Estudios sobre el Barrio. Los actores sociales excluidos: niños y jóvenes hacia una construcción comunitaria (segunda parte).

Mario Rodríguez

 

Abril-Mayo 2005

Parte II

 

Capítulo I. Hacia la construcción de una propuesta social

 

La salida hacia el reconocimiento 

 

Cuando salen a la calle, quizás los niños y jóvenes marginales están buscando un espejo en el cual verse, pero el espejo que encuentran está demasiado empañado.  La identidad que encuentran en la mirada de las personas del centro, está  relacionada con un sentimiento de piedad por su desordenado y sucio aspecto exterior o por su condición de “malandra”.  El reto para un programa que busca fortalecer la identidad del niño de la calle es brindar otro espejo, otro tipo de reconocimiento.             

Por desgracia, muchos programas bien intencionados fallan porque no entiendan el deseo de ser reconocido como una persona importante e independiente.  Mucha gente empieza a trabajar con niños de la calle porque les quieren “ayudar”, porque les ven como víctimas inocentes de un mundo cruel.  Esta actitud reconoce al niño como sujeto de derechos humanos o como una criatura de Dios.  Sin embargo, también lo rotula como pobre, como carente, o como objeto de piedad.           

La piedad es un tema complicado: si bien todos queremos que los demás reconozcan y simpaticen con nuestros sufrimientos de vez en cuando, esta simpatía jamás conducirá a una vida plena, porque el que simpatiza siempre estará en una condición superior a la del que sufre.

Cuando el niño sale a la calle, no es para ser reconocido por su estado de víctima.  Es para recibir un reconocimiento que le genere orgullo y confianza. Ya sea por su astucia, la fuerza de su voluntad, su independencia, o su capacidad de sobrevivir.

¿Cómo es, entonces, ese proceso en el que un niño de la calle llega a ser reconocido por sus fortalezas? 

 

El arte [1] 

La educación es el proceso de promover la personalización del ser humano, inmerso dentro de una comunidad. Una propuesta para llevar a cabo esta personalización en el joven con problemas psicosociales es la actividad artística que le permita aflorar sus inquietudes, elaborar sus pérdidas, conocerse a sí mismo y proponerse nuevas metas. La adaptación a su entorno se logrará: por medio de la asimilación de la nueva información proveniente del ambiente, en función de las estructuras conceptuales del educando, y acomodando conceptos e ideas propias a las características vagas pero reales del medio, de manera que se logre una visión significativa e importante de su persona inmersa en la sociedad. El arte acompañará la problemática en todo momento y lo estimulará a formar grupos con quienes comparta su afición, logrando una enseñanza recíproca.

Resulta que el arte es un camino muy eficaz para lograr el reconocimiento de los niños excluidos, porque cambia la mirada social hacia ellos.  En la obra de arte, el niño experimenta la mirada del público como admiración y no como desprecio. La manifestación artística puede ser expresada a través de la danza, la pintura, el drama, el circo... lo que sea.  Lo importante es que el niño que pertenecía a la calle, ahora tiene un nuevo papel social. Se posiciona en otro lugar de la jerarquía cultural.  Y en este nuevo lugar se encuentra, o mejor dicho “se construye”, una nueva identidad que le permite salir adelante.          

La ciudad de Córdoba, Argentina, nos presenta un ejemplo excelente de este fenómeno, hay jovenes la mayoría ubicados en el centro de la ciudad, en los barrios ricos al norte de la ciudad, o en los semáforos de las áreas suburbanas.   Los jóvenes y adolescentes ganan gran parte de su sueldo a través de la actuación en los semáforos: hacen malabares, trabajan de payasos, andan con zancos, o tragan fuego.  No es que tengan una buena vida, porque no hay mucho dinero destinado a la limosna, pero pueden sobrevivir con su trabajo.  A pesar de eso, ese oficio no les trae el reconocimiento de sus capacidades. Su papel social siempre será el de mendigo o poco menos.

La experiencia nos demuestra que lo importante no es el simple reconocimiento, sino éste en función del respeto.

 






 

 

 

 

 

          

 

   

EL ARTE COMO SERVICIO 

Este trabajo tiene dos ejes el concepto de educación y el de arte.

La expresión artística no es privativa de ninguna edad, raza, situación social o credo religioso, es lenguaje universal y atemporal. Basta que el ser humano lo desee y las puertas del arte se abren en un infinito horizonte.

Nunca el arte cierra las puertas de la libertad espiritual a una multitud de seres en pleno proceso de construcción.( Todo ser humano está en continua construcción.)  

El mejor camino hacia la libertad es el arte y éste no se enseña, se promueve. Se motiva con una educación individualizada y permanente.

La educación es el proceso de personalización de cada ser humano; es una motivación para la trascendencia; un encontrarse consigo mismo inmerso en una comunidad de semejantes. El arte es la mejor manera de lograrla. Arte y educación en un círculo "virtuoso" en donde uno coadyuva con el otro.

Toda metodología que lastime o mutile las íntimas aspiraciones del educando, no merece el nombre de Educación. Ninguna didáctica que tome con menosprecio en cualquier sentido a quien se acerca al arte, será efectiva. 

Sin importar, como dijimos, la edad, cuando se promueve la conciencia de sí y el perfeccionamiento integral del ser humano, respetando su unicidad y alentando el libre y propio esfuerzo para conseguir las metas trazadas, se puede observar el bello fenómeno de la conversión del individuo en la persona que realmente "es" o mejor dicho que se está haciendo porque los humanos somos seres dinámicos cambiantes y esto es lo apasionante. A la edad que sea siempre somos nuevos, cada momento es otra oportunidad de vivir. 

APRENDIZAJE Y PERSONA 

Aprender es una actividad natural del ser humano que obedece a la satisfacción de una necesidad: la de crecer. Así como beber líquidos es placentero al sediento o alimentarse al hambriento; el aprender es gozoso para el que ignora o al que es incapaz de realizar una acción, porque se disipa este vacío y se encuentra la tranquilidad de lo verdadero. Además los actos de aprendizaje significativo siempre conducen a una mejor calidad de vida. 

La edad cronológica es sólo un número para las estadísticas. Las personas son siempre nuevas, con experiencias diferentes cada día y percepciones bajo distintos ángulos. Somos seres fluyentes, más parecidos a la luz que a los objetos sólidos. Nuestra vida reside en la transformación constante. En los jóvenes con dificultades psicosociales la capacidad de crecimiento no se termina, solamente lleva un ritmo distinto que en el resto. En los primeros años se construye la personalidad aceleradamente fundamentando la construcción; pero en la madurez se detalla, se personaliza, se pule la creación de la persona. 

Para los jóvenes con dificultades, los obstáculos que se presentan son más fuertes, son más  los que nos impone la sociedad que los que podemos encontrar en nosotros mismos. Cuando jóvenes recibimos una educación basada en unos principios que han perdido validez incluso ante nuestros propios ojos pero que están tan arraigados en nuestro inconsciente que no nos es fácil olvidarlos, de todas maneras ya no sirven para estos tiempos, aunque algunos son verdades en donde fincamos nuestras personalidades, ¿Cómo saber lo que es estructural y lo que ya caducó? La ubicación tenemos que encontrarla dentro de nuestras propias mentes, porque tampoco somos gente del pasado, estamos vivos y con muchas ganas de disfrutar el mundo y sus nuevos adelantos. 

Para los antiguos griegos el lema "Conócete a ti mismo" era la piedra fundamental de la felicidad, la educación pretende lograrlo, pero no con un conocimiento estático, inerte sino más bien como quien conoce un proceso en devenir.

"Se puede aprender a lo largo de toda la vida" es el postulado principal de la educación permanente, doctrina pedagógica que lucha contra los prejuicios de la discriminación cronológica. 

¿CÓMO CONOCERCE EN DIFICULTADES? 

La pregunta obligada en este aspecto es ¿Cómo conocerse en la dificultades? Obviamente la respuesta no está dentro del tipo de cultura superficial que encasilla a sus miembros en categorías inamovibles. Si el imaginario social nos expresa prejuicios e ideas erróneas acerca de quiénes somos: ¿A quién le puede agradar verse calificado de obsoleto, lento, necio, fuera de circuito y asexuado? La única verdad reside en nuestro interior donde encontramos las realidades. 

Las incógnitas ¿Quién soy? ¿Qué he hecho hasta ahora? ¿Por qué cometí ese error? ¿Y ahora qué sigue? Pueden atormentar en una crisis de identidad.

Es necesario posicionarse en la etapa que se vive: la juventud, quizás la niñez.

No tenerle miedo sino enfrentar los cambios de una manera optimista contemplando además de las pérdidas los beneficios que puede tener. Hay que conocer, elaborar y asumir el proceso. Entender la dificultad como un momento del desarrollo de la vida. La pedagogía actual en su ámbito de la educación de los jóvenes en dificultades, aún está en busca de métodos acertados para lograr que aprendamos a aceptarse con la alegría de estar vivos y recoger los frutos que hemos sembrado y también porque no los que por herencia hemos recibido de las generaciones anteriores. 

ARTE COMO FORMA HUMANA 

Hay una forma humana, que respeta el ritmo personal de cada quien: La creación artística.

