendo la estatización de los recursos de producción.
5. El desarrollo de movimientos sociales radicalmente democráticos,
anticapitalistas, antiautoritarios y antiburocráticos.
6. La extensión de movimientos sociales de democratización radical,
fraseada como liberación en las relaciones sexuales, en las relaciones de
género, en las relaciones raciales y étnicas, en las de edad.
7. El comienzo de la crítica sistemática del eurocentrismo como
perspectiva de conocimiento, sobre todo en América Latina.[10]
Procesos que implicaron: a) una amplia desconcentración del control de la
autoridad pública, b) redistribución del control del trabajo, c)
redistribución de beneficios e ingresos, d) en menor medida, una relativa
redistribución del control de recursos de trabajo vía las reformas
agrarias, e) extensión de la crítica anticapitalista y de movimientos
políticos y sociales.
Sería la derrota de dicho contexto y de los procesos esenciales, producto
de la combinación de medidas de re-concentración del control sobre el
trabajo generada durante la crisis mundial del capitalismo (1973) la que
abriría las puertas para la entrada de la era de la economía descontrolada
y de regulación competitiva.
La nueva era que Chonchol calificará de capitalismo y economía
descontrolada, para Quijano se trata de la contrarrevolución global,
teniendo como rasgos centrales y destacando que:
1.La globalización consiste en una reconcentración de la autoridad pública
mundial, una reprivatización del control de la autoridad colectiva.
2.Reconfiguración del sistema de dominación política, asociada a las más
recientes tendencias de la explotación o control capitalista del trabajo.
3.La expresión institucional en el centro es, de un lado, la configuración
de un bloque imperial mundial, integrado por los Estados-naciones que ya
eran mundialmente hegemónicos, bajo el predominio de Estados Unidos, del
otro lado, el bloque de corporaciones mundiales del capital financiero.
4.El bloque imperial está tramado estructuralmente con las instituciones
de control y de administración del capital financiero mundial, así como
del control y administración de la violencia mundial.
5. El conjunto de dicha trama institucional, estatal y paraestatal, tiende
a operar como un gobierno mundial invisible.
6.La actual globalización de este patrón de poder tiene el carácter de un
proceso contrarrevolucionario a escala global, es decir, de
reconcentración y privatización del control del trabajo y sobre la
autoridad pública.[11]
Desde la perspectiva de la reorganización política de la economía en la
fase de transición actual, América Latina, atraviesa por un cambio en lo
que se refiere al sistema de negociación institucional de los límites,
condiciones y modalidades de dominación, cuya figura institucional es la
ciudadanía y cuyo marco institucional es el Estado-nación. Donde la
democracia, como marco de regulación de la economía se ve amenazada en el
nuevo patrón de poder que, como veremos más adelante, produce un contexto
de inseguridad económica y fragmentación de la vida pública.
A
decir de Quijano, el desarrollo del capital financiero y la acumulación
capitalista como tendencia estructural de poder requiere de la reducción
de espacios democráticos, ya que implican una distribución del acceso y
del control del trabajo, de recursos y de productos; ahí la clave de
entender las implicaciones de la reconcentración y reprivatización de la
autoridad pública y del Estado. En últimos términos la reorganización
política de la fase de la economía descontrolada necesita la reducción de
los espacios públicos, su eliminación o, por lo menos, la desvirtuación de
las instituciones de la ciudadanía.[12]
En suma América Latina se inserta en la fase de transición en un escenario
de reorganización política de la economía descontrolada, caracterizada por
un patrón de poder mundial que amenaza con llevar a sus extremos la
polarización social[13],
la reconcentración del control del poder mundial, con implicaciones de
des-democratización, vale decir, pérdida de espacios de participación en
la generación y gestión de la autoridad pública, lo que podríamos sugerir,
ha incrementado la inseguridad económica y fragmentado los espacios
públicos de participación y en la gestión del Estado.
Inseguridad económica y
fragmentación de la vida pública
Hasta el momento el trabajo se ha movido en un registro
descriptivo-analítico sobre los procesos y los rasgos centrales de la
reorganización política de la economía en lo que hemos denominado la “fase
de transición de la era de la economía descontrolada”, regida bajo los
imperativos del modo de “regulación” competitiva. Nuestra hipótesis
resalta la relación dialéctica e interdependiente entre desarrollo
económico y político, argumento que busca mostrar el cómo la fortaleza y
ampliación de la vida pública es un requisito indispensable en materia de
seguridad económica, sin embargo, la problematización de nuestra tesis
habla de un proceso contrario, donde la inseguridad económica profundiza
la debilidad de los espacios públicos y las implicaciones de dicho
fenómeno acentúa al mismo tiempo la inseguridad económica. De ahí entonces
que en la segunda parte de nuestro ensayo nos adentremos en aproximaciones
empíricas del objeto de estudio tratado en las páginas precedentes.
Inseguridad Económica
Una encuesta realizada en 14 países latinoamericanos concluyó a fines de
los años noventa que 61% de los encuestados pensaba que sus padres habían
vivido mejor que ellos. Además menos de la mitad de los encuestados (46%)
pensaba que sus hijos terminarían viviendo mejor que ellos, porcentaje que
variaba desde 30% en México hasta 61% en Chile. La misma encuesta detectó
una fuerte demanda de seguro social en la región; casi tres cuartos de los
encuestados favorecían un mayor gasto en seguro de desempleo y más del 80%
expresaban el deseo de que se gastara más en pensiones.
Cuadro I
América Latina (14 países): Respuestas a una encuesta sobre cambios
previstos en los niveles de vida, 1999 (en porcentajes)
|
País |
Mejor |
Igual |
Peor |
No
responde |
|
Argentina |
63 |
22 |
12 |
3 |
|
Bolivia |
51 |
31 |
16 |
3 |
|
Brasil |
64 |
9 |
25 |
2 |
|
Colombia |
78 |
14 |
8 |
1 |
|
Costa Rica |
56 |
26 |
14 |
5 |
|
Chile |
45 |
32 |
22 |
1 |
|
Ecuador |
67 |
20 |
10 |
2 |
|
Guatemala |
57 |
31 |
11 |
1 |
|
México |
43 |
35 |
20 |
3 |
|
Panamá |
52 |
24 |
21 |
3 |
|
Paraguay |
75 |
14 |
6 |
5 |
|
Perú |
80 |
12 |
6 |
2 |
|
Uruguay |
59 |
18 |
20 |
3 |
|
Venezuela |
70 |
19 |
10 |
2 |
Fuente:
Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta
inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión
Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de
las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001, p.8.
Nota: la pregunta de la encuesta dice: Tomando todo en consideración,
¿diría usted que sus padres vivían mejor, igual o peor que como usted vive
hoy?
