Inseguridad económica y fragmentación de la vida pública  en América Latina

Federico Vázquez[1]

Resumen

 La década de los setenta emergería como escenario de múltiples cambios en las sociedades latinoamericanas; uno de los principales se refiere a la re-organización política de la economía, denominada por diversos autores como la fase de transición hacia una economía descontrolada, caracterizada por un mecanismo institucional basado en la racionalidad competitiva y en la  auto-regulación del mercado como principio y eje ordenador de la organización societal. En este contexto, pensamos que la mirada de la sociología política del desarrollo nos permite  pensar las transformaciones estructurales y sus implicaciones en las últimas tres décadas. En nuestro caso exploramos la relación entre inseguridad económica y fragmentación de la vida pública en América Latina, el primer proceso (inseguridad económica) se vincularía de manera directa con el nuevo patrón de “desarrollo” adoptado por la mayoría de los países de la región, lo cual se percibe a través de diversos indicadores socio-económicos, tales como la  precarización laboral, el desempleo, el deterioro de los salarios, etc. Mientras la fragmentación de los espacios públicos guardaría nexos estructurales con las implicaciones derivadas de la inseguridad económica. La debilidad de la vida pública re-produce las lógicas inscritas en los fenómenos generadores de la inseguridad económica, de manera que nos encontramos frente a una relación “dialéctica” entre inseguridad y fragmentación que se refuerza mutuamente, mermando la posibilidad de concebir la ciudadanía como el actor central y articulador político-institucional de la estrategia de desarrollo. Conclusión que nos lleva a afirmar la urgente necesidad de re-pensar la dimensión política del desarrollo y sus vínculos estructurales con la mirada económica.

Breve introducción

La fase de transición de las economías latinoamericanas en los últimos treinta años sugieren mirar con atención los procesos implicados en la reorganización política de la economía. Interesa la problemática que ha emergido en la región con gran fuerza, nos referimos a la creciente inseguridad económica y su relación con la vida pública y de manera concreta, con el desarrollo de los espacios públicos.

 La hipótesis central sugiere que el estilo de desarrollo y el modelo de crecimiento económico adoptado a fines de los años setenta y principios de los ochenta incrementa la inseguridad económica con implicaciones profundas en el desarrollo de la vida pública latinoamericana.

 Desde un ámbito normativo, los espacios públicos se consideran como una esfera vital para el desarrollo económico, su ampliación y fortalecimiento como posibilidad de avanzar en la ciudadanía económica; por el contrario, su debilidad y fragmentación como signo de un proceso de inequidad social.

 Para responder la pregunta y explorar la proposición planteada realizamos, en primer lugar, un recorrido descriptivo – analítico sobre el contexto internacional en lo que se refiere a la reorganización política de la economía mundial en la fase de globalización; posteriormente nos adentramos en las implicaciones de la fase de transición para América Latina. En la segunda parte del ensayo cambiamos hacía un registro empírico – analítico sobre las características centrales de la inseguridad económica, en un segundo momento presentamos la relación entre inseguridad económica y fragmentación de la vida pública y; en la parte final, presentamos un balance de las implicaciones de dicha problemática en lo que se refiere al desarrollo de los espacios públicos de las sociedades latinoamericanas.

 

  Esperando contribuir en la construcción y elaboración de “nuevas miradas” sobre las problemáticas del desarrollo y re-tomando de forma crítica, el punto de vista de la sociología política del desarrollo para pensar y abordar la temática abordada, quisiera señalar la vigencia de una de las preocupaciones centrales del pensamiento de Raúl Prebisch y de varios pensadores preocupados por construir una latinoamericanística[2] orientada a definir el desarrollo como transformación estructural de la sociedad, como el eje epistemológico de nuestro ensayo.

 

Contexto Internacional en transición

Reorganización política de la economía en el contexto de la globalización

 En un sugerente ensayo, Jacques Chonchol[3] apunta a delinear los nuevos contornos del poder en la economía mundial. Partiendo de los distintos modos de regulación que se han dado en la historia del capitalismo, se pregunta por la actualidad y los actores que dirigen la economía internacional, los ganadores y perdedores del proceso económico y las implicaciones para Latinoamérica.

 Para Chonchol existen dos modos de regulación de las economías. El primero se basa en compromisos institucionales entre actores sociales, que permiten encuadrar los mecanismos del mercado, sin que estos actores sean aniquilados como en el caso de las economías centralizadas. El segundo ubica el mecanismo de la competencia en el centro de un conjunto de procesos de asignación de recursos y de distribución de ingresos. El primero se denomina de regulación institucional, el segundo de regulación competitiva.[4]

 Los modos de regulación pueden resumirse mediante una periodificación histórica del capitalismo:

 ·         1000 – 1450, la era de las ciudades mercantiles

·         1450 – 1800, la era de la alianza entre los príncipes y los mercaderes

·         1800 – 1914, la era de la hegemonía británica

·         1914 – 1945, la era del capitalismo en crisis

·         1945 – 1973, la era del nuevo orden económico mundial

·         1974 – 2000, la era de la economía mundial incontrolable[5]

 Para fines de nuestro ensayo interesa resaltar las características principales de la transición de los últimos treinta años, de la era del nuevo orden económico mundial a la era de la economía mundial incontrolable.

 

 1945-1975 un nuevo orden económico mundial

 Después de la segunda Guerra Mundial la economía internacional se estabiliza bajo la hegemonía de los Estados Unidos. Los Acuerdos de Bretton Woods, de julio de 1944 simbolizarían el nuevo orden en materia monetaria y financiera, así como los del GATT (Acuerdo General sobre el Comercio y las tarifas Aduaneras) en 1947, actualmente la OMC (Organización Mundial de Comercio).

 A escala nacional, la regulación competitiva de la pre-guerra cederá su lugar a una regulación institucional basada sobre compromisos tripartitos entre los Estados, las empresas y los representantes de los trabajadores. El establecimiento de sistemas de protección social, de salario mínimo y los convenios colectivos, conformarían la trama institucional que posibilita la redistribución del crecimiento económico. El Keynesianismo se afirmaría como la nueva ideología dominante en lo que atañe a la organización política de la economía.

 

1974 – 2000  una nueva economía mundial incontrolable

 El fin del capitalismo fordista es la consecuencia de la revolución en los modos de producción y de redistribución del ingreso que caracteriza el fin de los años setenta. El desmoronamiento del Sistema Bretton Woods, los cambios en la escena energética por el cartel de la OPEP, el surgimiento del mercado de los eurodólares y la competencia industrial creciente de las naciones periféricas, traducen el debilitamiento del poder hegemónico norteamericano. Fenómenos que forman parte de un proceso global de mundialización de la economía que escapa crecientemente al control del Estado.[6]

 A nivel nacional, los compromisos institucionales del keynesianismo son afectados por la interdependencia de las economías y la movilidad de los capitales, multiplicado por la revolución tecnológica. La crítica al Estado-Providencia vendrá acompañada de un proceso de legitimación de la regulación competitiva como forma de organización de la economía, se impone el llamado (neo) liberalismo.

 El componente ideológico del proceso globalizador legitima la estrategia de los actores transnacionales en la lógica de conquistar mercados, incluso países y Estados. Dicho modo de regulación se basa en diferentes formas de poder: el político, el administrativo, el patronal, el de los intelectuales y el de los medios de comunicación; todos ellos coordinados bajo la racionalidad del mercado global. Las normas de funcionamiento de actores privados suelen imponerse a las prioridades públicas y colectivas, como si se tratara de una forma de organización política de la economía que se pretende total y en el fondo con rasgos totalitarios (como modelo naturalizado e ineluctable).

 Con la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la (ex) URSS, se crean las condiciones para el desarrollo de la ideología (neo) liberal y sus medios financieros al servicio de la idea que esos países debían primero construir mercados eficaces y que la organización política y las instituciones necesarias para hacerlos funcionar vendrían por sí mismas. Así, el FMI y el BM desarrollan el denominado “Consenso” de Washington. Persuadiendo o en su caso imponiendo las recetas y las medidas coactivas a los países que intenten salir de la estrategia global. América Latina estaría en el centro de sus maniobras económico-políticas con profundas implicaciones estructurales.

  

América Latina en la reorganización política de la economía mundial

 La reorganización política de la economía mundial en la fase de transición entre el nuevo orden económico y el modo de regulación competitivo y la economía incontrolable requiere ser contextualizada en clave de tendencias e implicaciones para el espacio latinoamericano.

 Podemos sugerir algunos procesos en curso:

 ·         Reconcentración de control de recursos, bienes e ingresos en manos de una minoría

 ·         Polarización social creciente de la población mundial

 ·         Incremento de la sobre explotación de la masa de trabajadores del mundo, ya que junto con la reconcentración de los ingresos y de riquezas, crece la distancia salarial entre los asalariados y se expande la proporción de los desempleados, marginalizados de los ámbitos centrales de la estructura de acumulación.

 ·         Declinación del interés y la capacidad del capital de convertir la fuerza de trabajo en mercancía.

 ·         Expansión de formas no – salariales de control del trabajo.

