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  El boletín y el grupo Renovación. Intelectuales y revistas
 


El boletín y el grupo Renovación. Intelectuales y revistas

 Alexandra Pita

El Colegio De México
 

 

      Poco tiempo después del banquete realizado en honor a Vasconcelos, apareció en la ciudad de Buenos Aires el 20 de enero de 1923, el primer número de Renovación. Boletín Mensual de Ideas, Libros y Revistas de la América Latina. Esta revista representó por un lapso de dos años uno de los vehículos intelectuales más importantes de la acción emprendida por estudiantes e intelectuales argentinos y latinoamericanos para  impulsar una campaña de difusión ideológica. En torno a esta publicación se agrupó un número amplio de escritores y universitarios que compartían la idea de que era necesario defender a América Latina del avance imperialista norteamericano mediante la creación de una conciencia colectiva favorable hacia una unión regional. Por ello, identificado como “el grupo Renovación” el mismo sirvió de antecedente inmediato a la creación de la Unión Latino Americana.

Específicamente, el Boletín estaba dirigido hacia los jóvenes universitarios latinoamericanos que se encontraban peleando aún a favor del movimiento de reforma, a quienes intentó brindar argumentos que justificaban sus metas para así al mismo tiempo, guiar su accionar. El momento parecía propicio puesto que la finalización de una primera etapa del movimiento reformista universitario argentino daba inicio a una contrarreforma, tras asumir la presidencia Marcelo T de Alvear en noviembre de 1922. El apoyo que hasta entonces había tenido el movimiento reformista en las universidades argentinas por parte del gobierno nacional de Hipólito Yrigoyen fue denegado. El presidente Alvear intervino las universidades del litoral y después la de Córdoba con el ejército para modificar los estatutos que habían sido elaborados durante el gobierno reformista, otorgando nuevamente a los profesores la autoridad del gobierno universitario, permitiendo tan sólo que los estudiantes elijan para los consejos directivos de las facultades tres de los once miembros, de los cuales debían ser profesores y no estudiantes. Este proceso prosiguió posteriormente en la Universidad de Buenos Aires y en la de Tucumán donde también fueron modificados los estatutos y disminuida la representación estudiantil. [1]

Los movimientos estudiantiles en  otros países de América Latina también se enfrentaron durante estos años con la labor de defender las posiciones alcanzadas frente a los gobernantes políticos en turno, siendo el caso más representativo el de los estudiantes peruanos frente al gobierno de Augusto Leguía. Por ello, pese a las obvias variantes regionales, el discurso de Renovación pudo captar y canalizar los intereses de un número considerable de estudiantes universitarios latinoamericanos que compartían una amplia gama de preocupaciones y objetivos.

El que esta iniciativa haya tomado la forma de un emprendimiento periodístico no era una situación singular. Durante la década de 1920, otras publicaciones pertenecientes a la vanguardia política o literaria argentina agruparon a jóvenes e intelectuales que buscaban a través de ellas establecer un lugar dentro del  campo intelectual. Entre estos cabe mencionar las creaciones de  Inicial, Valoraciones, Sagitario, Martín Fierro y Proa, medios donde “circularon personajes y sus preocupaciones, se dirimieron disputas intelectuales, se plantearon diferencias con la generación precedente y se propusieron su intervención en el presente, constituyendo formas de organización político y cultural”. [2]

La anterior generación de intelectuales argentinos y latinoamericanos tenía una revista representativa, la cual sugerentemente se tituló Nosotros y fue dirigida por Alfredo Bianchi (1882-1942) y Roberto Giusti (1887-1978) desde 1907 hasta 1943. Al igual que otras revistas de la época su creación y permanencia se dio al calor de las charlas de los cafés porteñas “los Inmortales” y  “La Brasileña”. Su objetivo, expuesto en su título, consistía en democratizar la cultura al incorporar en sus páginas la contribución de un amplio espectro de autores conocidos pero también de desconocidos que no habían llegado a publicar sus obras, ambos de cualquier tendencia literaria o política. Aunque nacida en el núcleo literario porteño esta publicación incorporó a un número significativo de intelectuales latinoamericanos.  [3]

Así, la creación de revistas como medios de debate entre intelectuales puede percibirse como una práctica habitual dentro del medio cultural y universitario de la época. De hecho, el grupo que se conformó alrededor del Boletín no era el primero ni el único que existía bajo esa denominación en el campo intelectual bonaerense. Entre 1919 y 1920 se había conformado un “grupo Renovación” integrado por estudiantes, graduados y profesores de la Universidad de La Plata que se decían pertenecientes a la “izquierda reformista”. Agrupados inicialmente en torno al periódico de la Federación Universitaria Platense titulado Renovación, este grupo se había dedicado fundamentalmente a dar manifestaciones públicas teatrales, actuando ocasionalmente en la política universitaria de la Facultad de Humanidades en apoyo a la candidatura de Alejandro Korn. En julio de 1923 el grupo se consolidó en torno a la revista Valoraciones dirigida por Carlos Américo Amaya que apareció gracias al apoyo de Korn y Arnaldo Orfila Reynal, pero al poco tiempo (en enero de 1925) hubo una divergencia interna que ocasionó el cambio de dirección de la revista puesto que Amaya renunció dejando en su cargo al propio Korn, para fundar una nueva publicación denominada Sagitario junto a Carlos Sánchez Viamonte y Julio V. González. [4]

En este sentido, analizaremos en las siguientes páginas la labor emprendida por los dos sujetos fundamentales en la elaboración discursiva del boletín Renovación. En el núcleo de este grupo ubicamos a los editores de la publicación -con Ingenieros a la cabeza-, quienes asumieron la tarea de generar un determinado lenguaje visual y escrito que imprimiera cierta coherencia a la publicación para hacer de ella un vehículo de opinión de un sector particular del campo intelectual. Asimismo, éstos debían velar por sumar permanentemente colaboradores que desde distintos puntos del subcontinente, enviaran artículos, cartas o comentarios, con el fin de constituir un nuevo andamiaje de ideas “renovadoras” -ni revolucionarias ni conservadoras-. Dentro de esta periferia colaboradora también consideramos importante la participación indirecta de aquellos personajes a los cuales se los hizo intervenir mediante las citas en calidad de referentes, quienes fueron utilizados por los sujetos creadores para reforzar los discursos realizados.

Ninguna mención se hace en el Boletín durante este período de la extensión del público lector ni tampoco del tiraje y distribución de la misma por lo que no será nuestro sujeto de investigación. Sin embargo, del análisis de las características visuales más relevantes del Boletín (formato y diagramación), así como del discurso programático trasmitido en el programa editorial, puede inferirse que los lectores provenían del mismo grupo encargado de producir un determinado discurso, es decir, que se trataba de una publicación hecha por y para intelectuales.  


El Boletín Renovación

I.-  El espacio visual

La impresión que buscaba ofrecerse al lector que tuviera por primera vez entre sus manos el Boletín Renovación, era seguramente la de que se hallaba en presencia de una publicación periódica novedosa, que se distinguía de otras contemporáneas por una serie de características.[5] Sus ocho páginas de gran tamaño (60 por 40 cm) la diferenciaba de la gran mayoría de las revistas de la década, las cuales tenían un tamaño más pequeño (el cual variaba entre los 20 y 30 cm de largo y los 18 y 28 de ancho), y poseían un número considerablemente mayor de páginas (por ejemplo la revista Nosotros tenía cerca de 200).[6]

Su formato se asemejaba más al de un diario, recordando de hecho a La Montaña. Periódico socialista revolucionario que apareció el 1 de abril de 1897 en Buenos Aires -bajo la fecha del 12 Vendimiario del año XXVI de la Comuna-, dirigida por José  Ingenieros y su compañero socialista Leopoldo Lugones.[7] Sin embargo, a diferencia de los matutinos o vespertinos locales que se publicaban en la década de 1920, Renovación aparecía mensualmente los días 20 de cada mes y estaba compuesto de textos extensos y escasas imágenes. La lectura no debía ser perturbada con cuadros de productos comerciales (jabones, maquinarias, casas de comercio, medicinas, etc.), sino sólo por la aparición (al final de la página por lo regular, o en espacios no centrales), de la propaganda de los libros editados por la colección La Cultura Argentina, dirigida por José Ingenieros.[8] Con ello manifestaba su deseo de demostrar que era independiente, así como de que su intención era la de formar a un público letrado a través de una detenida exposición de ideas.

Entre los múltiples escritos hacían su aparición algunas imágenes.[9] Los retratos eran colocados dentro del texto para identificar al personaje productor del material o sobre aquel que se estaba haciendo mención (siendo posible sólo en un número menor de ocasiones encontrar imágenes de ambos). De esta manera, los lectores podrían identificar los actores sociales de la trama grupal que se intentaba tejer, familiarizándose visualmente con los rostros de aquellos que participaban en la redacción de Renovación, así como de los personajes más esporádicos con los que, por su prestigio, se intentaba establecer algún tipo de relación. La utilización de este recurso fue importante y se mantuvo constante a lo largo de los 8 años de vida de esta publicación. La mayor parte de estos retratos eran fotografías relativamente actuales de los personajes, pero en algunos casos también se utilizaron dibujos para identificar a Nicolás Lenin, Víctor Raúl Haya de la Torre y José Vasconcelos. Después de 1925, el artista peruano César Alfredo Miró Quesada publicó en el Boletín una gran cantidad de retratos dibujados de autores y citados, entre los cuales se destacaron personajes como José Carlos Mariátegui,  Henry Barbusse y Juan B. Justo. [10]

De esta manera, el espacio visual de Renovación se hallaba utilizando numerosos títulos y subtítulos, los cuales con variaciones en el tamaño de la letra, características de su extensión y  forma de expresión,  podían atraer al lector hacia el tema tratado. En el encabezado de la primera página se colocaba el título y subtítulo del mismo, los datos del año, número y mes correspondiente, el nombre de quien ocupaba la dirección (a cargo de Gabriel S. Moreau hasta 1926) y el domicilio de la redacción y administración.[11] Asimismo se anunciaba el precio de la publicación por número suelto el cual fue durante el primer año de 0,20 ctvos  -el precio de un café y una medialuna por entonces-[12] y bajo desde enero de 1924 a 0,10 ctvos (colocándose así entre las publicaciones argentinas más baratas de la época), al igual que el precio por suscripción de dos años tanto en el ámbito nacional como en el Internacional, el cual se mantuvo a un precio fijo en  $5 m.n y $3 ps oro respectivamente. El precio de los anuncios publicitarios se disponía a 7 ps m.n  (columna ancha) y 5 ps m.n (la angosta), pero es factible que no los anuncios publicitarios publicados en el Boletín no hayan generado ingresos. Renovación aclaraba en su primera editorial que se sostenía gracias al apoyo de La Cultura Argentina la “mas activa y desinteresada empresa editorial del continente”, razón por la cual se acordó destinarle a un lugar principal en  el espacio publicitario. A su vez es posible que los anuncios de las revistas Nosotros, Revista de Oriente, Revista de Filosofía, Sagitario hayan sido producto de canje. Tal vez por este motivo la publicación no hacía ninguna mención al tiraje de la misma ni a sus distribuidoras, salvo por la aclaración publicitaria de que podía ser encontrada “en todos los kioscos y puestos de revistas de la ciudad de Buenos Aires”. [13]

Cada uno de los números se hallaban subdivididas en secciones que con algunas ligeras variaciones, fueron las siguientes: Colaboración literaria, La vida universitaria, Movimiento político y literario americano, Páginas magistrales, La vida intelectual de nuestra América, Información de libros y revistas. Dentro de esta última sección, que podía abarcar de una a dos páginas en cada número, se hallaba el único dibujo que se encontraba en la publicación de forma permanente. Sin una autoría determinada, el mismo representaba a un maestro apoyado sobre un texto en su escritorio, al que sólo acompañaba en el aula un par de estudiantes, aburridos y desganados, abandonados al inmovilismo.[14] Esta imagen, traducía el ideario del reformismo universitario que otros estudiantes habían plasmado en un gran número de textos y proclamas desde 1918 y del cual se hacía eco el grupo editorial. Como explicaba uno de sus ideólogos más conocidos, Julio V. González –quien asumió poco después como consejero de la U.L.A-,[15] los jóvenes se rebelaron contra sus maestros, abandonando las aulas para lanzarse a la calle a gritar sus protestas contra un sistema académico que hallaba alumnos a quienes dirigirse sólo por encontrarse bajo un régimen de asistencia obligatoria. [16]

En este sentido, al presentar a los lectores de Renovación la información de libros y revistas publicados recientemente por los jóvenes e intelectuales latinoamericanos que escribían y se leían desde distintas coordenadas, se establecía una labor ideológica de intercambio que implicaba un cambio significativo de poder en esta opinión pública: los jóvenes podían tomar la decisión  de interpretar aquellos libros de los autores que considerasen importante leer. Esto implicaba que el grupo Renovación hacía suyos uno de los principios de la reforma universitaria que mayor trascendencia en cuanto a su innovación de la transmisión de ideas: no existía más una lectura dirigida por los profesores sino sugerida por los “maestros”, es decir, aquellos a quienes los estudiantes daban el poder a través del reconocimiento de determinados actos simbólicos o actitudes políticas.

