Esta
diferenciación conceptual toma importancia desde el punto de
vista de las diferentes recomendaciones de política que se
requiere para cada tipo de problema. La intervención del
Estado para combatir la pobreza transitoria gira en torno a lo
que se conocen como políticas activas y pasivas en el mercado
laboral. Las políticas activas son las acciones destinadas a
facilitar la empleabilidad (reformas competitivas de la
legislación laboral, intermediación, capacitación y
reentrenamiento), mientras que las políticas pasivas son las
ayudas económicas destinadas a paliar los períodos de
desempleo. En cambio, la intervención para combatir la
pobreza persistente tiene características totalmente
diferentes. Esto no significa que las intervenciones en el
mercado laboral sean inocuas en el combate a la pobreza
persistente, por el contrario, contribuyen en forma importante
a la superación de este problema, pero deben ser
necesariamente complementadas con acciones agresivas en torno
al mejoramiento en la calidad del empleo (en términos de
retención de los puestos de trabajo y nivel de
remuneraciones) y de cuidado de la salud y la educación de
los niños, erradicando con acciones concretas sobre las
madres, la mendicidad infantil[7].
En
Argentina no hay estudio que mida la composición de cada uno
de estos dos conceptos de pobreza. La incapacidad
institucional de las fuentes oficiales de información no
permite contar con datos del tipo panel intertemporal que
permita hacer un análisis dinámico de la pobreza. Un estudio
muy rico en este sentido se presentan en ciertas encuestas y
publicaciones[8],
donde uno de los aspectos desarrollados es la configuración
de la composición entre transitoria y permanente de la
pobreza en los países desarrollados. En esos países, 1 de
cada 5 personas que se encuentran por debajo de la línea de
la pobreza son pobres persistentes.
A
pesar de que no se conoce con certeza la composición de lo
que son los pobres transitorios y los persistente, salta a
simple vista, como norma general, que las personas que se
encuentran por encima de la línea de la pobreza tienen grupos
familiares más pequeños, mayor cantidad de perceptores de
ingresos dentro del hogar, mayor cantidad de años de educación,
y mejor inserción laboral en términos de una mayor
participación en la fuerza de trabajo, menor desempleo y
mayores tasas de formalidad en sus relaciones laborales.
Dentro de la misma norma general, también se observa que el
deterioro de estos indicadores es mayor a medida que se pasa
de la pobreza a la indigencia.
¿Por
qué es ineficiente la asistencia social?
¿Cual
son las causas de tan pobre desempeño de la política
social?
Las
causas se presentan en tres planos:
i)
en el plano del desarrollo institucional del país;
ii)
en el plano de la gestión de los programas;
iii)
en el plano del control de la gestión.
El
primer plano que explica la ineficiencia de la política de
asistencia social es el deficiente desarrollo político
institucional argentino. Los programas sociales aparecen como
una política del funcionario de turno, más que como política
de Estado. Tienen débil respaldo legal ya que la gran mayoría
fueron sancionados por decretos del Poder Ejecutivo y hasta
incluso normas de nivel inferior, por lo que presentan alta
inestabilidad y sensibilidad a cambios políticos. Nacen y
mueren como consecuencia de cambios de ministros, e incluso de
secretarios. No presentan ningún grado de coordinación,
reflejando los intereses políticos particulares de los
funcionarios de turno. En síntesis, la asistencia social
refleja los problemas institucionales que existen en la
determinación de las políticas en general en la Argentina
aunque con un nivel probablemente agravado. Además, se
reproduce en los tres niveles de gobierno (nacional,
provincial y municipal).
En
el segundo plano, a nivel micro, se observan problemas
groseros en la ejecución de las acciones focalizadas. En un
editorial del diario La Nación se señalaba con precisión
este plano causal de la ineficiencia: “A falta de otros
recursos a los que antes se podía echar mano, los fondos
sociales aparecen en la lógica partidaria como el ultimo coto
de subsistencia”[9].
En la ejecución de los programas sociales se prioriza el
clientelismo político por sobre la lógica de las necesidades
sociales, dando lugar al fraude, la corrupción y el
desarrollo de estructuras burocráticas. Se evaden o eliminan
los mecanismos de generación de información, de esta forma
desaparece la transparencia en la elección de los
beneficiarios y de las instituciones ejecutoras. Uno de los
ejemplos que ilustra la falta de transparencia es el hecho que
no existen registros de beneficiarios de los programas
sociales, ni tampoco existe un registro público de las
entidades intermedias que actúan como ejecutoras de los
programas. Esta información básica, que es un requisito mínimo
para que la gente pueda saber y evaluar la pertinencia y
eficacia de la políticas sociales, no existe en Argentina[10].