Cuadro II
América Latina (14 países): Respuestas a una encuesta sobre cambios
previstos en los niveles de vida, 1999 (en porcentajes)
Pregunta realizada: Y respecto a sus hijos, ¿cree usted que vivirán mejor,
igual o peor que como usted vive hoy?
|
País |
Mejor |
Igual |
Peor |
No responde |
|
Argentina |
43 |
22 |
20 |
16 |
|
Bolivia |
56 |
20 |
13 |
11 |
|
Brasil |
58 |
12 |
21 |
9 |
|
Colombia |
36 |
21 |
38 |
6 |
|
Costa Rica |
52 |
25 |
11 |
12 |
|
Chile |
61 |
22 |
11 |
7 |
|
Ecuador |
34 |
21 |
29 |
16 |
|
Guatemala |
51 |
23 |
17 |
8 |
|
México |
30 |
23 |
41 |
6 |
|
Panamá |
48 |
20 |
21 |
12 |
|
Paraguay |
48 |
26 |
13 |
13 |
|
Perú |
37 |
19 |
26 |
19 |
|
Uruguay |
46 |
22 |
19 |
13 |
|
Venezuela |
53 |
17 |
19 |
12 |
Fuente:
Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta
inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión
Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de
las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001, p. 8.
Con respecto a la demanda de seguro social, tiende a ser más alta en los
países en que impera un mayor pesimismo respecto al futuro. Con algunas
excepciones, como en México, país donde las demandas de mayor gasto en
seguro social son débiles pese a un alto nivel de pesimismo sobre las
perspectivas de la próxima generación. En Chile, donde las expectativas
son razonablemente mejores, el porcentaje de encuestados que favorece un
mayor gasto llegaba a 85% en el caso del seguro de desempleo y a 93% en el
caso de las pensiones.
Cuadro III
Percepciones sobre el Seguro social en América Latina
América Latina (14 países): Respuestas a una encuesta sobre aspectos
vinculados con el seguro de desempleo según categoría socioeconómica (en porcentaje)
|
Seguro de desempleo |
Gastar más (%) |
Gastar menos (%) |
No sabe (%) |
|
Edad
18-29
30-49
50 y + |
74
18
5 |
73
18
5 |
73
16
7 |
|
Empleo
Autónomo
Gobierno
Privado
Desempleado
Retirado
Ama de casa |
74
69
74
80
74
73 |
17
19
17
13
16
17 |
5
7
6
3
6
7 |
|
Educación
Estudiante
Primaria
Secundaria
Universidad |
74
74
75
71 |
19
16
16
19 |
5
7
5
6 |
|
Ingreso
Alto
Medio
Bajo |
72
73
74 |
19
17
17 |
4
6
6 |
Fuente:
Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta
inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión
Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de
las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001 p. 9
Cuadro IV
Percepciones sobre el Seguro social en América Latina
América Latina (14 países): Respuestas a una encuesta sobre aspectos
vinculados con las pensiones según categoría socioeconómica
(en porcentajes)
|
Pensiones |
Gastar más (%) |
Gastar menos (%) |
No sabe (%) |
|
Edad
18-29
30-49
50 y + |
83
83
86 |
13
13
10 |
3
3
3 |
|
Empleo
Autónomo
Gobierno
Privado
Desempleado
Retirado
Ama de casa |
83
84
84
88
88
84 |
13
12
13
9
9
12 |
3
2
2
1
2
3 |
|
Educación
Estudiante
Primaria
Secundaria
Universidad |
82
83
85
83 |
15
13
12
14 |
2
3
2
2 |
|
Ingreso
Alto
Medio
Bajo |
83
85
83 |
14
11
13 |
2
2
3 |
Fuente:
Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta
inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión
Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de
las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001 p. 9
Respecto a las causas de la inseguridad económica, Dani Rodrik[14]
señala tres conjuntos de factores a considerar:
El primero
apunta al trauma de los años ochenta. En América Latina, el resultado
final de la crisis de la deuda fue una serie de reformas que en realidad
sirvieron para debilitar las instituciones de seguro social. El empleo se
tornó en general menos estable y las redes de seguridad proporcionadas por
el sector público se debilitaron.
En segundo lugar,
América Latina en los años noventa se encontró en un mundo de gran
volatilidad macroeconómica, impulsada en parte por flujos de capital
erráticos o al menos magnificada por ellos y con caprichos de los
inversionistas de corto plazo. La política macroeconómica se divorció cada
vez más de la economía real, lo que exacerbó la volatilidad de los
resultados económicos tanto en el tiempo como en los hogares.
En tercer lugar,
las instituciones sociales y políticas no se han sensibilizado
adecuadamente al clamor por una mayor seguridad económica y a la creación
de marcos institucionales con
capacidad de gestión del riesgo en sociedades orientadas al mercado. Los
sistemas políticos en su conjunto no han creado mecanismos viables de
participación; los parlamentos nacionales se han fragmentado y viven
crisis de representación y los partidos políticos son débiles y poco
creíbles.
Los sindicatos no han sido capaces de desarrollar una estrategia adecuada
y global para encarar la inseguridad en el empleo y han perdido afiliados.
La monopolización de los debates de política en torno a una visión
estrecha de la política de desarrollo, por las líneas del Consenso de
Washington y restringida por los requisitos de la integración económica
mundial, ha impedido el surgimiento de una visión alternativa o al menos
complementaria de una reforma económica impulsada por los intereses
locales y las aspiraciones colectivas nacionales.[15]
Lo que parece emerger con gran fuerza es la percepción de la movilidad
social en términos descendientes, afectando a las clases medias y desde
luego a sectores históricamente excluidos. De hecho, podríamos decir que
dicha tendencia es la que otorga a la demanda de protección social su
notoriedad política en la región.
Con respecto al trauma de los años ochenta Rodrik realiza comparaciones
con otros países y regiones, lo que le permite inferir a modo de ejemplo
que: en los Estados Unidos, los ingresos declinaron 35% en promedio entre
1929 y 1933 y el desempleo llegó a un máximo de 25% en este último año;
mientras en América Latina, tomando la crisis de los ochenta, la
declinación de los ingresos y el desempleo no fue tan abrupta, alrededor
de 20% en Argentina, Chile, México y Venezuela, y de 10% en Brasil.