 ·         Configuración del capitalismo mundial, vale decir, la estructura de las relaciones entre capital y cada una de las formas de control del trabajo.

 ·         La estructura de explotación del trabajo estaría formando un proceso de reclasificación social de la población a escala global.

 ·         La estructura mundial de acumulación capitalista, asociada a la nueva posición y función de predominio que dentro de ella tiene la acumulación especulativa y financiera, en especial desde mediados de los años setenta en adelante.

 

Respecto a dichos procesos en curso, la guardia crítica latinoamericana en la voz de Aníbal Quijano[7] se pregunta ¿qué es lo que impulsa la aceleración y la profundización de dichas tendencias o por qué la inseguridad económica del capitalismo contemporáneo se ha hecho más profunda y de alguna forma más sencilla?

 Es posible distinguir ciertas tendencias que ayudarían a comprender el contexto de la fase de transición y sus implicaciones para la región: destaca la formación de un bloque imperial mundial integrado por los Estados-nación modernos del centro del sistema mundial; la pugna por la hegemonía regional entre los Estados-nación-dependientes asociados con el bloque imperial en las regiones más conflictivas; la erosión continua del espacio nacional-democrático, vale decir, la des-nacionalización de todos los Estados nacionales-dependientes donde no se llegó a la consolidación del Estado-nación moderno; la gradual conversión de los Estados menos nacionales y democráticos en centros locales de administración y control del capital financiero.[8]

 Se trata de una reconcentración mundial del control de la autoridad pública a escala global, lo que para Quijano sería una de los aspectos centrales de la globalización en el patrón actual de la fase de transición en la reorganización política de la economía. En otras palabras, se trataría de una des-democratización de la representación política de las sociedades en el Estado y de un proceso de des-nacionalización de la sociedad y del Estado. Lo que mostraría la asociación estructural entre las necesidades del capital financiero de los mecanismos especulativos de acumulación y las tendencias de reconcentración del control de la autoridad pública. Proceso que implica una re-privatización local y global de los Estados, en tanto responden cada vez menos a la representación política del conjunto de los sectores sociales.

 Tal reconcentración del control mundial de la autoridad pública, implica una reprivatización del control de un ámbito central de la existencia social y de su respectiva esfera institucional. Lo “Público” como aquel ámbito donde participaban los ciudadanos, incluso a nivel simbólico y el universo institucional que sustentaba dicha zona está compuesto por núcleos institucionales privados, como las corporaciones globales o la tecnocracia administrativa de las entidades financieras y de las políticas económicas de los Estados.

 Para Quijano la fase de transición debe denominarse de globalización capitalista y de contrarrevolución global[9], ubicada entre mediados de la década de los setenta, cuando estalla la crisis mundial del capitalismo. Su momento de aceleración desde fines de la década de los ochenta, a partir de la famosa caída del Muro de Berlín en 1989.

 Define algunos procesos sobresalientes que caracterizaban la etapa del nuevo orden económico entre 1945 y 1973 (antes de iniciar la era del capitalismo descontrolado):

 1. La descolonización política del sudeste asiático.

2.El triunfo de revoluciones sociales y la extensión de movimientos revolucionarios de orientación socialista y de liberación nacional.

3. La extensión de regímenes de Welfare State en Europa y Estados Unidos.

4. Los movimientos y regímenes en América Latina de tendencia nacional-democrática, que producían reformas sociales y políticas orientadas a la democratización de las relaciones sociales y políticas, incluyendo la estatización de los recursos de producción.

5. El desarrollo de movimientos sociales radicalmente democráticos, anticapitalistas, antiautoritarios y antiburocráticos.

6. La extensión de movimientos sociales de democratización radical, fraseada como liberación en las relaciones sexuales, en las relaciones de género, en las relaciones raciales y étnicas, en las de edad.

7. El comienzo de la crítica sistemática del eurocentrismo como perspectiva de conocimiento, sobre todo en América Latina.[10]

 

Procesos que implicaron: a) una amplia desconcentración del control de la autoridad pública, b) redistribución del control del trabajo, c) redistribución de beneficios e ingresos, d) en menor medida, una relativa redistribución del control de recursos de trabajo vía las reformas agrarias, e) extensión de la crítica anticapitalista y de movimientos políticos y sociales.

 Sería la derrota de dicho contexto y de los procesos esenciales, producto de la combinación de medidas de re-concentración del control sobre el trabajo generada durante la crisis mundial del capitalismo (1973) la que abriría las puertas para la entrada de la era de la economía descontrolada y de regulación competitiva.

 La nueva era que Chonchol calificará de capitalismo y economía descontrolada, para Quijano se trata de la contrarrevolución global, teniendo como rasgos centrales y destacando que:

 1.La globalización consiste en una reconcentración de la autoridad pública mundial, una reprivatización del control de la autoridad colectiva.

 2.Reconfiguración del sistema de dominación política, asociada a las más recientes tendencias de la explotación o control capitalista del trabajo.

 3.La expresión institucional en el centro es, de un lado, la configuración de un bloque imperial mundial, integrado por los Estados-naciones que ya eran mundialmente hegemónicos, bajo el predominio de Estados Unidos, del otro lado, el bloque de corporaciones mundiales del capital financiero.

 4.El bloque imperial está tramado estructuralmente con las instituciones de control y de administración del capital financiero mundial, así como del control y administración de la violencia mundial.

 5. El conjunto de dicha trama institucional, estatal y paraestatal, tiende a operar como un gobierno mundial invisible.

 6.La actual globalización de este patrón de poder tiene el carácter de un proceso contrarrevolucionario a escala global, es decir, de reconcentración y privatización del control del trabajo y sobre la autoridad pública.[11]

 

Desde la perspectiva de la reorganización política de la economía en la fase de transición actual, América Latina, atraviesa por un cambio en lo que se refiere al sistema de negociación institucional de los límites, condiciones y modalidades de dominación, cuya figura institucional es la ciudadanía y cuyo marco institucional es el Estado-nación. Donde la democracia, como marco de regulación de la economía se ve amenazada en el nuevo patrón de poder que, como veremos más adelante, produce un contexto de inseguridad económica y fragmentación de la vida pública.

 A decir de Quijano, el desarrollo del capital financiero y la acumulación capitalista como tendencia estructural de poder requiere de la reducción de espacios democráticos, ya que implican una distribución del acceso y del control del trabajo, de recursos y de productos; ahí la clave de entender las implicaciones de la reconcentración y reprivatización de la autoridad pública y del Estado. En últimos términos la reorganización política de la fase de la economía descontrolada necesita la reducción de los espacios públicos, su eliminación o, por lo menos, la desvirtuación de las instituciones de la ciudadanía.[12]

 En suma América Latina se inserta en la fase de transición en un escenario de reorganización política de la economía descontrolada, caracterizada por un patrón de poder mundial que amenaza con llevar a sus extremos la polarización social[13], la reconcentración del control del poder mundial, con implicaciones de des-democratización, vale decir, pérdida de espacios de participación en la generación y gestión de la autoridad pública, lo que podríamos sugerir, ha incrementado la inseguridad económica y fragmentado los espacios públicos de participación y en la gestión del Estado.

 

Inseguridad económica y fragmentación de la vida pública

 Hasta el momento el trabajo se ha movido en un registro descriptivo-analítico sobre los procesos y los rasgos centrales de la reorganización política de la economía en lo que hemos denominado la “fase de transición de la era de la economía descontrolada”, regida bajo los imperativos del modo de “regulación” competitiva. Nuestra hipótesis resalta la relación dialéctica e interdependiente entre desarrollo económico y político, argumento que busca mostrar el cómo la fortaleza y ampliación de la vida pública es un requisito indispensable en materia de seguridad económica, sin embargo, la problematización de nuestra tesis habla de un proceso contrario, donde la inseguridad económica profundiza la debilidad de los espacios públicos y las implicaciones de dicho fenómeno acentúa al mismo tiempo la inseguridad económica. De ahí entonces que en la segunda parte de nuestro ensayo nos adentremos en aproximaciones empíricas del objeto de estudio tratado en las páginas precedentes.

 

Inseguridad Económica

 Una encuesta realizada en 14 países latinoamericanos concluyó a fines de los años noventa que 61% de los encuestados pensaba que sus padres habían vivido mejor que ellos. Además menos de la mitad de los encuestados (46%) pensaba que sus hijos terminarían viviendo mejor que ellos, porcentaje que variaba desde 30% en México hasta 61% en Chile. La misma encuesta detectó una fuerte demanda de seguro social en la región; casi tres cuartos de los encuestados favorecían un mayor gasto en seguro de desempleo y más del 80% expresaban el deseo de que se gastara más en pensiones.

