HISTORIA INTELECTUAL

 

La historia intelectual se dedica al estudio de las propuestas y prácticas de pensadores, científicos e intelectuales, así como de las comunidades que integran y la tradición de pensamiento, las prácticas  interpretativas y la esfera de acción en que se insertan, a la luz de la historia social y cultural de su época. A diferencia de la historia de las ideas, la historia intelectual pone mayor énfasis en el estudio de los discursos y las prácticas, los actos sociales de sentido y los ámbitos conceptuales, simbólicos y evaluativos en que éstos se inscriben en cuanto formas enunciativas características.

 

La historia intelectual es un campo de estudios que ha tenido un gran desarrollo en los  últimos años, dedicada al estudio y análisis crítico de fuentes a la luz de ciertas categorías de análisis provenientes de la historia de las ideas, enriquecida y completada críticamente por los aportes que desde la pragmática, el análisis del discurso, la semiótica y el estudio de la simbólica social se han ido incorporando al quehacer de historiadores y estudiosos de la cultura y la literatura.

 

El nuevo campo de estudios dedicado a la historia intelectual comienza a gestarse hacia 1980 en el medio académico norteamericano, a partir de la crítica a la que Robert Darnton somete a la historia de las ideas tradicional, y se nutre tanto de la incorporación de categorías procedentes del campo de la lingüística (particularmente de la pragmática) como de los nuevos conceptos y estrategias de análisis que aporta una amplia gama de disciplinas, como la lingüística, la antropología, la sociología, la historia cultural, renovadas a partir de los aportes de estudiosos como Austin, Skinner, Geertz, Bourdieu y otros grandes intelectuales. 

 

Para decirlo de un modo sintético, la historia intelectual incorpora las cuestiones de significado, contextualización y producción social de sentido a las discusiones tradicionales de la historia de las ideas. Las contribuciones de la historia intelectual al estudio de procesos simbólicos y representaciones, y muy particularmente sus análisis de la producción discursiva del intelectual y la inteligencia crítica, resultan altamente productivos para contribuir a la lectura del ensayo.

 

 

-- ¿Una disciplina o un campo disciplinario?

 

La historia intelectual es un complejo disciplinario que pone particular énfasis en el estudio del contexto pragmático de producción y el contexto simbólico y significativo de prácticas y representaciones. No se restringe a una historia de los intelectuales o de los conceptos por ellos elaborados, sino que es más precisamente una historia de la inteligencia en el sentido que atribuye a este término Alfonso Reyes, es decir, la inteligencia que un determinado grupo social genera y le permite interpretarse a si mismo, y que en todo caso tiene a los intelectuales como una de sus posibles –aunque no exclusivas– manifestaciones.

 

Es interesante que muchos estudiosos de esta línea recuperan también la obra que Leopoldo Zea dedica al positivismo como uno de los primeros antecedentes, en cuanto puso en relación las ideas con el contexto político.

Así como dice Oscar Terán, la historia intelectual no es estrictamente una disciplina específica, sino que se trata de una forma de abordaje de los textos y discursos que se nutre tanto de la historia conceptual (Kosellek), la antropología (Geertz), la historia de las mentalidades (Darnton), la historia de la cultura (Hogart-Williams), es estudio del discurso (Foucault), los estudios de la pragmática (Austin, Skinner) y del campo simbólico (Peirce, Bourdieu). Enfatiza la relación de los textos, y particularmente de la prosa de ideas, con otras prácticas discursivas (Angenot) y la estructura de un campo semántico (Trier-Porzig).

