Trato de poner de manifiesto las consecuencias que
pronosticábamos primeramente: el proceso de hiperdesocupación, así como
las ideas que se proyectaban para las nuevas relaciones de producción en
las empresas privadas, en especial FIAT, otro símbolo de la impunidad con
que actuaron y actúan todos estos consorcios internacionales y sobre todo
en la ingerencia en los asuntos de Estado.
Por todo esto, y tras sufrir las consecuencias de
despidos y manoseos sistemáticos, comienza a hacerse factible la necesidad
de salir concretamente de la situación. Los eternos excluidos podíamos
emprender algo propio, pero no con el ánimo de volver a incluirnos al
sistema anterior, sino para no volver más. Esto implicaba un cambio de
vida y estábamos convencidos, a medida que veíamos los resultados, que era
posible. El riesgo era que en determinado momento volviéramos a
reproducir lo mismo de antes. Me parece interesante aportar a la reflexión
sobre ese momento en particular, el trabajo con la gente y la nueva noción
de solidaridad y de espíritu de lucha para salir adelante. Creo que fue
una experiencia nueva, en tanto surgió pura y exclusivamente de nosotros,
en un proceso de autrotransformación y reconocimiento de nuestras propias
fuerzas.
Por todo ello considero esto un humilde aporte hacia la
construcción de nuevas alternativas sociales.
1. Necesidad y resistencia
“Sobre la marcha nos dimos cuenta que todos los jóvenes
que estábamos presente en la sala éramos hijos de ferroviarios y es como
que sentíamos la necesidad de defender con más intensidad el trabajo,
puesto que de alguna manera había sido lo que mamamos de chicos, cuando
nuestros viejos salían temprano a trabajar y pudieron criarnos”. Este era
el sentimiento unánime de miles de trabajadores que en ese momento no
podíamos inteligir la situación imperante en ese momento. Jamás habíamos
vivido una situación similar (falta de presupuesto, traslado de los
trabajos a empresas privadas, falta de repuestos para el mantenimiento),
es decir todo un desabastecimiento provocado que preludiaba el
justificativo de “necesidad de privatizar porque daba pérdidas la
empresa”.
De cualquier manera pudimos organizar un frente de
lucha y resistencia dentro de los marcos permitidos y sobre todas las
cosas comenzamos a aprender, es decir, nos dimos cuenta que era necesario
ponerse a estudiar el origen del problema. Es así que nos llamamos en un
primer momento Juventud ferroviaria y luego su núcleo se transformó en una
agrupación con más carácter político.
El desarrollo teórico que pudimos tener pasaba por
organizar en las asambleas lo que se llamó “orden del día” y se discutían
diferentes temas y se conseguían diversos materiales de lectura como los
convenios colectivos, la reglamentación del derecho de huelga, la ley de
reforma del estado, etc.
Apareció en escena un nuevo actor, que siempre estaba
en la sombra y que no advertimos en un primer momento la gran peligrosidad
que tenía y que a mí me marcó para siempre: el “sindicato” o lo que
empezamos a llamar, la “burocracia sindical”.
De una forma u otra nos comenzamos a juntar, sobre todo
los más jóvenes. Hasta que decidimos que la lucha debía tener otro
contenido y otro alcance. Se fueron sumando los demás compañeros. Ya todo
iba en serio. Vimos la necesidad entonces de fundar una Agrupación con un
fuerte contenido político sindical. Es decir, entramos en una maraña que
no teníamos idea en que iba a terminar, pero que las intenciones, ante el
peligro que se venía, eran buenas.
El desmantelamiento paulatino de la empresa, causado
por decisiones políticas al servicio de intereses competitivos con el
sistema ferroviario, por aquellos que se han beneficiado como proveedores
del ferrocarril y por licitaciones adjudicadas erróneamente a empresas
privadas, es lo que ha sumido, entre otras cuestiones, en su actual estado
de obsolescencia.
Por otro lado, la transferencia a los privados, se
pretendió justificar por la “ineficiencia” de las obras realizadas a cargo
de la administración, como así también por la carencia de materiales,
repuestos y herramientas en el área mecánica, que siendo real, fue
siempre, y lo sigue siendo, consecuencia de las insuficientes y no
prioritarias inversiones realizadas, y por los sobreprecios de que es
víctima el ferrocarril y las demás empresas del Estado por las maniobras
fraudulentas de funcionarios y empresarios.