En
el tercer plano, que es un corolario del anterior, la ausencia
de información sobre la gestión de los programas lleva a que
sea imposible el control. No existen herramientas fehacientes
para detectar en forma sistemática la superposición de
beneficios en un mismo beneficiario, para validar si
efectivamente los beneficiarios cumplen con los requisitos de
elegibilidad (es decir, si son pobres), para seguir la
“ruta” del beneficio en orden a evitar que la ayuda social
se desvíe al uso clientelar. Estas fallas aparecen en
los medios de comunicación, por denuncias periodísticas o de
la misma gente, en forma esporádica, pero no porque sean
casos raros, sino porque no existen instrumentos de control. Y
no existen no por falta de recursos tecnológicos y humanos,
sino por la falta de mecanismos para el control ciudadano,
ausencia que se produce porque no está en el interés de los
funcionarios el esclarecimiento y el control de lo que son las
prácticas políticas oscuras en la Argentina.
Las
falencias en el ámbito de la gestión y del control se
explican en gran medida, a su vez, por la deficiencia
institucional. La gestión deficiente y la ausencia de control
responde a la voluntad discrecional con la que el gobierno de
turno ejecuta los programas sociales. Con reglas de juego
inestables y falta de instrumentos de control por parte de los
ciudadanos y entre los poderes estatales, no debería llamar
la atención el despilfarro y el uso clientelar de la política
social. Para lograr cambios perdurables en la eficiencia de la
política social, no basta con un ministro honesto con
capacidad de gestión.
La
falta de información de gestión y control aludida impide
hacer una descripción exhaustiva de todas las deficiencias
voluntarias e involuntarias que se cometen en la ejecución de
las acciones de asistencia social. Pero es posible realizar
este ejercicio en estudios de casos de programas importantes y
referenciales en lo que hace a los programas sociales. A
continuación se presentan dos casos paradigmáticos de cómo
es la gestión de la política social en Argentina.
El
programa Probienestar
El
Probienestar es el principal programa alimentario destinado a
las personas mayores que enfrentan una situación socioeconómica
crítica. Fue creado en 1992 mediante la resolución Nº 1517.
Se encuentra reglamentado por diversas resoluciones del
Instituto Nacional de Servicios Sociales para jubilados y
Pensionados (INSSJP), entre ellas la Resolución Nº 1822 de 1992 que
establece el beneficio de complemento alimentario, comúnmente
conocido como bolsón de alimentos[11].
El
presupuesto destinado por el INSSJP para el programa
Probienestar era de 105 millones de pesos para el año 2001,
aunque como consecuencia de los problemas fiscales se redujo
en el 2001 a 95 millones de pesos. En la práctica, se puede
entender que toda vez que el INSSJP esté intervenido, los
recursos del programa son determinados por el Poder Ejecutivo
Nacional.
A
continuación se presenta el funcionamiento “teórico” del
programa para contrastarlo con el funcionamiento real. Para
realizar dicha contrastación se ha recurrido a diversas técnicas
de recolección de información. Por un lado, durante los
meses de octubre y noviembre del 2001, se realizaron diversas
entrevistas a beneficiarios, técnicos de campo, dirigentes de
centros de jubilados y coordinadores del programa, ubicados en
la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano Bonaerense. Asimismo,
se entrevistó a diversos funcionarios ocupados en la
dependencia central del INSSJP, se analizaron estadísticamente
algunos datos brindados y se recopilaron notas periodísticas
referidas al programa.
La
conclusión central es la notoria diferencia que existe entre
las disposiciones normativas que reflejan el funcionamiento
“teórico” y el funcionamiento real del programa.
El funcionamiento “teórico” del
Probienestar.
El
objetivo del programa es elevar el nivel de vida de los
afiliados del INSSJP con necesidades básicas insatisfechas
(NBI) y sin sostén familiar, por medio de un beneficio
alimentario, promoviendo a su vez la integración comunitaria.