El arte es la expresión de nuestro núcleo de identidad personal, comunicado a través de la materialización de la belleza percibida. Solamente nos damos cuenta de aquello que es significativo para cada uno de nosotros, por eso la manifestación artística es también el desnudar la esencia propia y descubrirla conscientemente.

El quehacer de emitir belleza, en cualquiera de sus manifestaciones, es constructor de personalidades en el proceso de la retroalimentación comunicativa. Es un diálogo de cada cual con su interioridad y con la comunidad misma.

Quienes han sido artistas toda su vida conocen bien el proceso liberador y en su etapa de adultos mayores continúan haciendo uso de esta herramienta, pero algunos nunca han intentado una expresión artística debido a las reglas absurdas de la sociedad en que se menosprecia al arte. En su juventud fueron bombardeados con expresiones tales como: "Otra vez con tus ociosidades" "Cantar y bailar en público no es una actividad decente", "Mira mejor dedícate a otra cosa." Ellos tendrán que aprender a caminar por el sendero del arte, tomado como una actividad recreativa, lúdica y al mismo tiempo profunda y personal. 

La educación por medio del arte solamente debe ser considerada como una invitación a expresarse usando sus tiempos libres, recordando como cuando eran niños que no importaban los resultados, si no en sí la actividad, que era muy gratificante. Si es en grupo mucho mejor ya unos a otros pueden estimularse. 

La actividad artística actúa como facilitador de la interacción entre la persona y su ambiente. Supongamos, como es el caso de muchos, que el jóven se encuentra desadaptado, necesita lograr un equilibrio entre sus parámetros estructurales y la nueva información que se presenta de forma vaga sin encajar en los esquemas propios. Según Jean Piaget, esta adaptación se logra por dos procesos: La asimilación y la acomodación. ¿Cómo puede ayudar el arte en esto?

En el momento de materializar las ideas, éstas se vuelven conceptos (verbales, pictóricos, quinésicos, musicales) es decir se codifican en un lenguaje.  

De esta manera el conflicto se esquematiza (generalmente dentro del inconsciente, en un principio) asimilando la información proveniente del exterior en función de la personalidad del creador, encontrándole un lugar en el "todo" mental, que le permite tomar una posición frente al problema. Pero también acomoda conceptos e ideas suyas a las características vagas que percibe en el tiempo y lugares actuales, pues a la hora de expresar la creación debe poner mucho de su persona y de esta forma interacciona con el exterior. Asimilación y acomodación se implican mutuamente. De ahí la importancia de reunirse con otros compañeros a producir arte porque el colectivo puede iluminar la mente por la similitud en las percepciones. 

Al iniciar la reeducación artística en pequeños equipos de taller, el jóven que decide emprender soluciones a sus problemas y dificultades psicosociales seguramente tendrá en cuenta todos los prejuicios que se dicen: " y "¿qué vas a aprender?" “¿Para qué?" pero un buen conductor puede motivarlos haciéndoles ver los ratos agradables que van a pasar. Aquí es importante mencionar que el concepto de la educación ha cambiado en este aspecto. Antes los niños y jóvenes estudiaban para el futuro; hoy se hace para el presente, para hoy, para construirnos con lo aprendido. De esta manera el también se educa para la vida actual y no para el mañana. Ahora es cuando necesita una actitud vital, autónoma, que lo ayude a adaptarse satisfactoriamente a este tiempo en que le ha tocado vivir 

ARTE Y TERAPIA. UNA APROXIMACIÓN 

Conforme los alumnos van expresando sus vivencias y perdiendo el miedo a expresarse, con seguridad aflorarán en forma de metáforas (literarias, musicales, plásticas) las ideas inquietantes de: dificultad, deterioro, pérdidas, miedo a la muerte, etc. La manifestación artística implica una catarsis que respeta el ritmo personal del artista, éste repetirá varias veces los símbolos antes de aceptarlos conscientemente, porque tomar conciencia es "comunicarse con uno mismo y registrar los deseos, las posibilidades y las motivaciones." De manera que sutilmente va aceptando su identidad y reconstruyendo su propia historia pero también proyectando su nueva vida. Se hace el esfuerzo de enfrentar esos fantasmas del imaginario social. 

En el proceso de elaboración de pérdidas el arte forma una parte muy terapéutica pues se puede ir expresando cada etapa con más precisión y de esa forma trascendiéndolas con más fundamento. Aquél que toca el violín con desesperación, las cuerdas le servirán de instrumento para expresar el sentimiento. El paisaje triste de una tarde lluviosa en el otoño, lavará la tristeza y una poesía vivificante puede expresar resolución. 

Al descubrir, sobre todo en grupo, las potencialidades actuales lleva al educando a la concepción de una nueva vida, al aprendizaje de un rol diferente con más libertad de acción. La actividad artística fortalece la idea de "ser lo que ahora soy" no lo que debería ser, o lo antes fui; alienta la libertad de decir lo que uno siente en lugar de lo que debería sentir porque eso "se espera de una persona de nuestra edad". Nos anima a cuestionarnos las reglas con las que fuimos educados.  

El arte nos hace encontrarnos y nos sitúa en el momento, solamente hay que vivirlo expresándonos a través de una acción catártica que no siempre es placentera pero sí provechosa. En esto se diferencia de la actividad puramente recreativa la que por naturaleza es gozosa, en el arte no, en ocasiones toca núcleos psíquicos dolorosos pero que a la hora de aflorar convertidos en símbolos empiezan a sanar. La sinergia grupal da valentía, afecto, sensación de pertenencia, motivación y un encantador ambiente de "diálogo" sobre lo que nos interesa y con personas afines.  

Una propuesta para todas las universidades y casas de la cultura, es abrir grupos para el aprendizaje de las artes para jóvenes en dificultades, quienes podrían empezar en un curso propedéutico de exploración para que ellos mismos encuentren que actividad artística les ayuda a comunicarse mejor y a través de un aprendizaje significativo de acuerdo a sus intereses y posibilidades se promueva el bienestar y la emoción estética de los participantes.

El arte es una excelente opción para encontrar una mejor calidad de vida en los jóvenes.           

¿Cuál es nuestro esteriotipo del artísta o el bailarín del ballet?  La bailarina rusa, elegante y cruel, tal vez.  El público vestido de esmoquin y de traje formal.  En el intermedio, la gente chismoseando sobre la alta sociedad, o quizá conversando sobre arte, música, y filosofía.  La danza es un arte “culto”, bien distante y diferente a la vida de un niño de la calle o de un niño desplazado.  Y, de repente, los jóvenes artistas se encuentran en el pedestal reservado para el arte culto, en un papel social que ellos jamás habían conocido.  A partir de su ingreso a ese rol social, reciben respeto.

Es necesario destacar, como al pasar, el anhelo que el joven de Córdoba tiene por ser integrante de una banda de música llamada de cuartetos o de música popular. El imaginario popular y la convocatoria a los bailes populares activan ese sentimiento desmesurado por los artistas jóvenes, muchos de los cuales son provenientes de hogares humildes. 

Nuevamente debemos recordar que no sólo somos reconocidos: somos reconocidos como: como víctimas, malandras, artistas, protagonistas.. Lo importante del arte es que al transformar la mirada con la que el público, la familia, o “todo el mundo” observa al niño, cambia el papel que éste juega en la sociedad y logra así una transformación en su vida.

  A modo de cierre provisorio me pregunto ¿cómo seguirá la historia? ¿cómo se hará para percatarse de que el problema no se resolverá descubriendo un gen o una vacuna contra tal cosa? ¿cómo hará la cultura para regenerar ciertas certidumbres que sean una promesa para el futuro rejerarquizando el valor del hombre en su infinito potencial, más allá de ser un anónimo, solitario, masivo y triste consumidor? ¿cómo se restablecerán los puentes amorosos dentro de la familia y la escuela y, entre ellas? ¿las mismas subsistirán o serán reemplazadas por otras instituciones más acordes a los nuevos tiempos?  

Frente a estos interrogantes se abren muchos otros, pero a la hora de las respuestas una cosa doy por segura y es nuestra convicción de que un camino ineludible que deberá transitar la cultura para contrarrestar la devastación que hace la patología social que acompaña al fin del milenio, en particular la que podemos atribuir a las problemáticas de jóvenes, es el encaminado a fortalecer las funciones parentales (materna y paterna) y todas las instituciones que puedan contribuir a ello.  

En otras palabras, deberemos trabajar para trasmitir a nuestros hijos y hermanos, amigos y demás seres queridos, el privilegio de disfrutar de un amor responsable (objetal) y de una libertad que se edifique dentro de los contornos de la contención social, para que ellos puedan re-encontrarse con sus deseos y con la capacidad de amar, trabajar, crear y compartir. 

  Si bien abordamos temas que suponen un amplio espectro desde la teoría y la clínica hasta algunos abordajes con especial énfasis en la Comunidad Terapéutica, no aspiramos a otra cosa al presentar este proyecto, que ofrecer una introducción a un tema complejo y actual como pocos. Pretendemos hacer además, un aporte a la elaboración de una salida superadora a las encrucijadas que plantean los resquebrajamientos de la sociedad moderna, principal fuente del malestar en la cultura hoy. 

Durante cualquier etapa de la vida es necesaria, la educación, que no solo es para el futuro sino para la vida actual.

La actividad artística es altamente educativa pues ayuda paulatinamente a la aceptación de sí mismo, a posicionarse dentro de un ambiente, a socializar y a encontrar soluciones.

