¿Iglesia bonita o realidad en camino?[1]

Cecilia Ortega Ibarra

 

 octubre de 2004

Del 21 al 26 de septiembre de 2004 se realizó el XVII Encuentro Nacional de Comunidades Eclesiales de Base (CEB) en la Ciudad de León Guanajuato, con la participación de más de 2, 500 personas de todas las regiones (eclesiales) de la República Mexicana[2].

El objetivo de este Encuentro, y en continuidad con los anteriores, especialmente el de hace cuatro años en la Ciudad de México, fue, en sus propias palabras, el de “valorar la diversidad de servicios y ministerios pastorales y sociales que el Espíritu de Dios suscita en las CEB para contribuir en la construcción de la Iglesia y de una sociedad justa y solidaria”[3]. Esto bajo la perspectiva de CEB como una realidad en proceso hacia la construcción del Reino de Dios en la historia. Así lo manifestaron los participantes al corear, una y otra vez, el lema del Encuentro: “Las CEB sirviendo, el Reino van tejiendo”.

 En la inauguración del evento, llevada a cabo en la “Feria” de la Cd. de León (al lado del estadio de fútbol de “los santos”), cada una de las regiones con sus respectivas diócesis o vicarías se presentó ante el público asistente: laicos, sacerdotes, obispos, religiosos, religiosas, diáconos y periodistas. La diversidad de coloridos, artesanías, gastronomía y creatividad se hicieron presentes: pepitorias, alegrías, queso, tortillas, café, tamarindo, frutas, escenificaciones, vestidos regionales, danzas, cantos, etc., compartidos con alegría. Hasta lecciones de ecología cuando se repartieron los platos, vasos y cucharas de plástico que los participantes utilizarían para toda la semana, prescindiendo de los “clásicos” desechables. Colores según las regiones. Gorras y mascadas agitándose a la par de la música y las porras. Fuera de geografías, lenguas y acentos. Una sola y gran comunidad en la pluralidad de culturas. El compartir de un mismo ser Iglesia bonita y realidad en camino. 

Ser y realidad donde también se visibilizó, como en otras ocasiones, la participación  -para algunos “rara”, para otros pocos “cotidiana” y para muchos “radical” o “rebelde”- de sacerdotes y obispos. Los segundos los menos. Los primeros un “montón” matizado de veteranos con un amplio espíritu joven. El mensaje de un obispo de León ausente por la atención a otros compromisos, pero hecho imagen sólo por el avance tecnológico de los medios a través de un video grabado desde Roma[4]. Presencia de obispos cuya fama inquieta a cualquiera: un Don Samuel Ruiz o un Don Arturo Lona. Y muchos, muchos laicos.

 

Después de la algarabía, la calma. Tiempo de reflexión y análisis. Cuatro días de diálogo y construcción, de opiniones y experiencias, de tristezas y alegrías de la palabra. Divididos en doce núcleos por la cantidad, la diversidad y el interés de la gente (jóvenes, mujeres, hombres, adultos mayores, migrantes, indígenas, etc.), la temática giro sobre cuatro ejes: identidad de las CEB, sujetos emergentes, participación ciudadana y proyectos alternativos[5]. En todos se partió del método seguido por las Comunidades Eclesiales de Base: ver, pensar, actuar, evaluar y celebrar a la luz del Evangelio y en respuesta a la realidad demandante. Más que pequeños equipos o sectores reunidos por la ocasión de un evento, se vivenció la presencia de una gran Comunidad eclesial y de base, pues los temas y dinámicas permitieron el encuentro de distintas voces, la escucha de la experiencia propia en la voz del otro, dejando de lado el “yo individual” para convertirse en el “nosotros”. Escuchas y hablas desde el debate, la música, los símbolos y el silencio.

