Historias en primera persona: aportes para la construcción de nuevas alternativas sociales

 Mario Rodríguez

 Córdoba, Argentina.

Septiembre de 2004

 

A modo de introducción:

 Una mirada hacia la situación de la Argentina de los 90, no es una simple y mera mirada, sobre todo si el protagonista de los hechos ha sido uno mismo.

La experiencia aquí contada nos lleva a pensar la realidad actual desde algunos límites, que tienen que ver con consideraciones ética que presuponen parámetros que intentan recuperar, a la vez, la corporalidad negada sobre la base de la dignidad y con honradez, presupuestos necesarios en toda acción que se precie de liberadora y a la vez crítica de estándares fijados por el sistema vigente. Por ello también a tratar de entender lo que aparece como si fuera necesario: hacer un parate en nuestras vidas y pensar sobre lo que estamos construyendo día a día, si es que hay algún valor, o como puede haberlo si lo que se aprende sobre la dignidad y esas cosas son importantes o contradictorias. Es por ello que creo vital replantearse con nuevos ojos la continuidad de esas formas de ver los hechos desde la más contradictoria situacionalidad.

Es intención, por lo tanto, en este trabajo mostrar desde otro lugar (nuestro lugar), la experiencia de vivir hechos que creo están cargados de descripciones, aunque también de pasiones encontradas, pero que sugieren un toque de atención sobre la mirada hacia la cotidianeidad que nos proyecta hacia nuevos horizontes de comprensión a los que queremos llegar.

He querido comenzar primeramente tratando de tirar de la punta de la madeja: si bien trato de mostrar la experiencia más importante, la comunitaria, no podría entenderse, sin lo previo que le anteceden. En él, se intenta mostrar cual fue la evolución de un proceso que se inicia en la fábrica. Toda la conciencia política y toda la madurez intelectual, así como la ingenuidad que se pueda encontrar a lo largo de este trabajo se deben al proceso de lucha que se inicia en FERROCARRILES ARGENTINOS, y la política llevada a cabo contra la misma, que fue el símbolo de la destrucción del Estado Argentino y de todo lo acaecido.

 

Trato de poner de manifiesto las consecuencias que pronosticábamos primeramente: el proceso de hiperdesocupación, así como las ideas que se proyectaban para las nuevas relaciones de producción en las empresas privadas, en especial FIAT, otro símbolo de la impunidad con que actuaron y actúan todos estos consorcios internacionales y sobre todo en la ingerencia en los asuntos de Estado. 

Por todo esto, y tras sufrir las consecuencias de despidos y manoseos sistemáticos, comienza a hacerse factible la necesidad de salir concretamente de la situación. Los eternos excluidos podíamos emprender algo propio, pero no con el ánimo de volver a incluirnos al sistema anterior, sino para no volver más. Esto implicaba un cambio de vida y estábamos convencidos, a medida que veíamos los resultados, que era posible. El riesgo era que en determinado momento volviéramos a  reproducir lo mismo de antes. Me parece interesante aportar a la reflexión sobre ese momento en particular, el trabajo con la gente y la nueva noción de solidaridad y de espíritu de lucha para salir adelante. Creo que fue una experiencia nueva, en tanto surgió pura y exclusivamente de nosotros, en un proceso de autrotransformación y reconocimiento de nuestras propias fuerzas.

Por todo ello considero esto un humilde aporte hacia la construcción de nuevas alternativas sociales.

 

1. Necesidad y resistencia

 “Sobre la marcha nos dimos cuenta que todos los jóvenes que estábamos presente en la sala éramos hijos de ferroviarios y es como que sentíamos la necesidad de defender con más intensidad el trabajo, puesto que de alguna manera había sido lo que mamamos de chicos, cuando nuestros viejos salían temprano a trabajar y pudieron criarnos”. Este era el sentimiento unánime de miles de trabajadores que en ese momento no podíamos inteligir la situación imperante en ese momento. Jamás habíamos vivido una situación similar (falta de presupuesto, traslado de los trabajos a empresas privadas, falta de repuestos para el mantenimiento), es decir todo un desabastecimiento provocado que preludiaba el justificativo de “necesidad de privatizar porque daba pérdidas la empresa”.