Se propone la creación de talleres interactivos o grupos con una misma afición artística para estimularse unos alumnos a otros.

 LA ENSEÑANZA 

La curiosidad es el deseo de aprender, pero este deseo no es una cosa fácil.  Muchas veces, la curiosidad resulta ser un fenómeno superficial, el que desvanece después de poco tiempo.  Las experiencias enseñan que la curiosidad se debe alimentar, tiene que existir una “pedagogía del deseo” que inspire y forme el deseo.  En la calle o en los barrios marginales, hay grandes y vagos deseos – para “tener una vida mejor”, para ser rico, para enamorarse – y la pedagogía del deseo transforma y alimenta este deseo, para manifestarse en la danza, la música, y el arte. 

Todo el mundo relaciona al profesorado con los adultos y a los alumnos con los niños. Pareciese que la misión del niño es aprender bajo la dirección de un maestro; como si debiera reconocer su posición inferior para después salir adelante. 

Hay muchos niños y jóvenes que se conforman con este esquema de poder y prestigio, y esperarán a su madurez para recibir el respeto que todo ser humano merece.  Como hemos aprendido, el niño de la calle se caracteriza por no conformarse con la tragedia de la condición humana, de la misma forma como tampoco acepta la injusticia de aprender a los pies del maestro. 

El chico quiere ser respetado y reconocido ahora mismo, y no encuentra este respeto en la escuela.[6] 

Algunas ONGs aprovechan esta conexión entre enseñanza y respeto para ganar el reconocimiento de los niños y niñas pobres.  Por otro lado, el niño pobre tiene muchas experiencias desconocidas para los demás, y esto indica que tiene mucho para enseñar. Y así mismo, enseñar posibilita la respuesta a muchas preguntas y permite que el niño satisfaga la curiosidad que en otras ocasiones la escuela había intentado ahogar.

La educación sexual es otro de los aspectos que ha ido a la vanguardia en esta reconfiguración de roles entre el maestro y el estudiante 

LOS CONOCIMIENTOS DEL NIÑO TRABAJADOR 

En este ensayo, no pretendo entrar en la polémica sobre el trabajo infantil, pero creo que es importante notar que cualquier contexto, aún el más opresor, lleva consigo una serie de conocimientos y fortalezas.  Por ejemplo, los compañeros siempre se sorprenden por las capacidades aritméticas de los niños y las niñas vendedores, los cuales pueden sumar y multiplicar con una velocidad increíble.  Después de pensar, el origen de esta capacidad es evidente: es necesario para hacer el comercio ambulante, para calcular el precio y dar cambio.  Si se examinan las vidas de otras personas marginalizadas, nos damos cuenta que ellas también tienen “conocimientos locales”.[7] 

Es fácil imaginar cómo construir un currículo de aritmética con los conocimientos del niño trabajador como base, que va más allá de la matemática de un vendedor ambulante.  También se puede hacer la matemática avanzada, a través de pensar en descuentos, hipotecas, tazas de interés, cambio de moneda extranjera…  No es sólo que los alumnos se sienten capaces dentro de esta metodología, sino también que les ofrecen nuevas oportunidades profesionales.  Muchos vendedores ambulantes no logran expandir su negocio por falta de capital y por falta de conocimiento (cómo calcular impuestos, como mantener un cuento bancario), lo que se puede superar con educación.[8] 

Se pueden promover otras disciplinas, también, por ejemplo la enseñanza de la geografía desde la experiencia de los niños y las niñas que viven en la calle.  Hacer mapas de su ambiente, comenzando con la plaza y la calle, añadiendo el centro de la ciudad, después los suburbios y las villas, después el país  y el mundo.  A través de construir sus propios mapas, los chicos y las chicas aprenden la arte de la geografía. 

Los conocimientos económicos de los jóvenes que viven en la calle pueden servir de base para la educación matemática, pero también es el principio de la educación empresarial-comunitaria.  Hay muchos jóvenes de calle que tienen un gran poder adquisitivo: los que trabajan de fákir, acostándose sobre vidrio quebrado o tragando fuego, pueden ganar cuatro veces más que el salario mínimo.  Los mendigos, los que limpian parabrisas, las prostitutas, los ladrones… mucho dinero pasa por sus manos.  El problema es que no saben cómo manejar el dinero: gastan todo en droga, sexo o McDonalds. 

LA POLÍTICA 

Tradicionalmente, la política es un espacio de reconocimiento social.  El voto para la burguesía, después para la gente pobre, y las mujeres manifestó su inclusión en el contrato social.  Generalmente la participación política invita a la admiración, o por lo menos atrae la mirada de todo el mundo, y lleva así mismo a generar respeto. 

También aquí el reconocimiento por parte de los poderes públicos es importante. Sin embargo, el reconocimiento más importante acontece en el plano imaginario: los niños se sienten importantes al tener un lugar en la historia del mundo, y saben cómo es que funciona la dinámica política en el planeta.  Este “saber y entender más” que la mayoría de la gente, otorga poder y construye el auto-respeto. 

No en todos los casos la educación política se maneja en términos de militancia.  Se puede ver el aprendizaje de la democracia a través del reconocimiento y sin apelar a personas o fuerzas exteriores.  Además en muchos barrios excluidos de la política oficial viven en democracia absoluta. Allí todos votan para tomar decisiones importantes y eligen democráticamente a los administradores de su comunidad.  El reconocimiento se les otorga a los líderes elegidos, pero también a todos los ciudadanos de la comunidad, porque saben que su voz es escuchada.  Es impresionante percibir la sensación de felicidad, el sentido de pertenencia, y el ambiente de paz que se respira en el recinto de una Asamblea. 

LA ECONOMÍA 

Vivimos en un mundo capitalista, donde la gente recibe reconocimiento por su riqueza, su poder económico y el empleo que tiene.  Los demás te miran con más respeto si trabajas como abogado, médico, o banquero, mientras que un vendedor ambulante sólo recibe miradas de piedad o desprecio.  Muchas  han aprovechado el estatus que otorga el trabajo para mejorar la vida y la autoestima de los habitantes de los barrios.           

Todos sabemos que la cantidad de niños, niñas, y jóvenes que deben trabajar para sobrevivir es escalofriante.  Algunos son niños de la calle y otros viven con sus familias, pero todos son explotados económicamente.  Si son vendedores ambulantes, la mayor parte de su ganancia va al distribuidor de dulces, y sólo un mínimo queda para ellos.  Si limpian parabrisas en los semáforos, tendrán que pagar parte de sus ganancias a la mafia local.  Los más pequeños mendigos entregan la mayoría de sus ingresos a la pandilla a cambio de protección.           

Para muchas que trabajan con niños trabajadores, la cuestión fundamental es cómo lograr que salgan de esta situación de opresión y cómo alcanzar más respeto para el niño trabajador.  Para muchos, la respuesta es bastante sencilla: precisan un sindicato.  Un sindicato organizado no sufre la injusticia de los distribuidores y puede exigir mejores precios.  También puede ejercer presión sobre la policía y puede concientizar a los niños sobre sus derechos humanos y laborales. 

LA RELIGIÓN 

Los programas religiosos hacen mucho por el reconocimiento del niño excluido porque tienen acceso al reconocedor más alto: Dios.

El desafío, es que para resolver los problemas seculares, el respeto de una persona jamás bastará.    

El respeto que brinda el reconocimiento histórico tampoco es permanente: con el desencanto por el marxismo o el feminismo, toda esta lucha que lleva a ser parte de la marcha de la historia, quedará perdida.

En contraste a todo esto, y según el parecer de muchas religiones, no hay valor mayor que el reconocimiento y amor de Dios.  Dios no se desvanece ni te traiciona.  Su reconocimiento perdurará a pesar de las grandes tragedias de la vida.  Si uno es importante a los ojos de Dios, su vida vale la pena.  El respeto contingente de los demás, casi no importa. 

Es claro que hay un peligro en este tipo de reconocimiento, porque tiende a un enfoque exclusivo y excluyente, es decir, a cree que “Dios me reconoce a mí, porque yo tengo creencias verdaderas.  Pero Dios no le reconoce a usted, que al parecer es un ¡hereje!” 

Para las voluntarias religiosas, participar en el Pueblo de Dios no es predicar, sino ser un ejemplo del amor de Dios.  Así, se sienten reconocidas (por hacer el trabajo de Dios), pero también reconocen a los demás (por dar el amor de Dios).

CAPÍTULO II

¿HAY SALIDA DE LA MARGINALIDAD? 

LA SALIDA DE LA POBREZA HACIA EL PLACER 

A pesar de la frase publicada en las vallas de la Iglesia Universal del Reino de Dios, “Pare de Sufrir”, esta no es una motivación muy fuerte en la vida del niño de la calle.  Como cualquier peregrino, ha salido en búsqueda de algo, y está dispuesto a sufrir con tal de alcanzar su premio.  Así que ofrecer cama y comida no basta para seducir al niño y motivarlo a cambiar de vida.  Ha salido a la calle para buscar su propio placer y diversión, y no abandonará esa búsqueda fácilmente. 