 

Todo esto resulta de particular interés para nuestra investigación, porque nos permite por una parte enfatizar que el concepto social de gaucho tiene su propia historia, una historia que debe rastrearse a través de los usos específicos y reinterpretaciones que sufrido el término. Esto implica no sólo ver cómo se ha gestado y se ha definido la voz gaucho, sino sobre todo su redefinición y reinterpretación a la luz de cuestiones pragmáticas e ideológicas específicas. Sería una ingenuidad atenerse a una definición única del término, y desconocer que éste tiene su propia historia social, distintos usos ideológicos, como lo muestra su empleo en distintos contextos pragmáticos y su asociación de diverso modo en distintos campos semánticos. De otro modo no podría comprenderse por qué en determinadas situaciones se asocia al gaucho con el paria social, que está al margen de su sociedad y no sirve para definirla, y se lo asimila con el peligro, con la barbarie, la violencia, la precariedad, o se lo idealiza como el fundamento de la nacionalidad, la épica y la civilización. Para entender este cambio es necesario poner el término en relación con la historia social, y además con los distintos contextos pragmáticos y campos semánticos con que se lo ha asociado. Así, por ejemplo, en un determinado momento histórico e ideológico el término “gaucho” se asocia a peligro y barbarie, y en otro momento se asocia a tipo, paradigma de la civilización. Para entender estas transformaciones es necesario atender no sólo a la historia política y de las ideas, sino también a la historia social y cultural, además de estudiar el contexto de uso y de sentido, tanto en el ámbito letrado como, hasta donde sea posible, en otros contextos reconstruibles a partir de las fuentes. Un trabajo modélico a este respecto es que Benveniste y Starobinski dedicaron al concepto de “civilización”.

 

Pero la historia intelectual nos permite también enriquecer nuestro estudio de otros temas como el del ensayo, al que podemos entender como una práctica discursiva colocada en un contexto específico, puesto que tampoco el ensayo es una forma textual cristalizada. Así, por ejemplo, no siempre fue aceptado el ensayo como vehículo de la reflexión filosófica, postura que puede advertirse en autores contemporáneos como Eduardo Nicol. Sin embargo, a partir de Nietzsche, Kierkegaard, Adorno, y en nuestro medio de Ortega y Gaos, y muy particularmente en América Latina, donde se vuelve una forma privilegiada con valor epistémico, el ensayo no sólo se admite como vehículo de la reflexión filosófica, sino que se lo considera forma con valor epistémico.


Como dice Elías Palti, “Desde que el lenguaje dejó de ser concebido como un medio más o menos transparente para representar una realidad "objetiva" externa al mismo, el foco de la producción historiográfica en su conjunto se desplazó decisivamente hacia los modos de producción, reproducción y transmisión de sentidos en los distintos períodos históricos y contextos culturales”. Esta línea de pensamiento se caracteriza por la complejidad y el eclecticismo alcanzado, en cuanto implica un esfuerzo de asimilación de diversas corrientes y líneas teóricas tan diversas como puede serlo el arco que va desde los aportes de la hermenéutica de Ricoeur y Gadamer hasta la crítica cultural de Habermas y la escuela marxista inglesa. Sin embargo, el eje fundamental en que se apoya esta corriente es el enfoque histórico, contextualista y pragmático de la producción de sentido que implica todo texto a la luz de su inscripción en un contexto determinado y su inserción en una tradición reflexiva específica.

 

Por otra parte, en la medida en que el ensayo es una forma discursiva particularmente ligada a la prosa de ideas y a la reinterpretación de conceptos y símbolos procedentes de un contexto cultural e intelectual específico, los aportes metodológicos de la historia intelectual pueden resultar altamente productivos para su estudio. Esto permitiría además emprender una revisión de textos y  estudios críticos dedicados al ensayo con apoyo de categorías de análisis como las que aporta la historia intelectual. Es necesario superar los enfoques contenidistas o los análisis tradicionales del ensayo en favor de enfoques que acentúen la inserción de esta forma discursiva en un contexto histórico específico, con un imaginario social con el que se relaciona de manera dinámica y compleja.

