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Dardo
Bardier
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Cómo
empezó
El Parque Balneario Solís es un extenso fraccionamiento en la
costa del Río de la Plata, con una muy pequeña población permanente,.
En verano somos varios miles, pero en invierno unos pocos cientos de
vecinos. La mayor parte de los pobladores permanentes trabajamos en
jardinería, limpieza y construcción. Y lo hacemos de un modo zafral, muy
dependientes de las crisis: cuando al país le falta dinero, es donde
primero deja de llegar.
Hace
unos 14 años hubo una gran sequía. Los pozos no daban agua o la daban
contaminada. Unos vecinos que ya colaborábamos con la comisión de
fomento de la escuela nos juntamos, en asamblea, con otros vecinos
angustiados por la falta de agua, y pedimos el servicio a OSE. Pronto nos
dimos cuenta que por algo ya habíamos pasado 80 años sin servicio de
agua potable por parte de la persona jurídica estatal central. Es que
siempre hubo poblaciones mayores a la nuestra, con urgencias mayores a las
nuestras. Y con más votantes. Nunca le tocaría el turno a Solís. Y
tampoco encontraríamos la solución mediante empresas privadas. Es que
nuestra densidad es tan extremadamente pequeña que a nadie le resultaría
lucrativo un sistema de agua donde sólo hay una conexión por cuadra. No
da ganancias. El único camino que nos quedaba era ejercer la autogestión
vecinal descentralizada y participativa. La sociedad actuando
vecinalmente. No tenemos ganancias, pero no tenemos deudas, y el sistema
funciona cada vez mejor.
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Reorganizar
lo vecinal
Una
experiencia de participación popular en Solís
Solís
es un vecindario. ¿Qué es eso? Lo
vecinal es una realidad humana, compuesta tanto por personas
como por equipamientos (calles, arbolado público,
construcciones). Hay otras realidades humanas más grandes, como
una ciudad, o un país, o un conjunto de países. Y hay
realidades humanas en menor escala, como una vivienda con sus
ocupantes, o una persona con sus cosas. Lo vecinal se
refiere, pues, entre todas esas escalas de lo humano, a lo que
sucede en unas pocas cuadras. Cerca de nosotros, en nuestra
calle, en nuestra plaza, en nuestra escuela, en nuestro almacén,
a la vuelta de la esquina, en nuestro edificio, en la
cooperativa de vivienda, en lo cotidiano, coloquial, en el trato
de persona a persona. Si estamos dentro de una ciudad, es
nuestro pequeño barrio. Si estamos en un pequeño pueblito,
como lo es Solís, es todo el pueblito. Si es una zona rural, es
hasta donde mantenemos nuestras relaciones de vecindad.
Un
vecindario no es una organización especializada, como lo es una
empresa productiva, o comercial o de servicios, sino que
funciona en muchos aspectos de la vida, más o menos
colectivamente. Donde vayamos, siempre estamos inmersos en algún
vecindario. Siempre estamos dentro de algún pequeño mundo.
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Normalmente,
lo vecinal tiene un territorio propio, que puede ser un pequeño
barrio, un pueblito, o un caserío rural. Tiene necesidades
propias, pues no podemos relacionarnos bien unos con otros si
no hay espacios públicos adecuados para ello, ni podemos
aprovisionarnos si no hay provisión, ni podemos ir a la
escuela si no hay escuela, ni podemos caminar bien si no hay
vereda. Tiene recursos propios, pues si las necesidades
vecinales se satisfacen, ellas nos permiten vivir mejor, y
siendo así, el dinero emitido por el estado rinde más. Y
tiene cierta unidad propia, cierta estructura propia, que es
un tanto independiente y un tanto interdependiente. Por ello
se le suele llamar “unidad vecinal”.
Como
toda realidad, no hay dos perfectamente iguales, de modo que
cada vecindario en parte es igual a los otros, y en parte es
único. Esto permite hablar de lo vecinal en general, aunque
cada vecindario tenga su propio modo de ser. Entonces, lo que
sigue, relacionado con una experiencia vecinal, entre miles, sólo
puede ser limitadamente generalizado.
En
Solís, como en casi todos lados, lo vecinal no funcionaba
bien, aunque sería una exageración decir que no funcionaba
en absoluto. Lo vecinal existe y va a existir siempre, porque
es dimensión ineludible de lo humano, se vea o no se vea.