Sin embargo, mientras en los Estados Unidos el ingreso per cápita tardó 10
años en recuperar su nivel previo a la Gran Depresión; en Argentina y
Brasil tardó 12 y 13 años, respectivamente, y en México, Perú y Venezuela
los ingresos per cápita en 1997, todavía eran inferiores a los de 1981. La
tasa de crecimiento en la región durante los años noventa no logró
equiparar las cifras de los años sesenta y setenta.[16]
Cuadro V
América Latina (ocho países): La inseguridad económica en una perspectiva
de largo plazo (probabilidad de que el ingreso per cápita caiga 5 % en
un año, en porcentaje)
|
País |
Años 60 |
Años 70 |
Años 80 |
Años 90 |
|
Argentina |
7.9 |
5.4 |
36.5 |
3.3 |
|
Brasil |
2.3 |
0.2 |
12.4 |
14.4 |
|
Chile |
0.4 |
25.5 |
17.5 |
0.0 |
|
Colombia |
0.0 |
0.0 |
0.5 |
0.0 |
|
México |
0.0 |
0.0 |
17.1 |
19.0 |
|
Perú |
3.5 |
3.6 |
36.5 |
17.8 |
|
Uruguay |
4.3 |
0.3 |
28.7 |
0.4 |
|
Venezuela |
5.4 |
1.5 |
37.3 |
9.0 |
Fuente:
Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta
inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión
Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de
las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001, p. 19.
Continuando con la crisis de los ochenta, América Latina adoptó un
conjunto de reformas destinadas a realzar el radio de acción del mercado y
a frenar el del gobierno. La privatización, la desregulación, la
liberalización comercial y la liberalización financiera fueron elementos
clave del Consenso de Washington. Recordando a Quijano, se optó por
debilitar la autoridad pública y la acción del Estado.
Podemos suponer que la inseguridad económica generada por la prolongada
crisis de la deuda sólo se vio amplificada por las reformas orientadas al
mercado que todos los países de la región adoptaron sin instruir programas
complementarios de seguro social. Mientras en Estados Unidos la respuesta
a la Gran Depresión fue el fortalecimiento de la protección social, en
América Latina la respuesta a la crisis de la deuda fue el debilitamiento
del seguro social frente a mayores riesgos en el mercado laboral.
Por otra parte, la inseguridad económica tiene como eje mayor
inestabilidad en el empleo. Información de los últimos años sugiere que la
proporción de trabajadores con empleos seguros ha declinado en casi todos
los países de la región. Si tomamos como indicador la reducción de la
densidad de los sindicatos desde los años ochenta en todos los países se
manifiesta la magnitud del fenómeno aludido.
El siguiente cuadro presenta datos sobre la afiliación sindical y la
densidad sindical en 10 países latinoamericanos. Cuando es posible
establecer comparaciones entre los años ochenta y noventa, las cifras
revelan una brusca declinación. En Argentina, por ejemplo, el porcentaje
de la mano de obra no agrícola representada por sindicatos cayó de 49% en
1986 a 25% en 1995. En México, la cifra disminuyó de 54% a 31% en el lapso
de dos años (1989 a 1991). Chile, donde el término de la dictadura y la
transición a la democracia produjeron un brusco aumento inicial de la
afiliación y densidad sindical, es la única excepción. Sin embargo, las
cifras más recientes indican que las tasas de afiliación han disminuido
desde comienzos de los años noventa, y actualmente han retrocedido a los
niveles previos al regreso de la democracia. El cuadro también presenta
datos sobre trabajadores sin protección.
Cuadro VI
América Latina (10 países): Indicadores de seguridad en el empleo
| |
Afiliación Sindical
(miles) |
Densidad Sindical
(%) |
Empleo desprotegido
(% de los empleados) |
|
País |
Año |
miles |
Año |
% |
Año |
% |
|
Argentina |
1986
1995
|
3 262
3 200 |
1986
1995
|
48.7
25.4 |
1990
1996 |
21.7
34 |
|
Bolivia |
1994
|
276 |
1994 |
16.4 |
1991
1997 |
28
34.8 |
|
Brasil |
1991
|
15205 |
1991
|
32.1 |
1985
1996 |
63.3
68.5 |
|
Chile |
1985
1993
|
361
684 |
1985
1993
|
11.6
15.9 |
1990
1996 |
17
22.3 |
|
Colombia |
1985
1995
|
877
840 |
1985
1995
|
11.2
7.0 |
|
|
|
El
Salvador |
1985
1995
|
79
103 |
1985
1995
|
7.9
7.2 |
1994
1997 |
59.1
61.3 |
|
México |
1989
1991
|
9500
7000 |
1989
1991
|
54.1
31.0 |
1990
1997 |
43.4
49.6 |
|
Perú |
1991
|
442 |
1991
|
7.5 |
1990
1996 |
25.5
34.1 |
|
Uruguay |
1990
1993
|
222
151 |
1990
1993
|
19.9
11.6 |
|
|
|
Venezuela |
1988
1995
|
1700
1153 |
1988
1995
|
25.9
14.9 |
|
|
Fuente:
Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta
inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión
Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de
las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001,: p. 14
Nota: El empleo desprotegido se refiere a la proporción de empleados sin
contrato escrito o prestaciones sociales según el país. Los empleados son
del sector privado o tienen empleo urbano.
Siguiendo con el empleo, podemos mencionar el incremento de la economía
informal, empleos de corta duración y cuenta propia, así como la
subcontratación como tendencias estructurales de la mayoría de las
economías latinoamericanas. En el siguiente cuadro tenemos un panorama
sobre las tasas de desempleo en un marco comparativo. Cifras que resaltan
una menor protección en el empleo junto a niveles de desempleo crecientes,
riesgos de pérdida del empleo seguido de un período de desempleo que han
incrementado la inseguridad económica en América Latina.
Cuadro VII
América Latina (16 países): Tasas de desempleo (en porcentajes)
|
País |
1981-1988 |
1989-1993 |
1994-1998 |
|
Argentina |
5.4 |
7.6 |
15.3 |
|
Bolivia |
7.6 |
6.9 |
3.6 |
|
Brasil |
5.6 |
4.7 |
5.7 |
|
Chile |
14.9 |
7.2 |
7.6 |
|
Colombia |
11.6 |
9.9 |
10.4 |
|
Costa Rica |
6.2 |
4.4 |
5.4 |
|
Ecuador |
8.2 |
8.1 |
8.8 |
|
El
Salvador |
9.4 |
8.5 |
7.2 |
|
Guatemala |
9.1 |
4.1 |
4.0 |
|
Honduras |
10.3 |
7.1 |
5.6 |
|
México |
4.0 |
2.9 |
4.8 |
|
Nicaragua |
13.0 |
14.7 |
16.5 |
|
Paraguay |
5.6 |
5.6 |
6.0 |
|
Perú |
6.9 |
8.3 |
7.8 |
|
Uruguay |
11.3 |
8.8 |
10.8 |
|
Venezuela |
10.4 |
8.4 |
10.5 |
Fuente:
Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta
inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión
Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de
las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001, p. 15.