 

II.-El programa editorial 

Colocados en un lugar destacado de la primera página del Boletín, los editoriales constituían uno de los espacios fundamentales donde el núcleo editor expresó su auto identificación,  intereses e ideales, espacio privilegiado en el cual como afirma Beatriz Sarlo puede observarse “la geografía imaginaria donde la publicación y su grupo pretendían ubicarse idealmente.”[17] Como sugeriría Raymond Williams, estos programas editoriales buscaban alcanzar la incorporación de un público a través de la toma de conciencia que se convertía en objetiva.[18]

Estos textos se destinaban a convencer a un lector determinadas “verdades” sin la necesidad de recurrir  a citas, datos o extensas argumentaciones para demostrar sus afirmaciones. Con el fin de causar un fuerte impacto en el público desde el inicio de la lectura, Renovación utilizó para los editoriales de su primer período títulos una o dos palabras que sugerían la idea a desarrollar. Así, los títulos fueron: Renovación (enero 1923), ¿Qué somos? (febrero), Fijando Rumbos (marzo), Mejorarnos (abril), Valores (junio), Horizontes (julio), Política (agosto), Quimeras (septiembre), Petróleo (octubre), Maniobras (noviembre) y Ilusiones (diciembre). Juventud (enero 1924), Wilson (febrero), Agonía (marzo), Conquista (abril), Protesta (mayo), Hipoteca (junio), Intrusos (julio), Federación (agosto), Mister Rowe (septiembre), Hojalata (octubre), Fausto (noviembre), Leguía (diciembre). En 1925; Finanzas (enero 1925), Cinismo (febrero). 

Estos textos  fueron escritos en su casi totalidad -salvo en el caso de “Fausto” (noviembre 1924) cuyo autor era el intelectual cubano José Enrique Varona-, por los “tres jóvenes estudiantes” que se presentaron en el primer número como autores del emprendimiento: Luis Campos Aguirre (seudónimo de Aníbal Ponce), Gabriel S. Moreau y Julio Barreda Lynch (seudónimo de José Ingenieros). Dentro de este equipo editorial, resaltaba sin embargo la acción de Ingenieros quien según Sergio Bagú “repartía los temas y escribía el editorial, publicando invariablemente en un recuadro de bastardilla en primera plana”.[19]

El primer editorial que llevaba el título de “Renovación”, aclaraba que el grupo que se deseaba formar -mediante la acción de la publicación- tendría las siguientes características:

a)      pertenencia o identificaría con  la juventud universitaria latinoamericana calificada genéricamente como “la nueva generación” por su cualidad de haber entrado a la vida pública después de la Primera Guerra Mundial.

b)      debía colocar los valores intelectuales por encima de “los políticos, los financieros o tradicionales”, lo cual implicaba ejercer una política desde ámbitos no partidarios para resolver los problemas del presente, específicamente para crear una confederación latinoamericana. [20]

 

A comparación del discurso de 1922, el acento para convencer a los lectores no estaba puesto solamente en la exposición de los hechos sobre el avance imperialista norteamericano, aunque éstos aparecieran permanentemente mencionados a lo largo de los editoriales en cada oportunidad que se realizara un nuevo hecho que merecía ser denunciable para el grupo. Por ejemplo, fueron objeto de denuncia las invasiones directas y el desembarco de militares y la apropiación de territorios por parte de compañías norteamericanas para explotar las riquezas naturales de América Latina –remarcando especialmente el caso del petróleo-, al igual que los tratados realizados por gobernantes latinoamericanos para favorecer el expansionismo norteamericano y los créditos que hipotecaban las reservas nacionales.[21] Tampoco constituyó un eje discursivo exclusivo la contrapropuesta al imperialismo, la unidad latino americana, aunque se mantuvo como una referencia cada vez que se mencionaba algún hecho que comprometía la soberanía de estas naciones. Como verdad ya aceptada e indiscutida, se reprodujo en un editorial algunas de las partes más relevantes del discurso de Ingenieros de 1922, aunque no se mencionara el nombre del “ilustre escritor” que las pronunció.

En cambio, el de la guerra fue un argumento que comenzó a poblar los editoriales mediante una fuerte campaña antimilitarista y antibélica que buscaba adoctrinar a los jóvenes de la posguerra en un pacifismo. Así, se denunciaban regularmente los procesos armamentistas en los que se encontraban involucradas algunas naciones latinoamericanas (como Argentina y Brasil) para remarcar la necesidad de evitar por todos los medios un enfrentamiento de éstos. Asimismo se recordaba que estos conflictos serían una locura influenciada por los intereses norteamericanos para dividirlos y controlarlos con mayor facilidad y que consecuentemente un enfrentamiento traería también como consecuencia lógica el fracaso de cualquier proyecto de unidad subcontinental posterior. [22]

La sombra de la Primera Guerra Mundial era una marca que se traducía en todos los aspectos que definían a la nueva generación. En los primeros dos editoriales, esta contienda sirvió para identificar la culpabilidad de una humanidad que se había inmolado en pro de ciertos principios e instituciones que condujeron a las naciones al profesionalismo en la política interna, a la secreta intriga internacional, a las injusticias económicas de clase, al irritante desequilibro de los factores sociales y al nuevo florecimiento de la superstición religiosa. Esta negación implicaba que los jóvenes intelectuales debían construir una nueva ideología renovadora que no fuera simplemente socialista, liberal o radical, ya que éstas se limitaban a proponer el reemplazo a nivel nacional de las prácticas de caudillos y burócratas inmorales por una meritocracia de los más aptos.[23] Al contrario, para este cambio, debían mantenerse independientes de los viejos partidos políticos sin constituir uno nuevo. Debido a los ideales políticos nacionales e internacionales que propugnaban los partidos existentes, era imposible pensar en militar en ellos puesto que los partidos eran lugares donde los dirigentes quieren tener influencia y los dirigidos apetecen empleos. Un comité de partido es una asociación de vanidosos y de pordioseros: los unos desean figurar y los otros se contentan con comer [24].

Esta advertencia se hizo explícita al lanzarse el manifiesto de la “juventud demócrata progresista”, redactado por jóvenes afiliados al Partido Demócrata Progresista que eran además, colaboradores de Renovación.[25] En esta ocasión, el Boletín dedicó un editorial a elogiar su prédica pero advirtiéndoles que era un error su intención de insertar un programa de ese tipo dentro de un viejo partido. Por ello, los instó a independizarse de la estrechez partidaria para crear las bases de un núcleo de acción que pudiera dirigir en un futuro próximo los “destinos de nuestro pueblo en armonía con los nuevos ideales de la humanidad”, ideales que comparte toda la nueva generación que podría unirse a su búsqueda si esta se hiciera de forma independiente.[26] Una y otra vez, las editoriales apuntaban hábilmente como estrategia discursiva la relación entre la joven generación y la guerra, intentando dirigir las energías de esta juventud altamente politizada (después de la reforma universitaria) hacia la conformación de un grupo que no estuviera dispuesto a un cambio radical, abrupto, revolucionario sino a realizar un proceso gradual, acumulativo, renovador. Con ello, no hacía mas que acentuar su posición de buscar una tercera vía frente al dilema revolución-reformismo que impregnaba las disputas de la izquierda nacional.

Desde esta perspectiva que tomaba a la Primera Guerra como un parteaguas entre las generaciones, se criticó al presidente norteamericano Wilson. Como un caso típico de la vieja generación que había que superar, éste había abanderado durante la guerra un discurso pacifista que se plasmó en sus 14 puntos y poco después, sin mayores miramientos, quebrantó al sostener que la Sociedad de las Naciones era “una simple confabulación de los vencedores para repartirse los despojos de los vencidos”. Esto demostraba una vez más, la desconfianza que debía sentirse frente a  los hombres de la vieja generación “cuando afirman nobles y desinteresados ideales”.[27] Advertía también a la juventud latinoamericana, que no era recomendable que se afiliara a la ideología fascista o comunista que comenzaba a tener gran auge en Europa durante la posguerra. La primera ideología se encontraba totalmente descalificada por su carácter totalitario, mientras que la segunda lo era por razones muy distintas. Pese a la admiración que confesó tener hacia la revolución rusa no consideraba que en América Latina se hubieran dado las condiciones para generar una revolución de esa naturaleza. Antes era indispensable combatir primero la herencia negativa del caudillismo, mentalidad a la cual calificaban como un resabio de “feudalismo colonial” que se encontraba aún vigente en los gobernantes corruptos que se vendían ante las presiones del capitalismo yanqui.[28]

 

El grupo Renovación

III.-José Ingenieros y los sermones laicos

Además de su participación en el programa editorial, Ingenieros publicó otros artículos en Renovación, los cuales por su calidad educativa pueden ser calificados como “sermones laicos”.[29] Con su firma el intelectual publicó 8 artículos, mientras que otros 33 lo hizo mediante algún seudónimo: Alberto Aguirre (2), Julio Barreda Lynch (8), Raúl H. Cisneros (13), Antonio Solari (1), Luis Emilio Peña (1), Manuel Presilla (8). Significativamente, los textos firmados con su nombre eran en su gran mayoría  reproducciones de textos anteriores, mientras que los escritos bajo algún seudónimo eran los nuevos aportes.[30]

De aquellos publicados con seudónimo destacaremos sólo los escritos por Julio Barreda Lynch puesto que fue a través de estos que Ingenieros expuso más claramente sus ideas respecto al panamericanismo y el latinoamericanismo, así como los escritos bajo el nombre de Raúl H. Cisneros porque los mismos se dedicaron al  movimiento reformista universitario. Los artículos escritos por Barreda Lynch sobre el tema, eran una extensión temática del espacio editorial que reafirmaba sus ideas centrales. Escribió sobre la farsa de una diplomacia corrompida por el movimiento panamericanista que sólo buscaba justificar en dichas reuniones la política expansionista norteamericana, al tiempo que fomentaba la rivalidad entre las naciones latinoamericanas mediante una agresiva campaña armamentista que atentaba contra la idea de integración. Asimismo escribió sobre la necesidad de ver en la Rusia revolucionaria un modelo de progreso que se contraponía al retroceso mostrado por la política conservadora desplegada por Francia y la necesidad de encontrar ídolos verdaderos como el de Lenin. [31]

Colocando la mira en los procesos políticos internacionales, Barreda Lynch parecía estar poco relacionado con una parte de la realidad nacional. Cuando el boxeador argentino Firpo peleó por el campeonato mundial, los medios de comunicación nacionales que trasmitieron la idea de que la  opinión pública estaba exaltada por un triunfo que se parecía extender hacia todos los ciudadanos del país. Barreda Lynch criticó duramente este nacionalismo llamándolo falso nacionalismo basado en el uso de los puños y no de la verdadera fuerza -la razón- pretendiendo esgrimirse sobre una victoria absolutamente efímera. Indignado de la reacción del pueblo –y de los medios de comunicación que alimentaron la noticia-, terminó su comentario denigrando al boxeador al decir:

 

“Cuando la miseria física le haga sentir el peso de la miseria espiritual, lamentará no haber ocupado su juventud en aprender a leer y escribir, para encontrar alivio a su vejez obscura leyendo una página inmortal de Facundo o una inmortal décima de Martín Fierro".[32]

 

Por su parte, en los artículos escritos por Raúl H. Cisneros sobre la reforma universitaria encontramos un desarrollo significativo de los detalles de la cotidianeidad política del ámbito universitario de Buenos Aires y La Plata, de las Facultades de Derecho y Ciencias Sociales y la de Medicina.[33] Pero, como un perro de caza con un desarrollado sentido del olfato para cazar a su presa, Ingenieros intentó trasmitir a sus seguidores una y otra vez los signos del peligro que existía en el ambiente universitario frente al proceso de “contrarreforma”.