 

Cuadro I

América Latina (14 países): Respuestas a una encuesta sobre cambios previstos en los niveles de vida, 1999 (en porcentajes) 

País

Mejor

Igual

Peor

No responde

Argentina

63

22

12

3

Bolivia

51

31

16

3

Brasil

64

9

25

2

Colombia

78

14

8

1

Costa Rica

56

26

14

5

Chile

45

32

22

1

Ecuador

67

20

10

2

Guatemala

57

31

11

1

México

43

35

20

3

Panamá

52

24

21

3

Paraguay

75

14

6

5

Perú

80

12

6

2

Uruguay

59

18

20

3

Venezuela

70

19

10

2

Fuente: Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001, p.8. Nota: la pregunta de la encuesta dice: Tomando todo en consideración, ¿diría usted que sus padres vivían mejor, igual o peor que como usted vive hoy?

 

 Cuadro II

América Latina (14 países): Respuestas a una encuesta sobre cambios previstos en los niveles de vida, 1999 (en porcentajes)

Pregunta realizada: Y respecto a sus hijos, ¿cree usted que vivirán mejor, igual o peor que como usted vive hoy? 

País

Mejor

Igual

Peor

No responde

Argentina

43

22

20

16

Bolivia

56

20

13

11

Brasil

58

12

21

9

Colombia

36

21

38

6

Costa Rica

52

25

11

12

Chile

61

22

11

7

Ecuador

34

21

29

16

Guatemala

51

23

17

8

México

30

23

41

6

Panamá

48

20

21

12

Paraguay

48

26

13

13

Perú

37

19

26

19

Uruguay

46

22

19

13

Venezuela

53

17

19

12

Fuente: Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001, p. 8.

  

Con respecto a la demanda de seguro social, tiende a ser más alta en los países en que impera un mayor pesimismo respecto al futuro. Con algunas excepciones, como en México, país donde las demandas de mayor gasto en seguro social son débiles pese a un alto nivel de pesimismo sobre las perspectivas de la próxima generación. En Chile, donde las expectativas son razonablemente mejores, el porcentaje de encuestados que favorece un mayor gasto llegaba a 85% en el caso del seguro de desempleo y a 93% en el caso de las pensiones.

 

Cuadro III

Percepciones sobre el Seguro social en América Latina

América Latina (14 países): Respuestas a una encuesta sobre aspectos vinculados con el seguro de desempleo según categoría socioeconómica (en porcentaje) 

Seguro de desempleo

Gastar más (%)

Gastar menos (%)

No sabe (%)

Edad

18-29

30-49

50 y +

 

74

18

5

 

73

18

5

 

73

16

7

Empleo

Autónomo

Gobierno

Privado

Desempleado

Retirado

Ama de casa

 

74

69

74

80

74

73

 

17

19

17

13

16

17

 

5

7

6

3

6

7

Educación

Estudiante

Primaria

Secundaria

Universidad

 

74

74

75

71

 

19

16

16

19

 

5

7

5

6

Ingreso

Alto

Medio

Bajo

 

72

73

74

 

19

17

17

 

4

6

6

Fuente: Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001 p. 9

 

Cuadro IV

Percepciones sobre el Seguro social en América Latina

América Latina (14 países): Respuestas a una encuesta sobre aspectos vinculados con las pensiones según categoría socioeconómica

(en porcentajes)

 

Pensiones

Gastar más (%)

Gastar menos (%)

No sabe (%)

Edad

18-29

30-49

50 y +

 

83

83

86

 

13

13

10

 

3

3

3

Empleo

Autónomo

Gobierno

Privado

Desempleado

Retirado

Ama de casa

 

83

84

84

88

88

84

 

13

12

13

9

9

12

 

3

2

2

1

2

3

Educación

Estudiante

Primaria

Secundaria

Universidad

 

82

83

85

83

 

15

13

12

14

 

2

3

2

2

Ingreso

Alto

Medio

Bajo

 

83

85

83

 

14

11

13

 

2

2

3

Fuente: Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001 p. 9

 

 Respecto a las causas de la inseguridad económica, Dani Rodrik[14] señala tres conjuntos de factores a considerar:

 El primero apunta al trauma de los años ochenta. En América Latina, el resultado final de la crisis de la deuda fue una serie de reformas que en realidad sirvieron para debilitar las instituciones de seguro social. El empleo se tornó en general menos estable y las redes de seguridad proporcionadas por el sector público se debilitaron.

 En segundo lugar, América Latina en los años noventa se encontró en un mundo de gran volatilidad macroeconómica, impulsada en parte por flujos de capital erráticos o al menos magnificada por ellos y con caprichos de los inversionistas de corto plazo. La política macroeconómica se divorció cada vez más de la economía real, lo que exacerbó la volatilidad de los resultados económicos tanto en el tiempo como en los hogares.

 En tercer lugar, las instituciones sociales y políticas no se han sensibilizado adecuadamente al clamor por una mayor seguridad económica y a la creación de marcos institucionales con capacidad de gestión del riesgo en sociedades orientadas al mercado. Los sistemas políticos en su conjunto no han creado mecanismos viables de participación; los parlamentos nacionales se han fragmentado y viven crisis de representación y los partidos políticos son débiles y poco creíbles.

 Los sindicatos no han sido capaces de desarrollar una estrategia adecuada y global para encarar la inseguridad en el empleo y han perdido afiliados. La monopolización de los debates de política en torno a una visión estrecha de la política de desarrollo, por las líneas del Consenso de Washington y restringida por los requisitos de la integración económica mundial, ha impedido el surgimiento de una visión alternativa o al menos complementaria de una reforma económica impulsada por los intereses locales y las aspiraciones colectivas nacionales.[15]

 Lo que parece emerger con gran fuerza es la percepción de la movilidad social en términos descendientes, afectando a las clases medias y desde luego a sectores históricamente excluidos. De hecho, podríamos decir que dicha tendencia es la que otorga a la demanda de protección social su notoriedad política en la región.

 Con respecto al trauma de los años ochenta Rodrik realiza comparaciones con otros países y regiones, lo que le permite inferir a modo de ejemplo que: en los Estados Unidos, los ingresos declinaron 35% en promedio entre 1929 y 1933 y el desempleo llegó a un máximo de 25% en este último año; mientras en América Latina, tomando la crisis de los ochenta, la declinación de los ingresos y el desempleo no fue tan abrupta, alrededor de 20% en Argentina, Chile, México y Venezuela, y de 10% en Brasil.

 Sin embargo, mientras en los Estados Unidos el ingreso per cápita tardó 10 años en recuperar su nivel previo a la Gran Depresión; en Argentina y Brasil tardó 12 y 13 años, respectivamente, y en México, Perú y Venezuela los ingresos per cápita en 1997, todavía eran inferiores a los de 1981. La tasa de crecimiento en la región durante los años noventa no logró equiparar las cifras de los años sesenta y setenta.[16]

 

 Cuadro V

América Latina (ocho países): La inseguridad económica en una perspectiva de largo plazo (probabilidad de que el ingreso per cápita caiga 5 % en un año, en porcentaje) 

País

Años 60

Años 70

Años 80

Años 90

Argentina

7.9

5.4

36.5

3.3

Brasil

2.3

0.2

12.4

14.4

Chile

0.4

25.5

17.5

0.0

Colombia

0.0

0.0

0.5

0.0

México

0.0

0.0

17.1

19.0

Perú

3.5

3.6

36.5

17.8

Uruguay

4.3

0.3

28.7

0.4

Venezuela

5.4

1.5

37.3

9.0

Fuente: Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001, p. 19.

  

Continuando con la crisis de los ochenta, América Latina adoptó un conjunto de reformas destinadas a realzar el radio de acción del mercado y a frenar el del gobierno. La privatización, la desregulación, la liberalización comercial y la liberalización financiera fueron elementos clave del Consenso de Washington. Recordando a Quijano, se optó por debilitar la autoridad pública y la acción del Estado.

 Podemos suponer que la inseguridad económica generada por la prolongada crisis de la deuda sólo se vio amplificada por las reformas orientadas al mercado que todos los países de la región adoptaron sin instruir programas complementarios de seguro social. Mientras en Estados Unidos la respuesta a la Gran Depresión fue el fortalecimiento de la protección social, en América Latina la respuesta a la crisis de la deuda fue el debilitamiento del seguro social frente a mayores riesgos en el mercado laboral.

 Por otra parte, la inseguridad económica tiene como eje mayor inestabilidad en el empleo. Información de los últimos años sugiere que la proporción de trabajadores con empleos seguros ha declinado en casi todos los países de la región. Si tomamos como indicador la reducción de la densidad de los sindicatos desde los años ochenta en todos los países se manifiesta la magnitud del fenómeno aludido.

 El siguiente cuadro presenta datos sobre la afiliación sindical y la densidad sindical en 10 países latinoamericanos. Cuando es posible establecer comparaciones entre los años ochenta y noventa, las cifras revelan una brusca declinación. En Argentina, por ejemplo, el porcentaje de la mano de obra no agrícola representada por sindicatos cayó de 49% en 1986 a 25% en 1995. En México, la cifra disminuyó de 54% a 31% en el lapso de dos años (1989 a 1991). Chile, donde el término de la dictadura y la transición a la democracia produjeron un brusco aumento inicial de la afiliación y densidad sindical, es la única excepción. Sin embargo, las cifras más recientes indican que las tasas de afiliación han disminuido desde comienzos de los años noventa, y actualmente han retrocedido a los niveles previos al regreso de la democracia. El cuadro también presenta datos sobre trabajadores sin protección.