Pero en la medida de que no lo atendamos bien, no va a
funcionar bien. Y no lo atenderemos bien si, por demasiado
individualistas, somos ciegos a las necesidades comunes del
vecindario, o las despreciamos, o las usurpamos. Tampoco lo
atenderemos bien si, por demasiado centralistas, somos ciegos
a los valiosos recursos propios de lo vecinal, o los
despreciamos, o los usurpamos. Porque lo vecinal está dentro
de la realidad del país, pero no deja de tener realidad
propia.
Si queremos comprender qué es lo vecinal, debemos lograr
información de la escala adecuada. O sea, información a
escala vecinal. En el caso de Solís, obtuvimos planos
municipales, a escala 1/2000. Y fotos aéreas, fotos de las
calles, planos de alturas del terreno. Y en algunas copias de
esos planos graficamos en qué calles habían árboles,
quienes no tenían agua o electricidad, donde estaban los
focos de luz del alumbrado público, donde viven los niños
que necesitan más ayuda, el recorrido de basurero, los
comercios, las frecuencias de tránsito, las fuentes de
trabajo, la cartelería existente, la cantidad de pobladores
por manzana según la época del año, y muchos temas más. Es
decir, tratamos de documentarnos.
Desde luego, la información documental, no es la única:
Caminar y descubrir el patrimonio y funcionamiento vecinal es
cautivante. Conversar y ubicar en el tiempo lo que se ve,
ayuda a entender y apreciar mejor cada cosa y sus relaciones.
Por ello, siempre estuvimos fuertemente vinculados a nuestra
escuela, intercambiando información sobre el lugar y su
historia. También mantuvimos un pequeño periódico vecinal,
en el cual una de sus secciones era el rescate de la historia
y patrimonio vecinal. Cada tanto hacemos un concurso de fotos
antiguas, o de dibujos sobre el lugar, etc., lo cual,
lentamente, va agrandando esa base de datos vecinal.
Todo ese trabajo debería profesionalizarse mediante
especialistas en información vecinal. Algo de eso ya existe,
pues en nuestro país hay urbanistas y ordenadores
territoriales altamente capacitados. Deben ser llamados a
asesorar. Pero, siendo miles los vecindarios, y muy pocos los
urbanistas, es normal que se dediquen a las escalas mayores
del país. Esto puede resolverse solicitando asesoramientos
ocasionales, y luego preparando profesionales de lo vecinal.
Pero aún en tal caso, no se podría pagar su tiempo completo,
por lo que no hay manera de que, en cada uno de los muchos
miles de vecindarios, un profesional de lo vecinal pudiese
tener la visión desde dentro de lo vecinal, y menos pudiese
tener la hermosa múltiple visión de muchos vecinos a la vez,
algunos de ellos desde que nacieron. Entonces, tan importante
como el profesional, es la concientización de lo vecinal. Que
muchos vecinos tengan claro qué es y cómo funciona el
vecindario. Hacer campañas de sensibilización vecinal.
Atenderlo y sentirlo como propio. Mi plaza es mía sin dejar
de ser de los otros vecinos. Comprender al otro, comprender a
los otros, concebir lo comunal. No sólo lo abstractamente
comunal de las grandes escalas como lo son las intendencias,
el país, el mundo, sino lo palpitantemente comunal, al
alcance de la mano.
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Esa
conciencia de lo vecinal va de la mano con uso de cierto
lenguaje vecinal: plaza, vereda, baldosa, esquina, cuadra,
manzana, escuela, farmacia, almacén, club del barrio,
parada, baches, el farol de mi calle, los nombres de mis
calles, el olor de mis árboles en otoño, el silencio del
amanecer, el cablerío de UTE, andar en bicicleta, pasear
los perros y lo que ellos ensucian en las veredas, el
mandado, conversar con los amigos de la cuadra, ir al
cumpleaños de un vecino, o no ir, y el ruido que de allí
me llega, la defensa de la fauna y la flora cercana, y mil
expresiones más. Si uno habla de lo estrictamente personal
hay otras palabras y temas usuales. Y si uno habla de lo
estatal central, el lenguaje y los temas tampoco son
exactamente iguales.
Los
vecinos fuimos haciendo, a lo largo de los años un buen
acopio de toda esa información. Naturalmente, nadie va a
esperar tanto tiempo para empezar a resolver los problemas.