Si nos remitimos a la transición entre fines de los noventa y los primeros
años del siglo XXI, informes recientes de la Organización Internacional
del Trabajo (OIT), señalan la precariedad del empleo en América Latina
como un factor de inseguridad económica, así como el deterioro del salario
mínimo real, como queda expresado en el siguiente cuadro.
Cuadro VIII
Situación laboral en la región: Desempleo (tasa de % de desocupación
anual) y Salario mínimo real (variación anual en %)
(países seleccionados)
|
País/Año |
Variable |
1998 |
1999 |
2000 |
2001 |
2002 |
2003 a/ |
|
Argentina |
Desempleo
Salario
|
13.0
-0.9 |
14.3
1.2 |
15.1
1.0 |
17.4
1.0 |
17.8
-19.3 |
15.0
-13.8 |
|
Brasil |
Desempleo
Salario
|
7.6
3.4 |
7.8
1.5 |
7.1
2.7 |
11.3
11.1 |
11.7
4.4 |
11.9
-9.2 |
|
Chile |
Desempleo
Salario
|
6.4
5.8 |
9.8
9.0 |
9.2
8.1 |
9.1
2.9 |
9.0
2.9 |
8.6
0.7 |
|
Colombia |
Desempleo
Salario
|
15.3
-0.1 |
19.4
4.6 |
17.0
0.7 |
18.2
1.8 |
16.2
1.6 |
15.0
-0.1 |
|
Ecuador |
Desempleo
Salario
|
9.9
-7.3 |
15.1
-9.7 |
15.9
nd |
10.4
6.7 |
8.6
-0.2 |
10.3
-0.8 |
|
México |
Desempleo
Salario
|
nd
0.5 |
nd
-3.4 |
nd
0.6 |
nd
0.6 |
nd
0.8 |
2.9
-0.7 |
|
Perú |
Desempleo
Salario
|
nd
14.0 |
nd
-3.4 |
nd
11.0 |
nd
1.4 |
nd
-0.2 |
nd
-2.6 |
|
Uruguay |
Desempleo
Salario
|
10.2
4.8 |
11.8
0.4 |
13.6
-1.8 |
15.3
-1.3 |
17.0
-10.2 |
17.0
-18.9 |
|
Venezuela |
Desempleo
Salario
|
11.3
8.1 |
14.9
1.7 |
13.9
-5.2 |
13.5
2.5 |
15.9
-5.8 |
18.0
-11.0 |
Fuente:
Elaboración propia con base en: OIT, Publicado en: Diario La Tercera, “OIT
prevé una baja en la desocupación, pero alerta que empleos se deterioran”,
Sección, negocios, 21 de agosto, Santiago de Chile, 2003, p. 23.
a/ proyecciones de la OIT.
nd=no disponible.
Finalmente, Rodrik[17]
señala la importancia de las instituciones políticas para la (in)
seguridad económica. Partiendo de la premisa que la institucionalización
de la democracia debería producir resultados económicos más estables y
aliviar la inseguridad económica de la región, en la medida que un sistema
político está abierto a la participación desde abajo tendría implicaciones
positivas en la gestión macroeconómica, sin embargo en América Latina se
presentan procesos contradictorios.
La región no ha logrado institucionalizar y ampliar espacios públicos de
participación, deficiencia que debe verse como uno de los elementos que
agravan la inseguridad económica, ya que cuando las grandes mayorías
carecen de mecanismos de expresión e influencia sobre los asuntos que les
afectan, se incrementa la percepción de descontrol sobre sus destinos,
dañando la relevancia de las instituciones políticas de la democracia.
En este sentido podemos decir que los sistemas políticos latinoamericanos,
atraviesan por crisis de representación y, sobre todo, de ausencia de
mecanismos institucionales de negociación y de inclusión en la corriente
principal de toma de decisiones, ya que mientras asistimos a un cierto
debilitamiento de los mecanismos o pactos de dominación de los llamados
populismos y arreglos corporativos, no surgen nuevos mecanismos
democráticos que otorguen estabilidad a la gestión de la economía, aunque
también habría que sugerir que, la era de la economía incontrolable y el
patrón de poder de la fase de transición merman las bases institucionales
de la democracia, de ahí la relación dialéctica.[18]
En suma, la inseguridad económica de nuestra América tiene como trasfondo
las problemáticas de la falta de cohesión social, producto de las
desigualdades y la enorme volatilidad económica, agravados por una
confianza creciente en las fuerzas del mercado, mientras se incrementa de
forma paralela la desconfianza social, el miedo a la exclusión y el miedo
al Otro. En los países latinoamericanos la expansión del papel de los
mercados bajo la regulación competitiva (neo) liberal, ha ido acompañada
de la mano de un aumento de la inseguridad económica, que se traduce, como
hemos dicho, en un proceso de fragmentación del dominio público,
debilitando el tejido social y las relaciones interpersonales, que como
veremos en el siguiente apartado, constituye un elemento central para
aliviar la inseguridad económica y disminuir los factores de riesgo de
violencia de nuestras sociedades.
Vínculos entre inseguridad económica y fragmentación de la vida pública
El debilitamiento de los espacios públicos en América Latina guarda una
estrecha relación con la falta de correspondencia entre economía y
política en la fase de transición y reorganización política de la economía
en la era descontrolada. Se diluyen los espacios de decisión o en otras
palabras, el poder está fuera de la sociedad, espacio donde supuestamente
la “ciudadanía” interviene en la toma de decisiones que inciden en su vida
cotidiana y en sus proyectos de futuro.
La existencia de un espacio económico no controlado por el mundo del
Estado y la política, es decir, el mercado tomando el lugar de la
coordinación de las relaciones sociales, como menciona Manuel Antonio
Garretón, tiene implicaciones profundas en el sentido que la existencia de
mercados globalizados independientes del Estado, la independización del
espacio económico de su base territorial y del control y regulación del
Estado es incompatible con la idea de la democracia.[19]
El debilitamiento de la vida pública o de la sociedad-polis, más que ser
una consecuencia directa de la democracia, tendría relación directa con la
modalidad del tipo de desarrollo económico. Ya que se trata de reconstruir
una comunidad socio-económica, lo que supone, por un lado, la superación
de las exclusiones, como una cuestión básica de pertenencia a la polis,
por el otro lado, la superación de las pobrezas, desigualdades y las
diferencias extremas de riqueza que refuerzan la heterogeneidad
estructural de las sociedades latinoamericanas, teniendo como referente
estructural el incremento de la inseguridad económica, lo que convierte a
los espacios nacionales en varios países dentro de un mismo espacio, sin
intereses ni aspiraciones comunes.
Relacionando directamente la reorganización política de la economía en la
era descontrolada y ligando sus implicaciones con la naturaleza de la vida
pública en Latinoamérica, Philip Oxhorn[20]
sugiere la categoría de neopluralismo para definir el modo
dominante de intermediación de intereses y relaciones sociales como la
expresión socio-política del mercado.
