Durante y después de la gira de Rice, los gobiernos
latinoamericanos más ligados al imperialismo cayeron en profunda
crisis de legitimidad. Una alianza de fuerzas populares
incorporando los indígenas y las clases medias de Ecuador
derrocaron al nuevo presidente y títere estadounidense Lucio
Gutiérrez, quien huyó a Brasil. En la Ciudad de México una
“marcha del silencio” de 1.2 millón de personas forzó al
gobierno entreguista del presidente Vicente Fox a reversar el
desafuero ilegal del candidato presidencial más popular, el
alcalde del Distrito Federal Andrés Manuel López Obrador, del
Partido de la Revolución Democrática, de centro-izquierda. Un
movimiento estudiantil y de jóvenes nicaragüenses ganaron una
batalla en las calles contra las fuerzas represivas que logró el
reverso de una decisión gubernamental de alzar los precios de
transporte público.
En Bolivia, el presidente entreguista Carlos Mesa confrontó
una nueva gran marcha “Por la Unidad, la Asamblea
Constituyente, los Hidrocarburos y las Autonomías para todo el
pueblo” movilizada por los líderes del “Pacto de Unidad,” Evo
Morales del MAS (ahora presidente), Felipe Quispe, y Jaime Solares de la COB, y
apoyada por La Central Obrera de El Alto. En Perú, donde el
presidente Alejandro Toledo había perdido su popularidad y
confrontaba acusaciones de corrupción y nepotismo, un nuevo
Frente Amplio de partidos de izquierda y movimientos sociales
impulsó la convocatoria a una asamblea constituyente para
crear las bases de un nuevo estado democrático. En Haití, el
nuevo gobierno impuesto por una invasión militar de matones
duvalieristas patrocinados por los EE.UU. no pudo detener el
avance de una ola de resistencia popular contra la presencia
de tropas multilaterales.
Aún en Brasil, donde el gobierno del Presidente Luiz Inácio
Lula da Silva llevaba a cabo una política económica
neoliberal, hubo una serie de nuevos acuerdos económicos
firmados con Venezuela. Los sondeos indicaron que la mayoría
de los brasileños favorecían el socialismo. Además, el
Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem-Terra (MST)
lanzó en
mayo una caminata a Brasilia de miles de personas que ganó una
garantía personal de Lula de cumplir con su promesa de
asentar 400 mil familias para 2006. El MST
se
encontró, en las palabras del teólogo Leonardo
Boff,
“a la
cabeza de una gran marcha de la visión alternativa de que otra
humanidad es posible” (ALAI-AMLATINA 18/05/2005.)
Mientras tanto, en
México el Tribunal Internacional Benito Juárez <www.tribunalbenitojuarez.org>
se reunió los días 25, 26 y 27 de abril de 2005. Compuesto de
once jueces de la sociedad civil mexicana y de otros países,
el Tribunal condenó a los Estados Unidos por sus crímenes de
lesa humanidad, terrorismo y genocidio contra el pueblo de
Cuba “en clara violación de los principios consagrados en la
Carta Magna de las Naciones Unidas referente a la
autodeterminación de los pueblos.” Condenó “la ocupación
ilegítima de 177 km. cuadrados de la Base Naval de Guantánamo
que constituye un peligro para la paz mundial,” al poder ser
usado para crear una provocación que justifique una reacción
militar estadounidense. Pronunció que la política actual
estadounidense contra Cuba constituye “una virtual declaración
de guerra” dirigida a la privatización y anexión de la isla,
como es evidente en las 458 páginas del “Report Powell”, del 6
de mayo de 2004, donde se crea la “Commission for Assistance
to a Free Cuba” <http://www.state.gov/p/wha/rt/cuba/commission/2004/>.
Se puede decir que el Estado estadounidense ya había
declarado la guerra contra toda América Latina y el Caribe
desde hace mucho tiempo, especialmente en las últimas décadas
de golpes de estado, guerras sucias y el capitalismo no
regulado. En efecto, un genocidio gradual que el
neoliberalismo económico ha llevado a cabo año tras año,
dejando millones de niños muertos de hambre y plagando a
América Latina “de miserias a nombre de la libertad”. Claro
que el conflicto entre los gobiernos estadounidenses y los
pueblos latinoamericanos tiene una historia sangrienta, y es
aquella historia que ya se ha madurado al punto de crear
perspectivas reales para el desarrollo de nuevas formas del
socialismo.