 

 

-- Perspectivas

Por su parte la historia intelectual es una línea de trabajo que recupera críticamente la gran tradición de la historia de las ideas particularmente desarrollada en México, ha tenido a su vez avances de enorme interés en Estados Unidos, Francia y, en el ámbito latinoamericano, muy particularmente en Argentina, donde destacados universitarios, centrados en un equipo de trabajo en la Universidad de Quilmes han constituido un valioso equipo de trabajo con publicaciones que confirman la calidad de sus investigaciones. En el caso de México, la responsable de estas páginas ha trabajado sucesivamente en cuatro proyectos dedicados al ensayo, uno de ellos financiado por la DGAPA ("El ensayo en América Latina, Su fuerza epistémica", como corresponsable) y dos de ellos por el CONACYT, como responsable ("Ensayo, simbolsimo y campo cultural", "Teoría del ensayo y teoría literaria", además de su propio proyecto principal e individual de investigación en el CCYDEL ("El ensayo en América Latina. Teoría, crítica y periodización"). Al mismo tiempo, se encuentra vinculada con el seminario que encabeza el Dr. Carlos Marichal y cuyas reuniones coordina la Mtra. Alexandra Pita, en el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México, y que ha comenzado también a trabajar activamente en el campo de la historia intelectual.

 

La posibilidad de tender puentes y establecer redes entre los diversos investigadores, proyectos e instituciones dedicados al tema tiene ya por lo tanto valiosos antecedentes. Por una parte, la participación de estudiosos de la historia intelectual en proyectos desarrollados en México, como es el caso del ciclo de conferencias impartido por el Dr. Elías Palti, de la Universidad Nacional de Quilmes, por invitación de la Dra. Liliana Weinberg, en el marco del proyecto “Teoría del ensayo y teoría literaria”, así como las actividades que el propio Dr. Palti desarrolló como investigador visitante en El Colegio de México. Paralelamente, la participación, también por invitación, de la Dra. Liliana Weinberg en el coloquio dedicado a la relectura crítica de la obra de Gilberto Freyre y organizado por el equipo de la UNQ,  con el estudio comparativo entre el ensayo de interpretación de Freyre y el de Ezequiel Martínez Estrada.

Este proyecto aspira a fortalecer el vínculo académico y generar estudios comparativos con el grupo que constituye el Programa de Historia Intelectual, que trabaja desde 1995 en el Centro de Estudios e Investigaciones de la Universidad de Quilmes, Argentina, varios de cuyos miembros son investigadores del CONICET.

En cuanto a los proyectos "Ensayo, simbolismo y campo cultural" y "Teoría del ensayo y teoría literaria", a cargo de Liliana Weinberg, con sede en el CCYDEL, el primero concluido y el segundo en proceso,  y que han contado con apoyo del CONACYT, se han dedicado a profundizar en el estudio de esta forma discursiva a la luz de diversas corrientes críticas.

 

Producto de las investigaciones desarrolladas en ambos proyectos son estudios dedicados a diversos ensayistas, desde Rubén Darío, José Martí, José Enrique Rodó, José Vasconcelos hasta Alfonso Reyes, José Carlos Mariátegui, Jorge Luis Borges, Ezequiel Martínez Estrada, Pedro Henríquez Ureña, Germán Arciniegas, Octavio Paz y varios otros autores, ensayos y temáticas, siempre desde una perspectiva que enfatiza la posición de los mismos tanto en el campo intelectual específico como en la tradición de pensamiento y cultura de su época, e indagar de este modo, indirectamente, la relación entre creación y representación, texto y contexto a que da lugar el ensayo a través del proceso interpretativo.

 

Entre las actividades del proyecto se cuenta también la impartición de cursos y la invitación a especialistas como Carlos Altamirano, Oscar Terán y Adrián Gorelik para encabezar ciclos de conferencias sobre historia de las ideas e historia intelectual. De este modo se abrió formalmente el interés por esta nueva línea de investigación, aunque la propia investigación de la Dra. Weinberg confluye ampliamente con varios de sus planteos, como lo prueban sus libros y los estudios dedicados a distintos autores hispanoamericanos desde una perspectiva que presenta múltiples puntos de afinidad con la línea de historia intelectual.