Con motivo de las elecciones del Consejo Directivo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires -en las cuales Alfredo Palacios había resultado perdedor-, Cisneros extraía una lección. Era necesario detectar aquellas partes detractoras dentro de la juventud que eran “instrumento ciego” de las fuerzas conservadoras.[34] Estos elementos contrarreformistas dentro del sector estudiantil -que recordaban en mucho  a aquel hombre mediocre dibujado por Ingenieros en 1913-,  no estaban capacitados para convertirse en dirigentes puesto que carecían de principios morales. Habían sido simples instrumentos de las maniobras del gobierno nacional que ahora los manipulaba con prebendas y dádivas para convertirlos en miembros leales del partido. De acuerdo con Ingenieros esta situación de manipulación estudiantil continuaba bajo el nuevo gobierno de Marcelo T. de Alvear, quien, en su opinión, buscaba crear una Universidad llena de adeptos. Consideraba que América Latina debía observar el desarrollo de la reforma universitaria argentina, para aprender a defenderse anticipadamente del peligro que implicaba aliarse con los políticos, quienes inevitablemente ejercerían una “influencia desmoralizadora y corruptora de los ideales de la nueva generación”.[35] Esta inmunidad frente a la política partidaria alimentaba simbólicamente a la reforma universitaria, que era vista como un movimiento político legítimo de los jóvenes renovadores de izquierda, no contaminados por los vicios de ese antiguo régimen que se colapsó con la guerra. Para mantener esa pureza, los estudiantes latinoamericanos debían cuidarse de los “renovadores amarillos” que se mezclan en el movimiento para desviarlo de sus originarias tendencias liberales y socialistas.”  [36]

Por último, cabe mencionar que el Boletín  reprodujo  cuatro de las ocho “tríadas morales” escritas por Ingenieros y publicadas poco tiempo antes en la Revista de Filosofía, en cuyos titulares se conjugaban tres ideas claves: “Verdad, Ciencia, Ideal”; “Historia, Progreso, Porvenir”, “Inquietud, Rebeldía, Perfección” y “Simpatía, Justicia, Solidaridad”. Éstas fueron escritas para aquellos jóvenes universitarios auto proclamados de izquierda, las tríadas exponían una prédica militante llena de frases fácilmente recordables.[37]

De la gran riqueza de este material queremos destacar la frecuencia en que se encontraban en ella las palabras “Renovación”, “Renovar”, “Renovadores”, en tanto ellas anunciaban con anterioridad a la aparición del Boletín una idea que impregnaría el conjunto discursivo desplegado posteriormente por la publicación. Por ejemplo, en “Terruño, Patria y Humanidad” texto escrito para los estudiantes argentinos que participarían en el primer Congreso Latinoamericano de Estudiantes realizado en México en 1921, Ingenieros expresaba la necesidad de generar en los pueblos una idea amplia de nacionalidad puesto que “toda renovación de instituciones se inicia por una renovación en los espíritus, y todo ideal pensado está ya en los comienzos de su realización”. Por lo tanto, el uso del término Renovación parecía implicar la intención de que junto a lo nuevo –los jóvenes universitarios- se ubicara lo viejo transformado –los antiguos profesores convertidos ahora en maestros-. Este cambio de no implicaba un giro de 360 grados que de manera violenta impusiera un nuevo régimen ni tampoco  restableciera un orden preexistente, sino antes bien un cambio gradual menos radical pero más integral en el sentido de que en el se comprendiera a los principales actores sociales de la trama que se buscaba tejer: los estudiantes y los intelectuales. Es significativo entonces que tanto Adolfo Korn (fundador del primer grupo Renovación en La Plata) como José Ingenieros, ambos hombres de una generación del siglo XIX que gozaban de suficiente prestigio entre un sector del estudiantado universitario adoptaran este término.

Asimismo en “Historia, Progreso, Porvenir”, tras afirmar que “la historia viva es una escuela de renovación”, Ingenieros desarrollaría la idea de que cada generación debe hacerse cargo de su propia historia para generar un progreso que determine el porvenir, puesto que desear la “restauración” del pasado a través de su culto en el presente es signo de muerte, de cenizas y de ruinas.[38] Con esta distinción entre los términos “renovación” y “restauración, Ingenieros parecía entrar -sin mencionarlo- a competir con Ricardo Rojas, intelectual argentino conocido desde la publicación de su libro titulado “La restauración nacionalista” en 1910. Rojas había intentado igualmente ocupar el lugar de guía de la nueva generación durante los últimos años.[39] Como culminación de una prédica que había iniciado desde la publicación de este libro y posteriormente durante los años de 1918 y 1919 (cuando exhortó a los jóvenes para que abandonasen la neutralidad argentina en la guerra), Rojas redactó en 1923 “la profesión de fe de la nueva generación” ideario redactado para el “partido de la nueva generación” fundado por el “Comité Nacional de la Juventud”. En el mismo reflejaba inquietudes propias de una vieja generación incorporada a la república posible pero rechazó la herencia positivista para ubicar al nuevo partido bajo el idealismo definiendo más el “problema filosófico” que el programa político partidario de la agrupación. [40] Por todo esto es posible pensar que las ideas de Ingenieros influyeron de manera importante en el núcleo editor el cual en su primer programa editorial describió a Renovación como “el santo y seña de las juventudes universitarias, lleno de promesas para un inmediato porvenir”.[41]

 

IV.-Gabriel S. Moreau y los comentarios  

Como director de la publicación en el encabezado de la primera página donde se presentaba la información técnica del Boletín, Gabriel Moreau, estudiante de medicina que murió a temprana edad en 1926 (y sobre el cual se conoce poco), cumplió la importante función de dar legitimidad al núcleo editor. Representaba al único miembro que se apegaba en sentido estricto a la identificación con la cual se presentaba el comité editorial en el primer número del Boletín: un joven universitario de la nueva generación. [42]

El Boletín se refirió a Moreau al comentar la conferencia que dictó en Salta, durante el viaje de estudios realizado junto a los alumnos de segundo año del Instituto del Profesorado Secundario y al profesor Rómulo D. Carbia- al interior del país. Reproduciendo la propaganda ideológica realizada en el Boletín,  Moreau expuso una conferencia ante un importante público salteño sobre los “ideales latinoamericanos del grupo renovación”,  criticando el interés norteamericano por controlar las fuentes petrolíferas de las provincias del norte argentino.[43] Sin embargo, su nombre aparecería en pocas ocasiones como autor de artículos publicados en Renovación: como comentarista de dos libros y como autor de otros dos artículos que trataban sobre el francés Anatole France y el argentino Juan Bautista Alberdi.[44]

Mas frecuente era la participación de Moreau en la realización de comentarios sobre publicaciones enviadas a la redacción por sus autores. Desde un inicio la publicación debió comenzar a recibir una numerosa cantidad de libros y revistas en su redacción puesto que para junio de 1923 ya se publicó una larga lista de títulos recibidos. En enero de 1924, el sumario final del Boletín anunciaba que el director se encargaba de  realizar las “notas y bibliografías, Etc., Etc.” Este trabajo posiblemente lo emprendió desde el inicio de la publicación cuando evidentemente no se había encontrado un comentarista para realizarlo. Esta participación no era despreciable: de los 238 comentarios literarios realizados durante este primer período, 165 no tenían firma y por lo tanto pueden ser adjudicables en su gran mayoría a Moreau.

 

Además, este estudiante de medicina se encargó de colocar de forma anónima notas, comentarios o informaciones en distintos espacios de la publicación. A través de éstas se notificaba a los lectores sobre el fallecimiento de intelectuales destacados, los banquetes realizados en homenaje a otros contemporáneos –entre los cuales figuraban los organizados por la revista Nosotros- y los dedicados por otros organismos a los cuales se sumaba el grupo Renovación recibiendo adhesiones, así como de una serie de novedades culturales realizadas o por realizar: obras teatrales, conferencias, fundación o aniversario de publicaciones.[45] Estos comentarios no carecían de importancia. Por una parte, aquellos realizados sobre los libros y revistas que llegaban a la redacción demostraban la intensidad del diálogo existente con intelectuales de otras latitudes. Por la otra, los dedicados a las informaciones locales del ámbito intelectual y artístico porteño, los mantenía al tanto de las actualidades de su medio. Así observamos que a pesar de las dificultades que imponían las distancias reales, no impedía que el grupo buscara ampliarse para alcanzar un espacio latinoamericano.

 

V.- Aníbal Ponce y la extensión del discurso de 1922

Aníbal Ponce era un joven discípulo de Ingenieros que firmó como miembro del comité de redacción en el primer editorial con el seudónimo de Luis Campos Aguirre.[46]  Se había formado en la tarea periodística bajo su supervisión en la Revista de Filosofía, en la cual compartió junto a su maestro la dirección.[47] Para 1923, Ponce no era un universitario en el estricto sentido debido a que había abandonado sus estudios para dedicarse al periodismo y la docencia, pero mantenía un fuerte lazo con el estudiantado reformista el cual lo  reconocía como un integrante fundamental de la nueva generación. [48]

Al igual que los otros jóvenes argentinos, se percibía como miembro de ese grupo que nació tras el inicio de la tragedia bélica europea,  razón por la cual sintió desde un inicio “la desconfianza en el pasado”. Como los otros,  esta preocupación fue acrecentándose a medida que llegaban las voces de los “precursores” –Rolland, Barbusse-, quienes revelaban el horror de la guerra desmintiendo las justificaciones de la justicia y el derecho para desenmascarar a un grupo de mercaderes en uno y otro bando. Esta indignación era compartida:

 

 “Teníamos la seguridad absoluta de asistir al derrumbe de un viejo edificio carcomido y fuerza era, por lo tanto, empuñar el pico para preparar, sobre la limpieza de las explanadas, las construcciones futuras”. [49]

 

            Sin embargo sus participaciones en el Boletín no se dirigieron a analizar la guerra. Siguiendo los pasos de su mentor intelectual,  Ponce se adscribió durante una primera etapa de su pensamiento a una tradición liberal-positivista que era complementada por una socialista,  matriz teórica desde la cual incorporó las ideas antiimperialistas y reformistas después de 1918. [50] Desde esta perspectiva, publicó en Renovación tres artículos bajo el seudónimo de Luis Campos Aguirre, que trataron los puntos que podrían servir de base para una Unión Latino Americana. Solicitó a los escritores de América Latina pedir su opinión sobre la viabilidad de este "pensamiento”, sugiriendo las siguientes metas:

     “Coordinar la acción de los intelectuales de la América Latina, para que éstos desarrollaran en los pueblos una conciencia de los intereses nacionales y continentales, como paso inicial de una Confederación “política, económica y moral”, que garantice su independencia y soberanía contra el imperialismo de Estados capitalistas extranjeros.