Si Simón Bolívar, José Martí y otros libertadores ganaron las
primeras batallas de independencia latinoamericana – la
independencia política -- son Fidel Castro, Camilo Torres, Che
Guevara, Inti Peredo, Salvador Allende, Hugo Chávez, Evo
Morales y otros líderes con visiones socialistas quienes han
lanzado, junto con fuertes movimientos sociales, la batalla
contemporánea para la segunda independencia – la económica- .
Y esta vez, como en los tiempos de Bolívar y Martí, la meta es
un solo país: América Latina y el Caribe.
La primera perspectiva real para un socialismo duradero se
revela en la historia de la Revolución Cubana de 1959. Su
rápida introducción de reformas socialistas y su
internacionalismo de 45 años ha resultado en un notable
contraste entre las condiciones socio-económicas de los
cubanos y las del resto del continente, incluyendo Estados
Unidos. Casi una tercera parte de la población cubana ya tiene
grados universitarios; ningún niño está afuera de la escuela;
todos los cubanos tienen servicios de salud y educación
libres; y 85% tienen sus propias viviendas ya sin necesidad de
pagar ni un centavito de renta o hipoteca. Todo este progreso
ha ocurrido a pesar de un bloqueo económico y actos
terroristas estadounidenses que han matado a 3478 cubanos y
han resultado en la perdida económica de 79 325.2 millones de
dólares. A la vez, hay docenas de miles de médicos, maestros y
técnicos cubanos en varios países del mundo entregando
servicios y esperanza a gente pobre.
Una segunda
perspectiva real para otro tipo de socialismo, también
internacionalista, comenzó en Venezuela con la elección de
Chávez en 1998 y la revolución bolivariana. Durante su visita
a Cuba en los días finales de abril de 2005, Chávez definió el
bolivarismo en una sola palabra: “socialismo.”
En todos sus últimos discursos, Chávez ha explicado una nueva
perspectiva del socialismo, invitando a todo el mundo a
participar en el debate de cómo “reinventar un socialismo para
el siglo veintiuno”. Durante sus reuniones con participantes
del Encuentro
Mundial de intelectuales y artistas en Defensa de la Humanidad
en diciembre de 2004, Chávez recomendó una
lectura de las obras de Trotski, quien tuvo razón en su
crítica al estalinismo. Chávez se hizo eco del argumento de
Trotski a favor de “la revolución permanente” --es decir, una
revolución sin “etapas”-, evitando cualquier consolidación del
capitalismo para pasar más directamente al socialismo. Cómo
dijo unas semanas después en el Foro Social Mundial de Porto
Alegre, Brasil:
“Es necesario trascender el capitalismo, pero
agrego yo, el capitalismo no se va a trascender por dentro del
mismo capitalismo, no... Es posible trascender el capitalismo
por la vía del socialismo y más allá, en democracia ¡En
democracia!”
A los obreros y campesinos celebrando el primero de mayo de
2005 bajo el lema “Cogestión y Revolución”, Chávez los exhortó
a tomar control de sus lugares de trabajo, siempre “dentro de
la ley”, que está sintetizada en la nueva Constitución
venezolana y en las acciones del gobierno democráticamente
aprobado (ocho veces, incluyendo la aprobación del 60% de los
que votaron en el referéndum del 15 de agosto de 2004). La
cogestión es una forma de control obrero y campesino sobre la
producción económica del país. Comenzó con actos espontáneos
de obreros en las “tomas” de manufacturas, de válvulas, papel
y textiles después de la victoria popular contra el golpe de
estado imperialista de abril de 2002, y durante la crisis
política y la caída económica creada por el paro de los
administradores y sindicalistas corruptos del sector petrolero
y otras industrias a fines de 2002 y principios de 2003. En el
campo una ofensiva paralela se desarrolló. Respondiendo a este
proceso revolucionario rural y urbano, surgido desde abajo, el
gobierno creó las varias “misiones” para ofrecer oportunidades
económicas a la mayoría del pueblo, en la forma de
cooperativas, nuevas empresas pequeñas, escuelas, clínicas,
entrenamiento técnico, proyectos de construcción, campañas de
alfabetización y más.