 De cualquier manera pudimos organizar un frente de lucha y resistencia dentro de los marcos permitidos y sobre todas las cosas comenzamos a aprender, es decir, nos dimos cuenta que era necesario ponerse a estudiar el origen del problema. Es así que nos llamamos en un primer momento Juventud ferroviaria y luego su núcleo se transformó en una agrupación con más carácter político.

El desarrollo teórico que pudimos tener pasaba por organizar en las asambleas lo que se llamó “orden del día” y se discutían diferentes temas y se conseguían diversos materiales de lectura como los convenios colectivos, la reglamentación del derecho de huelga, la ley de reforma del estado, etc.

Apareció en escena un nuevo actor, que siempre estaba en la sombra y que no advertimos en un primer momento la gran peligrosidad que tenía y que a mí me marcó para siempre: el “sindicato” o lo que empezamos a llamar, la “burocracia sindical”.

De una forma u otra nos comenzamos a juntar, sobre todo los más jóvenes. Hasta que decidimos que la lucha debía tener otro contenido y otro alcance. Se fueron sumando los demás compañeros. Ya todo iba en serio. Vimos la necesidad entonces de fundar una Agrupación con un fuerte contenido político sindical. Es decir, entramos en una maraña que no teníamos idea en que iba a terminar, pero que las intenciones, ante el peligro que se venía, eran buenas.

 El desmantelamiento paulatino de la empresa, causado por decisiones políticas al servicio de intereses competitivos con el sistema ferroviario, por aquellos que se han beneficiado como proveedores del ferrocarril y por licitaciones adjudicadas erróneamente a empresas privadas, es lo que ha sumido, entre otras cuestiones, en su actual estado de obsolescencia.

 Por otro lado, la transferencia a los privados, se pretendió justificar por la “ineficiencia” de las obras realizadas a cargo de la administración, como así también por la carencia de materiales, repuestos y herramientas en el área mecánica, que siendo real, fue siempre, y lo sigue siendo, consecuencia de las insuficientes y no prioritarias inversiones realizadas, y por los sobreprecios de que es víctima el ferrocarril y las demás empresas del Estado por las maniobras fraudulentas de funcionarios y empresarios.

 Estas insuficientes inversiones presupuestarias, por otra parte, siempre se encubrieron con el pretexto de que el Estado está totalmente vaciado o es mal administrador. Pero la realidad es que éste Estado está manejado directa o indirectamente por los capitales transnacionales bajo la tutela del F.M.I y la Banca Mundial, que se autofinanciaron transfiriendo capitales a las transnacionales y pagando los intereses de la deuda externa, entre otros factores.

El Estado manejado por la burguesía monopólica beneficia a éstas empresas privadas, en nombre del interés nacional con evasiones impositivas y de capitales, con sobreprecios en la venta al sector estatal, con diferentes subvenciones, etc. a la par que recarga con impuestos al consumo popular. La resistencia duró, con todo en contra (sindicato, Ministerio de Trabajo, justicia, cámara del fuero laboral, recursos de amparo, solidaridad interprovincial, etc., etc.), hasta cuando pudo: las consecuencias, el despido masivo.

 

2. Crisis y desocupación

A lo largo del país se puso en marcha el plan de privatizaciones (Decreto 666/89). Además se agregaron los retiros “voluntarios” que más que voluntarios fueron obligatorios. Se produjo un vaciamiento sistemático de todas las empresas del Estado, a su vez se ganó a la opinión pública y se pudo consensuar por parte del Estado de lo deficitario que eran las empresas y que comenzaba un nuevo panorama de “progreso y eficiencia en los servicios de la mano del neoliberalismo” imperante en el mundo. De la noche a la mañana pasamos de ser un país paria del Tercer Mundo a uno del Primer Mundo. Sólo el liberalismo político le podía dar al país lo que necesitaba en materia de justicia social y “genuino trabajo, trabajo productivo”.

