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La gran marcha de la
indignación del pueblo mexicano. |
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María del Rayo Ramírez Fierro.
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El domingo 24 de abril,
concurrió más de un millón de personas a la marcha del silencio
convocada por el C. Andrés Manuel López Obrador, misma que
partió del legendario Museo de Antropología e Historia con el
objetivo de llegar al corazón político no sólo de la capital
sino de la República misma. Las crónicas de algunos Diarios,
especialmente La Jornada,
narran el sentido festivo, creativo y de plena indignación de
los mexicanos, algunos de los cuales sin ser “ciudadanos” (niños
y mascotas) expresaban juicios respecto a la cínica conducta de
la Procuraduría General de la República y la Presidencia, a
través de su vocero.
Si bien esta gran marcha en la
que he participado, la más grande y llena de coraje, a pesar de
la consigna del silencio, que no fue de 120 mil personas como
afirmaron los representantes de la Seguridad Pública del
Gobierno Federal, confirmó la crítica social al manejo banal de
una de las decisiones más importantes de la vida política de
nuestro país y de su estabilidad social, no representa lo que a
mi juicio es lo verdaderamente importante.
Lo verdaderamente digno de
tomarse en cuenta en el cálculo político cínico de la mayoría de
los que dicen “representar” al pueblo de México es que con sus
desaciertos están logrando lo que ninguna campaña presidencial
ha logrado, y sabemos que eso nos cuesta muchísimo dinero a los
ciudadanos que contamos con un empleo formal. Esta es la
conclusión a la que llegué después de que el mismísimo domingo,
en el Sanborn’s de los Azulejos, se prendieron al menos 2
televisores para que los “clientes” pudieran ver o escuchar
mientras llenaban sus estómagos que ya habían caminado al menos
6 kilómetros, el discurso del C. Andrés Manuel López Obrador
–porque eso de Ciudadano, creo, aún no se puede poner en
duda-. Y bien, algunos clasemedieros suertudos en encontrar una
mesa vacía para almorzar en la casa de los Azulejos, nos
encontramos en las salas de este histórico edificio más que como
“clientes” como meros ciudadanos que querían escuchar el
discurso, ante la imposibilidad de acercarnos más a la plaza
central que se encontraba copada por miles de personas.
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Escuchar y ver el discurso más
importante del día, en el interior de un restaurante, espacio
privado y público al mismo tiempo, ya tenía algo de insólito,
pero sentir el interés generalizado, el apoyo a un Ciudadano y
gobernante de la ciudad de México, hasta que la Suprema Corte
diga lo contrario, y aplaudir la noticia de su regreso al
trabajo que los mismos ciudadanos pusieron en sus manos en el
2000, eso si fue sorpresivo y relevante. Aún más, lo que no pudo
hacer una campaña mediática orquestada desde la Secretaría de
Gobernación el pasado 15 de septiembre, de cantar “como buenos
ciudadanos” el Himno Nacional a las 12 horas, en cualquier
lugar, público o privado, lo ha logrado la serie de
contradicciones, ambigüedades, acuerdos subterráneos y cinismo
del PAN, el PRI, la PGR y la Presidencia, en la conciencia
política de muchos mexicanos que aún creemos que es posible
transformar verdaderamente la sociedad y la vida política de
nuestro país y del mundo entero. En la calle, pero también en el
interior de la Casa de los Azulejos, todos los presentes, sin
una orden de por medio, nos levantamos y entonamos el Himno
Nacional; algunos sacaron de sus mochilas una bandera de México
que habían llevado a la marcha; otros, incluso se llevaron la
mano derecha al pecho. Y todos, en ese momento, nos reconocimos
como pueblo.
La gran marcha del silencio
expresa no sólo el repudio al desafuero del C. Andrés Manuel
López Obrador -que aunque es un nombre muy largo, es mucho más
digno que llamarlo despectiva y simplemente Sr. López-, sino la
defensa de la incipiente vida democrática en nuestro país.
Habrán otras marchas, tal vez sin tapabocas. Ojalá que no
tengamos que salir a las calles con sartenes y cucharas a exigir
que “se vayan todos” los políticos corruptos como en Argentina.
Ojalá que lo que nuestros pueblos hermanos de Venezuela, Bolivia
y Ecuador, nos han enseñado recientemente, no tengamos que
hacerlo en nuestro país.
El camino por la defensa de
una vida política a la altura de los tiempos y por no ser
tratados como imbéciles, apenas comenzó. Esto, según mi parecer,
si es lo más importante.
Simplemente saque usted sus
propias conclusiones.
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