 

Cuadro VI

América Latina (10 países): Indicadores de seguridad en el empleo 

 

Afiliación Sindical 

(miles)

Densidad Sindical

(%)

Empleo desprotegido 

(% de los empleados)

País

Año

miles

Año

%

Año

%

Argentina

1986

1995

3 262

3 200

1986

1995 

48.7

25.4

1990

1996

21.7

34

Bolivia

1994

 

276

1994

16.4

1991

1997

28

34.8

Brasil

1991

 

15205

1991

 

32.1

1985

1996

63.3

68.5

Chile

1985

1993 

361

684

1985

1993 

11.6

15.9

1990

1996

17

22.3

Colombia

1985

1995 

877

840

1985

1995 

11.2

7.0

 

 

El Salvador

1985

1995 

79

103

1985

1995 

7.9

7.2

1994

1997

59.1

61.3

México

1989

1991 

9500

7000

1989

1991

54.1

31.0

1990

1997

43.4

49.6

Perú

1991

 

442

1991

 

7.5

1990

1996

25.5

34.1

Uruguay

1990

1993 

222

151

1990

1993 

19.9

11.6

 

 

Venezuela

1988

1995 

1700

1153

1988

1995 

25.9

14.9

 

 

Fuente: Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001,: p. 14

 Nota: El empleo desprotegido se refiere a la proporción de empleados sin contrato escrito o prestaciones sociales según el país. Los empleados son del sector privado o tienen empleo urbano.

 

Siguiendo con el empleo, podemos mencionar el incremento de la economía informal, empleos de corta duración y cuenta propia, así como la subcontratación como tendencias estructurales de la mayoría de las economías latinoamericanas. En el siguiente cuadro tenemos un panorama sobre las tasas de desempleo en un marco comparativo. Cifras que resaltan una menor protección en el empleo junto a niveles de desempleo crecientes, riesgos de pérdida del empleo seguido de un período de desempleo que han incrementado la inseguridad económica en América Latina.

 

Cuadro VII

América Latina (16 países): Tasas de desempleo (en porcentajes) 

País

1981-1988

1989-1993

1994-1998

Argentina

5.4

7.6

15.3

Bolivia

7.6

6.9

3.6

Brasil

5.6

4.7

5.7

Chile

14.9

7.2

7.6

Colombia

11.6

9.9

10.4

Costa Rica

6.2

4.4

5.4

Ecuador

8.2

8.1

8.8

El Salvador

9.4

8.5

7.2

Guatemala

9.1

4.1

4.0

Honduras

10.3

7.1

5.6

México

4.0

2.9

4.8

Nicaragua

13.0

14.7

16.5

Paraguay

5.6

5.6

6.0

Perú

6.9

8.3

7.8

Uruguay

11.3

8.8

10.8

Venezuela

10.4

8.4

10.5

Fuente: Elaboración propia con base en: Rodrik, Dani, “¿Por qué hay tanta inseguridad en América Latina?”, Revista de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), N° 73, abril, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001, p. 15.

 

Si nos remitimos a la transición entre fines de los noventa y los primeros años del siglo XXI, informes recientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), señalan la precariedad del empleo en América Latina como un factor de inseguridad económica, así como el deterioro del salario mínimo real, como queda expresado en el siguiente cuadro.

 

Cuadro VIII

Situación laboral en la región: Desempleo (tasa de % de desocupación anual) y Salario mínimo real (variación anual en %)

(países seleccionados) 

País/Año

Variable

1998

1999

2000

2001

2002

2003 a/

Argentina

Desempleo

Salario 

13.0

-0.9

14.3

1.2

15.1

1.0

17.4

1.0

17.8

-19.3

15.0

-13.8

Brasil

Desempleo

Salario 

7.6

3.4

7.8

1.5

7.1

2.7

11.3

11.1

11.7

4.4

11.9

-9.2

Chile

Desempleo

Salario 

6.4

5.8

9.8

9.0

9.2

8.1

9.1

2.9

9.0

2.9

8.6

0.7

Colombia

Desempleo

Salario 

15.3

-0.1

19.4

4.6

17.0

0.7

18.2

1.8

16.2

1.6

15.0

-0.1

Ecuador

Desempleo

Salario 

9.9

-7.3

15.1

-9.7

15.9

nd

10.4

6.7

8.6

-0.2

10.3

-0.8

México

Desempleo

Salario 

nd

0.5

nd

-3.4

nd

0.6

nd

0.6

nd

0.8

2.9

-0.7

Perú

Desempleo

Salario 

nd

14.0

nd

-3.4

nd

11.0

nd

1.4

nd

-0.2

nd

-2.6

Uruguay

Desempleo

Salario 

10.2

4.8

11.8

0.4

13.6

-1.8

15.3

-1.3

17.0

-10.2

17.0

-18.9

Venezuela

Desempleo

Salario 

11.3

8.1

14.9

1.7

13.9

-5.2

13.5

2.5

15.9

-5.8

18.0

-11.0

Fuente: Elaboración propia con base en: OIT, Publicado en: Diario La Tercera, “OIT prevé una baja en la desocupación, pero alerta que empleos se deterioran”, Sección, negocios, 21 de agosto, Santiago de Chile, 2003, p. 23.

a/ proyecciones de la OIT.

nd=no disponible.

  

Finalmente, Rodrik[17] señala la importancia de las instituciones políticas para la (in) seguridad económica. Partiendo de la premisa que la institucionalización de la democracia debería producir resultados económicos más estables y aliviar la inseguridad económica de la región, en la medida que un sistema político está abierto a la participación desde abajo tendría implicaciones positivas en la gestión macroeconómica, sin embargo en América Latina se presentan procesos contradictorios.

 La región no ha logrado institucionalizar y ampliar espacios públicos de participación, deficiencia que debe verse como uno de los elementos que agravan la inseguridad económica, ya que cuando las grandes mayorías carecen de mecanismos de expresión e influencia sobre los asuntos que les afectan, se incrementa la percepción de descontrol sobre sus destinos, dañando la relevancia de las instituciones políticas de la democracia.

 En este sentido podemos decir que los sistemas políticos latinoamericanos, atraviesan por crisis de representación y, sobre todo, de ausencia de mecanismos institucionales de negociación y de inclusión en la corriente principal de toma de decisiones, ya que mientras asistimos a un cierto debilitamiento de los mecanismos o pactos de dominación de los llamados populismos y arreglos corporativos, no surgen nuevos mecanismos democráticos que otorguen estabilidad a la gestión de la economía, aunque también habría que sugerir que, la era de la economía incontrolable y el patrón de poder de la fase de transición merman las bases institucionales de la democracia, de ahí la relación dialéctica.[18]

 En suma, la inseguridad económica de nuestra América tiene como trasfondo las problemáticas de la falta de cohesión social, producto de las desigualdades y la enorme volatilidad económica, agravados por una confianza creciente en las fuerzas del mercado, mientras se incrementa de forma paralela la desconfianza social, el miedo a la exclusión y el miedo al Otro. En los países latinoamericanos la expansión del papel de los mercados bajo la regulación competitiva (neo) liberal, ha ido acompañada de la mano de un aumento de la inseguridad económica, que se traduce, como hemos dicho, en un proceso de fragmentación del dominio público, debilitando el tejido social y las relaciones interpersonales, que como veremos en el siguiente apartado, constituye un elemento central para aliviar la inseguridad económica y disminuir los factores de riesgo de violencia de nuestras sociedades.

  

Vínculos entre inseguridad económica y fragmentación de la vida pública

 El debilitamiento de los espacios públicos en América Latina guarda una estrecha relación con la falta de correspondencia entre economía y política en la fase de transición y reorganización política de la economía en la era descontrolada. Se diluyen los espacios de decisión o en otras palabras, el poder está fuera de la sociedad, espacio donde supuestamente la “ciudadanía” interviene en la toma de decisiones que inciden en su vida cotidiana y en sus proyectos de futuro.

 La existencia de un espacio económico no controlado por el mundo del Estado y la política, es decir, el mercado tomando el lugar de la coordinación de las relaciones sociales, como menciona Manuel Antonio Garretón, tiene implicaciones profundas en el sentido que la existencia de mercados globalizados independientes del Estado, la independización del espacio económico de su base territorial y del control y regulación del Estado es incompatible con la idea de la democracia.[19]

 El debilitamiento de la vida pública o de la sociedad-polis, más que ser una consecuencia directa de la democracia, tendría relación directa con la modalidad del tipo de desarrollo económico. Ya que se trata de reconstruir una comunidad socio-económica, lo que supone, por un lado, la superación de las exclusiones, como una cuestión básica de pertenencia a la polis, por el otro lado, la superación de las pobrezas, desigualdades y las diferencias extremas de riqueza que refuerzan la heterogeneidad estructural de las sociedades latinoamericanas, teniendo como referente estructural el incremento de la inseguridad económica, lo que convierte a los espacios nacionales en varios países dentro de un mismo espacio, sin intereses ni aspiraciones comunes.