 

 

-- Programa de Historia intelectual en la Universidad de Quilmes (UNQ)

 

El Programa de Historia Intelectual de la UNQ, encabezado por Oscar Terán y Carlos Altamirano, desarrolla investigaciones sobre historia intelectual en general y argentina en particular, y se dedica, como explica, el Dr. Carlos Altamirano, miembro corresponsable del equipo de investigación,  “al estudio del campo de la dimensión simbólica de la vida social y la historia de las élites culturales de acuerdo a un marco historiográfico y conceptual producido colectivamente”. De este modo, se relaciona con un área de estudios identificada habitualmente como “historia de las ideas” o “historia cultural”, que en los últimos años ha impreso un giro al campo de los estudios históricos en el mundo académico internacional, aunque todavía cuenta en América Latina con muy pocos grupos de estudios especializados, tal como el que se espera consolidar en México. La importancia de estas investigaciones radica en que aborda de manera renovada y con apoyo en un método de análisis riguroso el estudio de la cultura, las mentalidades, las representaciones, las ideas, los sectores  intelectuales y las significaciones en el mundo social desde una perspectiva histórica y contextualizadora.

En ese contexto, el Programa se ha propuesto, como lo dice Carlos Altamirano,  “conformar un foco de elaboración disciplinar y, al mismo tiempo, una referencia desde la cual se pueda articular de modo productivo el campo de estudios a nivel nacional y regional. Para ello, junto con las investigaciones de sus miembros, se ha dado a una tarea de difusión, a través de la edición de la revista anual Prismas, y de intercambio, a través de congresos y seminarios periódicos, nacionales e internacionales. Un aspecto fundamental en la consolidación del Programa ha sido la obtención en 1997 del subsidio de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica para el proyecto de investigación ‘Representaciones de la nación argentina (1830-1960)’.

El Programa ha reunido a investigadores de diferentes proveniencias disciplinares y con diferentes orientaciones temáticas, con el objeto de abordar en toda su complejidad la dimensión simbólica de la vida social y sus prácticas significantes, a partir del análisis de las representaciones culturales a partir del cruce de diferentes disciplinas: historia, filosofía, literatura, artes, sociología o antropología, entre otras.

 

Buena muestra de la solidez y productividad del Programa de Historia Intelectual es la organización de importantes reuniones científicas y la publicación de una revista y series de alta calidad.

 

A modo de ejemplo citamos las "Jornadas Ideas, intelectuales y cultura en la primera mitad del siglo XX. Problemas argentinos y perspectiva sudamericana", 8, 9 y 10 de noviembre de 1995. Contó con la participación, además de los miembros del Programa, de: Julio Ramos (UC, Berkeley); Sergio Miceli (U de Sâo Paulo), Gerardo Caetano (UDELAR, Montevideo); Eduardo Archetti (U. de Oslo); Bernardo Subercaseaux (U. de Chile); Horacio Crespo (Universidad Nacional de Córdoba); Marcelo Monserrat (Universidad San Andrés); José Nun (Instituto de Altos Estudios Sociales, Universidad General San Martín); Juan Carlos Torre (Instituto Torcuato Di Tella); María Teresa Gramuglio (UBA); Natalio Botana (Instituto Torcuato Di Tella); José Carlos Chiaramonte (UBA); Beatriz Sarlo (UBA); Jorge F. Liernur (UBA); Dora Barrancos (UBA); José Emilio Burucúa (UBA); Jorge Dotti (UBA); Hugo Vezzetti (UBA).

 

El equipo publica además la muy valiosa revista "Prismas. Revista de Historia Intelectual". Este anuario está orientado a servir de expresión de las actividades e investigaciones del grupo. En su número 3, de 1999, se publica un dossier con las ponencias presentadas en la mesa “Problemas de Historia Intelectual”, organizada por el Programa en el Congreso de LASA (Latin American Studies Association), en Chicago (EE.UU.), en septiembre de 1998.