La norma alude como dispositivo de elegibilidad al concepto de
NBI a pesar de lo complejo que resulta medir dicha
caracterización.
El
programa brinda distintos beneficios: i) los bolsones de
alimentos mensuales; ii) servicio de comedor y viandas
diarias; y iii) subsidios a los centros de jubilados para
financiar mejoras edilicias. El primero de los beneficios
descriptos, el bolsón alimentario, representa
presupuestariamente cerca del 90% de los recursos del
programa.
Los
requisitos de elegibilidad para ser beneficiario del
Probienestar son: i) ser afiliado titular al INSSJP; ii) ser
mayor de 70 años, o discapacitado, o pensionada con hijos
menores de 14 años a cargo; iii) percibir haber previsional
único y mínimo; iv) no contar con sostén familiar, ni otros
ingresos; v) encontrarse en situación socioeconómica
critica.
Cabe
destacar que todos y cada uno de los mencionados requisitos
son excluyentes por lo que, de acuerdo a la normativa, la
persona debe cumplir con la totalidad de los mismos para
calificar como potencial beneficiaria. Sin embargo, la
normativa también indica que excepcionalmente se podrá
otorgar el bolsón a personas afiliadas titulares al INSSJP,
que a pesar de no cumplir con algunos de los requisitos
establecidos, se encuentra en situación socioeconómica
critica.
La
ejecución el programa se realiza a través de entidades
intermedias, que son los centros de jubilados. Los centros de
jubilados que actualmente actúan como entes ejecutores del
Probienestar suman aproximadamente 2.700 en todo el país. Los
centros de jubilados tienen la obligación de hacer cumplir
los requisitos de elegibilidad, no imponer ninguna condición
ajena a dichos requisitos para el acceso al beneficio, no
cobrar suma alguna a los beneficiarios por la distribución de
los bolsones, ni utilizar al programa con finalidades
partidistas.
La
gestión en la distribución de los beneficios debe
realizarse, desde el punto de vista normativo, respetando el
siguiente procedimiento. El INSSJP autoriza a los centros de
jubilados a funcionar como entes ejecutores en la distribución
de los bolsones alimentarios. Los centros de jubilados son los
encargados de seleccionar a los beneficiarios, proceso que será
controlado por el INSSJP para determinar si los beneficiarios
seleccionados cumplen con los requisitos de elegibilidad.
Dicha tarea está a cargo de las sucursales locales del
INSSJP.
Los
centros de jubilados reciben la transferencia de dinero desde
el INSSJP y compran los alimentos que constituirán el bolsón.
Para seleccionar al proveedor de los alimentos los centros
deben realizar una licitación en la cual deben participar al
menos 3 comercios. El contenido del bolsón está previamente
definido por el INSSJP (ver anexo normativo), y su costo
promedio se ubica entre los $19 y $21 por bolsón.
Finalmente,
los centros de jubilados son los encargados de armar el bolsón,
tarea por la cual no deben cobrar ninguna comisión, y
entregarlos a los beneficiarios. Así como son los encargados
de controlar los requisitos de elegibilidad de los
seleccionados, la sucursal local del INSSJP es también la
encargada de supervisar la distribución.
El funcionamiento real del programa.
A
continuación se presenta la descripción del funcionamiento
real del programa en forma ordenada según el proceso de gestión.
—
El INSSJP autoriza al centro de jubilados a funcionar como
organismo ejecutor.
El
50% de los 2.700 centros existentes fue creado con
posterioridad a la implementación del programa. En principio,
esto no implica ninguna desviación si se piensa que la misma
existencia del programa es la que ha incentivado al movimiento
comunitario en pos de una organización que brinde atención
a la población más vulnerable. Sin embargo, esta visión se
diluye y surgen las sospechas cuando se considera que, según
los técnicos de campo entrevistados, el 90% de los centros de
jubilados ubicados en la Ciudad de Buenos Aires son de
extracción política, la mayoría de los cuales fueron
creados a partir de la iniciativa de los propios funcionarios
del INSSJP.
La
percepción de estar frente a una importante desviación se
refuerza al observar lo que ocurre en la realidad en el
proceso de selección de los beneficiarios.
—El
Centro de Jubilados selecciona a los beneficiarios.