Pero pronto pudimos comprobar que por supuesto no era así. Esto trajo aparejado miles de desocupados (entre ellos, nosotros), miles de jóvenes profesionales exiliados. La que era la clase media comenzaba a engrosar las villas. Se producía el fenómeno llamado de “los nuevos pobres”.

En el ámbito de lo laboral comenzaron a aparecer las “agencias de empleo”. Verdaderos garitos que contrataban las “nuevas” empresas para evitar todo tipo de molestias eventuales ocasionadas por el personal que se contrataba en forma provisoria, no más de tres meses.

Las agencias de empleo generalmente estaban manejadas por empresarios que estaban en connivencia con los gerentes de las empresas que efectuaban un depósito en el Ministerio de Trabajo para conseguir el aval del mismo e inmunidad para poner un local y avisos de evaluación de personal (jornaleros, por hora, eventuales, etc.) que se requería. Es decir se seleccionaba al que por menos dinero “decidía” trabajar, sin ningún seguro ni garantías de cobertura médica. Sólo se le daba la ropa que luego era descontada todos los meses de sus haberes.

Con estos sistemas de contrato de personal se violaban los convenios y el goce de un sueldo digno, puesto que al trabajar por menos no había derecho a reclamar porque por “propia voluntad” había aceptado trabajar; en fin, no teníamos derecho a nada. O lo tomábamos o lo dejábamos.

Las empresas privadas que se instalaron requirieron que las mismas empresas subsidiarias que trabajaban para ellos en sus países de origen también los acompañaran aquí, generando preocupación en la pequeña y mediana empresa local que estaban “esperanzadas” en trabajar para ellos, pero ante las exigencias en materia de tecnología que pretendía la gran empresa, las nuestras no podían competir. Muchas se cerraron a consecuencia de esto (PYMES).

Era sorprendente ver por primera vez a los empresarios que habían sido cómplices del Estado cuando en la década pasada no dudaron en echar al personal o denunciarlo ante la menor “anormalidad”, los veíamos llorar o mendigar un subsidio en el Banco de la Provincia, posteriormente saqueado por las prebendas del gobierno provincial de turno. Por ello muchos aparecieron de vacaciones en el Caribe o en Europa en lugar de invertir en maquinarias o trabajo genuino. Lamentablemente esa gente fue haciéndose una casta y tomando el control de los destinos de municipios, gobiernos y Estados al “servicio” de quienes venían a “invertir” en nombre del liberalismo reinante en el mundo.

 

3. Segunda década infame

Fue así que transcurrieron los primeros años de la década “infame” de los noventa. A todo esto se sumaba la instalación de los primeros hipermercados (CARREFOUR, LIBERTAD, DISCO, WAL MART, etc.) en zonas densamente pobladas con grandes carencias en materia de salarios, y por lo tanto de capacidad de consumo. Lo que hicieron fue establecerse y generar en el pequeño almacenero perjuicio de tal magnitud (venta de productos a un muy bajo precio, sorteos y regalos a quien comprara más, etc.) que muchos tuvieron que cerrar, quedando también en la calle. Fue impresionante la manera como se manejaban a nivel de, lo que se podría llamar, control ideológico: “compre más y mejor a un muy bajo costo”.

La empresa FIAT fue un caso muy particular porque se habían instalado luego de un conflicto generado en la empresa que compró (CORMEC), que a su vez fue del GRUPO MACRI. Conflicto generado por ellos mismos para justificar el despido de personal. Una de las condiciones de la instalación era conservar el menor personal posible, para inaugurar los nuevos sistemas de trabajo: los trabajos en grupo. Porque se cree que la autonomía de los grupos es considerablemente mayor.

En las circunstancias de enorme desempleo, todo el planteo de las empresas tropieza con el desencanto de sectores de obreros que ven en el perfeccionamiento también el incremento de los esfuerzos físicos y la tensión psíquica, lo falso, mezquino y egoísta de los mandatos que parecían divinos dentro de las empresas, en particular FIAT.