Hay partes del diagnóstico tan claras y evidentes que se
pueden empezar a resolver casi inmediatamente. Esto implica
que hay que esbozar una estrategia del cambio, un camino
viable para lo urgente, y un camino viable para los
objetivos a mediano y largo plazo. Eso necesita de algún
tipo de organización formal. En el caso de Solyagua, somos
una Asociación Civil sin fines de lucro. Pero podría haber
algún otro formato de asociación, parecido al de las
Juntas Locales. Quizá la Junta Vecinal, una escala
descentralizada y cotidianamente participativa de lo
estatal. Sin esas formalidades, se hace imposible contratar,
tener personal, abrir cuentas en bancos, y tomar libremente
responsabilidades.
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Para
los cambios se plantearon algunos principios de trabajo que
resultaron muy eficaces. Recuerdo algunos:
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Mostrar
la realidad de lo vecinal mediante los documentos en la
escala adecuada. Informar, remarcar, sensibilizar, enseñar.
Todos deben ver los documentos vecinales, no deben
quedar guardados en un cajón. |
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Conversar
y acordar con los vecinos cuales son los problemas
vecinales. |
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Fomentar
una actitud digna, consistente en buscar resolver los
problemas vecinales una vez que se conocen. No dejarlos
pasar, ni pedirle al estado central que resuelva todo,
si está al alcance vecinal resolverlos directamente. Ni
paternalismo, ni hijismo. |
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Utilizar
los mecanismos más democráticos y participativos
posibles. Con normas formales democráticamente
acordadas. No excluir jamás a nadie por ningún
prejuicio, y tampoco otorgar prebendas. Lograr el diálogo
entre diversos intereses. |
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No
exceder la escala vecinal. Respetar los otros
vecindarios sin crear fronteras. Respetar las
atribuciones de las instituciones a escala mayor. No
asumir tareas que ya están en manos de otras
organizaciones. Y si se asumen tareas que naturalmente
deberían ser ejercidas por otras instituciones, hacerlo
con su permiso y provisionalmente hasta que las asuma
quien corresponda. Lo cual no quiere decir que no haya
tareas propiamente vecinales erróneamente usurpadas por
instituciones centrales. Respetar las ordenanzas
municipales, leyes y constitución, o sea, toda la
normativa de las otras escalas. Pero ir creando la
propia normativa vecinal. |
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No
solicitar que instituciones en otra escala resuelvan los
problemas vecinales, sino sólo en la medida que no
hagan desaparecer la libertad y la responsabilidad
vecinal. Hacer convenios con el MTOP, con la
Intendencia, con la Junta Local, pero siempre poniendo
gran parte del esfuerzo. El esfuerzo se mide con dinero
pero también con iniciativa, con encontrar soluciones y
no pretender que otros piensen la solución de nuestros
problemas. |
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Respetar
completamente a las escalas menores, los grupos humanos,
las familias, las personas, pues sus derechos son
intocables a menos que lesionen los derechos vecinales.
Por ejemplo, los vecinos no pueden aceptar que una
persona cerque su vereda como si fuese propia, o eche
aguas servidas a la calle. El respeto entre lo vecinal y
lo personal debe ser mutuo. |
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Y
del mismo modo, debe haber una relación mutuamente
respetuosa con las escalas mayores. Por más que lo
nacional tenga prioridad, no son admisibles las
actitudes despreciativas hacia los vecinos. No puede
venir un ministerio o una gran empresa, estatal o
particular, y poner algo en el barrio que lo destruya,
por más interés nacional que haya. En nuestro caso,
quisieron desviar la Interbalnearia partiendo en dos
nuestra planta urbana y salimos todos a reclamar contra
semejante abuso. No la pusieron. Pero nos pusieron una
antena enorme de ANTEL, y ahora otra más, de una
empresa privada, sin decir agua va, en medio del
balneario. A veces el planificador de un organismo
gubernamental a gran escala, honestamente preocupado por
el interés común de la nación, se olvida que también
existen personas y vecindarios donde va a operar, y los
atropella miserablemente. Las audiencias públicas sobre
impacto ambiental deben convertirse en algo normal y
respetado. Cada vez que un organismo del gobierno
central o una gran empresa realiza una operación
inconsulta en un vecindario, los esfuerzos de
descentralización y de participación popular son
destrozados. |
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Todo
se debe organizarse a la escala adecuada. No más
grande, ni más chico que lo necesario. Esa es la base
de la eficiencia. |
Entradas
y salidas
En nuestro caso, administramos un servicio vecinal de agua
(Solyagua), junto con el cual cobramos $ 27 mensuales por
padrón, para Obras Sociales y Ambientales. Son $ 7 por
vecino. Otros vecindarios podrán financiarse de otro modo,
hay muchos caminos sustentables para lograr ese dinero
imprescindible. En cualquier caso deben ser recursos
genuinos, que todos los paguen con gusto porque se hace más
que lo que se cobra. Inclusive podría haber apoyo económico
de otras escalas, pero nunca es conveniente que sea
demasiado, porque entonces la labor vecinal se haría
dependiente.