 Con un trabajo anterior de preparación en cada una de las regiones, del análisis de la realidad local, nacional y mundial en todos los aspectos del conjunto humano, sobre todo de los efectos de la globalización neoliberal en la sociedad y el papel de la Iglesia en ello, se pasó al balance de la planeación estratégica trazada desde el Encuentro anterior, respecto a las cuatro líneas de acción de las CEB. Análisis y líneas que partieron de la realidad y experiencias desde la base, en su diario andar y praxis cotidiana. Porque la teología no sólo es hecha por los “grandes” y “estudiosos” teólogos universitarios, sino que es producida, enriquecida e iluminada por el caminar del pueblo creyente. Sin esta experiencia la teología carece de sentido, corazón y objetivos, es decir, está vacía.

 En los momentos del ver, las confusiones individuales recobraron su sentido. El compartir de realidades permitió la empatía con aquél que antes de empezar a hablar era desconocido, y se produjeron nuevos conocimientos, algunos a partir de lo compartido por el otro y otros por la interacción valiosa de las ideas respecto a las tendencias (impactos de la globalización, avances, retrocesos, oportunidades, amenazas y situación eclesial) en lo económico, lo político, lo social y lo cultural en México: que si el desempleo, el narcotráfico, la drogadicción, la emigración, la crisis del campo, la venta de recursos naturales y la biodiversidad, la destrucción de la ecología, el mercantilismo y falta de compromiso de la “iglesia”, la pérdida de derechos sociales, el crecimiento del monopolio privado, el Plan Puebla-Panamá,  los gobiernos corruptos, la exclusión, la pobreza… y muchas, muchas otras realidades. Pero también lo positivo: la existencia de proyectos alternativos, la creación y multiplicación de las ONGs, algunos apoyos gubernamentales, participación de la mujer y del joven, riqueza cultural y natural de nuestros pueblos, movilizaciones de apoyo a diversas causas, mayor conciencia ciudadana, presencia de significativos movimientos sociales, etcétera. 

 Y necesariamente, el papel de las CEB en la transformación social, es decir, “ser punta de lanza en el impulso de proyectos de participación de la sociedad con una conciencia solidaria de transformación de la realidad, en la cual cada persona va tomando su valor y compromiso fortaleciéndose para no soltarlo fácilmente; compartir y favorecer la experiencia de una religión liberadora; e impulsar la participación de la mujer en todos los ámbitos de la vida”[6]. En este sentido, el balance de la planeación estratégica arrojó algunos de los siguientes resultados, a pesar de las dificultades y retos. Respecto a la identidad, avances importantes fueron la integración de movimientos y asociaciones, mayor participación de los jóvenes, apoyo de personas con estudios ecuménicos, acompañamiento en el proceso de formación, respuesta a las diferentes realidades, mayor creatividad, trabajo organizado y celebraciones nuevas y encarnadas. En los sujetos emergentes: valoración de la religiosidad popular, dignificación de la mujer, mayor organización y planeación, espíritu de solidaridad y mayor libertad al participar. En participación ciudadana: capacitación de profesionistas voluntarios, representantes de colonias formados en las CEB, nexos con ONGs y compromisos con el medio ambiente y la ecología. En proyectos alternativos: grupos activos y efectivos, concientización social y mayor capacidad de organización y unión.

 En el pensar, bajo la mirada de una iglesia servidora y ministerial, se compartió el testimonio de la iglesia paraguaya, cuyas situaciones de guerra los han marcado profundamente, y la experiencia de catequesis de la diócesis de Ciudad Guzmán (Jalisco), quienes vivencian su pastoral como una comunidad de base que atraviesa todo su ser Iglesia. Esto permitió a los participantes descubrir que las CEB son un “nuevo” modelo de Iglesia con características propias: Iglesia Comunitaria, Iglesia Ministerial (don y carisma puestos al servicio de la comunidad), Iglesia Solidaria (con el pobre, con la realidad y con la transformación social), Iglesia Profética (anuncio donde un mundo distinto es posible y denuncia de las injusticias contrarias al Reino de Dios), Iglesia Misionera e Iglesia Martirial. Es decir, hacer práctica y vida en Jesús –he aquí uno de los principales retos- la Koinonía (comunión), la diakonía (servicio), el kerygma (anuncio) y la liturgia (celebración), desde la base y en la búsqueda de la liberación. CEB que mantengan viva su identidad y con una dimensión social amplia. Con o sin el apoyo de los sacerdotes, pues aunque son parte importante de la Iglesia, no son su motor ni su fuente[7]

