En
un escenario ideológico sobre la comprensión de la política
y la economía: a la primera apenas le corresponde desbrozar
el camino para el desenvolvimiento de la segunda.
“mientras mejor se garanticen los intereses privados,
mayor posibilidad de la realización del interés general”
reza el dogma, que empata con el ideal de las burguesías.
El
caso ecuatoriano aporta dinámicas que son peculiares. Desde
fines de 1995, hace diez años atrás, con motivo de las
denuncias de corrupción contra el ex – Vicepresidente
Dahik, cuando además de los ajetreos parlamentarias se
protagonizan acciones sociales
directas en contra de la corrupción, se desenvuelven
movilizaciones, importantes y masivas, que reclaman cambios en
el sistema político y económico;
pero el
sistema se las arregla para que tras cada una de estas
revueltas, al final de cuentas nada cambie, y lo que es peor,
se expandan y perfeccionen los mecanismos de corrupción,
mediante el reparto de “espacios
de poder”.
Las
oleadas sociales fueron en 1997 en torno al derrocamiento de
Bucaram, en 1999 como rechazo a la quiebra del sistema
bancario, en el 2000 por el derrocamiento de Mahuad, en la
conciencia de los pobladores iba quedando la percepción de
que en condiciones de activación social, protestando,
saliendo a las calles, expresándose públicamente “era
posible botar un presidente”, es decir el ejercicio de la
revocatoria de mandato por la vía de la acción directa,
desde los altos funcionarios de gobierno.
Pero
tras la caída de Bucaram le sucedió uno de los expertos en
la triquiñuela y
la zapada, Fabián Alarcón. Algo similar acontece tras el
derrocamiento de Mahuad
con una nueva repartija en beneficio de cúpulas partidarias a
espaldas del pueblo.
Es
decir no solo el sistema económico es explotador y opresor,
sino que el sistema político encuentra en la expansión de
mecanismos clientelares y corporativos el mecanismo de
cooptación de fuerzas que emergen como alternativas.
El
ejemplo de esa construcción corporativista y clientelar, está
en los mecanismos de
elección y funcionamiento de la Corte Suprema de
Justicia. Los ministros jueces designados corresponden a
cuotas de los partidos políticos, administradas por la vía
de los parlamentarios; por eso siempre el Congreso Nacional se
reservó la atribución de nombrar la Corte de Justicia, y a
su vez cada Ministro tenía una cuota que se reproducía a
nivel provincial y local. Así las cúpulas se garantizan
poder, impunidad, mecanismos de retaliación.
Igual se procede con los organismos de control del
Estado: el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo
Electoral. Los socialcristianos fueron los maestros en esas
componendas y luego sus rivales los superaron.
Es
muy sintomático que el punto de quiebre de la crisis política
que estamos analizando haya sido precisamente el tema del
reparto como cuotas de partidos dentro de estos Tribunales y
Cortes, así como decisiones escandalosas de anular los
juicios contra ex – presidentes fugados.
Contexto
particular.
El
contexto particular (2003 – 2005) está marcado por los
derroteros del gobierno de Lucio Gutiérrez, que asciende a la
presidencia con el apoyo del movimiento indígena y partidos
de izquierda, para inmediatamente deshacerse de ellos,
entonces pacta con el Partido Socialcristiano y más tarde se
pasa al otro bando oligárquico con Bucaram y Noboa.
Un
gobierno débil que intenta sustentarse, como he dicho al
inicio del artículo, sobre
la base de sujeción a los dictados de las estrategias de
Washington para la región andina, especialmente
desenvolvimiento del Plan Colombia, y a la par ganar sustento
político sobre la base de recurrir a los mecanismos mas bajos
desplegados por el sistema político. Un régimen corrupto y
corruptor.
Como
parte de esa estrategia armó una mayoría parlamentaria a su
favor, sobre la base de repartir en noviembre del 2004 lo que
el mismo ya había repartido en Abril del 2003; si antes
entregó el Tribunal Constitucional y el Tribunal Electoral al
Partido Socialcristiano ahora deshizo lo actuado y lo puso en
manos de sus rivales el PRE y el PRIAN, en actos carentes de
toda legalidad y legitimidad.
Sin
embargo el detonante, la “gota que derramó el vaso”, fue
el regreso del ex – presidente Bucaram a inicios de Abril,
como efecto de las resoluciones del Presidente de la Corte
Suprema puesta por la mayoría gobiernista, que declaró la
nulidad de todos los procesos contra él levantados.
De
nada habían valido las movilizaciones sociales desarrolladas
desde Enero del 2005, especialmente la realizada en Quito a
mediados de Febrero y que reunió a mas de cien mil personas.