 Relacionando directamente la reorganización política de la economía en la era descontrolada y ligando sus implicaciones con la naturaleza de la vida pública en Latinoamérica, Philip Oxhorn[20] sugiere la categoría de neopluralismo para definir el modo dominante de intermediación de intereses y relaciones sociales como la expresión socio-política del mercado.

 El Neopluralismo estaría asociado con la economía (neo) liberal y con las políticas que enfatizan el libre comercio y la apertura de mercados y un rol mínimo del Estado en la economía y en la sociedad. Dicha re-organización socio-política desde el mercado (neopluralismo) tiene tres implicaciones para los espacios públicos: en primer lugar,[21] incrementa la inseguridad económica, implicación que condiciona la esfera pública reduciendo la capacidad colectiva de los trabajadores. La creciente inseguridad sería resultado directo de la re-articulación del neopluralismo ya que desde el mercado se definen las asignaciones de los recursos y las oportunidades para los miembros de la sociedad.

 En segundo lugar,[22] el incremento de la percepción de los índices de inseguridad y del crimen refleja otra implicación del neopluralismo en la esfera pública. Ya que la inseguridad está relacionada a la inseguridad económica, lo que ha llevado a la criminalización de la pobreza, al aumento de los factores de riesgo de violencia urbana y a la mercantilización de la justicia. Dicho proceso genera una creciente privatización del acceso a la justicia, produciendo un salto en la contratación de la seguridad privada y como consecuencia tenemos serias problemáticas en la confianza en las relaciones sociales, interpersonales y frente a las instituciones del Estado.

 En tercer lugar[23] el neopluralismo afecta la vida pública a través de un proceso de fragmentación y atomización de los espacios públicos de la sociedad civil. Lo que se manifiesta en un cierre estructural de espacios donde se constituye la ciudadanía, un retiro y repliegue en la esfera privada, aumento de la sensación de miedo y desconfianza frente a los Otros - diferentes y, la pérdida del sentido de eficacia y relevancia de lo público como espacio de construcción de proyectos colectivos.

 La reorganización política de la economía definida desde la categoría de neopluralismo expresa múltiples fenómenos en marcha desde fines de los años setenta que hablan de un proceso de institucionalización de la desconfianza de las relaciones sociales, lo que refuerza el cierre y la fragmentación de los espacios públicos de las sociedades latinoamericanas, reproduciendo los factores implicados en la inseguridad económica. Circulo vicioso que termina por narrar una problemática estructural de las sociedades latinoamericanas en los cruces entre economía-política y sociedad.

 

Fragmentos y fragmentaciones de lo público

 La fragilidad del tejido social

 Desde la perspectiva aquí adoptada los espacios públicos son canales de encuentro, de socialización, de relaciones interpersonales, mecanismos de confianza activa[24], donde es posible practicar el aprendizaje de la diferencia y el reconocimiento del otro. Ya que mediante la construcción y conquista de espacios públicos la ciudadanía  tiene mayores posibilidades de expansión en un marco de seguridad económica institucionalizada. Sin embargo existen indicios que apuntan en la dirección contraria[25].

 En las grandes ciudades se imponen los centros comerciales reservando el derecho de admisión y los ghettos residenciales cuyas calles de acceso han perdido su carácter público en manos de policías privados. Nuevos ghettos que segmentan o fracturan el territorio y atomizan las relaciones sociales.

 Como señala Jordi Borja:

 “Una ciudad que funciona exclusivamente con el automóvil privado y con centralidades especializadas y cerradas (centros administrativos, shopping centers jerarquizados socialmente, etc) no facilita el progreso de la ciudadanía, tiende a la segmentación, el individualismo y a la exclusión.”[26]

 

Otra tendencia fundamental, que ha marcado la evolución de los espacios públicos se refiere a la inseguridad y la violencia. Se percibe un aumento de ésta, lo que impulsa a las personas a atrincherarse en barrios cerrados y bajo sistemas deslocalizados de vigilancia.

Sin embargo podemos decir que, la violencia delictiva “es un modo de procesar la exclusión por parte de los excluidos: frente a una legalidad jurídica, cultural y socioeconómica que lo excluye, el delincuente afirma una legalidad propia en la cual se ve, simultáneamente, como protagonista y beneficiario. De este modo, la violencia delincuencial patentiza la violencia implícita en la exclusión estructural, violentando esas mismas estructuras excluyentes. “[27]

Si seguimos la información sobre grandes ciudades (Río de Janeiro, Buenos Aires, Lima, Bogotá, Ciudad de México, Caracas, Santiago), incluso en ciudades medianas como el caso de Montevideo, podemos observar el crecimiento de las noticias sobre inseguridad y violencia, descomposición del tejido social y privatización del espacio público para protegerse.

En muchas zonas (por ejemplo en Santiago) la ciudad se eleva en muros, portones y puestos de vigilancia, se cierran zonas de la ciudad, se cierran barrios residenciales limitando el acceso a sus calles, se construyen grandes edificios con entradas electrónicas codificadas.[28] Los ciudadanos adoptan nuevas estrategias de protección que modifican el paisaje urbano, los viajes por la ciudad, los hábitos e imaginarios cotidianos.

Como recuerda Canclini:

 “En barrios populares- las favelas brasileñas, las villas miseria de Buenos Aires y sus equivalentes en Bogotá, Lima y México- los vecinos se organizan para cuidar la seguridad y aun impedir, en ciertos casos, la entrada de la policía. Sectores económicos poderosos establecen conjuntos residenciales y lugares de trabajo cerrados a la circulación o con acceso rigurosamente restringido. Algunos colocan controles igualmente estrictos en los centros comerciales y en otros edificios públicos.”[29]

 

La última década presenta un panorama donde la formación de barrios cerrados se ha vuelto el principal estímulo para organizarse en sectores altos y medios de grandes ciudades, su principal forma de ejercer la ciudadanía consiste en aislarse de la conflictividad urbana mediante la privatización de espacios sobrevigilados y la restricción de la sociabilidad o de los encuentros azarosos.

 Parece ser, que por efecto de la inseguridad, la ciudad se llena de rejas, protecciones, barreras y policías privados[30]. Las personas se encierran cada vez más en sus territorios y renuncian de hecho al espacio público, que queda disponible para el que quiera tomarlo. Múltiples sujetos se convierten en sospechosos (artistas callejeros, vendedores ambulantes, y principalmente jóvenes), para la autoridad.

Lo cierto es que la delincuencia, la corta edad y el nivel de violencia de los asaltantes hace que no sólo un músico de caopeira[31], sino cualquier joven que viste diferente sea sospechoso para el ciudadano común, lo que ha hecho que la ciudad se vaya paulatinamente enrejando.[32]

De esta forma “se está pasando de una visualidad multicultural al repliegue compartimentado. De las ciudades a las que los provincianos llegan, en busca de empleos y mejores ingresos, confort y anonimato, a ciudades ensombrecidas, reordenadas para ocultarse, para no ver ni ser vistos.”[33]

  

Miedo al otro y exclusión

Contradictoriamente mucha de la violencia urbana, la que se manifiesta en el espacio público, sea central o sea periférica es, aunque resulte paradójico, una reivindicación de ciudadanía y un grito por visibilidad y reconocimiento y, expresión frente a diversas dinámicas de exclusión social.

La violencia urbana expresa una rebelión de no-ciudadanía, una contradicción entre el hecho de estar y el no derecho de usar la ciudad formal y ostentosa. Se habla de violencia urbana no cuando los excluidos se matan entre sí, sino cuando agreden a los ciudadanos o se enfrentan a los cuerpos del Estado, y ahora a las policías privadas. En realidad, están reclamando atención, reconocimiento de su condición y de su territorio.

Ya que “para los sectores excluidos del desarrollo, la inseguridad de la existencia es cosa de todos los días: inseguridad física en el empleo, inseguridad respecto de los ingresos y de la promovida- pero- frustrada movilidad social.”[34]

 La categoría del miedo adquiere un sentido colectivo, nuestras ciudades están irrigadas por una sensibilidad llena de miedos, sobre todo frente a lo extraño, lo diferente y lo diverso, el otro aparece como sospechoso y como posible agresor. Lo público se convierte en un espacio donde se experimentan vivencias de temor y de desconfianza activa, resaltando la tendencia de miedo al otro.

 Sobre todo cuando “”la privatización individualiza los vínculos,…, la densidad del mercado aligera los lazos. La vida privada se divide en muchas vidas con distintos grupos de referencia, unidas por el delgado hilo de las complicidades. La palabra “superficial” se disimula con la máxima de “estar a la altura de los tiempos””.[35]

 El miedo al otro, se expresa en la delincuencia, la cual es percibida como la fuente principal que gatilla el sentimiento de inseguridad en nuestras ciudades. El miedo al delincuente parece cristalizar en miedo generalizado al otro.