Estas insuficientes inversiones presupuestarias, por
otra parte, siempre se encubrieron con el pretexto de que el Estado está
totalmente vaciado o es mal administrador. Pero la realidad es que éste
Estado está manejado directa o indirectamente por los capitales
transnacionales bajo la tutela del F.M.I y la Banca Mundial, que se
autofinanciaron transfiriendo capitales a las transnacionales y pagando
los intereses de la deuda externa, entre otros factores.
El Estado manejado por la burguesía monopólica
beneficia a éstas empresas privadas, en nombre del interés nacional con
evasiones impositivas y de capitales, con sobreprecios en la venta al
sector estatal, con diferentes subvenciones, etc. a la par que recarga con
impuestos al consumo popular. La resistencia duró, con todo en contra
(sindicato, Ministerio de Trabajo, justicia, cámara del fuero laboral,
recursos de amparo, solidaridad interprovincial, etc., etc.), hasta cuando
pudo: las consecuencias, el despido masivo.
2. Crisis y desocupación
A lo largo del país se puso en marcha el plan de
privatizaciones (Decreto 666/89). Además se agregaron los retiros
“voluntarios” que más que voluntarios fueron obligatorios. Se produjo un
vaciamiento sistemático de todas las empresas del Estado, a su vez se ganó
a la opinión pública y se pudo consensuar por parte del Estado de lo
deficitario que eran las empresas y que comenzaba un nuevo panorama de
“progreso y eficiencia en los servicios de la mano del neoliberalismo”
imperante en el mundo. De la noche a la mañana pasamos de ser un país
paria del Tercer Mundo a uno del Primer Mundo. Sólo el liberalismo
político le podía dar al país lo que necesitaba en materia de justicia
social y “genuino trabajo, trabajo productivo”.
Pero pronto pudimos comprobar que por supuesto no era
así. Esto trajo aparejado miles de desocupados (entre ellos, nosotros),
miles de jóvenes profesionales exiliados. La que era la clase media
comenzaba a engrosar las villas. Se producía el fenómeno llamado de “los
nuevos pobres”.
En el ámbito de lo laboral comenzaron a aparecer las
“agencias de empleo”. Verdaderos garitos que contrataban las “nuevas”
empresas para evitar todo tipo de molestias eventuales ocasionadas por el
personal que se contrataba en forma provisoria, no más de tres meses.
Las agencias de empleo generalmente estaban manejadas
por empresarios que estaban en connivencia con los gerentes de las
empresas que efectuaban un depósito en el Ministerio de Trabajo para
conseguir el aval del mismo e inmunidad para poner un local y avisos de
evaluación de personal (jornaleros, por hora, eventuales, etc.) que se
requería. Es decir se seleccionaba al que por menos dinero “decidía”
trabajar, sin ningún seguro ni garantías de cobertura médica. Sólo se le
daba la ropa que luego era descontada todos los meses de sus haberes.
Con estos sistemas de contrato de personal se violaban
los convenios y el goce de un sueldo digno, puesto que al trabajar por
menos no había derecho a reclamar porque por “propia voluntad” había
aceptado trabajar; en fin, no teníamos derecho a nada. O lo tomábamos o lo
dejábamos.
Las empresas privadas que se instalaron requirieron que
las mismas empresas subsidiarias que trabajaban para ellos en sus países
de origen también los acompañaran aquí, generando preocupación en la
pequeña y mediana empresa local que estaban “esperanzadas” en trabajar
para ellos, pero ante las exigencias en materia de tecnología que
pretendía la gran empresa, las nuestras no podían competir. Muchas se
cerraron a consecuencia de esto (PYMES).
Era sorprendente ver por primera vez a los empresarios
que habían sido cómplices del Estado cuando en la década pasada no dudaron
en echar al personal o denunciarlo ante la menor “anormalidad”, los
veíamos llorar o mendigar un subsidio en el Banco de la Provincia,
posteriormente saqueado por las prebendas del gobierno provincial de
turno. Por ello muchos aparecieron de vacaciones en el Caribe o en Europa
en lugar de invertir en maquinarias o trabajo genuino. Lamentablemente esa
gente fue haciéndose una casta y tomando el control de los destinos de
municipios, gobiernos y Estados al “servicio” de quienes venían a
“invertir” en nombre del liberalismo reinante en el mundo.