Un juego macabro de demagogia, cinismo, doble discurso, se
desarrollaba entre el Ejecutivo y el Congreso Nacional.
Es
más ni siquiera los sectores de la socialdemocracia y
aquellos que se designaban a sí mismos “participación
ciudadana” entendieron el mensaje, pues su horizonte estaba
atrapado dentro de los estrechos límites del sistema político.
La autodenominada “Asamblea de Quito”, una veintena de
organizaciones (entre ellas partidos como la Izquierda Democrática
y Ong `s como Participación Ciudadana) presuntuosamente se
asumieron la representación del conjunto de la población y
lo peor fue que entraron a negociaciones con el propio
Ejecutivo y los bloques parlamentarios para
“recobrar la institucionalidad”. Las demandas de la
población “Lucio fuera” para ellos era mero radicalismo
verbal, algo así como un “exabrupto de la masa”.
Perversidad
de la coyuntura.
Lo
“nuevo” no está en la crisis de los partidos de derecha y
centro, está en la crisis de los partidos de izquierda y
movimientos populares, incluido el indígena. Sin entender
eso, la incapacidad de la socialdemocracia de entender las
demandas de la población movilizada,
resulta imposible
comprender la emergencia
del “movimiento
de los forajidos”.
Una
de las particularidades del gobierno Gutiérrez fue
descalabrar los esfuerzos por un bloque popular, que de alguna
manera había estado presente desde hace diez años atrás;
pero que inmersos en las dinámicas de la institucionalidad
ecuatoriana, no han logrado escapar a sus vicios, al
contrario, se embarraron en ella.
Atrajo
hacia su entorno a los partidos y movimientos de izquierda, en
uno u otro momento, pero todos al menos una ocasión. Los uso
para subir y luego también para mantenerse; pactó
con ellos no como fruto de acuerdos sociales o
nacionales amplios, sino reproduciendo las viejas formas relatadas.
Hacia
el movimiento indígena oriento especiales esfuerzos para
dividirlos y debilitarlos, atacando a su núcleo fundamental:
las comunidades rurales. Su instrumento fue un ex presidente
de la CONAIE, convertido en Ministro de Bienestar Social. Desde
allí se han gastado millones de dólares en cuotas para
“fortalecimiento organizacional”.
Se
fue constituyendo un escenario perverso, donde las salidas
estaban bloqueadas y aparentemente todo quedaba retenido a los
juegos entre el Ejecutivo y Legislativo, con los organismos de
control como rehenes.
La
revuelta de los forajidos.
El
miércoles 16 de Abril el paro convocado por la llamada
“Asamblea de Quito” resultó débil, parecía que todo
estaba controlado. Por un lado, en el Congreso se reproducían
las negociaciones tramposas. Por otro lado, aquellos que en el
pasado reciente habían activado la movilización, las
organizaciones indígenas, los gremios de trabajadores,
demostraban incapacidad de movilización.
Pero
“saltó la liebre” desde donde menos se esperaba: la
conciencia de dignidad, de
participación de las clases y capas medias de las ciudades,
con poca trayectoria en partidos o sindicatos. Profesores no
agremiados, militares retirados, abogados en “libre
ejercicio de la profesión”, madres de familia, jubilados
con pensiones de miseria, abuelitas, jóvenes de universidades
particulares, desempleados
y también sectores económicamente acomodados. No cabe
descartar sectores de profesionales a quienes una economía
dolarizada lleva a bordear situaciones de pobreza.
El
llamamiento provino desde una radiodifusora verdaderamente
alternativa Radio La Luna, con una trayectoria a favor
de la comunicación popular y participativa; convertida en
caja de resonancia y coordinación de la indignación social.
Desde esta radioemisora se empezó a llamar a la gente a
movilizarse ese mismo miércoles a las 21h00 a un
“cacerolazo”: miles concurrieron y luego marcharon hacia
la sede de la Corte Suprema de Justicia. Así se quebró la
trampa del control social sobre la base de dividir y
envilecer.
Los
une la identificación de “ciudadanos”, se proclaman como
“autoconvocados”, demandan cambios profundos en la
sociedad ecuatoriana y para ello adoptan la consigna de:
“Que se vayan todos”, se sienten partidarios de mecanismos
no violentos y creativos para la protesta. Con energía
repiten “Fuera Lucio”, aspiran a que su movilización pacífica
y persistente sea suficiente para derrocar el gobierno.
Transformaron
en positivo el calificativo que despectivamente Gutiérrez les
arrojó: “forajidos”. Desde la noche que inútilmente
pretendió establecer el Estado de Emergencia todos
proclamaron: “yo también soy un forajido/a”.
En
este punto lo mejor es reproducir aquello que he registrado de
las manifestaciones, e intervenciones
radiales.