 La desconfianza irrumpe como fenómeno socio-colectivo, es cuestión de charlar con las personas que ocupan los micro espacios públicos[36] al salir del trabajo, para darse cuenta de los niveles elevadísimos de desconfianza, que cruzan transversalmente a nuestras sociedades. En este clima el Otro representa una amenaza de conflicto no sólo de agresión física, sino que la vida misma se torna riesgosa, cuando está basada en los imperativos racionalistas de la competitividad. 

Para Lechner[37], la modernización rompe con el estrecho mundo señorial de antaño y abre amplias zonas de contacto, incrementa las transacciones, pero no genera necesariamente lazos sociales. 

Al mismo tiempo, se debilitan los contextos habituales de confianza y sentido. La familia, la escuela, la empresa, el barrio, la nación, ya no son lugares evidentes de integración e identificación. Los nuevos lugares públicos, ligados al mercado- como los centros comerciales, ofrecen nuevos rituales, pero no conforman lazos de cohesión social[38]

De esta forma, la precariedad de la comunidad o el nosotros acentúa la retracción al hogar. Paradójicamente, la familia aparece como el último refugio frente a las fuerzas hostiles del entorno. Ello representa no sólo el principal apoyo en caso de problemas económicos; ella suele ser igualmente la (casi) única reserva de sentido, de cara a los dilemas morales y afectivos. 

Todo indica, una creciente erosión de nuestros vínculos sociales, donde la cara banal del miedo es la sociedad desconfiada, las inseguridades generan un debilitamiento de los lazos sociales y la erosión de la sociabilidad cotidiana acentúa el miedo al otro. 

Así, los procesos de individuación, desembocan en procesos de privatización, de normas y conductas, de riesgos y responsabilidades. Lo que tiende a debilitar la integración de la vida social y- como muestra el miedo a la delincuencia- deja al individuo desamparado. Debilitándose el espacio público, y empobreciéndose las estructuras de comunicación y de diálogo con el otro, así como los mecanismos de confianza para el reconocimiento de la diversidad. 

El espacio público es visto ya no como forjador de sentido, sino que se llena de experiencias nuevas, tales como el estrés, el auge de las drogas, la contaminación y los nuevos riesgos ambientales, el trato agresivo, el tráfico, lo que se traduce en una sentimiento donde la realidad se presenta como caos y desorden, y donde el conflicto es percibido como desintegración y ruptura del orden. 

Por otra parte, el espacio público se ve debilitado, por la exclusión de las élites, donde los grupos más ricos eligen aislarse del resto de la sociedad, viven en comunidades fortificadas y se apartan de la vida pública. 

Lo que afecta la cohesión social, desde abajo (excluidos) y por arriba (incluidos), ya que éstos grupos privilegiados, de mayores recursos, tienden a auto - excluirse de la vida ciudadana y a refugiarse en espacios territoriales amurallados. Dejando de interactuar con múltiples otros, generando sus propios sistemas educativos y de seguridad social, y priorizando sus vínculos con otros pares, dejando de lado los lazos con la sociedad donde residen. 

Así, “lo privado se hace mucho más público que en los sectores altos: la calle es el lugar para resolver las carencias más apremiantes, sea para asociarse con los vecinos, sea para asaltarlos. Lo provisorio cambia de nombre aquí, y se hace simple y llanamente precario. La liviandad se trasmuta en orfandad, la diversificación en fragmentación.”[39] 

El panorama Latinoamericano no parece apuntar en una dirección optimista, el tejido social se debilita, la desconfianza aumenta, el miedo se convierte en cosa de todos los días, dañando nuestra sociabilidad cotidiana y nuestras relaciones interpersonales, la violencia y la inseguridad, se traducen en un temor difuso de los otros extraños o diferentes, diversos grupos se encierran en ciudades amuralladas y sobreprotegidas por la nueva fuerza contenedora de los sectores excluidos o temidos. 

Los espacios públicos se estrechan y su fuerza integradora, donde se pueden generar lógicas de reconocimiento cultural se estrellan con los diversos dramas sociales de los negados y excluidos, cada cual busca su propio espacio, donde el otro no tienen cabida, su entrada es percibida como contaminación y riesgo. Lo privado se hace más hermético y lo público más policiaco. 

Podría tratarse de “la contracara triunfante que exalta el mercado y la tecnología en sociedades donde tanto el uno como la otra refuerzan las brechas sociales.”[40] 

Desconfianza, inseguridad y violencia: el rostro empírico de nuestros espacios públicos

 Desde la perspectiva adoptada los espacios públicos son canales de encuentro, de socialización, de relaciones interpersonales, mecanismos de confianza activa[41], donde es posible practicar el aprendizaje de la diferencia y el reconocimiento del otro. Mediante la construcción y conquista de espacios públicos la ciudadanía  tiene mayores posibilidades de expansión en un marco de seguridad económica institucionalizada. Sin embargo existen indicios que apuntan en la dirección contraria[42].

 La confianza es un factor fundamental para el desarrollo de las relaciones interpersonales, para la creación de espacios de reconocimiento y, para el aprendizaje de la diferencia entre seres anónimos. Permite concebir la fortaleza o debilidad del tejido social donde se relacionan los unos con los otros.

 Al parecer, en América Latina la confianza se ha debilitado. Como se muestra en el siguiente cuadro, podemos observar un incremento en los niveles de desconfianza en la región.

 Cuadro IX

Confianza Interpersonal en América Latina: 1996-2000 

País y región 

1996 (%)

1997 (%)

1998 (%)

1999-2000 (%)

América Latina

20

23

21

16

Sudamérica y México

19

20

21

17

Centroamérica

22

29

21

14

Fuente: Elaboración propia con base en: Latinobarómetro, Opinión pública Latinoamericana, Informe de prensa, www.latinobarometro.org, 2000, págs.1-4.

 

 Como se puede apreciar, la desconfianza en la región presenta los grados más elevados de la década, de lo que se puede inferir un debilitamiento del tejido social, así como un deterioro de las relaciones sociales interpersonales.

 En lo que respecta a la inseguridad, según información de la CEPAL[43], afecta la expansión de la ciudadanía y la cohesión social. La pérdida de cohesión social implica un incremento de la inseguridad física de las personas, y en mayor grado, un aumento de la sensación de inseguridad, lo que tiene un efecto negativo en la ciudadanía. Se expresan en mayor reclusión de las personas en espacios privados y la merma del espacio público; la necesidad de mayor control por parte del Estado, lo que afecta los derechos civiles y, la pérdida de legitimidad de instituciones que la ciudadanía percibe como ineficaces o poco idóneas en el ejercicio de la justicia. 

Además, se habla de la existencia de grupos sociales que internalizan comportamientos que no se corresponden con las normas de convivencia y de formas violentas de resolver conflictos, así como de obtener recursos. En este contexto, muchos de los países de la región presentan un aumento de la inseguridad, expresada en mayor violencia urbana, alcanzando en algunos países dimensiones críticas, que se reflejan en las pautas de sociabilidad.

  

Cuadro X

América Latina, 1997: Presencia de factores de riesgo de violencia urbana 

actores de riesgo

 

Países con alta presencia

Países con presencia media

Países con baja presencia

1. Desigualdad del ingreso urbano. Cociente entre 10 % más rico y 40% más pobre

Sobre 11 veces

Brasil, Colombia, Chile, Guatemala y Panamá

Entre 8 y 11 veces

Argentina, Bolivia, Honduras, Nicaragua, Paraguay, República Dominicana y Venezuela

Hasta 8 veces

 Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México y Uruguay

2.- Pobreza de los hogares urbanos

40% y más de los hogares

Bolivia, Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Venezuela

Entre 20 % y 39% de los hogares

Brasil, Colombia, El Salvador, México, Panamá, Perú, y República Dominicana

Menos de 20 % de los hogares

Argentina, Chile, Costa Rica y Uruguay

3. Tasas de desempleo abierto urbano

Más de 10%

Argentina, Colombia, Panamá, Uruguay y Venezuela

Entre 6% y 10%

Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, Honduras, México, Paraguay y Perú

Menos de 6%

Bolivia, Honduras y México

4. Porcentaje de jóvenes urbanos de 13 a 17 años que no estudian ni trabajan

Sobre 15%

Honduras y Uruguay

Entre 8% y 15%

Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Nicaragua, Panamá, menos Paraguay y Venezuela

Menos de 8%

Bolivia, Chile, Ecuador y República Dominicana

5. Déficit educacional: porcentaje de niños urbanos de 14 a 15 años que no han completado seis años de estudio

Sobre 20%

Brasil y Honduras

Entre 10% y 20 %

Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Paraguay y Venezuela

Menos de 10%

Argentina, Chile, Panamá y Uruguay

Fuente: CEPAL, Equidad, desarrollo y ciudadanía, Vigesimoctavo Período de Sesiones, México, D.F., del 3 al 7 de abril, 2000, p.355.

 

Aspectos que, en conjunto, estarían dañando nuestras relaciones sociales y minando nuestros grados de confianza, incluso harían más complejas las situaciones de pobreza y los procesos de exclusión social.

 Otro indicador preocupante sobre violencia se expresa en la tasa de homicidios. Según el organismo, entre los años ochenta y los noventa se observa un incremento de la violencia en la región.