En una cultura reprimida, “el placer” y “el deseo” tienen connotaciones negativas, como si el ocio fuese un pecado.  Por suerte, el niño de la calle no ha interiorizado esta prohibición tanto como los adultos, y esto le lleva a ser más honesto sobre lo que busca en la calle: quiere divertirse.  Por desgracia, las “diversiones” de la calle le desviarán hacia unos peligros muy duros de enfrentar y le alejarán de las posibles salidas de la calle.  La droga se arraiga en el niño de la calle y el sexo fácil le traerá una serie de enfermedades que desconoce.  Jugar fútbol es bien divertido, pero cuando se cae, miles de bacterias entran en la herida.           

En la cultura occidental, la infancia está asociada al juego, así que muchos programas han pensado en atraer a los niños a través del placer: fútbol en la calle, el cine del martes por la tarde, una ida a la pileta municipal...  Sin embargo, la mayoría se quedan con la idea del juego como parte de un proceso de seducción.  Hay pocos  que entienden que el placer y el ocio pueden constituirse en un camino hacia una vida más plena y pueden satisfacer los deseos existenciales del niño de la calle.

LA SALIDA DE LA POBREZA HACIA LOS BIENES DE CONSUMO 

A mí no me gusta este tema. Cr. C 

eo que entre los grandes problemas del mundo actual, entre las causas fundamentales del callejerismo, debemos incluir la economía de consumo.  Puedo definir la búsqueda de la libertad o el reconocimiento como una virtud, pero es más difícil alabar el consumo desenfrenado.

Sin embargo, hay que reconocer que hay muchos niños que salen a la calle buscando participación en la cultura del consumo.  Quieren los zapatos deportivos marca Nike y los jeans de Cacharel. Como saben que nunca los conseguirán en la villa, salen a la calle para conseguir lo que quieren.  La propaganda capitalista les ha prometido cosas, y salen a la calle para buscar que el capitalismo cumpla con sus promesas.           

Se pueden dividir las respuestas a este deseo en dos categorías.  La primera brinda las herramientas para ganarse una buena vida, y así tener acceso a los bienes capitalistas.  La segunda intenta deconstruir los fetiches del consumo.  Me parece que los mejores mantienen un frágil equilibrio entre las dos estrategias.

CÓMO GANARSE LA VIDA

 

El modelo tradicional de servicios para los niños de la calle hace mucho énfasis en el desarrollo de capacidades vocacionales: se piensa que el niño sale a la calle por la pobreza de su familia, así que hay que brindarle una formación que le permita entrar a otra clase económica.  Un carpintero o albañil no va a ser rico, pero puede comprar su casita y proveer comida y ropa para su familia.  Es mejor que la vida de vendedor ambulante o de mendigo.   

Para algunos niños y jóvenes, este modelo les sirve muy bien.  Si quieren una vida tranquila y una familia común, la formación vocacional parece una buena opción.  Sin embargo, hay dos grandes problemas con este modelo.  El primero es inmenso, y tal vez insolucionable: en un mundo globalizado, es más barato comprar un armario importado de Indonesia que hacerlo en la Argentina.[9]  En América Latina, se necesitan menos carpinteros y costureras.             

El segundo problema es todavía mayor.  Muchos niños de la calle no salieron de la villa para acceder a una vida tranquila dentro de la clase media baja.  Su sueño es recibir todas las promesas de la propaganda capitalista: la casa grande, el BMW, y la ropa de marca.  Ningún carpintero ni albañil tiene acceso a tales bienes, así que un proyecto de vida que ambiciona este fin, motivará muy poco al joven.  Igualmente importante es saber que la capacitación vocacional no ofrece nada ahora, sino que posterga la posibilidad de comprar, mientras que en contraste, el robo y la mendicidad ofrecen la satisfacción inmediata del deseo y la posibilidad de llevar dinero a los padres esa misma noche. 

PRESENTAR OTROS BIENES 

Lamentablemente, tenemos que reconocer que siempre habrá otros actores que brindan mejor acceso a los bienes de consumo.  Las pandillas y los narcotraficantes ofrecerán empleo como mulas, y malandras, y este empleo siempre pagará más que el trabajo de carpintero o albañil.  Así, pues, una ONG puede elegir entre dos opciones: o trabajar con los niños que no quieren entrar a una vida de ilegalidad, o deconstruir el deseo que lleva a los niños a esta vida.

Brindar reconocimiento, libertad, o un sentido de la vida, y así satisfacer otros deseos existenciales, puede subvertir la necesidad de comprar cosas.  Esta estrategia parte de la hipótesis de que el deseo de consumo es, esencialmente, un deseo de prestigio o reconocimiento.  Si un chico quiere zapatos deportivos de marca para que los demás le miren con envidia, ¿no sería mejor encontrar otras maneras de llegar a tal fin?  Un niño artista, por ejemplo, también recibe una mirada envidiosa. 

Hay programas que atacan esta ideología de consumo directamente.  Hay que enseñar sobre la función del fetiche y la necesidad del consumo para el proyecto capitalista.  Nike, según se dice, aprovecha la mano de obra barata en el tercer mundo y después vende esos mismos zapatos deportivos a la gente pobre.  Los pobres desean tanto adquirir un par de estos zapatos, que no rechazan su opresión.  Gradualmente, los niños aprenden más y más sobre la economía.  Esta educación no acaba con el deseo del consumo – después de todo, ¡tenemos que comprar comida y ropa! – pero sí subvierte el poder del fetiche consumista. 

Otros programas cuestionan el consumo a través de la ética.  Según mucha gente religiosa, el fetiche del consumo es idolatría, porque hace que queramos más a las cosas materiales que a Dios.  Para unos, la respuesta es la militancia y para otros es la piedad, pero siempre se reconoce el consumo hecho fetiche, como un acto pecador.  Para algunos esta educación religiosa sirve como forma de prevenir el abandono del hogar; pues en lugar de buscar el sentido de la vida en la adquisición de bienes, se orienta hacia el interés por la justicia, la familia, o la política, incluso esto a veces es parte de una explotación ideológica encubierta. 

A pesar del pensamiento creativo que se ha dirigido al problema de consumo, no he conocido ningún programa que cuestione la dinámica fundamental del consumo: esto es, que queremos conseguir, pero casi no nos interesa tener.   En la calle, esta distinción es bien clara ya que el niño jamás puede guardar sus nuevos zapatos deportivos de marca, pero aún así siempre los quiere conseguir.

Sería fácil educar a los chicos sobre esta dinámica. La curiosidad es particularmente fundamental en la infancia y la adolescencia, y tal vez sea inherente a toda la condición humana. Por este motivo resulta fácil imaginar un programa que reemplace el deseo de conseguir por el deseo de aprender.

Ésta es una problemática que vale la pena pensar más detalladamente: si podemos deconstruir el fetiche del consumo para el niño pobre, tal vez lo podamos deconstruir para nosotros mismos, y para la cultura que se ahoga en el consumismo. 

LA SALIDA DE LA POBREZA HACIA UN SENTIDO DE LA VIDA 

Muchos pensadores han criticado la vida posmoderna por su carencia de sentido, y la vida de la villa no resulta diferente.  No hay tiempo ni recursos para reflexionar sobre la vida, para re-pensar el por qué y para qué la gente está aquí.  En la cultura occidental, ha habido tres fuentes fundamentales de significación: la literatura, la filosofía, y la religión. Las tres están ausentes en la villa.  No hay bibliotecas y la televisión ha reemplazado el libro como el medio narrativo por excelencia.  Las escuelas, en donde se podría aprender sobre literatura, filosofía, e historia, son malas y pocas, y las reformas educacionales han desviado la educación hacia la formación vocacional, no por casualidad.  Unas pocas iglesias han llegado a las villas más humildes, pero la respuesta católica a las crisis existenciales ya no tiene la fuerza que tenía en el pasado, y el dogma de los evangelistas y mormones no atraerá a un niño o joven inconforme, ni a los que saldrán a la calle. 

Sin embargo, en la es necesario encontrarle un sentido a la vida.  La muerte es una presencia constante, bien sea por razones de violencia o hambre.  En la mayoría de las villas de América Latina, la militancia política o sindical no es una opción, porque los partidos políticos han abandonado estos espacios o los han dejado en manos de líderes corruptos. Los habitantes de la villa trabajan en la economía informal, donde hay poca presencia sindical.  Y como último recurso se trabaja en empleos de venta o limpieza, algo que jamás brinda un sentido a la vida. 

Tal vez los adultos se pueden resignar a esta triste realidad, pero siempre habrá muchos niños y jóvenes que se resisten.  Buscarán algo que les de sentido a sus vidas, una historia que aclare el por qué y para qué están vivos.  La calle, con sus aventuras, su sexo, su droga, y su peligro, seduce con la posibilidad de involucrarse en sus cuentos. 

En contraste a esto, también hay moralejas menos optimistas en los cuentos callejeros.  “Ya no pude suportar el abuso de mi padrastro, así que abandoné a mi mamá.  ¿Ves que ingrato soy?”  O, “Soy una sinvergüenza. Pues llegué a la calle para buscar la droga”.  O, “Mi mamá me echó de la casa, pero lo merecía, porque siempre fui una mierda con mi hermanita”.  Para muchos niños, es más fácil soportar la calle si se la considera como un castigo merecido o una penitencia.