De
los 32 jubilados entrevistados en la fila de recepción del
bolsón, solo 8 cumplían con los requisitos de elegibilidad,
16 lo harían, en principio, por vía de excepción, y 8 eran
claramente no elegibles. En este último caso, se observaron
beneficiarios que concurrían acompañados por personal doméstico
o en automóvil propio. Todos los centros de jubilados
entrevistados se excusaron de mostrar el listado de
beneficiarios, a pesar de que la normativa indica que deberían
tener dicha información disponible al publico. Varios de los
dirigentes de los centros mencionaron haber recibido una u
otra forma de presión alguna vez para incluir entre los
beneficiarios a alguna persona con determinada afiliación política.
—
El INSSJP controla los requisitos de elegibilidad de los
beneficiarios
El
INSSJP nunca auditó el cumplimiento de los requisitos de
elegibilidad de los beneficiarios. Es más, actualmente ni
siquiera existe un padrón completo y actualizado de
beneficiarios. El último padrón existente corresponde a
diciembre de 1999. Además de la desactualización contiene
información sólo de 308 mil beneficiarios, cuando a esa
fecha el universo de beneficiarios superaba los 480 mil
personas. Es decir, el padrón que hoy tiene el INSSJP para
controlar el destino que se le da a más de 100 millones de dólares
anuales en ayuda social tiene dos años de antigüedad y
contiene sólo 2/3 de los registros que debería tener.
De
los 180.000 registros faltantes, la mayoría corresponden a la
sucursal de La Rioja. En esta provincia, el 73% de los
afiliados al INSSJP recibía el bolsón del Probienestar,
mientras que la media nacional era del 14%.
A
pesar de las imperfecciones en el padrón de beneficiarios, la
base de datos muestra la siguiente caracterización de los
beneficiarios del Probienestar: i) el 22% de los beneficiarios
no son afiliados titulares; ii) el 50% es menor a 70 años; y
iii) el 95% no está registrado que tengan necesidades básicas
insatisfechas (NBI). Al combinar estos tres elementos, resulta
que tan solo 7.092 beneficiarios de los 307.915 registrados
cumplen con todos los criterios centrales de elegibilidad
definidos por el mismo INSSJP. Es decir, sólo el 2,2% de los
beneficiarios (Ver anexo x).
De
todas formas, es pertinente relativizar este bajísimo
porcentaje de beneficiarios receptores del bolsón alimentario
que no tienen NBI. En muchos casos, hay una disociación entre
la metodología de medición y la realidad del anciano en el
hogar en que habita. Tomando la caracterización de un
beneficiario del Probienestar, en forma individual o con su cónyuge,
es altamente probable que se concluya en que la persona no
tiene NBI, ya que cuenta con un ingreso fijo mensual por
encima de lo que en las mediciones de pobreza se considera
como el umbral, la ausencia de inflación, la cobertura de
salud y además, la percepción de un suplemento alimentario.
Sin embargo, la realidad de muchas de estos ancianos es que
son importantes perceptores de recursos en hogares ampliados,
donde los hijos son trabajadores informales o desocupados, y
por ende, el haber jubilatorio, la cobertura de salud y el
bolsón alimentario son el único sustento estable con el que
cuenta toda la familia. Así entonces, es posible observar
desde el punto de vista estadístico que muchos ancianos
perceptores del beneficio alimentario no serían elegibles,
pero si se pudiera ajustar la medición con las características
del hogar ampliado, el porcentaje aumentaría
considerablemente.
Lo
anterior tiene dos importantes connotaciones. La primera es
que deja al descubierto un importante falla desde el punto de
vista del diseño de lo que es un programa alimentario. En
este tipo de programas, la población objetivo debe ser el
hogar pobre y no el anciano. La segunda es que se torna inútil
la definición dietaria del bolsón y hasta contraproducente,
toda vez que los destinatarios finales no son solamente los
ancianos sino todo el hogar ampliado: los hijos y los nietos.
—El
Centro de Jubilados recibe el dinero y compra los alimentos
que conforman el bolsón.
Este
proceso en el esquema de gestión del Probienestar es el más
inadecuado desde el punto de vista de la eficiencia y la
transparencia en el manejo de los recursos. Sin entrar a
considerar todavía la alta potencialidad al fraude, desde el
punto de vista técnico, delegar en el centro de jubilados la
compra y armado del bolsón resulta altamente ineficiente ya
que los centros no cuentan con infraestructura adecuada para
la conservación de ciertos alimentos que requieren de cadena
de frío, ni de espacio apropiado en términos de condiciones
ambientales y/o tamaño para albergar mercadería en volumen.