El Neopluralismo estaría asociado con la economía (neo) liberal y con las
políticas que enfatizan el libre comercio y la apertura de mercados y un
rol mínimo del Estado en la economía y en la sociedad. Dicha
re-organización socio-política desde el mercado (neopluralismo) tiene tres
implicaciones para los espacios públicos: en primer lugar,[21]
incrementa la inseguridad económica, implicación que condiciona la esfera
pública reduciendo la capacidad colectiva de los trabajadores. La
creciente inseguridad sería resultado directo de la re-articulación del
neopluralismo ya que desde el mercado se definen las asignaciones de los
recursos y las oportunidades para los miembros de la sociedad.
En segundo lugar,[22]
el incremento de la percepción de los índices de inseguridad y del crimen
refleja otra implicación del neopluralismo en la esfera pública. Ya que la
inseguridad está relacionada a la inseguridad económica, lo que ha llevado
a la criminalización de la pobreza, al aumento de los factores de riesgo
de violencia urbana y a la mercantilización de la justicia. Dicho proceso
genera una creciente privatización del acceso a la justicia, produciendo
un salto en la contratación de la seguridad privada y como consecuencia
tenemos serias problemáticas en la confianza en las relaciones sociales,
interpersonales y frente a las instituciones del Estado.
En tercer lugar[23]
el neopluralismo afecta la vida pública a través de un proceso de
fragmentación y atomización de los espacios públicos de la sociedad civil.
Lo que se manifiesta en un cierre estructural de espacios donde se
constituye la ciudadanía, un retiro y repliegue en la esfera privada,
aumento de la sensación de miedo y desconfianza frente a los Otros -
diferentes y, la pérdida del sentido de eficacia y relevancia de lo
público como espacio de construcción de proyectos colectivos.
La reorganización política de la economía definida desde la categoría de
neopluralismo expresa múltiples fenómenos en marcha desde fines de los
años setenta que hablan de un proceso de institucionalización de la
desconfianza de las relaciones sociales, lo que refuerza el cierre y la
fragmentación de los espacios públicos de las sociedades latinoamericanas,
reproduciendo los factores implicados en la inseguridad económica. Circulo
vicioso que termina por narrar una problemática estructural de las
sociedades latinoamericanas en los cruces entre economía-política y
sociedad.
Fragmentos y
fragmentaciones de lo público
La fragilidad del tejido social
Desde la perspectiva aquí adoptada los espacios públicos son canales de
encuentro, de socialización, de relaciones interpersonales, mecanismos de
confianza activa[24],
donde es posible practicar el aprendizaje de la diferencia y el
reconocimiento del otro. Ya que mediante la construcción y conquista de
espacios públicos la ciudadanía tiene mayores posibilidades de expansión
en un marco de seguridad económica institucionalizada. Sin embargo existen
indicios que apuntan en la dirección contraria[25].
En las grandes ciudades se imponen los centros comerciales reservando el
derecho de admisión y los ghettos residenciales cuyas calles de acceso han
perdido su carácter público en manos de policías privados. Nuevos ghettos
que segmentan o fracturan el territorio y atomizan las relaciones
sociales.
Como señala Jordi Borja:
“Una ciudad que funciona exclusivamente con el automóvil privado y con
centralidades especializadas y cerradas (centros administrativos, shopping
centers jerarquizados socialmente, etc) no facilita el progreso de la
ciudadanía, tiende a la segmentación, el individualismo y a la exclusión.”[26]
Otra tendencia fundamental, que ha marcado la evolución de los espacios
públicos se refiere a la inseguridad y la violencia. Se percibe un aumento
de ésta, lo que impulsa a las personas a atrincherarse en barrios cerrados
y bajo sistemas deslocalizados de vigilancia.
Sin embargo podemos decir que, la violencia delictiva “es un modo de
procesar la exclusión por parte de los excluidos: frente a una legalidad
jurídica, cultural y socioeconómica que lo excluye, el delincuente afirma
una legalidad propia en la cual se ve, simultáneamente, como protagonista
y beneficiario. De este modo, la violencia delincuencial patentiza la
violencia implícita en la exclusión estructural, violentando esas mismas
estructuras excluyentes. “[27]
Si seguimos la información sobre grandes ciudades (Río de Janeiro, Buenos
Aires, Lima, Bogotá, Ciudad de México, Caracas, Santiago), incluso en
ciudades medianas como el caso de Montevideo, podemos observar el
crecimiento de las noticias sobre inseguridad y violencia, descomposición
del tejido social y privatización del espacio público para protegerse.
En muchas zonas (por ejemplo en Santiago) la ciudad se eleva en muros,
portones y puestos de vigilancia, se cierran zonas de la ciudad, se
cierran barrios residenciales limitando el acceso a sus calles, se
construyen grandes edificios con entradas electrónicas codificadas.[28]
Los ciudadanos adoptan nuevas estrategias de protección que modifican el
paisaje urbano, los viajes por la ciudad, los hábitos e imaginarios
cotidianos.
Como recuerda Canclini:
“En barrios populares- las favelas brasileñas, las villas miseria de
Buenos Aires y sus equivalentes en Bogotá, Lima y México- los vecinos se
organizan para cuidar la seguridad y aun impedir, en ciertos casos, la
entrada de la policía. Sectores económicos poderosos establecen conjuntos
residenciales y lugares de trabajo cerrados a la circulación o con acceso
rigurosamente restringido. Algunos colocan controles igualmente estrictos
en los centros comerciales y en otros edificios públicos.”[29]
La última década presenta un panorama donde la formación de barrios
cerrados se ha vuelto el principal estímulo para organizarse en sectores
altos y medios de grandes ciudades, su principal forma de ejercer la
ciudadanía consiste en aislarse de la conflictividad urbana mediante la
privatización de espacios sobrevigilados y la restricción de la
sociabilidad o de los encuentros azarosos.
Parece ser, que por efecto de la inseguridad, la ciudad se llena de rejas,
protecciones, barreras y policías privados[30].
Las personas se encierran cada vez más en sus territorios y renuncian de
hecho al espacio público, que queda disponible para el que quiera tomarlo.
Múltiples sujetos se convierten en sospechosos (artistas callejeros,
vendedores ambulantes, y principalmente jóvenes), para la autoridad.