En
telas y pancartas:
-
Yo también soy un forajido,
-
Todos somos forajidos,
-
No a la dictadura,
-
Viva Quito, luz de América.
En
las marchas, gritos y consignas:
-
Vamos a ver quien lleva la batuta / el pueblo
ecuatoriano o Lucio hijo de puta”,
-
Vamos ecuatoriano que esta noche / lo vamos a botar,
-
No queremos y no nos da la gana / de ser una colonia
norteamericana,
-
Lucio te jodiste / con Quito te metiste,
-
Que se vayan todos / primero el dictador.
En
las intervenciones radiales:
-
La violencia no viene de nuestro lado, la violencia
viene del gobierno,
-
Esta es mi palabra: ¿me oyen ?, carajo¡,
-
Lo que no defendemos ahora, merecemos perderlo,
-
La democracia no es de espectadores, es de
actores,
-
Ninguno de los que venga debe pertenecer a un partido
político, porque eso
pervierte todo,
-
Cada uno se autoriza a decir, a pensar, a poner en acto
sus ideas.
Es
un movimiento novedoso, algunos lo
califican “anárquico”, “pequeño burgués”, “sin dirección”, “apolítico”, “ingenuo”. Algo
de eso hay, mas también
son vientos frescos en un mar de compra de conciencias,
divisiones, pragmatismos donde los “orgánicos”,
los “verdaderos proletarios”, los “dirigentes” y
“maduros”, apoyaron la candidatura de Gutiérrez, lo
encumbraron en la presidencia y más tarde aportaron a
sostenerlo.
También
se desarrolla como una respuesta a
la miopía de la propia socialdemocracia orgánica y
las ong´s por menospreciar la radicalidad de la propuesta. El
movimiento de los forajidos intenta, aspira desde lo no –
partidario, a superar las lacras de la institucionalidad del
sistema político, precisamente porque lo partidario terminó
por contagiarse de la podredumbre.
Elementos
interesantes son el rol de la radiodifusora alternativa como
mecanismo de aglutinamiento, la gente día tras día va hacia
los locales para protegerlos de agresiones, su sintonía se
amplia a nuevos sectores. Aparatos tecnológicos como los
celulares o móviles, que mediante “mensajes” ajustan y
precisan las convocatorias, o listas de correos electrónicos
que difunden consignas, lemas, sitios de encuentro o difunden
las orientaciones.
No
se trata tampoco de provocar nuevos deslumbramientos, y pasar
de la adoración al indigenismo hacia la adoración de la
ciudadanía. Hay temas más
de fondo, que la izquierda tradicional no ha resuelto: la
construcción de la politicidad popular y alternativa en el
mundo actual, la democracia dentro de movimientos y partidos,
y la democracia hacia el conjunto de la sociedad.
Cabe
detenerse en
algunas de las
reflexiones que están presentes en los/as forajidos/as:
“Hemos descubierto que hay chance (oportunidad) de opinar,
de incidir en la vida del país”; “Hemos estado fuera de
nuestra condición de ciudadanos, de sujetos”. En El
Comercio se reproduce este diálogo en Radio La Luna:
“Velasco preguntó: ¿Esto (la movilización en Quito) es la
obra de…?, y del otro lado de la línea el oyente terminó
la frase “…de la ciudadanía”.
Estas
reflexiones nos demuestran que por un lado se ha abierto la
puerta para que otros sectores accedan al debate de lo político
y la política en un escenario que condena el quehacer político,
privilegia solo lo administrativo; por otro, constatar que es
el sentido de repugnancia,
de asco ante el espectáculo que día a día dieron los
mandatarios de los poderes Ejecutivo(Lucio Gutiérrez),
Legislativo (Omar Quintana) y Judicial (el “pichi” Castro)
unos auténtico mafiosos de lo mas grotesco. También se abren
a partir de la miopía de la propia socialdemocracia orgánica
y las ong´s por menospreciar la radicalidad de la propuesta.
El movimiento de los forajidos intenta, aspira desde lo no –
partidario, a superar las lacras de la institucionalidad del
sistema político, precisamente porque lo partidario terminó
por contagiarse de la podredumbre.
Finalmente
quiero decir que no se trata de enterrar a los partidos, ni a
lo orgánico, sería un craso error, pero si de transformarlo
completamente. Es un nuevo momento de los reiterados intentos
del pueblo ecuatoriano, en unas etapas históricas con el
movimiento obrero como protagonista, en otros ganando
centralidad el movimiento indígena, y hoy, ante la crisis de
ambos, emerge con expectativas y dudas este movimiento
ciudadano.
Sociólogo, profesor en la
Universidad Central, director de la Revista Espacios