 De ahí se desprendieron las estrategias proyectivas ante los retos: a) “Estudiar y asimilar los contenidos del magisterio de la Iglesia en relación a las CEB, con un lenguaje accesible a los más pequeños”; b) “Ganar espacios en la estructura de la Iglesia”; c) “Incorporar a la formación de los sacerdotes contenidos que los hagan tomar conciencia de la identidad de las CEB y que se formen por un tiempo con la comunidad directamente”; d) “Talleres de formación según etapas (eclesiales, biológicas y sociales), bajo la responsabilidad de los laicos y con el Espíritu de renovación, apertura y promoción”; e) “Material conjunto permanente y sistematizado, actualizándonos con otras experiencias”; f) “Encarnación en la sociedad para unir la fe y la vida”; g) “Formar comunidades en donde se promueva el análisis de la realidad para descubrir y responder a las necesidades, así como la reflexión, la celebración, la misión, la generosidad, la alegría y el espíritu servidor”; h) “Que los ministerios trabajen juntos para concientizar a las comunidades por medio de la formación, iluminados por la Doctrina Social de la Iglesia, y el compartir de las experiencias comunitarias, para responder a la realidad social”; e i) “Promover proyectos alternativos tales como panaderías, compras en común, costura, etc., unidos y organizados. Que sus miembros sean sujetos y tengan el compromiso de la solidaridad”.

 Finalmente se pasó al actuar; a la trascendencia de los cristianos por la transformación de una sociedad y un mundo más justo y solidario. Se compartió la experiencia de participación ciudadana del Movimiento Popular de Pueblos y Colonias del Sur (Tlalpan, D. F.)[8], que nació de las CEB y se concibe como una lucha por “justicia y vida digna para todos”, y el testimonio de algunos de los habitantes de la Isla Centro de Tabasco, quienes se han organizado por defender su hábitat de los proyectos de Petróleos Mexicanos, al hacer exploraciones en el subsuelo con el fin de expandirse en la zona.

 Por consenso, en la línea de participación ciudadana, se perfilaron tres retos con sus respectivas estrategias proyectivas:

 

Reto:

 1) “Conocer más a la comunidad a nivel social, político y económico para hacer un proyecto autónomo (no partidista) que nos lleve a la acción venciendo el miedo y lograr una verdadera democracia”.

 Estrategias:

 a) “Convertirnos en promotores de organizaciones sociales a través de talleres de análisis de la realidad para tener una visión amplia y clara de las necesidades del pueblo para la construcción del Reino de Dios”.

 b) “Participar en organizaciones populares donde las haya y crearlas donde no las hay”.

c) “Que la secretaría nacional de las CEB haga uso de todos los recursos tecnológicos y sea el medio para mantenernos en comunicación e información permanente”.

 

Reto:

2) “Ser sujetos de nuestra historia para afrontar el proyecto neoliberal; saber interpretar los signos de los tiempos ayudados con la sagrada escritura, el magisterio de la Iglesia y las ciencias sociales”. 

Estrategias:

a) “Promover espacios de concientización de la gente para pasar de una conciencia superficial a una crítica”.

 b) “Traducir la conciencia a la organización y la movilización”.

 c) “Articular las redes de lucha desde lo local hasta globalizarse”.

 

Reto:

 3) “Desde las CEB crear y fortalecer las ONGs de manera articulada para acrecentar nuestra fuerza, unidad y organización”.

 Estrategias:

a) “Socializar las experiencias de organización popular y articularlas hasta lograr la realización de un encuentro nacional con representantes de luchas concretas para ayudarlas a mantener la mística”.

 b) “Hacer análisis de la realidad para formar las ONGs de acuerdo a las necesidades y así buscar el bien común”.

 c) “Capacitación con talleres, temas, estudio, conocer el directorio de ONGs avaladas, y formación sobre la mística de servicio de las CEB con un verdadero sentido cristiano, uniendo fe-vida”[9].