Esto ha llevado a que, en algunos casos, el INSSJP destine
parte de los recursos del programa a la adquisición de
maquinaría de frío y ampliaciones edilicias aumentando en
forma injustificada el costo administrativo del programa. En
los casos en que estas inversiones innecesarias no se
realizaron, el proceso complica en extremo la gestión de
distribución ya que exige ser hecho en tiempos muy acotados,
caso contrario, el programa también carga con el sobrecosto
por la descomposición de parte de los alimentos.
Además
de esta ineficiencia técnica, el aspecto más sensible del
programa es que en este proceso es donde se abren las
posibilidades de fraude en la compulsa por la compra de
alimentos. En general se observa que la compulsa es un mero
formalismo, donde existente connivencia entre los centros y
los comerciantes proveedores. En el trabajo de campo, todos
los centros de jubilados se excusaron de mostrar información
sobre el proceso licitatorio. En la recopilación de notas
periodísticas llevadas a cabo en los últimos años sobre el
Probienestar, se observa que todas las denuncias se refieren a
venta de productos que corresponden al programa por parte de
los centros de jubilados y/o el pago de sobreprecios en
complicidad con el comerciante. La anécdota común en los
centros es el caso de denuncias de asaltos en donde el dinero
se da por perdido.
Por
último, y no menos importante, es que con esta mecánica el
programa menosprecia la dignidad de las personas al obligarle
a consumir los productos que los funcionarios del centro de
jubilados decide.
—
El centro de jubilados distribuye el bolsón.
La
entrega del bolsón es un evento que más refleja la falta de
consideración por la dignidad de la persona que recibe la
ayuda. Si bien los centros se preocupan por organizar algunos
horarios de entrega de forma tal de evitar que la filas de
ancianos sean muy largas, es inevitable que la entrega física
de alimentos lleve a que las filas igualmente se extiendan, y
que el tiempo promedio de espera de cada individuo se torne
demasiado largo para las posibilidades de un anciano. Lo que
torna denigrante la situación es que hay una norma no escrita
por la cual el anciano que no se presenta un mes a buscar el
bolsón pierde el derecho a continuar recibiéndolo, pasando
dicho derecho a otro anciano que esta en “lista de
espera”. Los ancianos que están en “lista de espera”
suelen ir a la entrega ante la eventualidad de que no se
presente algún beneficiario. La imagen de un larga fila de
ancianos detrás de un pila de alimentos que les es entregada
en bolsas plásticas negras, más otros que están en “lista
de espera”, no se condice con los mínimos parámetros de
dignidad de un sociedad que se precie de moderna.
La
entrega física de alimentos tiene un agravante adicional y es
la complicación del traslado por parte del anciano, tanto por
el peso del bolsón como por el hecho de que los alimentos
perecederos deben ir en forma separada del resto de los
alimentos. Esto genera además un alto riesgo de descomposición
de los alimentos perecederos toda vez que la distribución se
extiende a lo largo del día (desde la 8 de la mañana hasta
las 18hs) sin garantías de que se están cumpliendo las
condiciones mínimas de mantenimiento de la cadena de frío.
Un
problema adicional y paralelo que se observa en la distribución
es el requerimiento de dinero a los beneficiarios a cambio del
bolsón. A pesar de que en teoría la recepción del bolsón
debe ser gratuita, estando expresamente prohibido cualquier
cobro, es una práctica común que el centro de jubilados
cobre 2 pesos a los beneficiarios para acceder al bolsón,
bajo el concepto de "cuota societaria". La práctica
es tan común que ningún centro niega el cobro, y hasta
inclusive, sólo consideran condenable la práctica de algunos
centros de cobrar 4 pesos en lugar de 2 pesos. Si bien
sostienen que la falta de pago en ningún caso implica la
negación del bolsón, se utilizan mecanismos de coerción
atentatorios contra la dignidad humana, como la de hacer
formar un fila a los ancianos antes de la entrega de los
bolsones y hacerlos pasar primero por un mesa en donde se
cobra la cuota societaria, para “aquellos que opten por
pagarla”. Tomando como referencia el valor de 2 pesos, todos
los centros de jubliados estarían recaudando una suma cercana
a los 10 millones de pesos por año. Es decir, los centros de
jubilados estarían aumentando el costo del programa en un
10%.
