Introducción
 

Desde hace ya varios años comencé mi indagación del ensayo, traducida en un texto que titulé El ensayo entre el paraíso y el infierno,[i] hasta hoy, cuando acabo de concluir otro trabajo denominado Umbrales del ensayo,[ii] me persigue la misma idea: esta forma discursiva que es el ensayo no puede ser comprendida sino a condición de poner atención a la relación dialéctica entre pares de opuestos antes que a uno u otro de esos polos, que se tienden como los dos extremos de un umbral que debemos atravesar una y otra vez. Muchos estudiosos se lamentan de que el ensayo no pueda alcanzar el estatuto de obra literaria porque se encuentra “contaminada” de ideología y de datos coyunturales, o que no pueda ser sino un híbrido, un antigénero, una “filosofía” degradada por imágenes literarias y opiniones subjetivas y caprichosas.[iii] Pero tratar de clasificar y congelar el ensayo y tratar de reducirlo a uno u otro polo no es sino seguir sometiéndolo a incomprensión. Cito algunas oposiciones que se han trazado respecto del ensayo en distintos órdenes y niveles: ¿Es poesía o es filosofía? ¿Predomina en él la producción de imágenes o la de conceptos? ¿Es expresión de una individualidad subjetiva o es manifestación de un modo de estar en sociedad? ¿Es opacidad o transparencia? ¿Es argumentación o ficción? ¿Es público o es privado? ¿Es forma autónoma o es mero comentario? ¿Tiene una legalidad independiente o, como los virus, se apodera de la información de aquello a lo que se adhiere y se convierte en él? ¿Es neutral o está ideologizado? ¿Es táctica o es estrategia? ¿Es una estructura acabada o un proceso inacabado? ¿Es narrativa o es explicativa? ¿Es puro juego, pura arbitrariedad, o es búsqueda de conocimiento sustentado? ¿Se encuentra en el orden de la representación o en el de la creación? ¿Es fragmentario, con ideas coordinadas, o está articulado en un orden de discurso jerarquizado, subordinado? Y podríamos seguir así hasta el infinito.

Algunos tratadistas han decidido tomar partido por una u otra de las opciones. Así, mientras que los excelentes trabajos del canadiense Jean Terrasse o la española Arenas Cruz enfatizan el carácter retórico y argumentativo del ensayo, los no menos convincentes estudios de Réda Bensmaia prefieren defender su carácter puramente escritural,[iv] y, por fin, otros notables estudiosos como Champigny o Angenot, su vínculo con la prosa de ideas y, por tanto, con los géneros que Bajtin denomina “extraliterarios” dada su relación con el presente, la ideología y las luchas simbólicas.[v] Otros autores, como Claire de Obaldia, prefieren reconocer en el ensayo un carácter de literatura en potencia: un carácter que permanecería latente en el ensayo pero que podría  reactualizarse.

Otros estudiosos han enfatizado la dinámica del ensayo. Lukács insiste en que el ensayo es un juicio, pero lo que decide su valor no es sólo ese juicio sino el proceso mismo de juzgar.[vi] Juan Marichal enfatiza la importancia del estilo: “estamos, en realidad, más que ante un género, ante una operación literaria, un cómo en vez de un continente expresivo”.[vii] Y otros autores se refieren a él como discursividad y escritura. “El ensayo podría servir como un puente (el ya ante) entre estas dos orillas, la una correspondiente al conocimiento escrito y la otra al saber cómo escribir”, dice el ya citado Mailhot.[viii]

De este modo, con excepción de la línea abierta por las primeras y geniales indagaciones de Lukács, Adorno y Benjamin —que se enlazan a su vez con las reflexiones de matriz hegeliana y romántica en torno del problema de la prosa—, que apuntaban en una dirección que quiero retomar, buena parte de la crítica del ensayo se ha dedicado a marcar pares de opuestos ideales entre los que se debatiría el género. Buen resumen de ello es el apéndice con que Claire de Obaldia cierra su libro sobre El espíritu ensayístico.[ix]


 

[i] México, UNAM-FCE, 2001.

 

[ii] México, UNAM, CCYDEL (Cuadernos de los seminario permanentes, Ensayos Selectos). Financiado por el proyecto CONACYT 30833 “Teoría del ensayo y teoría literaria”, UNAM, 2004.

 

[iii] A pesar de su antigüedad, esta discusión no ha sido superada. Véase, por ejemplo, Laurent Mailhot, “The Writing of the Essay”, en “The Language of Difference, Writing in Quebec(ois)”, Yale French Studies, núm. 65 (1983), pp. 74 ss. Encuentro en dicho texto una peculiar defensa del ensayo que pasa, por un ataque al discurso de las ciencias sociales y las humanidades: “Con la excepción de ciertas figuras de gran estatura (un Lévi-Strauss, un Leiris, un Barthes), las humanidades y las ciencias sociales han sido, por el contrario, peores que el enemigo, al convertirse en los sustitutos de una literatura cuyo campo ha sido invadido por mitos improvisados y por una retórica seudocientífica. La teoría literaria y la crítica mismas no han resultado lentas a la hora de esquematizar en nombre de la estructura, de informar o polemizar en nombre de la descripción y la explicación”.

 

[iv] Véase Reda Bensmaia, The Barthes effect; the essay as reflective text (1a ed en francés, 1986), Minneapolis, University of Minessota Press, 1987.

 

[v] Véase Robert Champigny, Pour une esthétique de l’essai, Paris, Lettres Modernes, 1967; Marc Angenot, La parole pamphlétaire; typologie, México, UNAM-FCE, 2001.

 

[vi] Georg Lukács, “Sobre la esencia y forma del ensayo. Carta a Leo Popper” (1ª ed 1911), en El alma y las formas, teoría de la novela, trad. de Manuel Sacristán,  México, Grijalbo, 1985, 13-39.

 

[vii] Juan Marichal, La voluntad de estilo, Madrid, Revista de Occidente, 1971.

 

[viii] Art. cit., 79.

 

[ix] Entre las principales oposiciones tratadas en el libro: absoluto versus relativo, centralidad versus adyacencia, ficción versus no ficción (mentira versus verdad), falta de forma versus método, el fragmento versus el todo, yuxtaposición versus continuidad, ver al futuro versus ver al pasado, naturaleza versus cultura, filosofía versus arte, primario versus secundario, apertura (aumento o disminución) versus cierre, igualdad versus diferencia, trivialidad versus seriedad, virtualidad versus actualidad. Claire de Obaldia, The Essayistic spirit, Literature, Modern criticism, and the Essay, Oxford, Clarendon Press, 1995, 307-310.