 

  Cuadro XI

América Latina y el Caribe, 1984-1994: Tasas de Homicidios

(Por cada 100 000 Habitantes, en porcentajes) 

Años 

1984

1984

1984

1994

1994

1994

Regiones

Total

Hombres

Mujeres

Total

Hombres

Mujeres

América Central Y Caribe de habla hispana

17.5

31.5

3.8

21.1

38.1

4.0

Área Andina

25.2

46.6

4.0

51.9

96.6

7.7

Caribe de Habla Inglesa

5.2

7.6

2.8

8.7

13.1

4.2

Cono Sur

5.4

9.3

1.8

6.2

10.5

1.9

Brasil

23.2

42.4

4.0

30.1

54.8

5.2

México

18.2

33.3

3.1

19.5

34.8

3.8

Fuente: Elaboración propia con base en:  CEPAL, Equidad, desarrollo y ciudadanía, op.cit., p.356

N. América Central y Caribe de habla hispana: Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Panamá, República Dominicana.

Área Andina: Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela

Caribe de habla inglesa: Anguila, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Guyana, Islas Caimán, Islas Turcas, Caicos, Saint Kitts Nevis, Santa Lucía, Suriname y Trinidad y Tobago.

Cono Sur: Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay. 

 

Si consideramos el mismo indicador, pero comparado por decenios, la situación parece ser más apremiante.

 

 Cuadro XII

América Latina (15 países): Tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes 

País / Decenio

Fines de 1970

(%)

Fines de 1980

(%)

Mediados de 1990 (%)

1997-2003

(%)

Argentina

3.9

4.8

4.7

5

Brasil

11.5

19.7

23.0

20

Chile

2.6

3.0

3.0

3

Colombia

20.5

89.5

61.6

78

Costa Rica

5.7

5.6

5.4

6

Ecuador

6.4

10.3

15.3

15

El Salvador

nd

138.2

55.6

97

México

18.2

17.8

15.9

18

Nicaragua

nd

18.3

8.4

10

Panamá

2.1

10.9

10.9

11

Paraguay

5.1

4.0

12.3

4

Perú

2.4

11.5

nd

5

Trinidad y Tobago

2.1

12.6

12.1

Nd

Uruguay

2.6

4.4

4.4

4

Venezuela

11.7

15.2

16.0

33

Fuente: Elaboración propia, con base en: Joseph Stiglitz, “ El Rumbo de las Reformas. Hacía una nueva agenda para América Latina”, Revista de la CEPAL, N° 80, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, agosto, 2003, p. 14. El dato de 1997-2003 se obtiene de: Diario La Nación, “BID alaba a Chile como país seguro”, jueves 23 de octubre, Santiago de Chile, 2003, p. 9.

Nota: nd= no disponible

 

 Finalmente, afirma la CEPAL: 

“”(..) lo grave es que las consecuencias se extiendan más allá de las percepciones y condicionan los estilos de vida. Así, por ejemplo, el sentimiento difundido de inseguridad lleva a las personas a restringir su circulación en espacios públicos, evitar salir de noche o visitar ciertos barrios, recluirse puertas adentro y buscar el esparcimiento en espacios privados. Se reduce así la interacción con personas de diferente origen social y se desalienta la sociabilidad espontánea que surge de los encuentros en lugares públicos. Los grupos y clases sociales se aíslan con sus propios pares y se generaliza un sentimiento de sospecha hacia los demás, o hacia los “distintos.””[44]

 

Conclusión

 Desde una mirada de sociología política sobre la economía, hemos intentado construir una hipótesis que problematiza la relación entre inseguridad económica y fragmentación de los espacios públicos en las últimas tres décadas; partiendo desde un marco teórico histórico-estructural, particularmente de lo que hemos denominado “transición de la reorganización política de la economía en la era descontrolada”.

 Es en este contexto que sugerimos la relación estructural entre seguridad económica y vitalidad y ampliación de los espacios públicos como un proceso interdependiente y dialéctico, ya que como hemos querido mostrar el nuevo tipo o patrón de desarrollo, con el trasfondo de su re-organización política, genera procesos de creciente inseguridad económica con serias implicaciones en la vida pública de las sociedades latinoamericanas, a su vez, el debilitamiento de los espacios públicos produce un contexto que refuerza los factores de riesgo que posibilitan la inseguridad económica. 

Para ello presentamos las premisas que sustentan las conexiones entre política y economía, así como los vínculos entre inseguridad económica y fragmentación de la vida pública, mediante la presentación de definiciones conceptuales y la dimensión empírica de dicha problemática. Con lo que podemos decir que:

 La inseguridad económica de nuestra América tiene como trasfondo las problemáticas de la falta de cohesión social, producto de las desigualdades y la enorme volatilidad económica, agravados por una confianza creciente en las fuerzas del mercado, mientras se incrementa de forma paralela la desconfianza social, el miedo a la exclusión y el miedo al Otro. En los países latinoamericanos la expansión del papel de los mercados bajo la regulación competitiva (neo) liberal, ha ido acompañada de la mano de un aumento de la inseguridad económica, que se traduce en un proceso de fragmentación de los espacios públicos, debilitando el tejido social y las relaciones interpersonales, lo que constituye un elemento central para aliviar la inseguridad económica y disminuir los factores de riesgo de nuestras sociedades. 

Por su parte, los espacios públicos se cierran y muestran una creciente privatización, se llenan de policías, se convierten en espacios de desconfianza activa, de miedo al otro, débiles en la generación de sentidos y en el fortalecimiento de los lazos sociales y de las relaciones interpersonales. 

Las ciudades se enrejan, se convierten en compartimentos resguardados, la desconfianza, la violencia y la inseguridad se traducen en los nuevos rostros de nuestros espacios públicos. A lo que se suma un retiro voluntario (exclusión desde arriba) de las clases privilegiadas de los espacios de socialización, así como de los sistemas públicos de seguridad social, construyendo sus propios espacios privados (en educación, salud, etc). Privilegiando las relaciones sociales con sus pares de otros países, dejando de vincularse con “ciudadanos” de diverso origen social o cultural del lugar donde residen. 

La diversidad en la esfera pública, más que ser percibida como pluralidad creativa y como posibilidad de expresión cultural de una multiplicidad de sujetos, es vista como una falla del orden social, la incapacidad de procesarla como conflicto se traduce en una diversidad problemática, atentadora de la gobernabilidad y expresiva de la desintegración y la fragmentación. De ahí la nueva atracción del discurso neo-conservador[45]

En suma, el trabajo plantea la necesidad de pensar la economía en los cruces con la política, si se prefiere entre desarrollo y Estado, con el objeto de evitar caer en una especie de trampa o de supuesta neutralidad de lo que en realidad habla de la construcción socio-política que implica la economía. El desarrollo como transformación de la sociedad es lo que sugerimos como mirada crítica, posición que han comprendido diversas tradiciones económicas, que desde el marxismo, el Keynesianismo, los liberalismos, etc, sabían y entendían que detrás de la economía existen filosofías políticas y, sobre todo, una intensa “lucha” política que tiene como trasfondo la “batalla” intelectual, sin la cual resulta “imposible” cualquier visión alternativa sobre la economía, entendida como una forma de organización política de la sociedad.

 

 

 

                                                                                               

[1] Investigador del Centro de Estudios de Política Comparada (CEPCOM) y del Centro latinoamericano de la Globalidad (CELAG).

Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana, México. Magíster en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos por el Instituto de Doctrina y Estudios Sociales (ILADES), Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile. Candidato a Doctor en el Estudio de las Sociedades Latinoamericanas (Sociología Política) por la Universidad de Arte y Ciencias Sociales, ARCIS, Santiago de Chile.

[2]  El término “latinoamericanística” se refiere a la preocupación por pensar desde América Latina y desde las categorías histórico-estructurales que definen las problemáticas del desarrollo socio-político y económico de las sociedades latinoamericanas, define un esfuerzo crítico por construir un espacio de autonomía epistemológica e intelectual, estrechamente ligado a la visión de la sociología política del desarrollo como referente teórico de las ciencias sociales para la elaboración práctica y la acción social y política sobre un proyecto endógeno - regional.

[3] “ El Poder en la Economía Mundial”, Revista del Doctorado en El Estudio de las Sociedades Latinoamericanas, Universidad ARCIS, N° 1, 1er semestre, Globalización, Estado, Poder y Ciudadanía, Santiago de Chile, 2002, pp. 13-33.

[4] Ibid., p. 14.

[5] Ibid., p. 15.

[6] Ibid., p. 18.

[7] QUIJANO, Aníbal, “Contradicciones de la Globalización. Colonialidad del poder, globalización y democracia”, Revista Trayectorias, año IV, N° 7/8, Perú, Lima, septiembre 2001 – abril 2002, págs. 58-90.