3. Segunda década infame
Fue así que transcurrieron los primeros años de la
década “infame” de los noventa. A todo esto se sumaba la instalación de
los primeros hipermercados (CARREFOUR, LIBERTAD, DISCO, WAL MART, etc.) en
zonas densamente pobladas con grandes carencias en materia de salarios, y
por lo tanto de capacidad de consumo. Lo que hicieron fue establecerse y
generar en el pequeño almacenero perjuicio de tal magnitud (venta de
productos a un muy bajo precio, sorteos y regalos a quien comprara más,
etc.) que muchos tuvieron que cerrar, quedando también en la calle. Fue
impresionante la manera como se manejaban a nivel de, lo que se podría
llamar, control ideológico: “compre más y mejor a un muy bajo costo”.
La empresa FIAT fue un caso muy particular porque se
habían instalado luego de un conflicto generado en la empresa que compró (CORMEC),
que a su vez fue del GRUPO MACRI. Conflicto generado por ellos mismos para
justificar el despido de personal. Una de las condiciones de la
instalación era conservar el menor personal posible, para inaugurar los
nuevos sistemas de trabajo: los trabajos en grupo. Porque se cree que la
autonomía de los grupos es considerablemente mayor.
En las circunstancias de enorme desempleo, todo el
planteo de las empresas tropieza con el desencanto de sectores de obreros
que ven en el perfeccionamiento también el incremento de los esfuerzos
físicos y la tensión psíquica, lo falso, mezquino y egoísta de los
mandatos que parecían divinos dentro de las empresas, en particular FIAT.
En realidad lo que surge no es más que ilusión de
creación colectiva al tomar las decisiones de dirección. En las firmas y
compañías industriales, así como en las instituciones estatales, funciona
una estructura jerárquica de dirección, detallada y rigurosamente
elaborada, donde el poder absoluto sólo es adornado con diversas formas de
“participación”y un clima artificialmente creado de acciones colectivas.
Hay que agregar a estos datos, la aparición de la forma
de “tercerización” dentro de lo que ellos llamaban externalización; que
era, contratar los servicios de otras empresas pequeñas para realizar
trabajos menores (mantenimiento), reduciendo la plantilla de personal
contratados en principio por la empresa madre, pero que ya no lo tenía que
hacer más. Mientras más reducida mejor. Palabras como feed-back y Just in
time marcaban el rumbo hacia un modelo de despojo de fuerza de trabajo que
debía “adaptarse” a cualquier precio. Una nueva forma de socialización del
medio de producción.
Hay que destacar la afiliación compulsiva a las
denominadas AFJP (Administradoras de fondos de pensión), puesto que el
Estado con su sistema de reparto había dado un paso al costado, y con el
guiño cómplice de los sindicatos, ya habían surgido las consabidas
divisiones dentro del campo sindical (CTA, MTA, CGT), que por aquel
momento también habían formado administradoras (el caso muy conocido de
SMATA, COMERCIO, LUZ Y FUERZA, EMPLEADOS PÚBLICOS, etc.)
4. Nuevos pobres
Comenzaron los despidos masivos (con condiciones
especiales: sin antigüedad y sin indemnización) en FIAT, del personal
considerado viejo, quedando el eterno contratado y domesticado, ajustado,
sordo, ciego y mudo.
Muchos al no recibir la correspondiente indemnización y
al no poder pagar el alquiler de sus viviendas o los impuestos, fueron
engrosando los barrios considerados “marginales”, inaugurando así lo que
se denominó la clase de “los nuevos pobres”. Aquellos que habían tenido un
trabajo medianamente estable y hoy ingresaban a condiciones de
pauperización creciente debido al desempleo que iba cada vez más en
aumento, sobre todo en 1993.
Si bien el crecimiento de la desocupación es un
fenómeno que adquiere a partir de los ochenta alcance mundial, como forma
de resolución de la crisis que sufre para entonces el mercado mundial, y
que supera en magnitud al que se produce como salida de la crisis de 1929,
en Argentina se manifiesta con particular fuerza registrando uno de los
valores más altos en los noventa.
Es a partir de la aplicación del plan de
convertibilidad cambiaria en 1991, y en el marco de un crecimiento
considerable de la productividad industrial acompañado de la persistente
caída de los salarios, que se produce el estallido de la denominada
"crisis de la desocupación", crisis que alcanza –como ya dijimos- su
récord histórico en 1993, continúa superándose hasta mayo de 1995 y se
mantiene hasta la actualidad en valores superiores al doble del registrado
al inicio del plan.
Pero un informe del Ministerio de Trabajo del mes de
diciembre 1996 muestra que en el período diciembre 1995/diciembre 1996 se
produjo un descenso del 5,6% en el empleo formal permanente, mientras que
aumentó en un 286,5% el uso de contratos por período de prueba y en un
78,9% el uso de contratos de modalidades promovidas (bajo costo laboral).