              Simpatizar con la “renovación ideológica” que surja en Latinoamérica para capacitar a los pueblos mediante una instrucción pública basada en ideales éticos, perfeccionando con ello “las formas representativas de las instituciones políticas republicanas, experimentando reformas económicas inspiradas por anhelos de justicia social.

Auspiciar la creación de entidades de carácter jurídico, económico e intelectual que cimienten el “acercamiento  espiritual y la solidaridad política.

Repudiar cualquier política financiera que comprometa la independencia de estas naciones, especialmente los empréstitos monetarios que puedan justificar la intervención de los países imperialistas extranjeros en la política nacional de estas naciones como medida coercitiva.

Declarar que la Unión no tiene vinculación con ningún gobierno latinoamericano con el objetivo de mantener su libertad de opinión sobre los pueblos de América Latina.” [51]

 

            Las siguientes ocasiones en que se publicaron dichos puntos, el autor agregó dos comentarios importantes. En el primero, afirmaba que este anteproyecto fue elaborado por al “grupo Renovación”, el cual  creyó necesario exponerlos en nombre de las juventudes latinoamericanas. En el segundo, señalaba el carácter de la unión propuesta en relación con otros proyectos integracionistas de la época, el panamericanismo, el hispanoamericanismo o el latinoamericanismo. En este sentido afirmó:

“No somos “panamericanos” en ningún concepto, pues entendemos que el panamericanismo es una invención yanqui para conspirar a su sombra contra la independencia y la soberanía nacional de todos los pueblos de la América Latina.

No somos “hispanoamericanos”, porque ello excluiría de nuestra Unión a naciones como el Brasil, sin cuya cooperación sería estéril todo esfuerzo contra el capitalismo imperialista extranjero.

No somos “iberoamericanos” porque en algunas naciones el elemento europeo incorporado a la población nacional es principalmente italiano o francés, latino pero no ibérico.

No somos, en fin, adherentes de las “amistades francesas” y de las “progenies” italianas, porque en esos movimientos, como en los anteriores, sólo vemos un afán de expansión de esas naciones que se creen nuestras metrópolis, con propósitos de someternos a su influencia económica o cultural.

Amigos, pues, de todas las naciones latinas de Europa, pero declaramos explícitamente que nuestros ideales latino americanos son continentales, mas bien encaminados a emanciparnos de tutelas europeas que a fomentarlas, aún cuando ellas coincidan todas en rivalizar con la peligrosa amenaza yanqui.

Queremos mejorarnos y unirnos para ser dignos de servir con características propias; no estamos dispuestos a ser “colonias” comerciales ni espirituales de ninguna “metrópoli” norteamericana o europea.

Decimos esto para evitar que se nos adule por equivocación.” [52]

 

Los artículos en los que firma Aníbal Ponce fueron escasos. Publicó algunos comentarios literarios y artísticos, actividades en la cual había demostrado gran destreza por lo que tenía a su cargo la sección de “letras argentinas” en la revista Nosotros y dedicó algunos artículos a exaltar a Lucio V Mancilla, Amadeo Jacques, Eduardo Wilde y Horacio Quiroga.[53]

 

VI.- Los colaboradores y los vínculos externos

A la intensa acción emprendida por los editores, se sumó el aporte de los colaboradores, quienes representan en nuestra opinión la periferia del grupo intelectual que se buscaba crear. Enviando sus artículos para ser publicados en Renovación o reproduciendo textos de su autoría de otras publicaciones, éstos fueron identificados mediante el uso de fotografías o retratos. Según los deseos de la editorial, las participaciones debían provenir de aquel sector de la opinión pública a la cual buscaba captar como lectores, es decir, la nueva generación latinoamericana. Como gustaba reconocer la redacción, el Boletín había tenido una importante respuesta entre este sector del subcontinente, desde donde afirmaban habían recibido numerosas respuestas que no reproducían en este medio “por no pecar de vanidosos”. [54]

En buena medida, fue alcanzado el deseo del núcleo editorial de la construcción de una periferia endogámica compuesta por productores-receptores. Por una parte, el número de participaciones de este elenco secundario fue numeroso: de las 408 intervenciones que registramos con algún nombre, 351 (86.2%) provenían de los colaboradores -siendo los restantes los realizados por el grupo editorial que ya tratamos-, lo cual representa un alto porcentaje del total e implica que el espacio de la publicación no sólo encontraba a un grupo núcleo editorial dinámico que se manifestaba principalmente en una primera página inicial sino también a un amplio abanico de participantes que cumplían la importante función de poblar el resto de las páginas del Boletín. [55]

Cabe aclarar que no todas estas colaboraciones eran artículos explícitamente dirigidos a la redacción. De las 351 colaboraciones mencionadas, 123  (35%) casos correspondían a reproducciones de discursos, declaraciones, cartas, noticias o artículos que habían salido a la luz inicialmente a través de otros medios. Sin embargo, esta estrategia no restaba importancia al Boletín, puesto que demostraba el alto nivel de información que debían de tener los editores para realizar una selección del material, al tiempo que permitía ubicar a  Renovación dentro de un circuito mayor de publicaciones.  De esta manera, el grupo local extendía sus lazos hacia puntos distantes y fomentaba el diálogo con otros intelectuales de distintas coordenadas de América Latina y en algunos casos de Europa.[56]

Entre los intelectuales argentinos que colaboraron durante el primer período de la publicación de enero de 1923 a marzo de 1925, es posible distinguir los nombres de intelectuales reconocidos como los argentinos Alejandro Korn, Carlos Bunge, Roberto Giusti, Ricardo Güiraldes, Arturo Orzábal Quintana,  Leopoldo Lugones, Ricardo Levene Manuel Ugarte y Alfredo Palacios. Asimismo, entre sus pares latinoamericanos se encontraban: Rufino Blanco Fombona, Pedro Henríquez Ureña, Ventura García Calderón, Enrique Gay Calbó, Víctor Belaúnde, Mariano Picón Salas; la presencia de Vaz Ferreira, Germán Arciniegas, Belisario Porras, Vicente Martínez Cuitiño, Antonio Caso, Rafael Heliodoro Valle, Enrique José Varona y José Vasconcelos. Las expresiones de los colaboradores latinoamericanos fueron de características muy variadas (crítica literaria, filosofía, arte y política), aunque podemos asegurar que aquellas dedicadas a política reafirmaron las ideas de antiimperialismo, latinoamericanismo y nueva generación que difundía el núcleo editor. En este sentido, fue de gran importancia la participación de Manuel Ugarte, quien era conocido por su campaña a favor de la Patria Grande y quien dio un sentido de cohesión al grupo.[57]

Fuera del ámbito regional, los intelectuales extranjeros  que colaboraron en el Boletín fue muy escasa, limitándose a los miembros del grupo Clarté: Henry Barbusse, Anatole France y H.G.Wells, quienes estuvieron enfocados a desarrollar los ideales de este grupo que nacía tras el impacto de la Primera Guerra Mundial. Menos numerosas eran las colaboraciones de escritoras de América Latina que gozaban de cierta fama en el medio, como el caso de Juana de Ibarbourou, Sara Huber, Clotilde Guillén de Rezzano y Amanda Labarca. Si sumamos a esta escasa participación femenina a nivel cuantitativo, el hecho que sus colaboraciones trataban generalmente sobre una temática literaria, podemos observar que el espacio femenino aún se encontraba limitado a ciertas áreas. 

Sin duda, la lista de colaboradores tenía grandes ausentes. Ninguna de las grandes figuras del socialismo argentino figuró en el Boletín durante estos años, como tampoco lo hicieron las mujeres que participaban en el Centro Socialista Femenino, muchas de ellas esposas a su vez de los importantes dirigentes del partido como Fenia Chertkoff (esposa de Nicolás Repetto), Mariana Chertkoff (primera esposa de Juan B. Justo) y Adela Chertkoff (esposa de Adolfo Dickmann). Igualmente ausentes estuvieron algunas representantes del sindicalismo feminista como Raquel Messina, Carolina Muzzilli, Gabriela Laperriere de Coni. La única intervención de un miembro del partido fue la de Ángel M Giménez, el cual apareció marginalmente mencionado en un articulo en el cual se trataba la donación que había hecho José Ingenieros de una buena parte de su biblioteca  particular a la Sociedad Luz, destinada a la enseñanza popular.[58]

Por otra parte, fue muy pequeña la relación del Boletín con el  ámbito de la política nacional, encontrándose sólo alguna que otra colaboración por parte de Lisandro de la Torre, líder del Partido Demócrata Progresista [59]y Joaquín V. González, intelectual de gran importancia como veremos más adelante. Del ámbito internacional, las figuras políticas que colaboraron fueron el  líder de la insurrección marroquí Adb El Krim y el mexicano Plutarco Elías Calles. Aunque estos políticos hubieran participado sólo en una ocasión, su presencia dentro del Boletín era significativa. Demostraba el contraste entre los débiles lazos que unían al grupo con la esfera partidaria nacional y contrariamente, los esfuerzos que realizaban por contactarse con figuras antiimperialistas que representaran ante los latinoamericanos a los líderes que se habían enfrentado al imperialismo.[60]

En cambio, la participación de jóvenes argentinos pertenecientes a la vanguardia política o literaria era significativa, contándose entre ellos Saúl Taboada, Carlos Américo Amaya, Manuel Cruz, Héctor Ripa Alberdi, Euclides E Jaime, Julio Noé, Gregorio Bermann, Julio V, González, Carlos Sánchez Viamonte, Julio R. Barcos y Evar Méndez. De igual forma, se notaba la presencia de otros estudiantes latinoamericanos, entre los cuales se encontraban Víctor Raúl Haya de la Torre, Manuel Seoane, Julio Antonio Mella y Daniel Cossío Villegas. Además a manera colectiva, se hacían presentes centros o federaciones universitarias estudiantiles nacionales y regionales, los cuales enviaban notas, comentarios, manifiestos o resoluciones para su publicación. Entre ellas podemos mencionar: el Centro de Estudiantes de la Facultad de medicina de la Universidad de Buenos Aires, la Federación Universitaria de La Plata, Comité Nacional de Estudiantes de Colombia, la Federación Estudiantil del Ecuador, el Comité Antiarmamentista Universitario de Montevideo, la Confederación Estudiantil de Cuba, la Federación de Estudiantes Chilenos, los Estudiantes y Obreros de Panamá, la Asociación Estudiantil de Medicina de Montevideo y los Estudiantes de derecho de la Universidad de Santiago de Chile. Significativamente, Renovación se honraba de ser el medio de expresión de aquellos universitarios reformistas que no tenían cabida en los medios periodísticos de  la “prensa grande”. [61]