Siempre la narrativa y la aventura son los ladrillos con los cuales se construye la casa del sentido.  Algunas compañeras han aprovechado los modelos que enseña la narrativa, y otras promueven una nueva narrativa para darle sentido a la vida del niño.  Siempre, la idea es presentar un sentido de la vida más fuerte que el sentido que se pudiera encontrar en la calle. 

LA SALIDA DE LA POBREZA HACIA LA LIBERTAD 

Si los niños y jóvenes de los barrios marginales necesitan contar sus historias, y necesitan que los demás les escuchemos, veo un gran vacío en los servicios que se están ofreciendo.  ¿Qué podemos hacer para desarrollar y compartir las historias de los niños y las niñas?   

Después de una larga conversación  sobre la calle, cada niño callejero dirá una cosa por igual: “en la calle, hay libertad”.  Como ya hemos visto, esta afirmación no es cierta, porque depende de una definición muy limitada de la libertad: que no haya nadie que te diga “no”.  Sin embargo, hay suficiente libertad en la calle para mantener esta ilusión.

Aunque todos los niños callejeros justifiquen su vida de este modo, hay pocos programas que traten directamente el tema de la libertad.  Esta situación es lamentable, porque los pequeños esfuerzos para tratar este tema, han sido muy exitosos. 

Cada vez que el niño dice, “en la calle, soy libre”, los compañeros preguntan, “¿Qué es la libertad?” o “¿Qué quiere decir ‘ser libre’?”  Generalmente los chicos quedan sin palabras. En realidad la libertad no precisa de una definición, por ser el valor fundante de nuestra cultura.  Después de unos momentos difíciles, comienzan a hablar de la libertad, y la definen como la ausencia de la autoridad o como no tener una madre que diga, “¡No puedes!”.

La conversación prosigue con algo así como: “La libertad es cuando yo hago lo que me da la gana”. 

Con esta actitud filosófica y curiosa, el niño va cambiando su opinión sobre la libertad.  Tal vez la calle no sea tan libre, si no permite el camino a la Fórmula Uno o hacia el hacerse una actriz de telenovelas.  Tal vez haya que buscar otras alternativas.[10]   

Lamentablemente, hay pocos modelos que traten directamente la libertad, a pesar de la importancia que tiene este aspecto en la vida de los niños de la calle.  Tampoco yo puedo ofrecer  ideas fáciles sobre cómo tratar este tema.  Sin embargo, es una cuestión que debemos reflexionar, porque si no podemos ofrecer afuera de la calle una mayor libertad que la de la calle, siempre habrá niños y jóvenes que prefieran quedarse en ella.

CAPÍTULO III

LA EDUCACIÓN EN LOS DERECHOS 

¿QUÉ SIGNIFICA ESTA REFLEXIÓN PARA LA PEDAGOGÍA POPULAR? 

 

En los últimos años, ha habido un enfoque intenso en la educación sobre los derechos del niño y el adolescente.  En algunos casos, esta pedagogía ha sido un éxito: actualmente, un mayor número de niños y jóvenes conocen sus derechos y saben qué hacer en caso de ser sujetos a algún tipo de violación de sus derechos.  Más profesores y padres entienden su responsabilidad, y aunque la mayoría de gobiernos locales y nacionales no se han responsabilizado, por lo menos hablan en términos de los derechos, promesas que buscarán cumplimiento en el futuro. 

Sin embargo, en el área de la educación popular, insisto que la educación sobre los derechos subvierte la tradición radical latinoamericana ya que, en gran parte, esta educación depende de premisas asistencialistas y promueve el protagonismo del estado en detrimento del protagonismo de niños y jóvenes. 

¿Cuál es el contenido de la educación sobre los derechos humanos?  No quiero simplificar la diversidad de las pedagogías que existen, pero creo que podemos decir que existen dos partes fundamentales en todos los programas que proponen enseñar los derechos de la niñez: la elaboración de los derechos (cuales son, qué implican, etc.) y la explicación del sistema al que un niño puede acudir (sean monitores de derechos humanos, profesores, policía, etc.).  Otras organizaciones incluyen cuestiones sobre los deberes de los niños, la historia y filosofía de los derechos, así como otros elementos, pero los dos puntos mencionados inicialmente son los fundamentales. 

El documento que funda todo el discurso de los derechos es la Convención sobre los Derechos del Niño, así que no es extraño que la actitud manifestada en los primeros artículos de la Convención informe la educación sobre los derechos: 

“1. En todas las medidas concernientes a los niños que tomen las instituciones públicas o privadas de bienestar social, los tribunales, las autoridades administrativas o los órganos legislativos, una consideración primordial a que se atenderá será el interés superior del niño.  

2. Los Estados Partes se comprometen a asegurar al niño la protección y el cuidado que sean necesarios para su bienestar, teniendo en cuenta los derechos y deberes de sus padres, tutores u otras personas responsables de él ante la ley y, con ese fin, tomarán todas las medidas legislativas y administrativas adecuadas.” (Convención sobre los Derechos del Niño, Artículo 3) 

La base de la filosofía de este documento es la responsabilidad del estado y de la familia.  Deben “proteger” al niño y deben darle una “prioridad primordial”.   

El documento (y las enseñazas que parten de él) siguen la misma lógica: el derecho de una identidad, de no ser separado de los padres, de no ser trasladado a otro país. De hecho, estos no son derechos que el niño puede ejercer, sino responsabilidades del estado.  Por lo tanto la enseñaza sobre los derechos casi siempre comienza con la siguiente mentalidad: “¿Qué es lo que el gobierno debe hacer por mí?”  Esta mentalidad fortalece la ideología de dependencia y asistencialismo. 

A pesar de los grandes logros de la educación y movilización popular, la ideología asistencialista – herencia de la iglesia, de los patrones, y del estado paternalista sigue siendo fuerte en América Latina.  Comunidades, familias, e individuos tienen la idea que es el otro – el estado, el trabajador social, la escuela – quien puede y debe solucionar sus problemas.  Esta ideología se encuentra entre las grandes causas del caudillismo, la politiquería, y la demagogia, tres de las grandes plagas de la historia política latinoamericana. Comenzar la Convención (y la pedagogía de los derechos) con las responsabilidades del estado, sólo fortalece esta mentalidad perversa y conservadora. 

La mayoría de los derechos incluidos en la Convención tienen un doble aspecto.  Por un lado, afirman la libertad del niño, pero por el otro, se centran en la responsabilidad del estado.  Es así que antes de hablar de los derechos de expresión y de pensamiento, se encuentra: 

“Los Estados Partes garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño.” (Artículo 12;1) 

Todo entendimiento depende del contexto y de lo que H.G. Gadamer llama un “pre-entendamiento” .  Si yo pienso que un texto quiere decir una cosa, y tal texto no contradice explícitamente este supuesto, mi interpretación llega a ser la lección que recibo del texto.  Por causa del asistencialismo vigente y los primeros artículos de la Convención, es muy fácil pensar que el contenido de todos los derechos es la responsabilidad del estado.  “De la misma manera que el estado debe brindarme una identidad”, piensa el alumno, “debe brindarme juego y expresión y artes y salud”. 

He tenido la oportunidad de escuchar muchas clases sobre los derechos del niño, en muchos países, con niños de muchas edades y de casi todas las clases sociales.  Casi siempre, la discusión termina en la siguiente queja: “¡El gobierno no hace nada!  ¡El gobierno debe cumplir la Convención y garantizar nuestros derechos!”  Es la repetición de esta escena que me llevó a escribir este artículo, porque representa una negación del protagonismo de los niños, los jóvenes, sus familias y su comunidad.  Esta pedagogía, aún bien intencionada, les lleva a pensar que las soluciones a sus problemas están en  manos de otros. 

EDUCACIÓN EN LA LIBERTAD 

La meta de la educación popular es lo contrario: que todos (“educadores” tanto como “alumnos”) lleguemos a aprender que muchas de las soluciones están en nuestras propias manos, que somos protagonistas de nuestras propias vidas.  Así, empezamos a construir la justicia en la cotidianidad, en vez de esperar o pedir un futuro dorado.  En vez de una pedagogía de los derechos, es una educación en liberación y libertad. 

La práctica cotidiana de los mejores programas a favor de la infancia y juventud excluida manifiesta esta pedagogía de liberación.  La idea de los derechos de la niñez está presente, pero como supuesto implícito, no como el contenido de la educación.  En estas últimas páginas, quiero mencionar varias experiencias pedagógicas que realizan los derechos en vez de enseñarlos. 

LA POBREZA Y LA CONDICIÓN POSMODERNA 

Sin duda alguna, definir a los niños de la calle como un síntoma social en vez de verlos como sujetos individuales, ha causado grandes problemas a la hora de proporcionarles servicios.  Sin embargo, me voy a arriesgar a pensar en algunos temas más generales para investigar lo que la calle quiere decir sobre nuestra condición humana, en el contexto globalizado y dentro de las posibilidades de un futuro más justo.  Son temas muy grandes para un ensayo como éste, y jamás pretendería llegar a una conclusión.  Sólo espero poder sugerir temas de discusión y ubicar nuestra temática en el contexto de una política más amplia.[11]

Decir, como ya han dicho algunos comentaristas, que el capitalismo desenfrenado es lo que nos enseña a desear, me parece exagerado.  Sin embargo, es verdad que la propaganda capitalista y la mimesis de nuestros vecinos, ha ampliado el campo de los deseos del pueblo. En la gran trayectoria de la historia de la humanidad, ningún campesino pobre había podido desear la ropa de marca, el auto sport, o la cocina de lujo, como ocurre en nuestros días. No los conocían, no existían para él (no conocía su existencia o pertenecían a un mundo mágico al cual él no tenía acceso).  Ahora, todo el mundo conoce y quiere adquirir todos los bienes del capitalismo.  Somos máquinas de deseo, y máquinas muy eficientes.