Lo cierto es que la delincuencia, la corta edad y el nivel de violencia de
los asaltantes hace que no sólo un músico de caopeira[31],
sino cualquier joven que viste diferente sea sospechoso para el ciudadano
común, lo que ha hecho que la ciudad se vaya paulatinamente enrejando.[32]
De esta forma “se está pasando de una visualidad multicultural al
repliegue compartimentado. De las ciudades a las que los provincianos
llegan, en busca de empleos y mejores ingresos, confort y anonimato, a
ciudades ensombrecidas, reordenadas para ocultarse, para no ver ni ser
vistos.”[33]
Miedo al otro y exclusión
Contradictoriamente mucha de la violencia urbana, la que se manifiesta en
el espacio público, sea central o sea periférica es, aunque resulte
paradójico, una reivindicación de ciudadanía y un grito por visibilidad y
reconocimiento y, expresión frente a diversas dinámicas de exclusión
social.
La violencia urbana
expresa una rebelión de no-ciudadanía, una contradicción entre el hecho de
estar y el no derecho de usar la ciudad formal y ostentosa. Se habla de
violencia urbana no cuando los excluidos se matan entre sí, sino cuando
agreden a los ciudadanos o se enfrentan a los cuerpos del Estado, y ahora
a las policías privadas. En realidad, están reclamando atención,
reconocimiento de su condición y de su territorio.
Ya que “para los
sectores excluidos del desarrollo, la inseguridad de la existencia es cosa
de todos los días: inseguridad física en el empleo, inseguridad respecto
de los ingresos y de la promovida- pero- frustrada movilidad social.”[34]
La categoría del miedo
adquiere un sentido colectivo, nuestras ciudades están irrigadas por una
sensibilidad llena de miedos, sobre todo frente a lo extraño, lo diferente
y lo diverso, el otro aparece como sospechoso y como posible agresor. Lo
público se convierte en un espacio donde se experimentan vivencias de
temor y de desconfianza activa, resaltando la tendencia de miedo al otro.
Sobre todo cuando “”la
privatización individualiza los vínculos,…, la densidad del mercado
aligera los lazos. La vida privada se divide en muchas vidas con distintos
grupos de referencia, unidas por el delgado hilo de las complicidades. La
palabra “superficial” se disimula con la máxima de “estar a la altura de
los tiempos””.[35]
El miedo al otro, se expresa en la delincuencia, la cual es percibida como
la fuente principal que gatilla el sentimiento de inseguridad en nuestras
ciudades. El miedo al delincuente parece cristalizar en miedo generalizado
al otro.
La desconfianza
irrumpe como fenómeno socio-colectivo, es cuestión de charlar con las
personas que ocupan los micro espacios públicos[36]
al salir del trabajo, para darse cuenta de los niveles elevadísimos de
desconfianza, que cruzan transversalmente a nuestras sociedades. En este
clima el Otro representa una amenaza de conflicto no sólo de agresión
física, sino que la vida misma se torna riesgosa, cuando está basada en
los imperativos racionalistas de la competitividad.
Para Lechner[37],
la modernización rompe con el estrecho mundo señorial de antaño y abre
amplias zonas de contacto, incrementa las transacciones, pero no genera
necesariamente lazos sociales.
Al mismo tiempo, se
debilitan los contextos habituales de confianza y sentido. La familia, la
escuela, la empresa, el barrio, la nación, ya no son lugares evidentes de
integración e identificación. Los nuevos lugares públicos, ligados al
mercado- como los centros comerciales, ofrecen nuevos rituales, pero no
conforman lazos de cohesión social[38].
De esta forma, la
precariedad de la comunidad o el nosotros acentúa la retracción al hogar.
Paradójicamente, la familia aparece como el último refugio frente a las
fuerzas hostiles del entorno. Ello representa no sólo el principal apoyo
en caso de problemas económicos; ella suele ser igualmente la (casi) única
reserva de sentido, de cara a los dilemas morales y afectivos.
Todo indica, una
creciente erosión de nuestros vínculos sociales, donde la cara banal del
miedo es la sociedad desconfiada, las inseguridades generan un
debilitamiento de los lazos sociales y la erosión de la sociabilidad
cotidiana acentúa el miedo al otro.
Así, los procesos de
individuación, desembocan en procesos de privatización, de normas y
conductas, de riesgos y responsabilidades. Lo que tiende a debilitar la
integración de la vida social y- como muestra el miedo a la delincuencia-
deja al individuo desamparado. Debilitándose el espacio público, y
empobreciéndose las estructuras de comunicación y de diálogo con el otro,
así como los mecanismos de confianza para el reconocimiento de la
diversidad.
El espacio público es
visto ya no como forjador de sentido, sino que se llena de experiencias
nuevas, tales como el estrés, el auge de las drogas, la contaminación y
los nuevos riesgos ambientales, el trato agresivo, el tráfico, lo que se
traduce en una sentimiento donde la realidad se presenta como caos y
desorden, y donde el conflicto es percibido como desintegración y ruptura
del orden.
Por otra parte, el
espacio público se ve debilitado, por la exclusión de las élites, donde
los grupos más ricos eligen aislarse del resto de la sociedad, viven en
comunidades fortificadas y se apartan de la vida pública.
Lo que afecta la
cohesión social, desde abajo (excluidos) y por arriba (incluidos), ya que
éstos grupos privilegiados, de mayores recursos, tienden a auto -
excluirse de la vida ciudadana y a refugiarse en espacios territoriales
amurallados. Dejando de interactuar con múltiples otros, generando sus
propios sistemas educativos y de seguridad social, y priorizando sus
vínculos con otros pares, dejando de lado los lazos con la sociedad donde
residen.
Así, “lo privado se
hace mucho más público que en los sectores altos: la calle es el lugar
para resolver las carencias más apremiantes, sea para asociarse con los
vecinos, sea para asaltarlos. Lo provisorio cambia de nombre aquí, y se
hace simple y llanamente precario. La liviandad se trasmuta en orfandad,
la diversificación en fragmentación.”[39]
El panorama Latinoamericano no parece apuntar en una dirección optimista,
el tejido social se debilita, la desconfianza aumenta, el miedo se
convierte en cosa de todos los días, dañando nuestra sociabilidad
cotidiana y nuestras relaciones interpersonales, la violencia y la
inseguridad, se traducen en un temor difuso de los otros extraños o
diferentes, diversos grupos se encierran en ciudades amuralladas y
sobreprotegidas por la nueva fuerza contenedora de los sectores excluidos
o temidos.
Los espacios públicos se estrechan y su fuerza integradora, donde se
pueden generar lógicas de reconocimiento cultural se estrellan con los
diversos dramas sociales de los negados y
excluidos, cada cual busca su propio espacio, donde el otro no tienen
cabida, su entrada es percibida como contaminación y riesgo. Lo privado se
hace más hermético y lo público más policiaco.