De esta manera, la revisión general de los colaboradores revela una composición humana amplia tanto en el sentido geográfico como generacional. Pese a no poseer datos sobre el origen del total de estos personajes, se observa que el grupo estaba integrado fundamentalmente por latinoamericanos y en mucho menor medida por países europeos (Francia y España). Las colaboraciones de argentinos sumaron 146 (correspondientes 57 al grupo editorial y 99 al resto de los colaboradores), 13  peruanos, 10  venezolanos, 9 mexicanos, 6 uruguayos, 5 chilenos, 5 colombianos, y 2 brasileños. Generacionalmente, el conjunto estaba compuesto por dos grandes grupos. El primero se encontraba entonces cerca de los 40 años –siendo pocos los casos que superaban esa edad-. Entre ellos se encontraban muchos que colaboraban también en otras publicaciones como Nosotros y la Revista de Filosofía.[62] El otro sector, bastante  más joven, era menor (en su gran mayoría)  los 30 años. Entre estos últimos encontramos fundamentalmente los nombres de miembros de esa nueva generación literaria argentina pertenecientes a la vanguardia bonaerense que se encontraban agrupados en torno a las revistas Inicial, Valoraciones, Sagitario, Martín Fierro y Proa. [63]

Así, el universo humano de Renovación estaba conformado a partir de los vínculos de los miembros del grupo editorial. Ello nos revela un campo intelectual que proyectaba una gran variedad de tendencias ideológicas y artísticas. En este sentido, es posible pensar que el Boletín se hallaba inserto en un medio en donde existieron puentes intercomunicadores entre aquellos que compartían pese a sus diferencias de edades una empatía de generación. Para Fernando Diego Rodríguez esto significa que estas revistas tendían a “conformar constelaciones que agrupaban emprendimientos afines por cuestiones que, si a veces se afirmaban en lo estético o ideológico, muchas otras sólo pueden ser interpretadas desde una clave generacional y dentro de esta clave, por los ámbitos de circulación de los jóvenes intelectuales: la universidad, la bohemia literaria, el cenáculo, entre los más notorios”. [64] Tomando este concepto cabe hacer sólo una aclaración. La clave generacional no era entendida exclusivamente desde un sentido biológico, es decir, por las características compartidas por un numero de personas que nacieron dentro de ciertos años, sino por todos aquellos que se sienten pertenecientes a la misma. En este sentido, Ingenieros como tantos otros de los que hemos mencionado aquí pese a tener mayor edad, se identifican –o son identificados por el Boletín- con la nueva generación. Esta contradicción sólo podía ser superada en la medida en que en los discursos mencionados emitidos por unos y otros, comienza a perfilarse los rasgos característicos del “joven estudiante” tanto como del  “maestro”, sabio intelectual escogido. 

Si la definición de estos personajes había sido tratada exitosamente en Renovación, la redacción del Boletín también podía sentirse satisfecha al haber alcanzado a cubrir una temática amplia que hacía de este medio un espacio donde se discutieran como indicaba el subtítulo de la publicación las “ideas, libros y revistas de la América Latina”. Aunque no analizamos específicamente en este trabajo el aspecto literario, es importante resaltar la importancia que tuvo dentro de la conformación grupal. En la amplia sección del Boletín dedicada a la crítica de libros y revistas, puede encontrarse una coexistencia de varias tendencias artísticas, las cuales se encontraban relacionadas por su postura frente a la obra como producto cultural. Es decir, comenzaba a tejerse una relación entre la calidad intrínseca de la producción intelectual y su función social. Por ejemplo, es destacable la intervención del ideario del grupo Clarté, del cual se reproduce la carta enviada por Henry Barbusse a la juventud latinoamericana, así como la disputa que se sigue en torno a la figura de Anatole France. Alertando sobre el deber que imponía a los intelectuales la trágica actualidad, Barbusse retrataba una realidad social dividida entre una oligarquía mentirosa y una masa obediente a sus mandatos y por la otra los “obreros manuales e intelectuales libres en pensamiento”.[65]

 

VII.- Los Referentes: genealogías intelectuales

Tanto los textos editoriales como los realizados por los colaboradores hicieron mención a otros personajes con regularidad. A este grupo lo identificamos como los “referentes”, puesto que los mismos participaron indirectamente del grupo a través de  una incorporación -casi diríamos forzada-, mediante la cita de alguna idea, frase, o simplemente  mediante su evocación. Con esta incorporación, buscamos resaltar a las figuras a las que generalmente se hizo referencia, con el fin de entender cuál era ese espacio geográfico o ideológico  mayor en el cual se pretendían insertar el Boletín. La mayoría de los colaboradores citó recurrentemente durante este período a José Ingenieros, al igual que aquellos artículos publicados por otras revistas o periódicos que eran reproducidos por Renovación para dar mayor legitimidad a su proyecto. En estos casos, Ingenieros era representado como una figura relevante dentro del espacio antiimperialista y latinoamericanista del subcontinente, y se lo llamaba “maestro” por la forma dura y enérgica en que denunciaba implacablemente el avance el imperialismo y proponía  al mismo tiempo un “plan genial” de unificación. Por esta acción, Ingenieros se hacía comparable con próceres de la independencia política de América Latina como Simón Bolívar.[66] Este lazo imaginario entre Ingenieros y Bolívar, se sustentaba en varios elementos. Ambos se habían enfrentado al poder colonial, e incluso ambos alertaban sobre el peligro que conllevaba para los países latinoamericanos el realizar una integración en la cual se incluyera a los Estados Unidos.

La imagen de Ingenieros también servía de referente en relación a otras figuras como Anatole France, quien era reconocido como un importante crítico de la guerra europea. Sobre esta figura de la intelectualidad francesa, Gabriel Moreau escribió un artículo exaltando a France. Mediante una revisión crítica de la historia de la literatura en Francia desde 1860 en adelante, insertó al intelectual dentro del cambio finisecular promovido por el caso Dreyfuss, junto a otras importantes figuras del medio como Zola, con el fin de explicar su posterior desarrollo durante las primeras décadas del siglo XX. Lo definió como un intelectual revolucionario comprometido con la causa social, que rechazaba los excesos de un sistema capitalista y burgués, que se había opuesto a la gran guerra criticando su barbarie y anunciando, tras su finalización, el inicio de una nueva y gloriosa etapa para la humanidad.[67] El artículo denotaba un gran conocimiento de Moreau sobre la historia de la literatura francesa y abría la discusión al resto de los colaboradores, para que en torno a determinadas figuras se fuera construyendo los referentes que identificaban al grupo. [68]

La figura de France fue ampliamente defendida por los colaboradores del Boletín, frente a las críticas que comenzaban a esbozarse entre algunos jóvenes. Florentino V Sanguinetti se quejó de la falta de perspectiva de los jóvenes que lo rechazaban por su revisionismo, su elitismo y su falta de acción en la práctica. Euclides E Jaime, les achacaba a los críticos que delataban la similaridad de todas las obras de France como “una ceguera mental, sin capacidad de simpatía y de pasión generosa, acostumbrados mal a denominar imparcialidad a la fría manifestación del egoísmo”,  llamando en cambio a la nueva generación a seguir el ejemplo y las ideas de aquel intelectual que entre otros méritos contaba el haber sido censurado por la Iglesia al incorporarlo a su “Index”. Esta no era la primera ocasión en la cual el grupo editorial citaba a France para legitimarse – ni sería la última como veremos más adelante en la sección de colaboradores-, puesto que desde la primera editorial se mencionaba en relación a las ideas expresadas por el francés que “los pueblos necesitan hoy de guías idealistas y de juventudes capaces de acción, para afrontar con ánimo nuevo y optimismo los problemas de todo orden que plantea el presente y que multiplicará el porvenir inmediato”, ni sería la única voz que se levantaría para defenderlo de las críticas y rendirle homenaje como veremos más adelante en los colaboradores del Boletín. [69] Las afirmaciones cobraron vigor a la muerte de Anatole France. El colaborador Luis Reissig lo comparó con la personalidad de Lenin, por que pese a las diferencias ambos habían poseído la capacidad de ser “los grandes optimistas contemporáneos”. Con igual firmeza, Vargas Vila defendió la memoria del “ilustre maestro” recientemente fallecido y atacó con vigor a los críticos llamándolos “esclavos”, en tanto no podían disfrutar de ver a un hombre plenamente libre en su pensamiento y en su obra. [70]

Ante la muerte de algún personaje importante, el grupo parecía detenerse un momento para rescatar los aspectos que pudieran acercarlos, a figuras con las cuales en vida habían tenido una cierta distancia pública. Éste fue el caso de  Joaquín V. González, intelectual de gran relevancia a nivel nacional que participó activamente durante los años de la “república oligárquica” llegando a ocupar el cargo de ministro del interior, reconocido además por la importante labor que tuvo en la formación de la Universidad de La Plata. Su participación en Renovación consistió en un homenaje a Agustín Álvarez, autor de numerosas obras entre las cuales estaba la conocida South América, quien había fallecido recientemente. Álvarez había sido amigo tanto de Ingenieros como de González, razón por la cual el homenaje –y con ello la intervención de González en el Boletín, se debía a una circunstancia externa que no tenía relación con el discurso que en este medio periodístico se difundía. Poco después, el Boletín anunciaba la muerte de González y le dedicaba un artículo en homenaje. En éste se le rendía tributo por haber sido un gran humanista que desarrolló brillantemente su labor en el Ministerio de Instrucción Pública, la Fundación de la Universidad de La Plata y a través de sus obras como literato y crítico. De hecho, la redacción aceptó que, de alguna manera, González había sido también un “maestro”, por lo que  merecía el respeto de la juventud argentina “por encima de toda consideración ideológica y de partido”. [71]  

Otro referente más discutible era Alberdi. Moreau escribió sobre Alberdi un interesante ensayo –posiblemente parte de una obra en proceso-, en donde analizaba su americanismo. A través del análisis de  algunas de sus obras, Moreau rescataba el sentido práctico que tenía este  autor del siglo XIX para alcanzar una unión, propuesta que se diferenciaba de la realizada por Bolívar pero que no por ello se acercaba a la esgrimida por el panamericanismo. A diferencia de la repercusión que tuvo su escrito sobre France, el realizado sobre Alberdi no generó entre los colaboradores el mismo efecto, encontrándose sólo otro artículo escrito por Ricardo Sáenz Hayes que lo tomó como referente. En éste se analizaba una faceta poco conocida de su obra producto de sus comentarios durante un viaje a Europa y a su participación en la revista dedicada a la moda. Estos escritos, criticables por su frivolidad y su falta de sentido literario, no menguan para Sáenz la admiración que debía tenerse de Alberdi, por lo que su artículo pretendía ser un medio para ir menguando la ausencia a la cual se ha destinado a este “desterrado”.[72]

 Ciertamente, la lectura de Renovación permite observar que  en comparación con otros personajes fundadores de la nación argentina, como Sarmiento o incluso Manuel Belgrano, Alberdi recibía una menor atención mientras el gran ausente era el Bartolomé Mitre. Posiblemente esto se debía a que en el caso de Domingo F. Sarmiento, no solamente se hacía referencia a un intelectual como otros de la generación de 1837, sino a un hombre de letras que había llegado a participar en el poder político con el fin de llevar a cabo el modelo de nación proyectado. Además, era evidente que la mayor parte de los miembros del grupo Renovación, compartían de una y otra forma el modelo de civilización y barbarie impuesto por Sarmiento desde su obra Facundo. Asimismo, dentro de la tradición decimonónica, este referentes les permitía acercarse a la figura de Simón Bolívar, la cual había sido fruto de variadas interpretaciones. [73]

A este grupo de retratos familiares que componían la genealogía, Aníbal Ponce agregó como referentes a Lucio V. Mancilla, Amadeo Jacques, Eduardo Wilde y Horacio Quiroga. Ubicados en el lugar de autoridades por su importancia en la ciencia o de la literatura, éstos eran calificados por Ponce como los “maestros” de los cuales la juventud tenía mucho que aprender.[74] Si bien ésta estaba conformada principalmente por argentinos –exceptuando el caso de Bolívar ya mencionado-, también se incluían las referencias  a intelectuales latinoamericanos contemporáneos como José Santos Chocano, Enrique José Varona, Vicente Martínez Cutiño,  Ruy Barbosa, Barbosa Lima Sobriño, Monteiro Lobato, Alejandro Castañeiras y José Vasconcelos.[75] Sólo el español José Deleito y Piñuela fue mencionado. Excepcionalmente se incluía en este grupo pese a no ser intelectuales a los políticos mexicanos Felipe Carrillo Puerto,  Álvaro Obregón y  Plutarco E. Calles, puesto que como mencionamos en el capítulo anterior, México era un laboratorio social donde se proyectaban las esperanzas de muchos intelectuales.