En realidad lo que surge no es más que ilusión de creación colectiva al tomar las decisiones de dirección. En las firmas y compañías industriales, así como en las instituciones estatales, funciona una estructura jerárquica de dirección, detallada y rigurosamente elaborada, donde el poder absoluto sólo es adornado con diversas formas de “participación”y un clima artificialmente creado de acciones colectivas.

Hay que agregar a estos datos, la aparición de la forma de “tercerización” dentro de lo que ellos llamaban externalización; que era, contratar los servicios de otras empresas pequeñas para realizar trabajos menores (mantenimiento), reduciendo la plantilla de personal contratados en principio por la empresa madre, pero que ya no lo tenía que hacer más. Mientras más reducida mejor. Palabras como feed-back y Just in time marcaban el rumbo hacia un modelo de despojo de fuerza de trabajo que debía “adaptarse” a cualquier precio. Una nueva forma de socialización del medio de producción.

Hay que destacar la afiliación compulsiva a las denominadas AFJP (Administradoras de fondos de pensión), puesto que el Estado con su sistema de reparto había dado un paso al costado, y con el guiño cómplice de los sindicatos, ya habían surgido las consabidas divisiones dentro del campo sindical (CTA, MTA, CGT), que por aquel momento también habían formado administradoras (el caso muy conocido de SMATA, COMERCIO, LUZ Y FUERZA, EMPLEADOS PÚBLICOS, etc.)

 

4. Nuevos pobres

Comenzaron los despidos masivos (con condiciones especiales: sin antigüedad y sin indemnización) en FIAT, del personal considerado viejo, quedando el eterno contratado y domesticado, ajustado, sordo, ciego y mudo.

Muchos al no recibir la correspondiente indemnización y al no poder pagar el alquiler de sus viviendas o los impuestos, fueron engrosando los barrios considerados “marginales”, inaugurando así lo que se denominó la clase de “los nuevos pobres”. Aquellos que habían tenido un trabajo medianamente estable y hoy ingresaban a condiciones de pauperización creciente debido al desempleo que iba cada vez más en aumento, sobre todo en 1993.

Si bien el crecimiento de la desocupación es un fenómeno que adquiere a partir de los ochenta alcance mundial, como forma de resolución de la crisis que sufre para entonces el mercado mundial, y que supera en magnitud al que se produce como salida de la crisis de 1929, en Argentina se manifiesta con particular fuerza registrando uno de los valores más altos en los noventa.

Es a partir de la aplicación del plan de convertibilidad cambiaria en 1991, y en el marco de un crecimiento considerable de la productividad industrial acompañado de la persistente caída de los salarios, que se produce el estallido de la denominada "crisis de la desocupación", crisis que alcanza –como ya dijimos- su récord histórico en 1993, continúa superándose hasta mayo de 1995 y se mantiene hasta la actualidad en valores superiores al doble del registrado al inicio del plan.

Pero un informe del Ministerio de Trabajo del mes de diciembre 1996 muestra que en el período diciembre 1995/diciembre 1996 se produjo un descenso del 5,6% en el empleo formal permanente, mientras que aumentó en un 286,5% el uso de contratos por período de prueba y en un 78,9% el uso de contratos de modalidades promovidas (bajo costo laboral). Se desprende que el crecimiento del nivel general de empleo en ese período, que fue del 1,2%, se debió básicamente a los contratos temporales.

La utilización por parte de los empresarios de este tipo de contrato para “abaratar el costo” laboral produce una alta rotación de personal ya que éstos no se efectivizan sino que se renueva continuamente al trabajador.

A la vez, se difunden con un carácter casi paradigmático los convenios “altamente flexibilizados” que acuerdan grandes empresas automotrices (MAZDA-GENERAL MOTORS, TOYOTA, CHRYSLER Y FIAT) para los empleados que incorporan a sus nuevas plantas y que suponen, entre otras, las siguientes condiciones de trabajo: polivalencia, flexibilidad horaria, jornada de trabajo elástica, remuneraciones sujetas a productividad (del equipo o “célula” de trabajo), vacaciones fraccionadas, etc.