—
El INSSJP controla la distribución.
En
general siempre hay personas que representan al programa en la
distribución a fin de controlar que no ocurran incidentes. Más
allá de esta vigilancia casi de forma, los técnicos de campo
mencionan que desde el INSSJP nunca se instruyó ni se realizó
una auditoria de los centros de jubilados. Un aspecto que era
de esperar cuando se detectó la negativa de los centros a
mostrar el listado de beneficiarios o los resultados de la
compulsa de precios en la compra de los alimentos.
Solo
se realizaron auditorias parciales a las mismas sucursales del
INSSJP a los efectos de controlar el uso de los fondos del
programa, y se detectaron serios incumplimientos de las normas
contables. No se sabe que haya habido sanciones por los
resultados de estas auditorias.
En
fin, la descripción realizada pretende ilustrar todas las
deficiencias que se producen en la gestión de uno de los
programas sociales más importantes del país a través de la
comparación entre lo que debería ser el funcionamiento “teórico”
del programa y lo que realmente es, en los hechos. La
descripción del funcionamiento real está hecha sobre un
relevamiento de campo, el cual puede no ser riguroso desde el
punto de vista de inducir resultados generales en base a
observaciones parciales. Desde esta perspectiva la descripción
puede estar cargada de inexactitudes, más no es discutible
que los hechos narrados son la realidad en los lugares
visitados, y que dicha realidad se reproduce, si bien no en
todos, por lo menos en una proporción importante de los otros
centros no visitados.
A
pesar de las limitaciones metodológicas inmanentes de un
trabajo de campo producto de la carencia absoluta de información
fidedigna, un dato estadístico que resulta muy relevante a la
hora de cuantificar cuan ineficiente es la gestión de este
programa es su costo administrativo. Actualmente existen 553
agentes exclusivamente contratados por el INSSJP para
controlar la ejecución del programa generando un gasto de 11
millones de pesos anuales, es decir, el 12% de los recursos
del programa.
Si
a este costo se le suma lo que los centros le cobran a los
jubilados, el costo administrativo final aumenta al 22%. Un
monto exagerado si se tiene en cuenta las enormes fisuras por
donde se desvían los fondos, que no hay mecanismos de control
y auditoria, y la denigración a que se somete a los ancianos
en la distribución.
Los
problemas del Probienestar comienzan en el diseño mismo y se
extienden a la gestión. Desde un ángulo general, a nivel del
Poder Ejecutivo, si lo que se pretende es que el beneficio
alimentario llegue a los hogares pobres, la unidad de
focalización deberían ser éstos y no los ancianos de los
que no se cuenta con información de su hogar. Esto no es óbice
para dar un suplemento a ancianos de bajos recursos, pero
dicho suplemento no necesita ser a través de la entrega
directa de alimentos con mecanismos de distribución poco
dignos. En la gestión los defectos no pasan por la utilización
de los centros de jubilados sino por la ausencia total de
instrumentos de control que permitan hacer transparente la
elección de beneficiarios, de los centros de jubilados y el
destino de los beneficios.
El
programa Trabajar
El
Trabajar es el principal programa de ayuda económica a las
personas que se encuentran en situación de desempleo. Fue
creado en 1996, aunque la versión actualmente vigente del
programa, que es la tercera, fue creada mediante la resolución
Nº 327/98 del entonces Ministerio de Trabajo y Seguridad
Social[12].
El
presupuesto destinado al programa Trabajar fue de 262 millones
de pesos para el año 2001. Del total de presupuesto, 225
millones de transfieren a las provincias mientras que los
restantes 37 millones son ejecutados por la propia cartera
laboral nacional.
El
funcionamiento “teórico” del Trabajar.
El
objetivo del programa es otorgar subsidios económicos a través
del financiamiento de mano de obra para la realización de
proyectos comunitarios orientados a satisfacer necesidades
socialmente relevantes de la población de menores recursos.
El
beneficio consiste en una suma no remunerativa que varía
entre 160 y 120 pesos mensuales por un período máximo de 6
meses y con una contraprestación de 6 horas de trabajo
diario.
Los
requisitos para acceder a los beneficios del programa
son:
estar
desocupado;
no
percibir seguro de desempleo; y
estar
debajo de la línea de pobreza. Todos y cada uno de los
mencionados requisitos son excluyentes para acceder al
beneficio.