 

Pero… ¿Qué sucedió con el evaluar y celebrar del Encuentro?... Estuvieron inmersas en todo el proceso. Evaluaciones y celebraciones llenas de vida, pues se plantearon no sólo por la iluminación de los expositores, sino sobre todo por la dinámica de participación de base en cada uno de los núcleos. Aporte constante y comunicar desbordante. Todo era producción y fiesta. Por la realidad, pero también por la vida, por el simple hecho de estar reunidos. Liturgias donde se condensaba mediante símbolos la reflexión enriquecida de cada día. Liturgias que habrían asustado a más de uno, por la presencia, creación y conducción de los laicos. Comida, sabor, música y baile para manifestar la común unión que se respiraba en el ambiente y se proyectaba en el presente y el futuro.

 Al final, la despedida o tal vez el “hasta luego”. El compartir las conclusiones, hechas desde ese momento compromisos. Ver, pensar, actuar, evaluar y celebrar desde la comunicación, la base y la vida cotidiana, desde la “Iglesia sencilla, semilla del Reino; Iglesia bonita, corazón del Pueblo”[10]. Ahora sí la presencia de un obispo de León recién desempacado de Roma y con la noticia de ser el nuevo presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Un obispo en total arritmia con el Encuentro (debido a su ausencia, y tal vez a su falta de compromiso) y con la misma liturgia de clausura que hizo que se perdiera mucho de la preparación y el contenido. Unas palabras vacías: “las puertas y el corazón de la diócesis de León están abiertas a las CEB”. Pero también, y en respuesta, unas palabras fuertes y de compromiso, un Don Arturo Lona diciendo: “Hermano, me da mucho gusto escucharte, pero no sabes en la que te metiste, porque ahora perteneces a “los impuros”, “los leprosos”…” Y el total apoyo de los laicos con una sola demanda: ¡Queremos obispos al lado de los pobres!...

 

 

 

                                                                                          

[1] Palabras tomadas del título del libro del P. José Marins y Hna. Teolide Trevisan, ¿Iglesia bonita o realidad en camino?.

[2] En total 12 regiones, divididas según las características sociodemográficas del territorio mexicano.

[3] CEB, El aporte profético y solidario de las Comunidades Eclesiales de Base en la construcción del Reino. Temas de preparación para el XVII Encuentro Nacional de las CEB, México, 2004, p. 5.

[4] Me refiero a Mons. José Guadalupe Martín Rábago.

[5] A partir de este párrafo, las experiencias de análisis y reflexión giran en torno al núcleo 6, de “Participación Ciudadana”, pues la autora del presente artículo participó en este núcleo.

[6] Texto tomado del borrador de la Memoria del Núcleo 6 sobre “Participación Ciudadana”, XVII Encuentro Nacional de Comunidades Eclesiales de Base. Las posteriores notas corresponden a la misma fuente, por lo que es suficiente hacer sólo esta mención.

[7] En palabras de un sacerdote (P. Pancho de Saltillo),  participante de este encuentro en el núcleo 6, quien con cierto humor y contundencia dijo a los presentes, en su mayoría laicos, en este sentido: “Mándelos a la chingada”, para referirse al poco o nulo apoyo de los sacerdotes a las CEB.

[8] Para ampliar información de esta organización social, consultar la entrevista publicada en la revista Rebeldía, “San Pedro Mártir: lo que se logró luchando”, No 17, marzo de 2004, pp. 17-31. O bien, consultar el material de Experiencias, del XVII Encuentro Nacional de CEB, “Organización popular en San Pedro Mártir”, pp. 72-76.

[9] Cada uno de estos retos y estrategias, sobre todo de estos últimos, serán compartidos para crear un material conjunto del XVII Encuentro Nacional de CEB.

[10] “Iglesia sencilla”, cantor popular con el que se identifican las Comunidades Eclesiales de Base.