 

5. Hacia una nueva situación

Debido a la gran decepción generada por la situación anteriormente descripta, a la preocupación y en parte a la desesperación de poder por lo menos subsistir, es como fuimos comenzando a pensar otra manera de trabajar, otra manera de intentar salir del estado en el que estábamos.

Como dijimos, muchos trabajadores fuimos engrosando “sin querer” las filas de los nuevos pobres y poblando los barrios denominados “marginales”. Pronto se observó que dentro del mismo había maneras particulares de “manejar situaciones políticas” que lo invadían todo. Por ejemplo, aquí también existía el puntero político del gobierno de turno, el que prometía viviendas, trabajo, entregaba bolsones de alimentos, el que organizaba mitines políticos y llevaba a la gente a votar en pos de una promesa de mejores condiciones materiales de vida, etc. y existía también la otra forma extrema opuesta a la anterior, manejada generalmente por los partidos de izquierda, que juntaban a la gente para cortar la ruta o pararse delante de un supermercado para pedir alimentos y apretarlos o en el peor de los casos para robarlos.

De modo que este era el panorama general con el que nos encontramos en un primer momento. Debíamos, como integrantes del barrio, participar en todas las “asambleas” que se realizaban y se decidía que hacer. Las propuestas iban desde “el apriete al puntero” para que entregue en tiempo y forma la mercadería, hasta la participación en el pedir alimentos al supermercado. Generalmente ganaba la última propuesta, que era la propuesta de los partidos de izquierda cuyos dirigentes cada vez que estallaba en la calle el conflicto con la policía, no aparecían por ningún lado.

El grado de insatisfacción nuestra y de algunas de las familias del barrio era creciente. Así que decidimos no participar más en las asambleas. Lo que motivó el desprecio de algunos sectores radicalizados, que curiosamente en cada asamblea eran los más “democráticos y pluralistas”. Pero lo importante que fue creciendo la idea de emprender un proyecto propio de ponernos a trabajar. Claro que todo eso era utópico en un principio, puesto que no teníamos dinero ni capacidad logística para llevarlo a cabo. Solo era un sueño.

 

6. Conciencia y organización

Comenzamos de esta manera a creer que la mejor forma de organización debía ser lo más democrática posible, es decir, comenzamos por el medio de producción a hacerlo con control social de lo que se producía. Tan pronto como se iban incorporando las familias que decidían ser parte de esta “comunidad”, elegían a una persona de la familia para que participara en el trabajo de la panadería. Esa era la condición. Se debía colaborar en algo.

Pronto fuimos comprendiendo que lo que se estaba creando eran vínculos humanos que iban más allá de lo meramente material de subsistencia. Las nuevas relaciones comenzaron a darnos la visión de que aún más cosas eran posibles. Se debía extender el trabajo a las personas en situaciones de alcoholismo, drogas, delincuencia, problemas de madres solteras, madres abandonadas, hijos abandonados, ancianos sumamente enfermos, no había medicamentos ni siquiera entraba una ambulancia, casas en muy mal estado, desnutrición, no había posibilidad de atender a las parturientas, así que generalmente se recurría a los vecinos o a nosotros para asistir el parto, no se podía ir al cementerio a enterrar a los muertos, sino que se improvisaba un campo santo hacia los fondos del barrio, etc. La situación era más compleja de lo que suponíamos.

Luego de consolidar los grupos (panadería, huerta y comedor) de trabajo, se decidió organizar de una manera democrática las asambleas. Se llevarían a cabo todos los meses las asambleas chicas (por grupos), mientras que las asambleas grandes (toda la comunidad) trimestralmente. En las mismas se consideraban una gran variedad de temas, desde los más “simples”a los más “complejos” (problemas políticos generalmente). En las asambleas se designaban los responsables de la venta y compra de los productos a si como quien administraba el dinero semanalmente. Todo debería quedar asentado de un informe diario que se llevaba con gran recelo, puesto que la “recaudación” debería servir para la compra de otras cosas urgentes, por ejemplo, medicamentos.