En su discurso del primero de mayo, Chávez invitó a los
dueños de empresas pequeñas y medianas (y aún algunas grandes
donde haya voluntad de tratar a los obreros decentemente) a
participar en la cogestión, prometiéndoles créditos estatales.
Ya se habían creado federaciones de pequeños y medianos
empresarios con apoyo estatal en oposición a la FEDECAMARAS,
la golpista y tradicional organización de empresarios. También
el gobierno había establecido recientemente un tope de 17 mil
millones de dólares a la cantidad de reservas internacionales
que el Banco Central puede guardar, dejando el resto de las
reservas (10 mil millones de dólares) disponibles para los
proyectos sociales de la revolución bolivariana. Además, a
mediados de mayo de 2005 Chávez anunció que Petróleos de
Venezuela (PDVSA) tenía prohibido pagar gastos de cualquier
índole a las transnacionales en dólares.
Chávez dijo el primero de mayo que para lograr un nuevo
socialismo pluralista y participativo – también “cristiano”,
porque Chávez, por cierto, es orgulloso de ser “cristiano en
lo social” – habría que seguir el camino de una “democracia
revolucionaria”.
Para alcanzar tal democracia le aconsejó al pueblo movilizarse
para las próximas elecciones del congreso nacional y arrollar
los viejos partidos corruptos tratando de volver al viejo
sistema no-democrático. Así que en Venezuela la perspectiva
para un nuevo socialismo parece bastante favorable, siempre
sui géneris sin copiar ningún “modelo”, siguiendo el
consejo del gran pensador marxista peruano José Carlos
Mariátegui.
Pero, como Chávez ha proclamado frecuentemente, ningún
proceso de cambio radical puede sobrevivir si se limita a un
país. Es imprescindible extender el proceso a otros países,
siempre buscando la unidad: el internacionalismo.
En este contexto, según Chávez, ya hay posibilidades reales
de cumplir el sueño de un solo estado latinoamericano que
Bolívar casi hizo una realidad antes del sabotaje
estadounidense de la reunión panamericana en Panamá en 1826.
Chávez está dispuesto a ver el estado venezolano desaparecer
junto con otros estados para crear un nuevo estado unido de
toda América Latina y el Caribe.
Un primer paso en aquella dirección por parte de Venezuela es
la formación de alianzas con los países del MERCOSUR y del
Caribe, ya fortalecidas por el lanzamiento del ALBA –
Alternativa Bolivariana para las Américas- . En La Habana para
el IV Encuentro Hemisférico de Lucha Contra el ALCA, Chávez y
Fidel pronunciaron que el ALBA representa la verdadera
integración latinoamericana y la derrota definitiva del ALCA.
La práctica del ALBA es la ayuda mutua para eliminar
la pobreza. Por ejemplo, Cuba, Venezuela y otros países están
recibiendo petróleo venezolano a precios reducidos y médicos y
maestros cubanos en barrios pobres.
Fidel y Chávez han anunciado la firma dentro del ALBA de 49
nuevos acuerdos socio-económicos cubano-venezolanos que
transformarán las vidas de la mayoría de sus pueblos. Por
ejemplo, debido a la importación inicial de alimentos y otros
productos de consumo venezolanos en valor de 412 millones de
dólares, es probable que se terminará el racionamiento en Cuba
y se crearán 100,000 nuevos puestos de trabajo en Venezuela.
Otro ejemplo: debido a la participación de médicos y expertos
cubanos, habrá la formación de 40 mil médicos y 5 mil
especialistas venezolanos en Tecnología de la Salud. Ambos
países trabajarán en el diseño de un proyecto continental para
eliminar el analfabetismo.
¡Qué contraste entre el desarrollo de “la vida” del ALBA y de
“la muerte” del ALCA! Por eso las ideas bolivarianas y
socialistas contra el capitalismo neoliberal están “en el
aire”, en la misma manera que las ideas anti-feudales de la
Revolución Francesa dominaron los debates ideológicos hace dos
siglos.