Podría tratarse de “la contracara triunfante que exalta el mercado y la
tecnología en sociedades donde tanto el uno como la otra refuerzan las
brechas sociales.”[40]
Desconfianza,
inseguridad y violencia: el rostro empírico de nuestros espacios públicos
Desde la perspectiva adoptada los espacios públicos son canales de
encuentro, de socialización, de relaciones interpersonales, mecanismos de
confianza activa[41],
donde es posible practicar el aprendizaje de la diferencia y el
reconocimiento del otro. Mediante la construcción y conquista de espacios
públicos la ciudadanía tiene mayores posibilidades de expansión en un
marco de seguridad económica institucionalizada. Sin embargo existen
indicios que apuntan en la dirección contraria[42].
La confianza es un factor fundamental para el desarrollo de las relaciones
interpersonales, para la creación de espacios de reconocimiento y, para el
aprendizaje de la diferencia entre seres anónimos. Permite concebir la
fortaleza o debilidad del tejido social donde se relacionan los unos con
los otros.
Al parecer, en América Latina la confianza se ha debilitado. Como se
muestra en el siguiente cuadro, podemos observar un incremento en los
niveles de desconfianza en la región.
Cuadro IX
Confianza
Interpersonal en América Latina: 1996-2000
|
País y región
|
1996 (%) |
1997 (%) |
1998 (%) |
1999-2000 (%) |
|
América
Latina |
20 |
23 |
21 |
16 |
|
Sudamérica
y México |
19 |
20 |
21 |
17 |
|
Centroamérica |
22 |
29 |
21 |
14 |
Fuente:
Elaboración propia con base en: Latinobarómetro, Opinión pública
Latinoamericana, Informe de prensa, www.latinobarometro.org, 2000,
págs.1-4.
Como se puede apreciar, la desconfianza en la región presenta los grados
más elevados de la década, de lo que se puede inferir un debilitamiento
del tejido social, así como un deterioro de las relaciones sociales
interpersonales.
En lo que respecta a
la inseguridad, según información de la CEPAL[43],
afecta la expansión de la ciudadanía y la cohesión social. La pérdida de
cohesión social implica un incremento de la inseguridad física de las
personas, y en mayor grado, un aumento de la sensación de inseguridad, lo
que tiene un efecto negativo en la ciudadanía. Se expresan en mayor
reclusión de las personas en espacios privados y la merma del espacio
público; la necesidad de mayor control por parte del Estado, lo que afecta
los derechos civiles y, la pérdida de legitimidad de instituciones que la
ciudadanía percibe como ineficaces o poco idóneas en el ejercicio de la
justicia.
Además, se habla de la
existencia de grupos sociales que internalizan comportamientos que no se
corresponden con las normas de convivencia y de formas violentas de
resolver conflictos, así como de obtener recursos. En este contexto,
muchos de los países de la región presentan un aumento de la inseguridad,
expresada en mayor violencia urbana, alcanzando en algunos países
dimensiones críticas, que se reflejan en las pautas de sociabilidad.
Cuadro X
América Latina, 1997:
Presencia de factores de riesgo de violencia urbana
|
actores de riesgo
|
Países con alta presencia |
Países con presencia media |
Países con baja presencia |
|
1.
Desigualdad del ingreso urbano. Cociente entre 10 % más rico y 40% más
pobre |
Sobre 11
veces
Brasil,
Colombia, Chile, Guatemala y Panamá |
Entre 8 y
11 veces
Argentina,
Bolivia, Honduras, Nicaragua, Paraguay, República Dominicana y
Venezuela |
Hasta 8
veces
Costa
Rica, Ecuador, El Salvador, México y Uruguay |
|
2.-
Pobreza de los hogares urbanos |
40% y más
de los hogares
Bolivia,
Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Venezuela |
Entre 20 %
y 39% de los hogares
Brasil,
Colombia, El Salvador, México, Panamá, Perú, y República Dominicana |
Menos de
20 % de los hogares
Argentina,
Chile, Costa Rica y Uruguay |
|
3. Tasas
de desempleo abierto urbano |
Más de 10%
Argentina,
Colombia, Panamá, Uruguay y Venezuela |
Entre 6% y
10%
Brasil,
Chile, Costa Rica, Ecuador, Honduras, México, Paraguay y Perú |
Menos de
6%
Bolivia,
Honduras y México |
|
4.
Porcentaje de jóvenes urbanos de 13 a 17 años que no estudian ni
trabajan |
Sobre 15%
Honduras y
Uruguay |
Entre 8% y
15%
Argentina,
Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Nicaragua, Panamá,
menos Paraguay y Venezuela |
Menos de
8%
Bolivia,
Chile, Ecuador y República Dominicana |
|
5. Déficit
educacional: porcentaje de niños urbanos de 14 a 15 años que no han
completado seis años de estudio |
Sobre 20%
Brasil y
Honduras |
Entre 10% y 20 %
Colombia,
Costa Rica, Ecuador, México, Paraguay y Venezuela |
Menos de 10%
Argentina,
Chile, Panamá y Uruguay |
Fuente:
CEPAL, Equidad, desarrollo y ciudadanía, Vigesimoctavo Período de
Sesiones, México, D.F., del 3 al 7 de abril, 2000, p.355.
Aspectos que, en conjunto, estarían dañando nuestras relaciones sociales y
minando nuestros grados de confianza, incluso harían más complejas las
situaciones de pobreza y los procesos de exclusión social.
Otro indicador
preocupante sobre violencia se expresa en la tasa de homicidios. Según el
organismo, entre los años ochenta y los noventa se observa un incremento
de la violencia en la región.
Cuadro XI
América Latina y el
Caribe, 1984-1994: Tasas de Homicidios
(Por cada 100 000 Habitantes, en porcentajes)
Años
|
1984 |
1984 |
1984 |
1994 |
1994 |
1994 |
|
Regiones |
Total |
Hombres |
Mujeres |
Total |
Hombres |
Mujeres |
|
América
Central Y Caribe de habla hispana |
17.5 |
31.5 |
3.8 |
21.1 |
38.1 |
4.0 |
|
Área
Andina |
25.2 |
46.6 |
4.0 |
51.9 |
96.6 |
7.7 |
|
Caribe de
Habla Inglesa |
5.2 |
7.6 |
2.8 |
8.7 |
13.1 |
4.2 |
Cono Sur
|
5.4 |
9.3 |
1.8 |
6.2 |
10.5 |
1.9 |
|
Brasil |
23.2 |
42.4 |
4.0 |
30.1 |
54.8 |
5.2 |
|
México |
18.2 |
33.3 |
3.1 |
19.5 |
34.8 |
3.8 |
Fuente:
Elaboración propia con
base en: CEPAL, Equidad, desarrollo y ciudadanía, op.cit.,
p.356
N. América Central y
Caribe de habla hispana: Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua,
Panamá, República Dominicana.
Área Andina: Colombia,
Ecuador, Perú y Venezuela
Caribe de habla
inglesa: Anguila, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Guyana, Islas
Caimán, Islas Turcas, Caicos, Saint Kitts Nevis, Santa Lucía, Suriname y
Trinidad y Tobago.