Todos quieren tener todo, pero pocos son quienes pueden comprarlo todo.  Así, pues, todos nos sentimos insatisfechos y todos sabemos que no vivimos la vida que queremos vivir.  Carecemos de algo fundamental.

Se puede decir que la falta no es más que una parte esencial de la condición humana, después de todo, hamartía, la palabra griega que se traduce como “pecado”, literalmente significa “falta” o “carencia”.  En su teoría del pecado original, San Agustín no dice más que lo obvio: desde el principio, hay falta y carencia.  El capitalismo y su propaganda no crean la falta; estuvo allí desde siempre.

Sin embargo, para la mayoría de la gente en el transcurso de la historia humana, esta carencia existencial importaba poco.  Lo que importaba era la cosecha, la muerte en el parto, la enfermedad que traían las ratas...  En medio de esta lucha cotidiana, las cuestiones existenciales no podían llegar a la superficie.

La experiencia del capitalismo posmoderno lo cambia todo.  Si bien seguimos necesitando comida, ropa, y techo, y nos preocupamos por estas necesidades, nuestros deseos van más allá de la necesidad.  Se puede comer hasta estar satisfecho, pero en cambio no se llega a comprar cosas hasta quedar satisfecho. La falta existencial ha llegado a la superficie, y todos estamos concientes de ella.

Algunos adultos se han conformado con esta carencia fundamental y han limitado sus deseos a unas pocas cosas, pero esto no ocurre de igual manera con los niños y las niñas.  Ellos toman muy en serio las promesas del capitalismo global y no se conformarán con la traición de la promesa.  Según la televisión, el mundo es bizarro y brillante, pero la casa en la favela no es así, ni su barrio tampoco.  Del mismo modo que importunan a sus papás hasta recibir un juguete prometido, van a importunar al mundo hasta poder participar en el paraíso prometido. 

¿Y cómo hacen para que las promesas del capitalismo se cumplan?  Paradójicamente, rechazando todos los valores del capitalismo.  Salen a la calle, viven en la mugre, no trabajan por su sueldo, irritan a la burguesía...

El capitalismo global promete los bienes de consumo, pero también promete la libertad y el reconocimiento.  La libertad es el valor fundamental de la llamada “democracia capitalista”, y aunque los capitalistas no quieren que el pueblo tenga libertad, es un precio que están dispuestos a pagar para que el comercio sea libre.  La mayoría de la gente no aprovecha esta proclama de libertad, pero habrá niños y niñas que la tomarán en serio y resolverán liberarse de sus familias, de sus responsabilidades, y de sus vínculos sociales. 

Sucede lo mismo con el reconocimiento: la democracia promete que todos serán reconocidos a través de las urnas.  El capitalismo promete que todo el mundo te mirará con envidia si bebes la cerveza de marca.  Sabemos bien que tales promesas no se cumplirán, que los ricos comprarán o robarán las elecciones y que la cerveza no convencerá a nadie de tu valor.  Igualmente, muchos adultos se conforman frente a la traición de esta promesa fundamental.  Pero los niños, no.  Exigen ser reconocidos, y se nos pondrán en frente hasta que les reconozcamos. 

Mi hipótesis es ésta: que las niñas y los niños de la calle o pobres son la demostración de la manifiesta y real hipocresía del sistema capitalista vigente.  Los demás somos cínicos y nos conformamos con la idea de que las promesas de la democracia capitalista se traicionen. Pero los niños y niñas son muy jóvenes para tal pesimismo.

La siguiente conclusión es esencial: en su inocencia, en su lucha por alcanzar las promesas de la democracia capitalista, los niños de la calle abandonan el capitalismo y sus valores.  Arman una contra-cultura, donde los sistemas de poder, placer, merecer, y convivir son diferentes.  Lamentablemente, esta contra-cultura no es superior a la cultura de consumo y competencia; aunque tenga sus momentos de gracia, es un mundo brutal y mugroso, donde yo no quisiera vivir.

Sin embargo, las contra-culturas callejeras nos enseñan que hay alternativas y que el capitalismo desenfrenado no tendrá la última palabra.  El capitalismo lleva consigo las semillas de su propia destrucción, y las semillas son las promesas que nos hace: la libertad, el reconocimiento, el placer, y la satisfacción para todos.  Los niños de la calle toman en serio tales promesas, y de esta manera van más allá del mismo capitalismo.  ¿Y nosotros? 

PARTE III

CAPÍTULO I

LA CUESTIÓN COMUNITARIA 

PRINCIPIOS BÁSICOS DE LA CONSTRUCCIÓN COMUNITARIA  

Los proyectos de construcción comunitaria aplicados con éxito para el alivio de la pobreza urbana y rural están basados en un conjunto de principios y criterios novedosos. Aunque algunos de sus componentes ya estaban presentes en programas desarrollados en el pasado, su combinación y el modo de aplicarlos permite ubicar a este tipo de iniciativas en una categoría diferente, siempre teniendo en cuenta el impacto que representa en el mundo de los jóvenesy niños pobres.

La construcción comunitaria debería:

Estar focalizada en iniciativas específicas de mejoramiento del barrio, de una manera que permita reforzar valores y construir capital social y humano.

Ser conducida por la comunidad, con amplia participación de los vecinos.

Abarcar el conjunto de los problemas del barrio con un enfoque estratégico y emprendedor.

Apoyarse en los activos de la comunidad.

Adaptarse a la escala y condiciones del barrio.

Establecer vínculos de colaboración con la sociedad más amplia, a fin de fortalecer las instituciones comunitarias y mejorar las oportunidades de los vecinos fuera del barrio.

Cambiar conscientemente las barreras institucionales que puedan crear obstáculos para vincular al barrio con la sociedad general.  

1. Focalización en proyectos de mejoramiento del barrio, reforzando valores y construyendo capital social y humano[12] 

En el marco del proyecto los vecinos trabajan en conjunto en actividades referidas a los problemas y oportunidades que ellos mismos han considerado prioritarias (por ejemplo, limpiar un terreno baldío, mejorar la calidad de los servicios educativos, etc.) y, en su transcurso, construyen capital social: desarrollan amistades y confianza mutua, comparten y afianzan valores comunes, aprenden a trabajar en equipo, fortalecen sus instituciones y ganan confianza en que pueden lograr sus propósitos.

El capital social así construido es un activo para el futuro, pues los vecinos se encontrarán mejor motivados y equipados para afrontar luego tareas de mayor importancia. También se habrá desarrollado capital humano, fortaleciendo la capacidad de individuos y familias para superar la adversidad y crear y aprovechar oportunidades.

El objetivo último no es, entonces, equipar mejor a la sociedad para enfrentar problemas, por ejemplo la droga o el maltrato familiar, sino prevenir este tipo de situaciones a través de un mayor capital social y humano. La prevención produce además grandes ahorros en términos de los costos en servicios públicos: evitar la aparición de una enfermedad, por ejemplo, es menos costoso que curarla.

El objetivo de desarrollar capital social y humano, aunque no se explicite como propósito del proyecto o no esté presente todo el tiempo en los diálogos, influye en la forma de llevar adelante la iniciativa. Se buscará comprometer a un gran número de vecinos en todo tipo de actividades, en lugar de limitarse a profesionales o a vecinos con mayor experiencia, aun cuando de este modo pareciera sacrificarse algo de eficiencia en el corto plazo.  

2. Conducción del proyecto por parte de la comunidad, con amplia participación de los vecinos 

En los programas comunitarios del pasado, aunque se contemplara la participación de los vecinos, los profesionales y agentes externos eran quienes convocaban, fijaban realmente las prioridades y corrían con los riesgos. En la construcción comunitaria los vecinos juegan un rol central tanto en el planeamiento como en la implementación.

El objetivo primario de construir capital social no puede lograrse a menos que los vecinos estén a cargo de las actividades, tengan un rol central en las decisiones, sientan que son los "dueños" del proyecto y sean responsables por los resultados. Numerosas experiencias sugieren además que las iniciativas conducidas por los vecinos tienen un éxito mayor desde un punto de vista técnico: al ser más conscientes de la realidad de su entorno que los profesionales externos, comprenden qué funcionará y qué no y ven soluciones prácticas que los agentes externos no comprenden.

Lo anterior no significa que las instituciones externas no puedan o no deban cumplir un papel influyente, pero la comunidad ha de ser la emprendedora. Tampoco es aconsejable que los proyectos dependan de una única fuente de recursos y, por lo tanto, es deseable que la comunidad busque su diversificación y desarrolle la capacidad de vincularse y negociar con distintos grupos externos.

Las instituciones que financian las iniciativas comunitarias deberían ofrecer sus aportes de un modo que incentive el desarrollo de la capacidad de los vecinos, por ejemplo requiriendo a las asociaciones del barrio que formulen sus propios proyectos, de modo que los vecinos se vean alentados a identificar sus activos, imaginar formas creativas de construir a partir de ellos y hacerse responsables por cumplir con los compromisos asumidos.