Otros pasos hacia la
integración y unificación de América Latina y el Caribe
incluyen los siguientes: la creación en diciembre de 2004 de
la Unión de América del Sur; el desarrollo de Petrosur,
ligando Venezuela con Argentina y Brasil en la industria
petrolera; el lanzamiento multilateral de la alternativa a
CNN, un canal de satélite “Televisora del Sur”, una empresa
mixta parecida a lo que significa Al-Jazeera en el Medio
Oriente; y la promoción por parte de Chávez de una Carta
Social de las Américas y un Cártel de Deudores para romper la
estrangulación financiera de las economías latinoamericanas.
No es por nada que el Segundo Congreso Bolivariano de los
Pueblos declaró 2005 “Año de la Ofensiva y Progreso de la
Unidad de los Pueblos de Latinoamérica y del Caribe”.
En todas partes se debaten perspectivas de nuevos socialismos
y nuevas izquierdas posibles, porque no son solamente
imprescindibles sino también posibles. Uno de los
intelectuales entrando al debate es el periodista Fernando
Ramón Bossi, Director de Cuadernos para la Emancipación
<www.emancipacion.org
>, quien tiene una visión del socialismo muy común en
América Latina:
“Nuestro
socialismo del siglo XXI entonces, caminará al ritmo de la
conciencia de los pueblos, llevando adelante una profunda
batalla ideológica contra el pensamiento capitalista
dominante, continuando las históricas luchas por la unidad, la
libertad y la justicia del pueblo latinoamericano caribeño,
confraternizando con todos los pueblos del mundo, sin perder
de vista el objetivo central -la felicidad del pueblo- y
forjando, en la marcha, al hombre y mujer nuevo que salvará a
la humanidad de la autodestrucción”.
Además del proceso bolivariano en América Latina, la
coyuntura mundial actual favorece movilizaciones para un nuevo
socialismo: los poderes imperialistas confrontando una crisis
económica; dificultades militares y políticas para las fuerzas
intervencionistas en Irak, Afganistán, las Filipinas, y Haití;
varios movimientos sociales creciendo en tres continentes
contra la globalización capitalista neoliberal y con ansias de
soluciones reales; rechazo popular al estalinismo o el “viejo
socialismo” autoritario; desencanto con la mal llamada
“democracia” de las sociedades capitalistas; aún dentro de tal
“democracia lite” las elecciones de candidatos del
centro-izquierda; en breve, reconocimiento que el emperador es
desnudo bajo su vestido nuevo de globalización capitalista
neoliberal.
Pero todo el mundo sabe que un tigre acorralado no es “un
tigre de papel” sino un monstruo sumamente peligroso. Por eso
hay una gran amenaza a la humanidad y al planeta: un
imperialismo dispuesto a usar armas nucleares y cometer
crímenes peores que los ya cometidos. Por eso también el
imperialismo tiene América Latina y el Caribe en la mira.
Es verdad como ha dicho Chávez: “O el Capitalismo nos acaba o
construimos el otro camino que el mundo clama, el
Socialismo”.

*
Ponencia
para La Primera Conferencia Nacional “La Obra de Marx frente
al Siglo XXI,” Universidad Autónoma de Guerrero en
Chilpancingo, originalmente planeada para el 18 al 19 de
mayo de 2005, pero pospuesta hasta septiembre/octubre.
**
Dr. James D. Cockcroft, Ph.D., Stanford University,
es Internet Profesor de la Universidad Estatal de Nueva New
York y vice-presidente del Tribunal Benito Juárez que oyó
cargos de terrorismo estadounidense contra Cuba a fines de
abril de 2005 en la Ciudad de México. Tres veces un becario
Fulbright, él es autor galardonado de 35 libros sobre
América Latina; globalización; derechos humanos; migración;
y la cultura. Sus tres últimos libros son (1) América
Latina y Estados Unidos. Historia y política país por país;
(2) Salvador Allende. Textos escogidos; y (3) La
esperanza de México. Como inmigrante canadiense, el
doctor Cockcroft es miembro de la Coalición Venezuela
Estamos Contigo y de la Coordinadora Internacional en
Defensa de la Humanidad.