El
presupuesto de gastos es aprobado en cada Asamblea Anual (es
de observar que tan solo somos 432 socios):
-
Para la escuela. Fotocopias gratis. Agua gratis. Vajilla y
utensilios escolares. Cocinas. Cuatro cajones por semana de
fruta y verdura para el comedor escolar.. Premios para
campeonatos. A veces cursos de computación, manualidades o
idiomas.
-
Obras sociales. Agua gratis para 1,5 % de los vecinos.
Financiación a 10 años sin intereses para las conexiones
de familias de escasos recursos (12 % de nuestros socios).
Biblioteca pública pequeña, pero con libros que no suele
poder comprar un particular. Videoteca cultural. Colección
de CD. Entrega de semillas, o plantas, y otras cosas a los
socios. Canasta de alimentos en julio para todos los niños
del vecindario, a veces bolsas de papas, contra entrega de
certificado de odontólogo y de pequeñas tareas
comunitarias. Conjunto de ropa anual para todos los niños.
A veces mantas. Concurso de dibujos o fotos sobre el
vecindario. Colaboraciones con la policlínica local.
Colaboraciones mutuales en caso de enfermedad o
fallecimiento. Fotocopias gratis para otras instituciones
vecinales y para estudiantes. Pago del docente de gimnasia
para un grupo de mayores. Compra de libros sobre artesanías,
pequeñas producciones y huertas vecinales.
-
Obras ambientales. Plantamos unos 250 árboles por año en
las calles. Van unos 2000. Algunos los entregó la
Intendencia. Los cuidamos, los regamos y los reponemos.
Carteles con el nombre de las calles. Luego de varios años
logramos poner dos carteles por calle. Carteles en defensa
de la fauna y de la flora. Carteles indicando patrimonio
histórico y natural. Asientos de troncos en paradas de ómnibus
y en los mejores paisajes. Carteles técnicos con el nombre
de los árboles. Una docena de hidrantes para los bomberos,
y 250 metros de mangueras que ya han ayudado a apagar varios
incendios. En épocas de sequía los vecinos hacemos
recorridos de vigilancia para detectar incendios. Los
canastos para basura en muchas esquinas han ayudado a que el
vecindario esté limpio. También pagamos a una persona que
limpia las playas, y a otra que limpia las calles.
Acondicionamos una de las plazoletas vecinales con pérgolas,
árboles, patios, asientos, etc. Carro de paseo para los
vecinos.
-
Servicios mejorados en el agua. Tenemos la mejor calidad de
agua del país, certificado por los organismos
correspondientes. No tenemos cortes de agua. No tenemos
perdidas permanentes de agua. Tenemos tarifas 15% más bajas
que OSE y que las empresas particulares. La atención al
socio es 360 días al año. Se toma consumo de todos los
medidores, no necesitándose promediar. Y mil mejoras más
al servicio de agua.
Resumiendo,
los vecinos organizados descentralizada y participativamente
pueden lograr cambios notables en su vecindario a un costo
de ínfimo de dinero y no mucho esfuerzo. La prueba está. Y
a mediano plazo la mejora de lo vecinal se convierte en una
gran mejora en la calidad de vida de cada uno de los
vecinos. Ello es un semillero de participación y de
colaboración social. Sin olvidar que, al lograrse una mejor
conciencia de lo común, las relaciones entre las personas
se hacen más amigables, menos tensas. Se produce un gran
cambio cultural. Cambian hasta las costumbres. La dignidad
del vecino se ve favorecida, pues comprueba que puede hacer
algo para mejorar, si trabaja hombro con hombro. Y, como
resultado global, puede haber un cambio en el respeto al país,
por sus habitantes y por el resto del mundo.
Y
todo eso no le sale un peso al estado central.
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