Con
una modalidad similar al Probienestar, la ejecución del
programa no es realizada por el Ministerio de Trabajo o los
gobiernos provinciales en forma directa, sino que se realiza a
través de organismos públicos nacionales, provinciales y
municipales, y organismos no gubernamentales. Los organismos
se comprometen a llevar a cabo un proyecto u obra de
infraestructura para lo cual el mismo organismo financia la
materia prima y el programa Trabajar la mano de obra.
La
gestión en la distribución de los beneficios debe
realizarse, desde el punto de vista normativo, respetando el
siguiente procedimiento. Los organismos ejecutores proponen al
Ministerio de Trabajo un proyecto, que generalmente se trata
de obras de infraestructura de interés comunitario
(pavimentación, remodelación de obras, mantenimiento de
lugares públicos, etc) comprometiéndose a financiar la
materia prima. El Ministerio de Trabajo evalúa y aprueba los
proyectos, momento a partir del cual el organismo ejecutor
selecciona los beneficiarios, que serán quienes trabajarán
en la obra o servicio propuesta en el proyecto. Mensualmente,
el Ministerio de Trabajo, a través de Administración
Nacional de la Seguridad Social (ANSES), ordena el pago en
forma nominada a cada beneficiario. En este proceso el control
del cumplimiento de los requisitos de elegibilidad de los
beneficiarios es compartido entre el Ministerio de Trabajo y
los organismos ejecutores. Por último, el Ministerio de
Trabajo controla la ejecución y la finalización de la obra.
El funcionamiento real del programa.
Al
igual que en el estudio de caso del Probienestar, se describe
a continuación la descripción del funcionamiento real
tomando como esquema el procedimiento teórico del programa.
—Los
organismos ejecutores proponen un proyecto y el Ministerio de
Trabajo los evalúa y aprueba.
En
general, la elevación de un proyecto es una mera formalidad.
La cantidad de beneficios con el que contará cada organismo
ejecutor en cada provincia es el resultado de una compulsa política
entre los referentes zonales, es decir, el gobernador, los
intendentes, los referentes opositores del partido político
que se encuentra en el gobierno y las ONGs más referenciales.
En esta compulsa, logrado el acuerdo, cada organismo ejecutor
cumple con la formalidad de elevar un proyecto que en general
no corren riesgos de ser rechazados.
Muchas
veces ni siquiera se cumple con la formalidad de la elevación.
Los subsidios se otorgan como contraprestación de una
negociación política ante la presión ejercida por grupos de
personas conformadas en “piquetes”. Muchos de estos
“piquetes” son la respuesta violenta de los referentes políticos
zonales excluidos de la distribución acordada en la compulsa
original. Es por ello que, en general, estos “piquetes”
son promovidos por grupos políticos opositores al partido
gobernante de la región[13].
—El
organismo ejecutor selecciona los beneficiarios.
La
práctica más común es que muchos organismos ejecutores
utilicen los beneficios del programa para posibilitar a los
operadores políticos (“punteros”) la organización y el
financiamiento de la estructura de apoyo partidario. Se
otorgan los beneficios a personas que están dispuestas a
concurrir a manifestaciones populares de apoyo al referente
político. La lógica del acceso al beneficio es una extorsión
al beneficiario para que participe en manifestaciones políticas,
cortes de ruta, o "donar" parte del beneficio a la
organización. En este sentido, el programa Trabajar permite
construir una importante red de control social por parte de
los referentes políticos zonales de las personas de mayor
vulnerabilidad social.
Hay
muchos indicios que ponen de manifiesto este fenómeno. Sobre
un relevamiento sobre todas las notas periodísticas referidas
al programa TRABAJAR publicadas en los diarios La Nación y
Clarín entre 1997-2001, en el 74% de los casos, la nota hace
referencia a una denuncia de interferencia política en la
asignación de los beneficios. Todos los dirigentes de ONG
entrevistados declaran conocer que la elección de
beneficiarios respondió a intereses y presiones políticas.
Se han detectado casos en donde el municipio selecciona a
familiares de los funcionarios.
—El
Ministerio de Trabajo controla los requisitos de elegibilidad
de los beneficiarios.