Así, los referentes sirvieron de coordenadas intelectuales a seguir e implicaban una ubicación ideológica  tanto del Boletín como del grupo que se encontraba en su entorno. En 1924, esto se hizo evidente cuando la redacción del Boletín publicó una respuesta a un artículo escrito por Roberto Mariani en otro medio. En este ensayo, el intelectual trataba las posiciones ideológicas del periodismo porteño y ubicaba como voceros de la izquierda tanto a Martín Fierro como a Renovación. Aunque el grupo editor del Boletín aceptara gustosamente la designación que se le había hecho, creyó conveniente marcar una diferencia con la otra publicación: mientras la primera manifestaba un “escandaloso respeto” a Leopoldo Lugones, la suya publicaba “constantes elogios a José Ingenieros”. Este aspecto era fundamental en su opinión para marcar la diferencia que existía entre los colaboradores de ambas publicaciones.[76] En Renovación se encontraban aquellos que habían acompañado el movimiento reformista expresando “sus simpatías por los ideales de justicia social”, voceros de una izquierda independiente (que se encontraba alejados de la sombra de los grandes diarios y los partidos políticos), para difundir un conjunto de nuevas ideas políticas y literarias en América Latina. Es interesante señalar que en este artículo Renovación también aprovechaba para replicar a otra crítica realizada por Mariani. Aparentemente, éste había escrito que lamentaba los halagos que había realizado el Boletín a favor de Castelnuovo, sugiriendo que los mismos se encontraban relacionados al triunfo de éste en el premio municipal. A esto, el grupo editorial respondió ofendidamente con una aclaración que no disimulaba tampoco un ataque a la publicación martinfierrista, en la cual mencionaba que ellos habían expresado estos elogios de forma anterior al mencionado triunfo –los cuales afirman debieron influir en la decisión positiva que tomaron algunos miembros del jurado-, y que su intención era la de ser “justos y respetuosos con todos los otros escritores, sin excluir a los mismos de la extrema derecha; y es sabido que en “Renovación” no se da curso a chismografías literarias ni a denigraciones críticas”.[77]

 

 

 

 


 

[1] Portantiero, 1978, pp. 56-57.

[2]Rodríguez, 1999, pp. 217-218. 

[3] Ogando y Parama, 1997, pp. 121- 130.

[4] Aznar, 1963, pp. 247-254.

[5] Véase anexo 3.

[6] Semejantes en estos aspectos a Renovación encontramos sólo un par de publicaciones periódicas durante la época como el caso de Baluarte, publicación de ideología nacionalista católica realizada en Buenos Aires. Análisis realizado en base a la información de las revistas a las que hace referencia Washington Pereyra en su trabajo. Ver, Pereyra, 1995, v2.

[7] Entre abril y septiembre de 1987 se publicaron 12 números quincenales en el intento por hacer de esta una tribuna del pensamiento socialista de la juventud y decir las verdades que considerasen como tales atacando a los políticos, los burgueses, la guerra, etc. Esta actitud le llevó a enfrentar un pleito judicial por acusarlo de escribir un texto “subversivo y atentatorio de la moral” por el cual Ingenieros fue declarado culpable debiendo cumplir el pago de una multa de trescientos pesos y cinco meses de prisión. Además, el juez otorgó a la policía la facultad de ejercer censura sobre todos los números publicados y por publicar mediante el secuestro de los mismo cuando tuvieran textos semejantes, situación que no desanimó a sus redactores a quienes apoyaron varios obreros y jóvenes intelectuales que enviaron contribuciones mínimas para pagar la multa, quedando la pena de cárcel sin ejecutarse. Bagú, 1936 pp. 36-41. Para observar esta y otras relaciones entre ambas publicaciones remitimos a la reproducción de La Montaña, 1987.

[8] Esta fue una colección importante de libros reeditados en grandes cantidades –de 3 a 5 mil ejemplares por título- y a precios ínfimos con el fin de ser accesibles a un mayor público. Los títulos contemplaban obras de autores argentinos ya desaparecidos  y comenzaron a  aparecer regularme en mayo de 1915 puesto que con anterioridad Ingenieros había intentado infructuosamente encontrar un editor para su proyecto. La aparición de los volúmenes comenzó a ser mayor a medida que la expectativa del público comprador crecía, por lo que terminó lanzando un libro por semana. Pese a esto, al cabo de unos  años la empresa quebró como resultado de una pérdida cuantiosa de dinero tanto para el editor como para Ingenieros. Bagú, 1936, pp.159-161.

[9] Los dibujos fueron realmente escasos, encontrándose durante este periodo sólo uno al comentarse la obra del artista plástico mexicano Carlos Neva, de quien se reprodujo la obra la visión de la ciega.

[10] Véase anexo 4. Una sola ocasión se publicó un retrato dibujado por otro autor, Juan Merel, quien retrató al norteamericano Waldo Frank. Renovación, año 8, núm. 82, p. 1, mayo-junio 1930.

[11] De Marzo de 1923 a febrero de 1924 la dirección fue Viamonte 791 (Bs As) y a partir de Marzo de 1925 a Octubre de ese año pasó a ser la casilla de correos 1625 (Bs. As.).

[12] Esta afirmación sobre el valor de 0,20 ctvos en la época la tomamos de King, quien a su vez la utilizó para demostrar que la revista de izquierda Los Pensadores tenía un precio muy económico pues se destinaba a llegar a un público de menores recursos. King, 1989, p. 41.

[13] La única información técnica que no era colocada en esta página, era el de la edición, que fue realizada por los talleres gráficos argentinos L.J. Rosso y Cia. (el mismo que realizaba la Revista de Filosofía dirigida por Ingenieros en Buenos Aires).

[14] Véase anexo 5.

[15] Sobre Julio V. González véase anexo 1.

[16] González, 1931, pp. 29-35.

[17] Sarlo, 1990, p 12.

[18] Citado en Sarlo y Altamirano, 1983, p 98.

[19] Bagú, 1936, p. 224.

[20] Renovación, año 1 núm. 1, enero 1923, p 1. “Renovación”.

[21] Nos referimos a las siguientes editoriales específicamente: “Quimeras” (Renovación año 1, núm. 8, p 1, septiembre 1923) “Petróleo” (año 1, núm. 9, p 1, octubre 1923), Wilson (año 2, núm. 2, febrero 1924, p 1), Conquista (núm. 4, p 1, abril 1924), Protesta (núm. 5, p 1, mayo 1924), Hipoteca (núm. 6, p 1, junio 1924), Mister Rowe (núm. 9, p 1, septiembre 1924).

[22] Ver:  Mejorarnos (Renovación, año 1, núm. 4, p 1, abril 1923), Valores (núm. 5, p 1, junio 1923),  “Horizontes” (núm. 6, p 1, julio 1923), “Federación” (año 2, núm. 8, p , agosto 1924), “Hojalata” (núm. 10, p 1, octubre 1924), Finanzas (año 3, núm. 1, p 1, enero 1925), Cinismo (núm. 2, p 1, febrero 1925).

[23] Renovación, año 1, núm. 2, p 1, febrero 1923. “¿Qué somos?” y núm. 3, p 1, marzo 1923. “Fijando rumbos”. Recordemos que Ingenieros propugnaba por introducir cambios en el sistema de sufragio universal establecido en Argentina tras la Ley Sáenz Peña. Específicamente buscaba instaurar un Estado eficaz no dependiente de los parasitario partidos políticos mediante la instauración de una representación funcional en la cual gobiernen los más aptos. Para ejemplificar su implementación Ingenieros propuso varios ejemplos de como podría ser implementada esta transferencia como en los casos del Servicio Municipal de Higiene y el del Sindicato de Asilos y Hospitales. Halperín, 2000, pp. 76.-77

[24] Renovación, año 1, núm. 7 agosto 1923, p 1. “Política”.

[25] El Partido Demócrata Progresista (PDP) fue fundado en diciembre de 1914 en Buenos Aires por Lisandro de la Torre y otros que se  opusieron en la campaña presidencial de 1916 al radical Hipólito Yrigoyen por considerarlo demagógico, a quien se enfrentó. Tras el fracaso electoral, el partido se focalizó en la provincia de Santa Fe (cuna de la Torre) donde progresivamente fue obteniendo mayor poder alcanzando cargos en las municipalidades y el gobierno provincial. Magassy Dorn, 1996, p. 172

[26] Renovación, año 1, núm. 11, diciembre 1923, p 1. “Ilusiones”. La declaración a la que se refieren fue realizada en Septiembre de 1923 por Julio V. González quien según su propia opinión incorporado a las filas del Partido Demócrata Progresista decidió realizar una “profesión de fe, con su plan de acción”. Dividido en 7 apartados, el texto inicia realizando un llamado a la nueva generación argentina para que cumpliera con “su designio histórico” ante la inauguración del nuevo período nacional que se inició tras la implementación de la ley Sáenz Peña, repercutiendo“ en lo social, con los movimientos del proletariado; en la política, con el advenimiento al poder del radicalismo, y en la cultural, con la revolución universitaria”. Para ello desarrolla su verdad tratando sobre “el divorcio de dos generaciones” en el poder político nacional (la vieja generación del 80 y ellos los jóvenes reformistas), dotando de un “contenido filosófico de la acción” mediante un revisionismo histórico que unía a este movimiento actual con el proceso de construcción nacional de la revolución de 1810 y de un plan de acción que pretendía renovar el sistema a través de modificaciones en el régimen social, económico, constitucional e internacional. Defendiendo la posición del partido frente a otros como el radical, el conservador o el socialista que carecen de una autentica ideología argentina, concluye citando la recomendación que dio Echeverría en el siglo XIX “no salir del terreno práctico, no perderse en abstracciones; tener siempre clavado el ojo de la inteligencia en las entrañas de la sociedad”. González, 1931, pp. 46 y 166 a 210.

[27] Renovación, año 2, núm. 2, febrero 1924, p 1. “Wilson”.

[28] Renovación, año 2, núm. 1, enero 1924, p 1. “Juventud”

[29] Cabe aclarar que Bagú califica como sermones laicos sólo a las “tríadas”, pero nosotros utilizamos extensivamente este concepto considerando que cumplen la misma función para el creador y su receptor. Bagú, 1926, p 205.

[30] Los escritos publicados bajo su nombre fueron: “Kant” (el cual fue publicado simultáneamente en el mes de abril de 1924 por ésta y la publicación Nueva Era y al mes siguiente por la Revista de Filosofía);  “En memoria de Felipe Carrillo Puerto”  (publicado en Nosotros junio 1924 y al mes siguiente en Renovación); “Estilo” (que apareció en Renovación año 2, núm.  3, p 8, marzo 1924,) es el único texto realmente nuevo y “la universidad del porvenir” (año 1, núm. 1,  pp. 5 y 6, enero 1923) era una reedición del trabajo  “la filosofía científica en la organización de las universidades” que presentó ante el Congreso Científico Panamericano realizado en la ciudad de Washington a fines de 1915. A su vez, se publicaron las famosas tríadas escritas durante el período de 1918 a 1922, “Verdad, Ciencia, Ideal“ (año 1, núm. 10, p.5, noviembre 1923), “Historia, Progreso, porvenir” (año 2, núm.1, p. 5, enero 1924), y “Simpatía, Justicia, Solidaridad” (año 2, núm. 2, p. 5, febrero 1924).