Cono Sur: Argentina,
Chile, Paraguay y Uruguay.
Si consideramos el mismo indicador, pero comparado por decenios, la
situación parece ser más apremiante.
Cuadro XII
América Latina (15 países): Tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes
|
País
/
Decenio |
Fines de 1970
(%) |
Fines de 1980
(%) |
Mediados de 1990 (%) |
1997-2003
(%) |
|
Argentina |
3.9 |
4.8 |
4.7 |
5 |
|
Brasil |
11.5 |
19.7 |
23.0 |
20 |
|
Chile |
2.6 |
3.0 |
3.0 |
3 |
|
Colombia |
20.5 |
89.5 |
61.6 |
78 |
|
Costa Rica |
5.7 |
5.6 |
5.4 |
6 |
|
Ecuador |
6.4 |
10.3 |
15.3 |
15 |
|
El Salvador |
nd |
138.2 |
55.6 |
97 |
|
México |
18.2 |
17.8 |
15.9 |
18 |
|
Nicaragua |
nd |
18.3 |
8.4 |
10 |
|
Panamá |
2.1 |
10.9 |
10.9 |
11 |
|
Paraguay |
5.1 |
4.0 |
12.3 |
4 |
|
Perú |
2.4 |
11.5 |
nd |
5 |
|
Trinidad y Tobago |
2.1 |
12.6 |
12.1 |
Nd |
|
Uruguay |
2.6 |
4.4 |
4.4 |
4 |
|
Venezuela |
11.7 |
15.2 |
16.0 |
33 |
Fuente:
Elaboración propia, con base en: Joseph Stiglitz, “ El Rumbo de las
Reformas. Hacía una nueva agenda para América Latina”, Revista de la CEPAL,
N° 80, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, agosto,
2003, p. 14. El dato de 1997-2003 se obtiene de: Diario La Nación, “BID
alaba a Chile como país seguro”, jueves 23 de octubre, Santiago de Chile,
2003, p. 9.
Nota: nd= no disponible
Finalmente, afirma la CEPAL:
“”(..) lo grave es que las consecuencias se extiendan más allá de las
percepciones y condicionan los estilos de vida. Así, por ejemplo, el
sentimiento difundido de inseguridad lleva a las personas a restringir su
circulación en espacios públicos, evitar salir de noche o visitar ciertos
barrios, recluirse puertas adentro y buscar el esparcimiento en espacios
privados. Se reduce así la interacción con personas de diferente origen
social y se desalienta la sociabilidad espontánea que surge de los
encuentros en lugares públicos. Los grupos y clases sociales se aíslan con
sus propios pares y se generaliza un sentimiento de sospecha hacia los
demás, o hacia los “distintos.””[44]
Conclusión
Desde una mirada de
sociología política sobre la economía, hemos intentado construir una
hipótesis que problematiza la relación entre inseguridad económica y
fragmentación de los espacios públicos en las últimas tres décadas;
partiendo desde un marco teórico histórico-estructural, particularmente de
lo que hemos denominado “transición de la reorganización política de la
economía en la era descontrolada”.
Es en este contexto
que sugerimos la relación estructural entre seguridad económica y
vitalidad y ampliación de los espacios públicos como un proceso
interdependiente y dialéctico, ya que como hemos querido mostrar el nuevo
tipo o patrón de desarrollo, con el trasfondo de su re-organización
política, genera procesos de creciente inseguridad económica con serias
implicaciones en la vida pública de las sociedades latinoamericanas, a su
vez, el debilitamiento de los espacios públicos produce un contexto que
refuerza los factores de riesgo que posibilitan la inseguridad económica.
Para ello presentamos
las premisas que sustentan las conexiones entre política y economía, así
como los vínculos entre inseguridad económica y fragmentación de la vida
pública, mediante la presentación de definiciones conceptuales y la
dimensión empírica de dicha problemática. Con lo que podemos decir que:
La inseguridad económica de nuestra América tiene como trasfondo las
problemáticas de la falta de cohesión social, producto de las
desigualdades y la enorme volatilidad económica, agravados por una
confianza creciente en las fuerzas del mercado, mientras se incrementa de
forma paralela la desconfianza social, el miedo a la exclusión y el miedo
al Otro. En los países latinoamericanos la expansión del papel de los
mercados bajo la regulación competitiva (neo) liberal, ha ido acompañada
de la mano de un aumento de la inseguridad económica, que se traduce en un
proceso de fragmentación de los espacios públicos, debilitando el tejido
social y las relaciones interpersonales, lo que constituye un elemento
central para aliviar la inseguridad económica y disminuir los factores de
riesgo de nuestras sociedades.
Por su parte, los
espacios públicos se cierran y muestran una creciente privatización, se
llenan de policías, se convierten en espacios de desconfianza activa, de
miedo al otro, débiles en la generación de sentidos y en el
fortalecimiento de los lazos sociales y de las relaciones interpersonales.
Las ciudades se
enrejan, se convierten en compartimentos resguardados, la desconfianza, la
violencia y la inseguridad se traducen en los nuevos rostros de nuestros
espacios públicos. A lo que se suma un retiro voluntario (exclusión desde
arriba) de las clases privilegiadas de los espacios de socialización, así
como de los sistemas públicos de seguridad social, construyendo sus
propios espacios privados (en educación, salud, etc). Privilegiando las
relaciones sociales con sus pares de otros países, dejando de vincularse
con “ciudadanos” de diverso origen social o cultural del lugar donde
residen.
La diversidad en la
esfera pública, más que ser percibida como pluralidad creativa y como
posibilidad de expresión cultural de una multiplicidad de sujetos, es
vista como una falla del orden social, la incapacidad de procesarla como
conflicto se traduce en una diversidad problemática, atentadora de la
gobernabilidad y expresiva de la desintegración y la fragmentación. De ahí
la nueva atracción del discurso neo-conservador[45].
En suma, el trabajo
plantea la necesidad de pensar la economía en los cruces con la política,
si se prefiere entre desarrollo y Estado, con el objeto de evitar caer en
una especie de trampa o de supuesta neutralidad de lo que en realidad
habla de la construcción socio-política que implica la economía. El
desarrollo como transformación de la sociedad es lo que sugerimos como
mirada crítica, posición que han comprendido diversas tradiciones
económicas, que desde el marxismo, el Keynesianismo, los liberalismos, etc,
sabían y entendían que detrás de la economía existen filosofías políticas
y, sobre todo, una intensa “lucha” política que tiene como trasfondo la
“batalla” intelectual, sin la cual resulta “imposible” cualquier visión
alternativa sobre la economía, entendida como una forma de organización
política de la sociedad.
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