Se desprende que el crecimiento del nivel general de empleo en ese
período, que fue del 1,2%, se debió básicamente a los contratos
temporales.
La utilización por parte de los empresarios de este
tipo de contrato para “abaratar el costo” laboral produce una alta
rotación de personal ya que éstos no se efectivizan sino que se renueva
continuamente al trabajador.
A la vez, se difunden con un carácter casi
paradigmático los convenios “altamente flexibilizados” que acuerdan
grandes empresas automotrices (MAZDA-GENERAL MOTORS, TOYOTA, CHRYSLER Y
FIAT) para los empleados que incorporan a sus nuevas plantas y que
suponen, entre otras, las siguientes condiciones de trabajo: polivalencia,
flexibilidad horaria, jornada de trabajo elástica, remuneraciones sujetas
a productividad (del equipo o “célula” de trabajo), vacaciones
fraccionadas, etc.
5. Hacia una nueva situación
Debido a la gran decepción generada por la situación
anteriormente descripta, a la preocupación y en parte a la desesperación
de poder por lo menos subsistir, es como fuimos comenzando a pensar otra
manera de trabajar, otra manera de intentar salir del estado en el que
estábamos.
Como dijimos, muchos trabajadores fuimos engrosando
“sin querer” las filas de los nuevos pobres y poblando los barrios
denominados “marginales”. Pronto se observó que dentro del mismo había
maneras particulares de “manejar situaciones políticas” que lo invadían
todo. Por ejemplo, aquí también existía el puntero político del gobierno
de turno, el que prometía viviendas, trabajo, entregaba bolsones de
alimentos, el que organizaba mitines políticos y llevaba a la gente a
votar en pos de una promesa de mejores condiciones materiales de vida,
etc. y existía también la otra forma extrema opuesta a la anterior,
manejada generalmente por los partidos de izquierda, que juntaban a la
gente para cortar la ruta o pararse delante de un supermercado para pedir
alimentos y apretarlos o en el peor de los casos para robarlos.
De modo que este era el panorama general con el que nos
encontramos en un primer momento. Debíamos, como integrantes del barrio,
participar en todas las “asambleas” que se realizaban y se decidía que
hacer. Las propuestas iban desde “el apriete al puntero” para que entregue
en tiempo y forma la mercadería, hasta la participación en el pedir
alimentos al supermercado. Generalmente ganaba la última propuesta, que
era la propuesta de los partidos de izquierda cuyos dirigentes cada vez
que estallaba en la calle el conflicto con la policía, no aparecían por
ningún lado.
El grado de insatisfacción nuestra y de algunas de las
familias del barrio era creciente. Así que decidimos no participar más en
las asambleas. Lo que motivó el desprecio de algunos sectores
radicalizados, que curiosamente en cada asamblea eran los más
“democráticos y pluralistas”. Pero lo importante que fue creciendo la idea
de emprender un proyecto propio de ponernos a trabajar. Claro que todo eso
era utópico en un principio, puesto que no teníamos dinero ni capacidad
logística para llevarlo a cabo. Solo era un sueño.
6. Conciencia y organización
Comenzamos de esta manera a creer que la mejor forma de
organización debía ser lo más democrática posible, es decir, comenzamos
por el medio de producción a hacerlo con control social de lo que se
producía. Tan pronto como se iban incorporando las familias que decidían
ser parte de esta “comunidad”, elegían a una persona de la familia para
que participara en el trabajo de la panadería. Esa era la condición. Se
debía colaborar en algo.
Pronto fuimos comprendiendo que lo que se estaba
creando eran vínculos humanos que iban más allá de lo meramente material
de subsistencia. Las nuevas relaciones comenzaron a darnos la visión de
que aún más cosas eran posibles. Se debía extender el trabajo a las
personas en situaciones de alcoholismo, drogas, delincuencia, problemas de
madres solteras, madres abandonadas, hijos abandonados, ancianos sumamente
enfermos, no había medicamentos ni siquiera entraba una ambulancia, casas
en muy mal estado, desnutrición, no había posibilidad de atender a las
parturientas, así que generalmente se recurría a los vecinos o a nosotros
para asistir el parto, no se podía ir al cementerio a enterrar a los
muertos, sino que se improvisaba un campo santo hacia los fondos del
barrio, etc. La situación era más compleja de lo que suponíamos.
