Finalmente, después de más de quince años
de acariciar la idea e intentar concretarla, se puede llevar ahora a feliz término
esta primera etapa del presente proyecto. Consiste en un volumen que recoge términos,
los delimita, los examina en su génesis y sugiere una bibliografía para
acceder a las fuentes y a algunos de los estudios más recientes sobre el tema.
En etapas ulteriores se espera ampliar el número de los términos y además
preparar volúmenes dedicados a autores y libros.
¿Por
qué un diccionario de Filosofía latinoamericana? Porque pareciera
indispensable un instrumento auxiliar al cual acudir para poder internarse con
fecundidad teórica en un campo tan complejo y repleto de confusiones.
El
modo como hemos procedido para organizarlo podría describirse como sigue:
enlistamos términos que la propia experiencia de investigación dentro de
nuestras tradiciones intelectuales nos han señalado como relevantes y
reiterados, solicitamos a aquellos/as colegas que trabajan en esas áreas que
los delimitaran, definieran y caracterizaran en un primer momento para examinar
luego con algo más de detalle la peripecia del término, su génesis, cómo fue
inventado, adoptado-adaptado o reconceptualizado y hasta deformado. Finalmente,
solicitamos una sugerencia bibliográfica que pudiera servir para acceder a las
principales fuentes y para actualizar la discusión. En principio, no quisimos
que nadie se pusiera a investigar para redactar el término a su cargo, sino que
apelamos al conocimiento ya adquirido sobre el tema. En otras palabras, se ha
tratado de compartir el resultado de investigaciones largamente elaboradas por
los/as autores/as.
Los/as
colaboradores/as han aceptado, con loable actitud, cooperar para una labor común
efectuada en equipo y con mística de equipo a partir de la convicción de que
el trabajo excede a cualquier investigador/a individual, por capaz que sea, y
que compartir o socializar lo investigado no sólo beneficia a los/as demás,
sino al/la mismo/a investigador/a y enriquece la tarea común. Integran este
equipo investigadores/as provenientes de diversas generaciones y también con
muy distinto grado de experiencia y entrenamiento intelectual. Aquéllos/as que
tienen una larga y prolífica carrera académica han accedido a colaborar con jóvenes
que cuentan con todo el ímpetu de la edad y el deseo de aprehender. El conjunto
muestra, me parece, un robusto entramado generacional con fortaleza intelectual
y con alto rigor. Quizá no sea exagerado advertir que estamos en presencia de
una muestra del vigor del esfuerzo de reflexión filosófica que se desarrolla
en nuestro medio en este momento. Está demás señalar que cada autor/a se hace
responsable de su texto y que sus opiniones no se asumen como del conjunto de la
obra.
Por
otra parte, la crítica y la autocrítica se han ejercido implacablemente
durante las interminables y luminosas sesiones de nuestro seminario de los
lunes, durante el segundo semestre de 1996, en cuyo seno se han discutido las
veces que fueron necesarias distintas versiones de cada una de las entradas que
integran este texto, en diálogos y debates de rigor e intensidad no
despreciables y —para quienes han podido juzgarlos comparándolos con otras
regiones del mundo— seguramente de excelencia. Además de las discusiones
sobre los términos, en este seminario se presentan y sustentan avances de
investigación con destino a tesis de licenciatura, maestría y doctorado,
textos en grado diverso de realización, se discuten lecturas previamente
seleccionadas, todo con el fin de ir formando y profesionalizando más y mejores
investigadores/as de la historia de las ideas filosóficas en Nuestra América.