A medida que comprendíamos las necesidades de la comunidad, fuimos pensando seriamente en cuales debían ser las cosas que teníamos que ordenar:

Primero era necesario hacer una planificación para la compra de los insumos (harina, grasa, levadura, etc.), poniendo atención en como se movía el “mercado”, es decir, cuales eran las condiciones de posibilidad, de comprar más barato en los molinos harineros de la zona. Estar atento al precio de la harina a nivel nacional o cuál era el movimiento que se registraba incluso, aunque como un dato solamente, el precio internacional. Cuáles eran las empresas que producían harina y en qué condiciones, qué precios manejaban, cuándo, en qué temporada, con qué trabajaban y con quienes hacían negocios

 

7. Educación popular

Si bien todo el proyecto hasta ese momento consistía en tratar de satisfacer las necesidades materiales básicas poniendo al trabajo como primer motor de la recuperación social, también nos movilizó a comienzos del 2000  la idea de tratar de paliar las carencias en materia de educación, es decir, hacer lo que se pueda, desde el punto de vista teórico, para consolidar el proyecto autónomo-material que emprendimos, por un lado, y por el otro, comenzar a recuperar el sentido valorativo-humano que las mismas personas de la comunidad demandaban. Sobre todo centramos la atención en el sector más vulnerable (el de los niños). En determinado momento consideramos si era necesario que algunos de los integrantes de la comunidad fueran a la Universidad o terminar los estudios secundarios, para luego volcar los conocimientos en la comunidad, o, era importante potenciar la transmisión de los conocimientos oralmente por cualquier integrante que desee hacerlo. Resolvimos a través de asambleas convocadas para tal fin, que de ambos lados era positivo, pero sobre todo se debía tener en cuenta el esfuerzo que se originaba en los integrantes que decidían concurrir a la Universidad, puesto que después se debía hacer una especie de “depuración” para que lo que se aprendía fuera aplicado a la problemática social que se vivía. Es decir, había todo un ambiente de desconfianza. Mientras tanto se formó una brigada integrada por las personas que realizarían ese trabajo para tomar datos en la comunidad de todas las condiciones generales en la cual se aplicaría dicho plan para así saber cómo se arranca o cuáles son las necesidades más urgentes en materias educativas.

En primer lugar se convino que las áreas debían profundizar el conocimiento en la calidad del servicio educativo recibido en la escuela pública normal, en la cual, nos dimos cuenta, muy pocos concurrían. El índice de analfabetismo era sorprendente. Había otras vivencias sociales “extremas” de los pibes mucho más enriquecedoras que lo que recibían en la escuela. Por otro lado, como esas escuelas tenían comedores, los padres veían la necesidad de mandar a sus hijos a la escuela a comer más que a educarse. Pero como esa necesidad (comer) se estaba solucionando en la comunidad, las necesidades de los chicos ya eran otras. Muchos, incluso, querían colaborar en el trabajo de panadería que realizábamos. De todas maneras se extendió la visión educativa a los demás integrantes de la comunidad, es decir, a todas las personas que deseaban adquirir conocimientos en materia de cálculos de peso de la harina, cuentas, administración de la materia prima, inventarios, etc. Todo esto nos llevó a conocer más y mejor a la gente, porque ya vivíamos sus problemas (que eran los nuestros) de una manera muy especial. De ellos debía salir la nueva sociedad, la nueva educación. De ellos salía la importancia de los otros, como vecinos, compañeros, la solidaridad, la tolerancia. Es decir, ellos iban construyendo nuevas relaciones sociales libres de todo interés. Solo había que entender que todo lo que hagamos con la educación debía pasar irremediablemente por esas condiciones, descubiertas sobre la marcha de este proceso. Es más, los educadores eran los que estaban siendo educados. Había una concepción totalmente diferente de lo que es la educación “oficial” y lo que era la “enseñanza comunitaria”, por parte nuestra.