Luego de consolidar los grupos (panadería, huerta y
comedor) de trabajo, se decidió organizar de una manera democrática las
asambleas. Se llevarían a cabo todos los meses las asambleas chicas (por
grupos), mientras que las asambleas grandes (toda la comunidad)
trimestralmente. En las mismas se consideraban una gran variedad de temas,
desde los más “simples”a los más “complejos” (problemas políticos
generalmente). En las asambleas se designaban los responsables de la venta
y compra de los productos a si como quien administraba el dinero
semanalmente. Todo debería quedar asentado de un informe diario que se
llevaba con gran recelo, puesto que la “recaudación” debería servir para
la compra de otras cosas urgentes, por ejemplo, medicamentos.
A medida que comprendíamos las necesidades de la
comunidad, fuimos pensando seriamente en cuales debían ser las cosas que
teníamos que ordenar:
Primero era necesario hacer una planificación para la
compra de los insumos (harina, grasa, levadura, etc.), poniendo atención
en como se movía el “mercado”, es decir, cuales eran las condiciones de
posibilidad, de comprar más barato en los molinos harineros de la zona.
Estar atento al precio de la harina a nivel nacional o cuál era el
movimiento que se registraba incluso, aunque como un dato solamente, el
precio internacional. Cuáles eran las empresas que producían harina y en
qué condiciones, qué precios manejaban, cuándo, en qué temporada, con qué
trabajaban y con quienes hacían negocios
7. Educación popular
Si bien todo el proyecto hasta ese momento consistía en
tratar de satisfacer las necesidades materiales básicas poniendo al
trabajo como primer motor de la recuperación social, también nos movilizó
a comienzos del 2000 la idea de tratar de paliar las carencias en materia
de educación, es decir, hacer lo que se pueda, desde el punto de vista
teórico, para consolidar el proyecto autónomo-material que emprendimos,
por un lado, y por el otro, comenzar a recuperar el sentido
valorativo-humano que las mismas personas de la comunidad demandaban.
Sobre todo centramos la atención en el sector más vulnerable (el de los
niños). En determinado momento consideramos si era necesario que algunos
de los integrantes de la comunidad fueran a la Universidad o terminar los
estudios secundarios, para luego volcar los conocimientos en la comunidad,
o, era importante potenciar la transmisión de los conocimientos oralmente
por cualquier integrante que desee hacerlo. Resolvimos a través de
asambleas convocadas para tal fin, que de ambos lados era positivo, pero
sobre todo se debía tener en cuenta el esfuerzo que se originaba en los
integrantes que decidían concurrir a la Universidad, puesto que después se
debía hacer una especie de “depuración” para que lo que se aprendía fuera
aplicado a la problemática social que se vivía. Es decir, había todo un
ambiente de desconfianza. Mientras tanto se formó una brigada integrada
por las personas que realizarían ese trabajo para tomar datos en la
comunidad de todas las condiciones generales en la cual se aplicaría dicho
plan para así saber cómo se arranca o cuáles son las necesidades más
urgentes en materias educativas.
En primer lugar se convino que las áreas debían
profundizar el conocimiento en la calidad del servicio educativo recibido
en la escuela pública normal, en la cual, nos dimos cuenta, muy pocos
concurrían. El índice de analfabetismo era sorprendente. Había otras
vivencias sociales “extremas” de los pibes mucho más enriquecedoras que lo
que recibían en la escuela. Por otro lado, como esas escuelas tenían
comedores, los padres veían la necesidad de mandar a sus hijos a la
escuela a comer más que a educarse. Pero como esa necesidad (comer) se
estaba solucionando en la comunidad, las necesidades de los chicos ya eran
otras. Muchos, incluso, querían colaborar en el trabajo de panadería que
realizábamos. De todas maneras se extendió la visión educativa a los demás
integrantes de la comunidad, es decir, a todas las personas que deseaban
adquirir conocimientos en materia de cálculos de peso de la harina,
cuentas, administración de la materia prima, inventarios, etc. Todo esto
nos llevó a conocer más y mejor a la gente, porque ya vivíamos sus
problemas (que eran los nuestros) de una manera muy especial. De ellos
debía salir la nueva sociedad, la nueva educación. De ellos salía la
importancia de los otros, como vecinos, compañeros, la solidaridad, la
tolerancia. Es decir, ellos iban construyendo nuevas relaciones sociales
libres de todo interés. Solo había que entender que todo lo que hagamos
con la educación debía pasar irremediablemente por esas condiciones,
descubiertas sobre la marcha de este proceso. Es más, los educadores eran
los que estaban siendo educados. Había una concepción totalmente diferente
de lo que es la educación “oficial” y lo que era la “enseñanza
comunitaria”, por parte nuestra.