Si bien en muchos casos los grupos comunitarios necesitan ayuda sustancial de profesionales externos, pueden elegir a estos últimos por sí mismos, así como ocuparse de contratarlos y monitorear su desempeño. Buscando reducir la dependencia respecto a estos profesionales, las asociaciones comunitarias pueden capacitar a los vecinos para ciertas tareas, como el cuidado de niños y ancianos, construcción, etc.

En materia de planeamiento y gerenciamiento, la intervención de profesionales externos conlleva el riesgo de que terminen dominando todo el proceso, lo que es aún más preocupante si no han sido contratados por la propia comunidad. Los dirigentes de la comunidad necesitan fortaleza y habilidad para no ceder el control y los profesionales deben aprender a verse a sí mismos más como facilitadores que como gerentes, es decir, a dar apoyo y buenos consejos profesionales reforzando el liderazgo comunitario en lugar de debilitarlo.

Los dirigentes de las iniciativas de construcción comunitaria deben, por su parte, seguir representando adecuadamente a los vecinos que, a su vez, han de mantener un alto nivel de participación directa en las actividades. Con este fin, las asociaciones pueden elaborar un resumen de sus principios y una estrategia que contemple la participación de los vecinos en los proyectos particulares, distribuir boletines informativos, realizar reuniones invitando a todos los vecinos para que puedan conocerse y expresar sus puntos de vista, diseñar iniciativas que puedan involucrar a un amplio conjunto de vecinos y contar con mecanismos para que todos los vecinos puedan tener voz en el diseño de los planes estratégicos y en la elección de los dirigentes de la asociación

Es posible que un grupo de dirigentes comunitarios, aunque haya sido elegido democráticamente, se distancie con el tiempo del resto de los vecinos y comience a actuar con el estilo vertical propio de los agentes externos del pasado. En ese caso se resentiría el objetivo de construcción de capital social y humano. Los principios de la representatividad y la participación amplia son, pues, centrales en este tipo de iniciativas. Deberían formar parte de la capacitación de los profesionales intervinientes y dirigentes vecinales y ser incluidos entre los requisitos de las instituciones que proveen los fondos para los proyectos.  

3. Iniciativas abarcativas con un enfoque estratégico y emprendedor 

Los barrios pobres enfrentan problemas múltiples e interconectados y, para que las iniciativas de construcción comunitaria sean exitosas, han de abordarlos de un modo abarcativo. Por ejemplo, un programa de capacitación laboral arrojará un bajo retorno si las personas capacitadas no pueden obtener trabajo por problemas de salud debido a malos servicios sanitarios. Los proyectos con objetivos rígidamente limitados no pueden clasificarse como "construcción comunitaria".

Una iniciativa es abarcativa si incluye, además del desarrollo de la infraestructura física y de servicios (vivienda, transporte, etc.), los temas de capacitación laboral, servicios financieros locales, desarrollo comercial, seguridad pública y prevención del delito, zonificación de uso del suelo, funcionamiento institucional (escuelas, servicios sociales y de recreación, bibliotecas) y construcción de capital social.

Estas cuestiones no se abordarán, como es lógico, en forma simultánea. La idea de que los proyectos deben ser abarcadores es un concepto estratégico, en el sentido de que, mientras se trabaja en unas pocas cuestiones, se está alerta a las oportunidades que se presenten para impulsar la acción en otras áreas. Los dirigentes comunitarios deben ser pues, a la vez, estrategas y emprendedores.

El viejo enfoque de libro de texto de los programas barriales contempla una etapa de planeamiento seguida de otra de implementación. Esta perspectiva parece ahora demasiado rígida.
Los vecinos deben desarrollar la visión del barrio que desean y de cómo materializarla. Es conveniente comenzar con un inventario de los activos comunitarios y, en función de los resultados, seguir con el desarrollo de una estrategia global. Sin embargo, el planeamiento inicial no necesita ser "perfecto" ni insumir demasiado tiempo. Es esencial entrar en acción rápidamente con algunos proyectos, aunque sean pequeños, para que la gente siga motivada y demostrar que es posible lograr resultados. El planeamiento y la implementación pueden y deben realizarse en forma simultánea e interactiva, en un proceso que se parece más a una espiral que a una línea recta. Las distintas iniciativas pueden entonces comenzar de muchas formas, pero deberían ser siempre abarcativas, estratégicas y emprendedoras, de modo que todas se terminarían pareciendo después de un tiempo.

En ciertos casos la construcción comunitaria puede comenzar porque un problema específico y de alta prioridad movilizó a los vecinos. Lo correcto aquí es enfocar esa cuestión y solucionarla, pero creando las condiciones para encarar una acción más amplia. En otros casos puede ser mejor comenzar con una revisión más general de oportunidades, pero en todos los casos es necesario moverse rápidamente hacia alguna forma de acción.

Las primeras reuniones podrían girar en torno a una exploración de los activos comunitarios y el establecimiento de prioridades. Las prioridades no dependen sólo de la importancia relativa de las cuestiones, sino también del grado en el cual es posible modificarlas en el corto plazo. Puede ocurrir que un grupo importante de vecinos sienta que una cuestión es la principal. En ese caso, tal vez lo mejor sea dejar de lado transitoriamente otros temas y entrar en el planeamiento detallado del que más preocupa. Sin embargo, quizás otro grupo estaba más interesado en otra cosa y sienta que ha salido perdiendo. Si así ocurre, es necesario dirigir la atención al segundo tema tan pronto como el primero esté encaminado.  

4. Iniciativas basadas en los activos de la comunidad 

La construcción comunitaria debe estar basada en los activos de la comunidad. Los proyectos encarados sólo desde la perspectiva de solucionar problemas o satisfacer las necesidades de los grupos tienen una connotación negativa y perpetúan los sentimientos de dependencia . Su lugar debería ser ocupado por un proyecto positivo y excitante de construir capacidades propias.

Todas las comunidades, aunque sean barrios pobres, tienen un número considerable de activos que pueden ser el punto de partida de los proyectos si se los reconoce como tales por medio de un cambio de orientación mental. Se sostiene que la construcción comunitaria debería comenzar por hacer un inventario de estos activos y encontrar luego el modo de aprovecharlos para el diseño de programas de acción. El acto de inventariar los activos cambia la orientación del proceso de planeamiento e incrementa su potencial. Además, crea optimismo en los vecinos, que ven oportunidades para cambiar las cosas, y motiva la participación, la colaboración y el compromiso para la acción.

Se clasifican los activos en tres grandes categorías. Los "bloques de construcción" primarios consisten en los activos y capacidades que están localizadas en el barrio y se hallan bajo su control total. Incluyen los activos de los individuos: habilidades, talentos y experiencias de los vecinos, los negocios del barrio, las empresas familiares, el ingreso personal de los vecinos, etc. Los activos organizacionales comprenden las asociaciones barriales de vecinos, comerciales, culturales, religiosas, etc.

Los bloques de construcción secundarios son activos ubicados en la comunidad pero que están controlados por personas y entes externos. Por ejemplo, escuelas públicas, bibliotecas, organizaciones privadas sin fines de lucro y hospitales; recursos físicos como terrenos baldíos, estructuras comerciales e industriales, viviendas, etc.

La tercera categoría o bloques de construcción potencial está integrada por los recursos originados fuera del barrio y controlados externamente. Entre los ejemplos se encuentra el gasto social.

Sobre los activos de la primera categoría se puede actuar directamente. En el caso de los bloques secundarios es necesario que la comunidad imagine estrategias para ejercer influencia sobre las personas e instituciones externas.

Esta orientación no implica que sea conveniente ignorar los problemas que existen en los barrios pobres, sino que el enfoque fundamental para el planeamiento y la acción basados en la comunidad debería ser positivo y constructivo. En este contexto es posible reconocer y abordar los problemas sin permitir que sus aspectos negativos sean vistos como un signo de debilidad del barrio y tengan un efecto desmovilizador.  

5. Adaptación a la escala y condiciones del barrio 

La construcción comunitaria parece funcionar mejor en una escala de 5 mil a 6 mil personas. En áreas más amplias se torna más difícil construir capital social, debido a que los encuentros personales no tienen suficiente frecuencia para que las personas se conozcan y desarrollen sentimientos de confianza y obligación mutuas.

Las iniciativas deben realizarse a nivel del barrio porque entre las unidades de ese tamaño existen diferencias relevantes que determinan distintas estrategias y programas de acción: disponibilidad de tierra y viviendas, proporción de mujeres jefes de hogar y de la población infantil, cualificaciones laborales, tasa de desocupación, etc.

También habrá diferencias en las preferencias, culturas, relaciones y condiciones institucionales de los barrios. Aunque dos barrios parezcan similares en el papel, uno tendrá, por ejemplo, una iglesia o un club con el interés y la capacidad de crear nuevas oportunidades que no existen en el otro.

Para aprovechar tales oportunidades se requiere un profundo conocimiento de la gente y de su circunstancia. Sólo los vecinos del barrio están en condiciones de hacerlo. Por esta razón, la construcción comunitaria nunca podría ser diseñada con efectividad sólo por planificadores municipales.