La
base de datos de la que dispone el Ministerio de Trabajo no
permite realizar el control de elegibilidad. Ésta sólo tiene
registrado los datos personales a los efectos de posibilitar
la liquidación del subsidio, pero no cuenta con ningún otro
atributo que permita determinar el perfil socioecónomico de
la persona.
En
un estudio que analiza la elegibilidad de los beneficiarios
correspondientes a 350 proyectos, los cuales abarcan 7.000
beneficiarios elegidos de manera aleatoria, sólo se pudo
encontrar la dirección y obtener respuesta de 3.500 personas.
Este indicador puede interpretarse como evidencia que,
potencialmente, el 50% de los beneficiarios no cumple con los
requisitos de elegibilidad. De los otros 50% (los que
respondieron) la mitad se encuentran por encima de la línea
de pobreza.
—El
Ministerio de Trabajo paga el beneficio en forma nominada a
cada beneficiario.
El
objeto de la nominatividad del pago es evitar que el beneficio
se desvíe hacia otra persona distinta al beneficiario. Sin
embargo, lo que ocurre es que una persona se presenta al cobro
en nombre de todos los beneficiarios del proyecto, bajo el
fundamento de que la vulnerabilidad de la persona le impide
tener un documento de identidad o trasladarse hasta el lugar
de cobro por vivir en zonas alejadas. Cada vez que se procuró
evitar esta mecánica, hubo fuertes presiones por parte de los
organismos ejecutores en contra de cualquier racionalidad, por
lo que el beneficio, si bien en teoría nominado a favor del
beneficiario, es cobrado en muchos casos por el propio
organismo ejecutor. Y aun cuando sea cobrado por el propio
beneficiario, esto no es óbice que luego sea obligado a
“donar“ parte del beneficio al referente político que le
dio el beneficio. En este marco es imposible para el Estado
hacer un seguimiento y control de la ruta del beneficio.
—El
Ministerio de Trabajo controla el cumplimiento de la ejecución
del proyecto por parte del organismo ejecutor.
Según
un funcionario del SIEMPRO, más del 80% de los proyectos
relevados no terminaron la obra a la cual se había
comprometido.
A
diferencia del Probienestar, este programa no tendría
deficiencias profundas en su diseño, aunque obviamente puede
ser perfeccionado. El problema son los mecanismos de gestión
que impiden controlar el uso de los recursos sentando las
condiciones más propicias para el uso clientelar de la
asistencia social.

[1]
Cf. En mi trabajo Aportes para la construcción de nuevas
alternativas sociales, llamo a esta década : segunda década
infame, recordemos que la primera fue la del período
1930-1940. Esta década se caracterizó entre otras cosas
por el primer golpe de Estado así como en periodos
“democráticos” el fraude electoral.
[2]
LA ASISTENCIA SOCIAL EN ARGENTINA Un caso paradigmático
de costo social producido por la ineficiencia
Primera parte: diagnóstico Instituto de Trabajo y
Seguridad Social Marzo 2002
[3]
GIORDANO, Osvaldo: ¿Es Posible Combinar Crecimiento con
Equidad?, Fundación Novum Millenium. Serie Documento #21.
Buenos Aires, Argentina, 2000.
[4]
Datos INDEC y Ministerio de Economía de la Nación.
[5]
Circular Ministerio de Economía, 2003
[6]
Cf Circular Ministerio de Trabajo de la Nación. También
hay datos en los periódicos de la CTA y MTA, 2000-2004.
[7]
Cf. En mi trabajo, "Pensar la Ciudad: Estudios sobre el
Barrio, Los actores sociales excluídos: niños y jóvenes",
hay datos que demuestran el impacto de lo “laboral” en
los niños, algunos de los cuales son mendigos u optan por
la mendicidad.
[8]
Encuestas Consultora Equis. La década del noventa.
Informe anual. 2000.
[9]
Fuente Diario La Nación.
[10]
Ver, Mario Rodríguez: "Aportes para la construcción
de nuevas alternativas sociales".
[11]
Fuente Ministerio de Economía, Ministerio de Acción
Social, PAMI, INSSJP, ANSES, Centro de Jubilados
“General Belgrano”, Centro de Jubilados Alem, Centro
de Especialidades Médicas Alem, Dispensario de Atención
Médica de la Zona Norte de Córdoba, etc.
[12]
Fuente Ministerio de Trabajo y Bienestar Social. ANSES.
[13]
Cf. Ver "Aportes..."