Como segundo momento muy importante que vivimos fue la necesidad fuerte de un grupo de chicos de que los ayudáramos a salir de la fana (droga). Esto era un flagelo. Nos explicaban que eso les ayudaba a salir de una situación asqueante de la vida que llevaban todos los días; siempre nos contaban que antes de realizar este trabajo en comunidad, tuvieron que salir a juntar basura para vender y poder vivir. Hoy a eso no lo tenían que hacer, había contención en la comunidad o en los grupos que formamos para que todas estas  situaciones se fueran abriendo. Hubo una gran apertura de los jóvenes en el grupo y comprendían que juntos, entre todos, íbamos a salir adelante.

Con el tiempo fuimos elaborando un programa que debía representar la comunidad desde adentro. Se vivían los problemas de una manera que hacía viva la educación. Poníamos siempre a cada paso, al hombre como centro de todas las cosas. No se podía dar otro paso más allá, la situación así lo exigía. Era interesante ver como cada uno de los chicos fue buscando la forma de hacer  de esto y de su vida algo útil. Empezaban a preocuparse por trabajar, por ayudar, por tratar de acercar a sus padres “separados”, ayudar a su hermanitos y amigos, etc. Se fue dando una situación especial de proximidad que debía desembocar inevitablemente en algo bueno. Sólo tratábamos de darle a esto un sentido que nunca había tenido. Es posible decir desde ahora que se puede generar espacios para que la gente se encuentre y pueda volcar su saber en cosas positivas.

Es por ello que una iniciativa de “educación popular”, simplemente debe situarse dentro de las perspectivas de largo plazo del movimiento social de las clases postergadas.

    A eso había que entenderlo: Siempre partimos con una correlación de fuerzas en desventaja. No es cuestión de números sino de cómo nos vamos formando sobre la marcha del proceso social. Nuestro pueblo debe hacer experiencias de autoabastecimiento, de autoeducación, de ir realizando la vida al margen de los dictados de las clases que nos postergan. Todo eso conveníamos en las asambleas de la comunidad.

 

Conclusión:

No podrá permanecer por mucho tiempo un sistema que niega la vida humana como su principio de subsistencia. Es por ello que le es difícil a otras organizaciones del campo popular aceptar este proceso (que no es perfecto) porque el centro siempre para nosotros va a estar dado por el hombre. Al hombre no se lo usa, porque se lo termina negando, se lo aniquila en sus propias necesidades, a veces es mas nocivo el remedio que estas organizaciones proponen, que la enfermedad. Las organizaciones que comenzaron con un gran impulso, reivindicando lo que consideramos todos, lo justo; muchos terminaron colocando a sus dirigentes en la Cámara de diputados o en el Consejo Deliberante trabajando para el gobierno de turno. Por eso es que creemos que hay que tener cuidado con cómo llevar adelante un proceso de trabajo comunitario. Hay que tener en cuenta que toda esta gente, incluida nosotros, viene de experiencias frustrantes, desocupación, marginalidad, lugares en donde la vida no vale nada, para algunos (los “irrecuperables”) que roban por un par de zapatillas al vecino, no solo hay que entenderlos sino recuperarlos, y recuperarnos en nuestras concepciones, ese es el gran desafío. En estos lugares hace crisis la idea de patria y nación, cuando esto no se transforma en un plato de comida. Todo eso se debe considerar; todo esto se debe rescatar. Pero se debe tener en cuenta que no le estamos solucionando el problema de la miseria al gobierno de turno, como muchos crean, y está bien que lo crean así, nos dan más margen de maniobras, sino que se ve en estos procesos comunitarios la real aparición del rostro del otro como vital y necesario ante todo, ante la comercialización capitalista de la solidaridad y la honradez. Rescatar esas categorías y esos instantes son el a priori de un proyecto de liberación social. Es por ello, que retomar estos temas es la idea para que aporte a la construcción de nuevas alternativas sociales en nuestra América.

Por todo ello, consideramos que hay otros principios, y otros valores, demostrados a lo largo de este escrito que siempre sobrevivirán, a eso apostamos: la dignidad de la vida misma.