Por supuesto, aquí topamos con una
primera dificultad que exige atención de inicio. Diccionario
de Filosofía Latinoamericana... ¿qué podría entenderse por tal? No es
el lugar de hacer una discusión completa de todos los meandros que presenta
esta cuestión tan peliaguda. Para los fines presentes, apelo a la bonhomía
del/la lector/a para señalar con alto grado de provisoriedad (tanta como el
texto deje en suspenso) que por tal hemos entendido la reflexión filosófica
elaborada con una perspectiva latinoamericanista explícita. Vale decir —para
no trasladar sentidos no aclarados de una palabra a otra— la de aquel
filosofar ocupado y preocupado por dar cuenta de la propia experiencia histórica
y cultural situada en la realidad latinoamericana. Si se vale apelar a lo que me
dicta mi propia aproximación: al esfuerzo de pensar la realidad a partir de la
propia historia crítica y creativamente. Es esta tradición la que hemos
querido relevar aquí. Lo cual no implica, por el momento, abrir o reabrir ningún
juicio de valor sobre toda otra forma de practicar la filosofía en Nuestra América.
La
misma naturaleza de esta filosofía, de este estilo, modo y tradición de
filosofar ha exigido un abordaje interdisciplinario. Entre nuestros/as
colaboradores/as se encuentran, por supuesto, filósofos/as. Pero, además,
historiadores/as, sociólogos/as, teólogos/as, poetas, literatos/as, antropólogos/as,
juristas, psicólogos/as, pedagogos/as, etc., todos/as con inquietudes y
entrenamiento filosófico profesional.
Hay
una impronta mexicanista ineludible en este texto. No ha sido buscada. Se ha
dado en esta primera etapa como fruto de las exigencias y urgencias editoriales.
Aspiramos a que en etapas ulteriores la red de colaboradores/as se amplíe hasta
abarcar con más justicia a un conjunto de autores/as en plena producción en
toda la extensión de Nuestra América.
Este
esfuerzo ha servido para entrenar también a un eficiente equipo de trabajo.
Para trabajar en equipo, para concebir, diseñar y ejecutar esta obra colectiva
y para apreciar en todo lo que vale el diálogo, el intercambio y la crítica.
Hay autores a los que hemos debido convencer de la necesidad de dejar de lado
falsos pudores y, aún en contra de su natural modestia, los hemos casi forzado
a escribir sobre su propia obra. Esto por la relevancia de sus aportes y porque
a veces los mismos no han logrado la difusión que merecen como para que otros
especialistas hayan elaborado estas pertinentes entradas.
Entre
los resultados no buscados pero sumamente apreciables se podrá advertir sobre
grupos terminológicos obsoletos y que deberían ser abandonados. Porque han
dado ya de sí lo que podrían dar, porque se han sobrecargado con sentidos y
matices distorsionantes, porque quizá nunca tuvieron la pertinencia que se les
atribuyó. Hemos buscado afanosamente la crítica, pero no ha sido posible
expresaría adecuadamente en todos los casos.
¿Es
menester subrayar que no se ha pretendido organizar ningún canon? No sólo no
se trata de canonizar terminologías, sino que la intención ha sido claramente
abrir avenidas al debate. La extensión de las entradas ha procurado ser
semejante, aunque lo hemos hecho con flexibilidad. Con ciertos términos ha sido
suficiente un espacio menor para cumplir los objetivos propuestos. En otros
casos, ha convenido ampliar un tanto el espacio disponible, sin afectar por ello
el diseño editorial. No solamente se encontrarán aquí palabras, sino
expresiones acuñadas y con valor adquirido. Por supuesto, ésta es una primera
aproximación. Este primer agrupamiento de términos no agota, ni mucho menos
los que deberán quedar incluidos en etapas ulteriores. Hay muchos términos que
faltan y que esperan una segunda edición o una etapa ulterior de este proyecto.
Entre otros cabe mencionar los siguientes: criminología crítica, descolonización,
democracia radical, derecho alternativo, dialéctica interrupta, espiritualismo,
facticidad, filosofía primera, hermenéutica de la cultura latinoamericana,
hispanismo, historia de las ciencias, idea, idola, ilusión de la transparencia,
ilustración, imperialismo cultural, independencia, invención, Manifiesto Salteño,
mismo, ontologicismo, opción, oprimido, otro, pedagogía del oprimido,
prejuicios, presencia, rechazo, ruptura, sujeto, tecnología, tradición,
transculturación, unidad, vitalismo, etcétera.