[31] Ver Renovación: “Las industrias de la muerte. queremos la paz y la unión” (año 1, núm. 1, enero 1923, pp. 1y 2); La farsa panamericana” (núm. 4, abril 1923, p 1); “Rusia en auge y Francia en ruina” ( año 2, núm. 1, enero 1924, p 8); “Cereales para Francia” ( año 1, núm. 8, septiembre 1923, p 1); “La glorificación de Lenin” ( año 2, núm. 2, febrero 1924, p 8); “El ídolo de Barro (año 2, núm. 12, diciembre 1924, p 1).

[32] Renovación, año 2, núm. 12, diciembre 1924, p 1. “El ídolo de barro”. Es interesante señalar que poco antes en la encuesta realizada por el Instituto de Cooperación Intelectual a José Ingenieros, el intelectual argentino se había referido al box y otros deportes como fenómenos que rendían “culto a la violencia”, lamentándose que el público general argentino los prefiriera en vez de interesarse por los estudios científicos. Esto se traducía en un escaso éxito de la producción intelectual. Ingenieros, 1923, p. 422.

[33] Ver los artículos de Cisneros que tratan sobre el tema: “los ideales universitarios deben mantenerse libres de toda contaminación política” (Renovación, año 1, núm. 5, junio 1923, p 1); “El ministro Marcó a dictado dos decretos que consideramos corruptores y jesuíticos” (núm. 2,  febrero 1923, p 1); “En la Facultad de Medicina fracasó la maniobra inmortal contra la reforma universitaria”. (núm. 6, julio 1923, p 1); “Se conspira la sordina contra la reforma universitaria” (núm. 7, agosto 1923, p 1); “la vieja política de intrigas sigue correspondiendo la moral universitaria” (núm. 11, diciembre 1923, p 1); “La diplomacia de la tiranía nos manda notas oficiales contra Haya de la Torre” (año 2  núm. 1, enero 1924, p 1);  “La revolución universitaria se extiende ya por toda la América Latina” (núm. 3, marzo 1924, p 1);“Una honrosa protesta de los estudiantes de Chile” ( núm. 7, junio 1924, p 1).

[34] Renovación, año 1, núm. 11, diciembre 1923, p 1, “La vieja política de intrigas sigue correspondiendo la moral universitaria”

[35] Op cit, Renovación, año 1,  núm. 5, junio 1923, p 1.

[36] Op cit, Renovación, año 2, núm. 3, marzo 1924, p 1. El calificativo “amarillos” tiene una gran importancia en el léxico político de la izquierda para desprestigiar a sus contrincantes. Por ejemplo, los socialistas acusaban a los Círculos Obreros Católicos –con quienes se disputaban la representatividad de un sector de la clase trabajadora- de “amarillos” y rompehuelgas. Lacoste, 1993, p. 28.

[37] Aníbal Ponce recordaba en el prólogo que escribió al libro de Julio V González La reforma universitaria en 1927, que habían aprendido a “deletrear, declamándonos los unos a los otros, desde los bancos del colegio, los primeros sermones laicos de Ingenieros”. Citado en Bagú, 1936, p 152

[38] Citados en Ingenieros, 1979, pp. 447- 463.

[39] “La restauración nacionalista” de Ricardo Rojas en 1909 y “El diario de Gabriel Quiroga” en 1909 (pocos meses después) de Manuel Gálvez fueron la expresión más acabada de un pensamiento nacionalista cultural que rondaba en la joven generación del centenario caracterizado por la admiración de la obra realizada por la generación anterior pero criticando las consecuencias que la imposición de este modelo había traído aparejado, en relación al materialismo y la falta de ideales, así como el cosmopolitismo de la argentina del 1900 a causa de la abrumadora presencia de inmigrantes y de la aceptación por parte de la clase dirigente de valores culturales franceses e ingleses. El origen geográfico y social de Gálvez y Rojas jugó un papel importante en su interpretación –así como el de la gran mayoría de los miembros de esta generación- pues habían nacido o pasado gran parte de su infancia en el interior del país dado que el primero era sobrino del jefe del partido nacional en Santa Fe y el segundo era hijo del gobernador oficialista de Santiago del Estero. Cárdenas y Paya, 1978, pp. 13, 20 -21.

[40] Halperín, 2000, pp. 95-97. Pese a algunos puntos en contacto entre ambos a diferencia de la propuesta lanzada por Ingenieros, Rojas se dirigía sólo a la nueva generación argentina para infundirles la idea de que ellas eran las protagonistas de superar todas las deficiencias de un pasado que siguió ciegamente a Europa, en pos de un futuro netamente americano donde se superaría a la civilización progenitora mediante el reconocimiento de los Estados Unidos como el guiador indiscutido de los ideales nuevos que regirán el mundo. Para más detalles ver Ricardo Rojas “profesión de la nueva generación” en: Halperín, 2000, pp. 381-384.

[41] Renovación, año 2, n 1, enero 1924, p1. Juventud.

[42] Bagú, 1936, p. 224.Sobre Gabriel S. Moreau véase anexo 1.

[43] Renovación, año 2, núm. 8, agosto 1924, p 7. “Un viaje de estudios” por Alberto Aguirre y “La conferencia de Gabriel S. Moreau en la biblioteca provincial de Salta”. En el palco junto al disertante se encontraban las siguientes autoridades de Salta: el gobernador Adolfo Güemes, el ministro de gobierno Luis Langon, el presidente del Consejo de Educación Julio Paz, y los Sres. Juan Carlos Dávalos, Benjamín Zorrilla y varios periodistas

[44] Como comentarista de “La sinergia social argentina por Raúl A Orgaz” (Renovación, año 2, núm. 5, mayo de 1924, p 7) “Historia del arte por Karl Woermann” (núm. 6, junio 1924, p 7);

[45] Entre los mencionados se encuentran los argentinos Agustín Álvarez, Roberto Giusti, F Ortiga Anckermann, Ricardo Rojas, Homero Guglielmini, Alfredo Bianchi, Alejandro Castiñeiras, Julio Noé, Florentino Ameghino, Américo Casto, Carlos Muzio Sáenz Peña, Domingo Llamás, Belisario Roldán, Joaquín V González, José Agustín García, José Penna, Paul Graussac, Mariano de Vedia y Mitre; así como  la uruguaya María Vaz Ferreira, el peruano José Santos Chocano y  el brasileño Monteiro Lobato. Las publicaciones mencionadas fueron: Inicial (argentina) y Revista Do América (Brasil).

[46] Sobre Aníbal Ponce véase anexo 1. Aunque este fue el único seudónimo que utilizó Ponce en Renovación, en otros medios publicó como: Hugo Cáceres, Carlos Irán, Luis Larrea, Luis Muriel, Rafael Encina, Rafael Río y P. Níbal. Ver, Agosti, 1974, p. 48.

[47] La Revista de Filosofía apareció en enero de 1915 y en ella discutieron figuras locales e internacionales del pensamiento positivista-cientificista así como de tras posiciones en cuanto su objetivo principal era “estudiar problemas de cultura superior e ideas generales que exceden los límites de cada especificidad científica”. Además de las numerosas intervenciones de sus co directores Ponce e Ingenieros mediante su nombre o el uso de seudónimos, la revista integró a un número considerable de autores de diferentes orientaciones y orígenes geográficos latinoamericanos y europeos. Biangini, 1984, pp. 5-7

[48] Por ejemplo, en el discurso pronunciado por  Julio V González en septiembre de 1927 en ocasión de intentar formar el Partido Nacional Reformista, Ponce fue rescatado por el orador como un dirigente importante de la reforma universitaria, junto a otros como Ingenieros, Korn, Palacios, Sánchez Viamonte, etc.; lugar que fue igualmente otorgado en un trabajo escrito en 1928 por Víctor Raúl Haya de la Torre en ocasión del X aniversario de la Reforma. Documentos reproducidos en Portantiero, 1978, pp. 374 y397.

[49] Ponce, 1968, pp. 349-350. En una encuesta realizada entre mayo y septiembre de 1923 por la revista Nosotros se interrogaría a los jóvenes que se identificaran bajo el nombre de la “nueva generación literaria” que respondieran a una serie de preguntas. Entre las respuestas de aquellos que tenían como promedio 25 años de edad, se encontró un fuerte intento por filiar el nacimiento de la generación a la Primera Guerra Mundial o como exponía Homero Guglielmini  “nosotros, jóvenes que vivimos al día siguiente de la gran tragedia”. Prislei, 1999, pp. 43-46.

[50] Terán, 1983, pp. 7-22. Según Oscar Terán, el pensamiento ponceano puede ser dividido en tres etapas. La primera abarca desde sus textos juveniles hasta 1927 aproximadamente, la cual se caracteriza por la fuerte influencia teóricas de ideas liberales y positivistas. Una segunda, entre 1928 y 1932 donde se desplaza hacia nociones de corte marxista y posiciones políticas socialistas, y una tercera, desde 1933 hasta 1938 donde se posiciona definitivamente desde el marxismo. Para un análisis detallado del pensamiento de Aníbal Ponce remitimos a este estudio.

[51] Renovación, año 1, núm. 1, enero 1923, p 4. “Bases para constituir la Unión Latino Americana”. Cabe destacar que para la presentación de Luis Campos Aguirre se utilizó una foto que no correspondía a Aníbal Ponce.

[52] Renovación, año 1, núm. 4, abril 1923, p 1. “La Unión Latino Americana” y núm. 6, julio 1923, p 4. “Por la Unión Latino Americana”. A estos  les siguió con una temática similar el artículo “Hacia la esclavitud de la América Latina” año  2, núm. 7, junio 1924, p1.

[53] Sobre los personajes relevantes ver. “Horacio Quiroga” (Renovación, año 1, núm. 5, junio 1923, p 7); “Eduardo Wilde” (núm. 6, julio 1923, p 2), “Amadeo Jaques” (núm. 7, agosto 1923, pp. 5 y 7); “Lucio V Mansilla” (año 2, núm. 4, abril 1924, p 3). Sobre los comentarios artísticos y literarios ver “El libro de Alejandro Castiñeiras sobre el alma rusa (año 1, núm. 8, septiembre 1923, p 4); “El alma de la danza” (núm. 9, octubre 1923, p 4) “Por la ciencia Argentina” (año 2, núm. 2, febrero 1924, p 2) y “La gracia en los movimientos” (año 3, núm. 2, febrero 1925, p 4).

[54] Renovación, año 1, núm. 3, marzo 1923, p 1. “Fijando rumbos”. Desconocemos cual era la relación de este grupo con otros como la red Teosófica, tema que sería interesante ampliar en otro trabajo puesto que como afirman Ricardo Melgar y Eduardo Devés, tuvo una influencia importante entre los pensadores políticos latinoamericanos de esta época. Ver, Melgar y Devés, 1999, pp. 137-152.

[55] Recordamos que en la suma de 408 participaciones no estamos contando las notas, editoriales o comentarios anónimos que realizó el grupo editorial pero sí los artículos o comentarios que publicaron bajo la autoría de algunos de sus miembros. Véase anexo 6.