En la preparación de la construcción comunitaria en una ciudad puede ser aconsejable que se establezcan instituciones vecinales que cubran grupos de barrios, debido a que los barrios individuales son a veces demasiado pequeños para algunas funciones, por ejemplo, desarrollo económico o cuidado de la salud. Cuando hay objetivos compartidos, la colaboración entre los barrios puede ser aún más efectiva que la acción individual. Sin embargo, es necesario tener en cuenta las diferencias y la necesidad de que cada barrio desarrolle una identidad propia para que haya construcción de capital social y humano. 

6. Relación de colaboración con la sociedad más amplia 

En el pasado, el discurso del trabajo comunitario parecía implicar que los barrios pobres debían separarse de la sociedad en la cual estaban ubicados, a fin de desarrollar sus propias actividades y su propia cultura para hacerse autosuficientes. Hoy se piensa que esta idea no tiene mucho sentido práctico. Los barrios deben hacer todo lo posible para desarrollar su propia economía, pero muy pocos pueden generar suficientes puestos de trabajo para todos sus residentes.

Las comunidades saludables preparan a los jóvenes para aprovechar las oportunidades, independientemente del lugar donde se presenten. Si un barrio desarrolla sus activos internos, muchos jóvenes permanecerán, pero otros no. Cierto número de vecinos que trabajen fuera del barrio gastarán sus salarios en él. Además, si el barrio es saludable, atraerá nuevos vecinos.

Tres fuerzas contribuyen simultáneamente a crear las condiciones de los barrios empobrecidos: las pérdidas económicas sostenidas, la falla del mecanismo de integración social y las patologías individuales y sociales que resultan de lo anterior. La construcción comunitaria debería tomar nota de las tres fuerzas y no focalizarse sólo en una. Arthur Naparstek define una estrategia de construcción comunitaria como aquella que combina el foco en un lugar con el énfasis en la autoayuda, sin rechazar políticas macro que estén basadas en la gente.

¿Cuál debe ser el enfoque para tratar con la sociedad más amplia? En primer lugar, la proactividad. La comunidad no puede simplemente quedarse esperando que algo venga desde fuera. Debe tratar de alcanzarlo. Los dirigentes comunitarios reconocen ahora que uno de sus mayores problemas es el aislamiento de los barrios. La aproximación basada en los activos dice que es preciso concentrarse primero en los activos internos, pero después examinar los elementos del mundo exterior que pueden convertirse en activos para el barrio.

Para hacer esto, la comunidad ¿debería valerse del conflicto, la colaboración o la confrontación? La respuesta es hacer uso de las tres, seleccionando aquella que pueda funcionar mejor en la situación concreta. En los años noventa el énfasis está puesto en la colaboración, porque se ha encontrado que así se obtienen resultados con más frecuencia, pero el conflicto es tanto inevitable como manejable. La confrontación también suele ser una herramienta importante en algunas instancias.

La relación entre el barrio y la sociedad más amplia tiene prioridad creciente en el área del desarrollo económico y las oportunidades laborales para los residentes. El mejor enfoque es probablemente una combinación de alianzas y acción directa. Por ejemplo, es esencial ayudar a los vecinos a capacitarse mejor para el trabajo y a encontrar empleo en la economía más amplia. En este caso, la comunidad puede tener ventajas competitivas para hacerse cargo directamente de la capacitación, pero a la hora de vincular a los trabajadores con las oportunidades laborales externas puede ser mejor una alianza con una organización metropolitana. Tratar de abarcar demasiado podría minar la capacidad de la comunidad para abordar las cuestiones centrales que sólo ella puede hacer bien.

La actitud proactiva de crear redes y alianzas con instituciones externas al barrio no implica que los dirigentes comunitarios deberían aceptar la posible actitud de las instituciones externas de hacer las cosas como siempre. La situación ofrece una oportunidad a la comunidad para educar a los socios externos sobre qué cosas funcionan y cuáles no e influir en ellos para cambiar las prácticas.  

7. El cambio de las barreras institucionales 

La construcción comunitaria no sólo ha de fortalecer la relación entre las instituciones económicas, políticas y sociales del tronco central de la sociedad y los barrios que han quedado aislados. Requiere además que todas las instituciones se vean involucradas en la tarea de cambiar la manera de hacer las cosas.

Los intentos deliberados por efectuar cambios institucionales y lograr mayor sensibilidad hacia la comunidad demuestran cuán difícil es estructurar y mantener una genuina orientación comunitaria en las grandes burocracias públicas y privadas, sea un sistema escolar o de un banco. Los enfoques colaborativos demandan más tiempo pero son más sustentables y completos que los confrontativos. Un esfuerzo de construcción comunitaria reúne a todas las partes en torno de un conjunto central de valores y hace que los participantes establezcan relaciones de respeto mutuo. Como ocurre con todas las relaciones, reunirse no implica que no se presenten conflictos. La construcción comunitaria brinda las mejores herramientas para resolverlos. El foco está puesto en las soluciones, no en culpar a los demás. Las partes ven entonces sus diferencias como activos con los que pueden contribuir al esfuerzo común.

Un punto fuerte de la construcción comunitaria es que se focaliza en los resultados concretos. El compromiso con los resultados lleva a los participantes más allá de las barreras convencionales. La construcción comunitaria no busca establecer relaciones sólo por su valor intrínseco, sino para crear acuerdos productivos de trabajo, se sientan o no cómodas las partes.

CONCLUSIONES 

Para los que conocemos la miseria de la calle, es difícil imaginar que un niño o una niña pueda optar por la vida callejera.  Nos decimos que debe estar huyendo de algo peor; lamentamos la pobreza y el abuso que lanzan a un niño a la calle e intentamos brindarle una vida mejor que la que pudiera tener en su propia casa.

Por desgracia, este pensamiento nos ciega a las elecciones y la subjetividad de los niños y las niñas pobres.  Si bien es cierto que están escapando de una vida que no les gusta, que les oprime y abusa de ellos, también lo es el que salen a la calle en búsqueda de algo más.  Tienen deseos y esperanzas, y piensan que tendrán mejores posibilidades para satisfacerlos en la calle que en la propia villa.  De algún modo, tienen razón. 

Mi objetivo con este ensayo no era hacer una lista exhaustiva de los motivos para salir a la calle, sino invitar al pensamiento sobre el deseo y la calle y al mismo tiempo cómo puede volcarse eso al interior de la comunidad.  Cuando pensamos que la calle es un escape a una opción de vida horrible, construimos hogares y comedores, y programas para solucionar los problemas inmediatos de la miseria.  Pero cuando nos demos cuenta que el niño sale a la calle con deseos y esperanzas, construiremos programas para satisfacer sus deseos cotidianos y existenciales y no para solucionar los problemas de la miseria. Esto es, para ofrecer una vida más plena. De todas formas nos lleva esto a descreer de que el Estado tiene la respuesta a todo. La verdadera respuesta está en la responsabilidad que tenemos todo hacia el otro. 

Los proyectos que funcionan bien son los que toman en serio los deseos y las capacidades de los niños y jóvenes, y las que hacen posible el protagonismo en sus propias vidas y en la comunidad.  Este protagonismo asusta a los poderes del mundo, que prefieren consumidores conformes a sujetos activos, pero es fundamental para ofrecer otra vida.

Las niñas y los niños de la calle no están conformes con sus vidas ni con el mundo injusto que conocen.  Por eso salen a la calle.  Es una decisión que traerá consecuencias muy negativas, pero también es una decisión digna.  Nos recuerda que el mundo debe ser mejor, y nos hace un llamado de atención por nuestro cinismo.  Nuestro reto es buscar un nuevo camino a través de la experiencia comunitaria. Un camino que no es la calle, pero que nos lleva a la  libertad, al reconocimiento, y al verdadero sentido, solo así van a tener algún sentido las leyes y los derechos. 


 

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[1] Cf. Ver mi trabajo Importancia del arte en el tratamiento de problemáticas psicosociales, inédito, 2004. Parte se transcribe en este trabajo.

[6] Vale la pena recordar que deserción escolar y deserción del hogar generalmente acontecen de manera seguida.

 

[7] El antropólogo Clifford Geertz emplea la frase“saber local” para describir las ciencias y conocimientos de grupos y comunidades pequeñas, isoladas, o marginalizadas.  Se distingue del – pero no es inferior al –“saber hegemónico” que viene del gobierno, las universidades, las escuelas, etc.

[8] La educación popular siempre ha hecho su base en la concientización política, así que no será sorprendente que la educación de calle también logre éxito en el campo de la política, las ciencias sociales, y la cívica.  Porque esta metodología se basa en una crítica y resistencia a los poderes hegemónicos, sería difícil implementarla en las escuelas: sin embargo, vale la pena considerar como la educación popular puede servir a las escuelas.

[9] Unas ONGs han respondido a este problema con talleres en informática, pero es difícil decir si tendrán éxito.

 

[10] Quizás la libertad sea un tema tan difícil porque a través de la libertad un niño puede escoger la calle como su vida.

 

[11] Las investigaciones actuales de Benedito Rodrigues dos Santos, un fundador del Movimento Nacional de Meninos e Meninas de Rua, iluminarán la problemática del callejismo y la globalización, pero aún no están editadas.

 

[12] Ver Mario Rodríguez, Aportes para la construcción de nuevas alternativas sociales, inédito. 2004

 

mario_rodriguez@argentina.com