[8] Ibid., p. 64. (Cabe destacar que la idea de bloque imperial se refiere al entramado institucional constituido por las entidades intergubernamentales de control y ejercicio de la violencia, como la OTAN, las entidades intergubernamentales y privadas de control del flujo mundial de capital, financiero en especial (FMI, BM, BID, Club de París, Grupo de los Ocho, etc), y las grandes corporaciones globales, lo que constituye de ipso, una suerte de gobierno mundial invisible y a – democrático). Actores que desde la perspectiva de Chonchol conformarían el nuevo Poder en la nueva economía Mundial o lo que en palabras de un crítico Francés, Pierre Bourdieu, sería denominado como el brazo derecho de un Estado mundializado.

[9] Ibid., pp. 70-71.

[10] Ibid., pp. 71-72.

[11] Ibid., pp. 72-73.

[12] Ibid., pp. 79-80.

[13] Sobre la polarización social en Latinoamérica en las últimas décadas, véase, “Investigación especial, Inequidad Social, Vivir en la región más desigual del mundo”, Tiempos del Mundo, N° 33, semana del 14 al 20 de agosto, Santiago de Chile, 2003, pp. 6, 43-46.

[14]  “¿Por qué hay tanta inseguridad económica en América Latina?”, Revista de la CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, N° 73, abril, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2001, págs. 7-31.

[15] Ibid., pp. 10.

[16] Ibid., p. 11-12.

[17] Ibid., pp. 28-30.

[18] Sobre esta dialéctica pensemos en el surgimiento de nuevas formas de amenaza a las instituciones democráticas, por ejemplo, el gobierno por decreto presidencial, los motines encabezados por militares y golpes de Estado o cuartelazos, incluso autogolpes de estado presidenciales contra los parlamentos, los tribunales y las instituciones públicas que dan sostén a la sociedad civil, como la libertad de expresión y el acceso a la justicia, derechos de ciudadanía sin los cuales es complicado imaginar el fortalecimiento de la defensa  y representación de los ciudadanos. Las crisis, ya sean de orden político, militar, civil en los últimos años ( Argentina, Venezuela, Paraguay, Ecuador, Guatemala, Nicaragua, Perú,…) dan cuenta del fenómeno aludido y por lo general todas ellas tienen como trasfondo la situación descrita por la fase de transición y la era de la economía descontrolada en lo que atañe a la reorganización política de la economía.

[19] “ ¿Polis ilusoria, democracia irrelevante?, Revista Foro Chile 21, N° 22 , marzo, Fundación Chile 21, Santiago de Chile, 2003, p. 13.

[20] “ When Democracy Is not all that Democratic: Social Exclusion and the limits of the Public Sphere in Latin America”, The North – South Agenda, University of Miami, papers, fourty-four, april, United States of America, 2001, págs. 1-23. p. 6.

[21] Ibid., p.6.

[22] Ibid., pp. 7-8.

[23] Ibid., p. 9.

[24] La confianza activa implica un proceso de desarrollo unido a la formación de un íntimo sentimiento de confiabilidad que posteriormente proporciona la base de una identidad estable del yo. En cambio, la desconfianza significa la duda o el descreimiento de las pretensiones de integridad que esas personas encarnan o representan con sus acciones, de ahí la importancia de la confianza, ya que la desconfianza activa se traduce en un estado mental de ansiedad y miedo existencial. Véase: GIDDENS, Anthony, Las Consecuencias de La Modernidad, Alianza Universidad, España, 1993, pp. 94-98. 166 págs.

[25] Según Martín Barbero América Latina ha vivido un desplazamiento poblacional del campo a la cuidada, en menos de cuarenta años el 70 % que antes habitaba en el campo está hoy en ciudades, lo que ha generado la aparición de una forma cultural urbana heterogénea, formada por una multiculturalidad que es heterogeneidad de formas de vivir y de pensar. Véase: “Las transformaciones del Mapa”: Identidades, Industrias, y Culturas”, en: América latina: un espacio en un mundo globalizado,, Convenio Andrés Bello, Santafé de Bogotá, 1999, p.299. págs. 296-321.

[26] “Ciudadanía y Espacio público”, en Revista del CLAD, Reforma y Democracia, N° 12, octubre, Caracas, Venezuela, 1998, p. 38. Págs. 27-43.

[27] HOPENHAYN, Ni Apocalípticos ni Integrados. Aventuras de la Modernidad en América Latina, Fondo de Cultura Económica, Santiago de Chile, 1994, 281 págs.  p. 51.

[28] Tan sólo cabe introducirse por barrios como Las Condes en Santiago de Chile, en colonias como San Angel, Santafé o las Lomas, en Ciudad de México y, en barrios como Recoleta o Bosques de Palermo en Buenos Aires - Argentina, para darse cuenta de la privatización y el resguardo policial de dichas zonas urbanas.

[29] La globalización Imaginada, Paidós Estado y Sociedad, México, 1999, pp. 175. 216 págs.

[30] Para el caso mexicano se estima la existencia de aproximadamente 500 mil guardias de seguridad privada empleados alrededor de 8 mil empresas, sin contar los contratados por las casas y edificios particulares. Véase: “Fabrican al vapor a policías privados”, en : Diario Reforma, lunes 15 de enero, México,  2001, p. 16 A.

[31] La caopeira es una lucha disfrazada de danza, que nace en Brasil en la época de la esclavitud, es un ritual de resistencia frente a la dominación, la opresión y la explotación. En la actualidad diversos grupos de jóvenes urbanos latinoamericanos la han incorporado a sus expresiones culturales, manifestándose en diversas plazas, por ejemplo en el Parque Forestal en Santiago y en la Plaza Coyoacán en Ciudad de México.

[32] Es cuestión de dar una vuelta por el Parque Forestal en la ciudad de Santiago de Chile, el día domingo, para percibir un clima de sospecha de los Carabineros (policía chilena), hacia los jóvenes, que se expresan culturalmente, al grado de que pueden ser llevados en calidad de detenidos, como si se tratara de delincuentes.

[33] CANCLINI, La globalización imaginada, op.cit., p. 176.

[34] HOPENHAYN, Ni Apocalípticos ni Integrados, op.cit., p. 24.

[35] Ibíd., p. 43.

[36] Los micro espacios o microesferas públicas se refieren a esferas donde interactúan docenas, centenas o miles de personas, en el ámbito del sub-Estado- Nación. Como las cafeterías, las juntas vecinales, círculos literarios, donde los ciudadanos cuestionan los seudo imperativos de la realidad y contraponen a éstos experiencias alternativas de tiempo, espacio y relaciones interpersonales. Véase: KEANE, John, “Transformaciones estructurales de la esfera pública”, en : Revista Estudios Sociológicos de el Colegio de México, N° 43, vol. XV, enero-abril, México, 1997, pp. 58-64. Págs. 47-77.

[37] Véase. “Nuestros Miedos”, en: Revista Perfiles Latinoamericanos, N° 13, diciembre, año 7, FLACSO, sede México, 1998, pp.183-185. 179-198 págs.

[38] Por cohesión social entenderemos el sentido de las personas de pertenencia a la sociedad, de identidad con propósitos colectivos y de desarrollo de lazos de solidaridad. Véase: CEPAL, Equidad, desarrollo y ciudadanía, Vigesimoctavo Período de Sesiones; México, D.F., del 3 al 7 de abril, 2000, p. 73. 363 págs.

[39] HOPENHAYN, Ni Apocalípticos ni Integrados, op. cit., p. 43.

[40] Ibíd., p. 52.

[41] La confianza activa implica un proceso de desarrollo unido a la formación de un íntimo sentimiento de confiabilidad que posteriormente proporciona la base de una identidad estable del yo. En cambio, la desconfianza significa la duda o el descreimiento de las pretensiones de integridad que esas personas encarnan o representan con sus acciones, de ahí la importancia de la confianza, ya que la desconfianza activa se traduce en un estado mental de ansiedad y miedo existencial. Véase: GIDDENS, Anthony, Las Consecuencias de La Modernidad, Alianza Universidad, España, 1993, pp. 94-98. 166 págs.

[42] Según Martín Barbero América Latina ha vivido un desplazamiento poblacional del campo a la cuidada, en menos de cuarenta años el 70 % que antes habitaba en el campo está hoy en ciudades, lo que ha generado la aparición de una forma cultural urbana heterogénea, formada por una multiculturalidad que es heterogeneidad de formas de vivir y de pensar. Véase: “Las transformaciones del Mapa”: Identidades, Industrias, y Culturas”, en: América latina: un espacio en un mundo globalizado,, Convenio Andrés Bello, Santafé de Bogotá, 1999, p.299. págs. 296-321.

[43] Equidad, desarrollo y ciudadanía, Vigesimoctavo Período de Sesiones, México, D.F., del 3 al 7 de abril, 2000, pp.355-356. 363 págs.

[44] Ibíd., p. 356.

[45] Discurso que pone énfasis en los males que trae consigo la secularización de las sociedades, buscando un regreso a la comunidad homogénea y cerrada, donde la diversidad debe estar subordinada al bien común definido moralmente, y donde la comunidad debe primar sobre el individuo. Las expresiones de diversidad son percibidas como fragmentación, como un riesgo de desintegración, y como ruptura del orden social y decadencia de valores y costumbres, se propone un rearme moral  y de integracionismo cultural de las sociedades.