[56] Se han encontrado reproducciones de los siguientes medios. De Argentina: Revista Jurídica y de Ciencias Sociales, La Prensa, Solar Argentino, La Fronda, La Vanguardia, La Argentina, La Cadena de la Unión, Nosotros, Inicial, Martín Fierro, Crítica (Buenos Aires), Renovación, Órgano oficial de la Federación Universitaria de La Plata, Bases,  (La Plata), Córdoba (Córdoba), El Cívico (Salta). De América Latina: Studium (Guatemala), Hero (República Dominicana), la Cámara de Comercio y Cultura Venezolana (Caracas). El Republicano, El Tiempo, La República, (Panamá), Heraldo Universitario, España Nueva, El Fígaro, Juventud, El Progreso (La Habana), La Prensa, Patria Nueva, Repertorio Americano (San José de Costa Rica), El Demócrata, El Heraldo, Revistas de Revistas (México, D.F), Tierra (Mérida, México), El Mercurio Peruano (Lima), El Trabajo (Cucutá, Colombia), El Comercio (Barranquilla, Colombia), El Tiempo, El Gráfico, Cromos (Bogotá), El Restaurador, Atlántida. Órgano de la Federación de Estudiantes del Ecuador, Ecuatorial, El Día (Quito, Ecuador), El Universo (Guayaquil, Ecuador) Revista de los Estudiantes de Derecho (Cuenca, Ecuador), Educación, Ariel, El estudiante libre. Órgano de la asociación de estudiantes de medicina de Montevideo (Montevideo), Nuevos Rumbos (Santiago de Chile), O Paiz (Río de Janeiro). De Europa: El Sol, Revista de Legislación y Jurisprudencia y Nosotros (Madrid, España), El Eco Nacional (León, España), Némesis (París), Der Stur (Berlín). Existen otros de los cuales desconocemos su origen: Impuesto Único, Correo Centroamericano y El Heraldo de la Raza.

[57] En el Boletín, se reprodujeron partes de uno de sus libros más conocidos sobre el tema, así como un artículo original sobre las deudas latinoamericanas. Ver, Renovación, año 1, núm. 1, enero 1923, p. 4. “Mi campaña hispanoamericana”; núm. 9, noviembre 1923, p 3, “Los empréstitos”.

[58] Renovación, año  2, núm.  6, junio 1924, p 1.

[59] Lisandro de la Torre participó mediante la reproducción de un artículo suyo publicado en La Fronda. Ver Renovación, año 3, núm. 2, febrero 1925, p 4. “La prensa mercantil. Respuesta a la Nación”.

[60] Renovación, año 1, núm. 11, p. 8, diciembre 1923. “Manifiesto del General Calles” y año 2, núm. 12, diciembre 1924, p. 1. “Mensaje de Abd- El- Krim a los pueblos de América Latina en el centenario de Ayacucho”.

[61] Por ejemplo, el Boletín reprodujo en sus páginas las cartas escritas por Pablo Vrillaud, Amilcar Razori y Saúl Taborda, en las cuales se criticaba al Presidente de la Universidad de La Plata, Nazar Anchorena, acusándolo de ser un contrarreformista. Renovación, año 1, núm. 3, marzo 1923, p 3. “Tres cartas abiertas al Dr. Nazar Anchorena han sido rechazadas por la prensa grande.“  

[62] Para ver los nombres de los colaboradores de la Revista de Filosofía remitimos a Biangini, 1984, pp.5-13; y para el caso de Nosotros puede verse: Prislei, 1999, pp. 43-64.

[63]Para ver los nombres de los colaboradores de la revista Valoraciones remitimos a Aznar, 1963, pp. 247-256 y para Inicial a Rodríguez, 1995, pp. 4-6; 1995a, pp. 62-66: y 1999, pp. 217-218.

[64] Rodríguez, 1995, p. 62.

[65] Renovación, año 1, núm. 2, febrero 1923, p 1. “A los estudiantes y a los maestros. El deber de la hora actual”. A la reproducción de éste mensaje, se sumaba la de otro miembro del grupo H. G. Wells quien escribió “Paso a la juventud”, año 2, núm. 9, septiembre 1924, p 6.

[66] Este tipo de comentarios se encuentra persistentemente en casi todos los números, por lo que tan sólo mencionaremos algunos: Renovación, año 1, núm. 8, septiembre 1923, p 4."Por la Unión Latinoamericana" sin autor, reproducción de la Revista Hero (República Dominicana) y "Del panamericanismo", sin autor, de EL Tiempo (Bogotá); año 1, núm. 7, agosto 1923, , p 4. Sofonias Salvatierra "Por la bienaventuranza de América", de El Correo Centroamericano; año 1, núm. 4, abril 1923, p 4. José Máscote, "Una Idea" de El Tiempo de Panamá; año 1, núm. 3, marzo 1923, p 4. Alfonso Teja Zabre "América para los latinoamericanos" de El Demócrata de México y "La doctrina Monroe y La voz de la raza" La Prensa de Costa Rica; año 1, núm. 3, marzo 1923, p 4. Pedro Vendrell, "Por la Unión Latinoamericana", de España Nueva (Cuba).

[67] Renovación, año 2, núm. 12, diciembre 1924, p 3. Anatole France”. Anatole France fue el seudónimo utilizado por Anatole François Thibault (1844-1924) para mostrarse como representante cultural y moral típico de la cultura francesa. Perteneciente a la clase media acomodada imbuido de cultura clásica, se intereso en la política de la Tercera República a la que dedicó cuatro novelas que forman su Histoire Contemporaine (l’orme du mail, le mannequin d’osier, l’anneau d’ameréthyste y M. Bergeret á Paris) y se dejó emocionar por los escándalos del caso Panamá (1893) y el Dreyfuss (1896-1908), mientras participó activamente en la política que bregaba por la separación del Estado y la Iglesia colaborando con el ministro Emile Combes al escribir “Una campaigne laique”. Se involucró en la primera guerra mundial y desde el final del conflicto con el Tratado de Versalles hasta su muerte protesto contra ella por la humillación que la misma causó a los vencidos y la consecuencia que esto traería hacia una inminente segunda guerra. Defendió los derechos humanos y de los marginados pero no militó en el socialismo porque el ambiente del proletariado le resultaba hostil, aunque proclamo el cooperativismo y las universidades del pueblo. France, 2000, pp.3- 6.  

[68] Renovación, año 1 , núm. 1, enero 1923, p 1. “Renovación”.

[69] Renovación, año 2, núm. 7, julio 1924, pp. 6 y 7. “Anatole France” por Florentino V Sanguinetti; núm. 9, septiembre 1924, p 2. “El secreto de Anatole France” por E. Gómez Carrillo; núm. 11, noviembre 1924, p 5. “Anatole France” por Euclides e Jaime.

[70] Renovación, año 2, núm. 12, diciembre 1924, p 2. “France y Lenin, fuertes” por Luis Reissig; año 3, núm. 1, enero 1925, p 1, “Anatole France” por Vargas Vila.

[71] Renovación, año 1, núm. 4, abril 1923, p 5. “Agustín Álvarez”; año 2, núm. 1, p 1, enero 1924. “Joaquín V. González”. Para más detalles sobre este personaje remitimos a Halperín, 2000, pp. 21-54 y a Biangini, 1999, pp. 61-112.

[72] Renovación, año 2, núm. 10, octubre 1924, p 3. “El americanismo de Alberdi” por Gabriel S Moreau. Otro artículo se escribió en este período sobre Alberdi: año 3, núm. 1, enero 1925, p 2. “Alberdi viajero” por Ricardo Sáenz Hayes.

[73] Sobre las interpretaciones de Simón Bolívar dentro de la corriente de pensamiento decimonónica remitimos a Halperín, 1987, pp. 113-139.

[74] Sobre los personajes relevantes ver Renovación, año 1, núm. 5, junio 1923, p 7. “Horacio Quiroga”; núm. 6, julio 1923, p 2. “Eduardo Wilde”; núm. 7, agosto 1923, pp. 5 y 7. “Amadeo Jaques”; año 2, núm. 4, abril 1924, p 3. “Lucio V Mansilla”. 

[75] Monteiro Lobato fue un importante “empresario de la cultura” en Brasil. Nació en 1882 de una familia de plantadores de café en la ciudad de Taubaté donde realizó sus primeros estudios trasladándose posteriormente a San Pablo para ingresar en 1897 a la facultad de derecho. Fundó el grupo “Cenáculo” junto a otros amigos (Ricardo Gonçalves, José Antonio Nogueria, Raúl Freitas, Candido Nogueira, Lino Moreira, Tito Lívio Brasil y Godofredo Rangel) el cual se reunía en el café Guarany y  “no Minarete” a discutir sobre temas literarios. Pese a que comenzó a escribir desde sus tiempos de estudiante no fue sino hasta 1914 cuando publicó sus primer artículo en el periódico Estado de S. Paulo, del cual se convirtió en su colaborador, así como poco después del periódico O’Estado. Al mismo tiempo, Lobato se convirtió en un asiduo colaborador de la Revista do Brasil y en 1918 se convirtió en el único propietario de la misma, implementando una serie de medidas con la intención de convertirla en una publicación rentable(como dirigirse a un público más amplio, mejorar y ampliar el sistema de distribución). La aventura editorial que comenzó Lobato en esta revista terminó en 1925 al encontrarse en la bancarrota. De Luca, pp. 60- 78.

[76] Pese a la amistad que unió a Ingenieros con Lugones durante sus primeros años de militancia socialista y a través de la edición del periódico La Montaña, éste criticó duramente la creación de la Unión Latino Americana en Buenos Aires. Atacando punto por punto de su programa., Lugones concluyó definiendo a esta institución como una “reedición de dos cosas viejas: el bolivarismo y el socialismo”.  Lugones, 1930, pp. 103-112. Leopoldo Lugones nació en 1874 en Villa María del Río Seco, provincia de Córdoba. En gran medida se formó de manera autodidacta y fue un prolífico escritor especialmente de poesía. En su juventud, adhirió a las doctrinas socialistas y anarquistas, primero ligándose al Partido fundado por Juan B. Justo y después uniéndose con José Ingenieros y otros para publicar La montaña, al tiempo que trabó amistad con Rubén Darío durante los años en que éste vivió en Buenos Aires (1897 a 1899). En 1898, fue nombrado auxiliar en la Dirección General de Correos y Telégrafos, presumiblemente por influencia del propio presidente Roca. Más tarde fue designado Inspector General de Enseñanza; por esos tiempos se le encargó una monografía histórico-descriptiva de las ruinas de Misiones así como el estudio arqueológico y geográfico de la región (El imperio jesuítico). Su idilio con el poder político no duró mucho tiempo: aun roquista, fue un férreo opositor del gobierno de Figueroa Alcorta, especialmente desde la tribuna de El Diario, del que era entonces vicedirector. Viajó por Europa; fue nombrado corresponsal de La Nación; en 1913 fue invitado a dictar un ciclo de conferencias en el Teatro Odeón. De ahí deriva El payador (1916), una de las obras fundamentales de la cultura argentina. Tras las conferencias regresó a París, donde tomó a su cargo la edición de la Revue Sud-Americaine, empresa cultural de vastos alcances. Tras un período de vacilaciones, hacia 1922 se volvió nacionalista militante de derecha y apoyó el gobierno del Gral. Uriburu tras el golpe de estado de 1930 pero hacia 1938 se suicidó ingiriendo cianuro en el Delta del Paraná. Agradezco a Andrés Kozel el facilitarme este material y remito a su tesis en elaboración titulada La Argentina como desilusión. Contribución a una historia de la idea de fracaso argentino (1910-1955), para un estudio más completo sobre el pensamiento de Leopoldo Lugones.

[77] Renovación, año 2, núm. 8, agosto de 1924, p 2. “Renovación representa la izquierda ideológica universitaria y literaria”.