El objetivo estará cumplido si somos
capaces de impulsar esas etapas faltantes, si suscitamos otros trabajos, si
estimulamos más y mejores investigaciones en este campo, si este Diccionario se
constituye en un instrumento útil como base o punto de partida de futuras
investigaciones a modo de propedéutica o introducción. La intención implícita
busca reconstruir una tradición para quedar en mejores condiciones de
prolongarla, cuestionarla o romper con ella con conocimiento de causa.
Es propio de la filosofía no conformarse
ni siquiera con la propia tradición. Pero, esto no autoriza a ignorarla. Sobre
todo, porque esa ignorancia le quitaría al esfuerzo iconoclásico fuerza epistémica
y al pensar autonomía. Incluir términos del pensamiento precolombino no supone
afirmar ninguna continuidad en la historia de la filosofía en la región o
abrir juicio en cuanto a las características de esa producción intelectual. Se
le reconoce, como mínimo y dejando abierta toda la discusión teórica que
comporta, como un antecedente valioso que merece ser reivindicado como tal y,
cuando menos, conocido. Es de desear que en futuras etapas de este proyecto se
puedan incorporar elementos de otras áreas culturales: guaraní, maya, inca,
mapuche, etc., además de expresiones del pensamiento indígena y afro vigente.
En
general, se ha tratado de remitir los términos a los/as autores/as que los han
propuesto o utilizado más frecuentemente. Esto no quiere decir que sean los/as
únicos/as en ponerlos en circulación, pero sí los/as autores/as más
relevantes en cuanto a los usos estudiados.
Esperamos que así este primer resultado
colectivo permita apreciar a la filosofía en su esfuerzo por recoger la
experiencia cultural específicamente latinoamericana en la teoría. Estamos
seguros de que una difusión amplia de esta obra permitirá su enriquecimiento y
su corrección progresivos. Por ello, gestionaremos también ediciones en otros
idiomas: portugués, inglés, francés y alemán, además de una versión en CD
Room.
Es
el momento de agradecer. Primero, a todos los que han participado haciendo
posible este Diccionario. A Mónica Lobatón, quien nos dio la confianza
necesaria para echarlo a andar. Al apoyo mecanográfico de Elvia Muñiz Fortuna,
que permitió reunir en computadora las diversas versiones y sus modificaciones.
A los/as colegas que hicieron la corrección de estilo para unificar, en lo
posible, el texto general: Guadalupe Elizalde, Dení Ramírez Losada y Carlos de
la Sierra de la Vega. A quienes me ayudaron en la coordinación de este
proyecto: Mario Magallón Anaya, Isaías Palacios Contreras y María del Rayo
Ramírez Fierro, con la invalorable asistencia de Sandra Escutia Díaz. A
Cecilia Pérez Medina (Cecy), quien con su constancia, iniciativa y capacidad de
administración nos ha permitido en éste, como en tantos otros proyectos, que
nos organizáramos eficientemente y aprovecháramos mejor nuestras fuerzas. En
fin, a Miguel Ángel Sobrino, quien —además de entusiasta colaborador— supo
interesar a la Coordinación General de Investigación y Estudios Avanzados de
la Universidad Autónoma del Estado de México para que apreciara en su momento
lo que sólo era un sueño, un viejo sueño acariciado durante varios años por
algunos de nosotros y que nos brinda la oportunidad de verlo editado. A los/as
lectores/as, por anticipado, porque serán ellos/as —a quienes les va dirigido
(particularmente estudiantes y estudiosos/as del campo)— los/as más
confiables e inapelables evaluadores/as y críticos/as del esfuerzo realizado.
Horacio Cerutti Guldberg