Como segundo momento muy importante que vivimos fue la
necesidad fuerte de un grupo de chicos de que los ayudáramos a salir de la
fana (droga). Esto era un flagelo. Nos explicaban que eso les ayudaba a
salir de una situación asqueante de la vida que llevaban todos los días;
siempre nos contaban que antes de realizar este trabajo en comunidad,
tuvieron que salir a juntar basura para vender y poder vivir. Hoy a eso no
lo tenían que hacer, había contención en la comunidad o en los grupos que
formamos para que todas estas situaciones se fueran abriendo. Hubo una
gran apertura de los jóvenes en el grupo y comprendían que juntos, entre
todos, íbamos a salir adelante.
Con el tiempo fuimos elaborando un programa que debía
representar la comunidad desde adentro. Se vivían los problemas de una
manera que hacía viva la educación. Poníamos siempre a cada paso, al
hombre como centro de todas las cosas. No se podía dar otro paso más allá,
la situación así lo exigía. Era interesante ver como cada uno de los
chicos fue buscando la forma de hacer de esto y de su vida algo útil.
Empezaban a preocuparse por trabajar, por ayudar, por tratar de acercar a
sus padres “separados”, ayudar a su hermanitos y amigos, etc. Se fue dando
una situación especial de proximidad que debía desembocar inevitablemente
en algo bueno. Sólo tratábamos de darle a esto un sentido que nunca había
tenido. Es posible decir desde ahora que se puede generar espacios para
que la gente se encuentre y pueda volcar su saber en cosas positivas.
Es por ello que una iniciativa de “educación popular”,
simplemente debe situarse dentro de las perspectivas de largo plazo del
movimiento social de las clases postergadas.
A eso había que entenderlo: Siempre partimos con
una correlación de fuerzas en desventaja. No es cuestión de números sino
de cómo nos vamos formando sobre la marcha del proceso social. Nuestro
pueblo debe hacer experiencias de autoabastecimiento, de autoeducación, de
ir realizando la vida al margen de los dictados de las clases que nos
postergan. Todo eso conveníamos en las asambleas de la comunidad.
Conclusión:
No podrá permanecer por mucho tiempo un sistema que
niega la vida humana como su principio de subsistencia. Es por ello que le
es difícil a otras organizaciones del campo popular aceptar este proceso
(que no es perfecto) porque el centro siempre para nosotros va a estar
dado por el hombre. Al hombre no se lo usa, porque se lo termina negando,
se lo aniquila en sus propias necesidades, a veces es mas nocivo el
remedio que estas organizaciones proponen, que la enfermedad. Las
organizaciones que comenzaron con un gran impulso, reivindicando lo que
consideramos todos, lo justo; muchos terminaron colocando a sus dirigentes
en la Cámara de diputados o en el Consejo Deliberante trabajando para el
gobierno de turno. Por eso es que creemos que hay que tener cuidado con
cómo llevar adelante un proceso de trabajo comunitario. Hay que tener en
cuenta que toda esta gente, incluida nosotros, viene de experiencias
frustrantes, desocupación, marginalidad, lugares en donde la vida no vale
nada, para algunos (los “irrecuperables”) que roban por un par de
zapatillas al vecino, no solo hay que entenderlos sino recuperarlos, y
recuperarnos en nuestras concepciones, ese es el gran desafío. En estos
lugares hace crisis la idea de patria y nación, cuando esto no se
transforma en un plato de comida. Todo eso se debe considerar; todo esto
se debe rescatar. Pero se debe tener en cuenta que no le estamos
solucionando el problema de la miseria al gobierno de turno, como muchos
crean, y está bien que lo crean así, nos dan más margen de maniobras, sino
que se ve en estos procesos comunitarios la real aparición del rostro del
otro como vital y necesario ante todo, ante la comercialización
capitalista de la solidaridad y la honradez. Rescatar esas categorías y
esos instantes son el a priori de un proyecto de liberación social. Es por
ello, que retomar estos temas es la idea para que aporte a la construcción
de nuevas alternativas sociales en nuestra América.
Por todo ello, consideramos que hay otros principios, y
otros valores, demostrados a lo largo de este escrito que siempre
sobrevivirán, a eso apostamos: la dignidad de la vida misma.